martes, 10 de diciembre de 2013

472. Un regalo de la Virgen Inmaculada a los hermanos menores capuchinos



Un regalo de la Virgen Inmaculada
a los hermanos menores capuchinos

1. La Virgen Immaculada es la Patrona de la Orden Seráfica (así proclamada en 1712 en lo que se refiere a los capuchinos). Y el Ministro general de los Hermanos Menores Capuchinos ha tomado intencionadamente este día (8 diciembre 2013) para promulgar para los Capuchinos las Constituciones, previamente aprobadas por la Santa en la fiesta de san Francisco (4 octubre 2013). Con ingenua piedad uno puede pensar que la fecha no indica simplemente un motivo decorativo para que sea más bonito el documento, porque esa página de promulgación quedará apegaba al texto. ¿No nos atreveremos a decir sencillamente que las Constituciones son un regalo que la Virgen Inmaculada nos hace, con el calor y la caricia de una madre, a nosotros, pobres hermanos capuchinos? Sería una hermosa pauta de lectura: la espiritualidad capuchina de manos de la Virgen, santa María.
Inicio este pensamiento en la fiesta de la Virgen de Loreto, La Casa de la Virgen que desde hace siglos custodiamos los capuchinos.
La Inmaculada ha ocupado un lugar especial en nuestra tradición. "La devoción a la santísima Virgen Inmaculada, que nuestro humilde instituto desde el principio se glorió de tenerla como especial protectora, fue siempre un distintivo de los religiosos capuchinos" (Alfonso de Rumilly, procurador y comisario general de la Orden, en carta desde Roma del 31 de marzo de 1858).

2. La presencia de la Virgen María en nuestras Constituciones es discreta. De ella se habla en siete momentos. No tenemos ninguna devoción impuesta, por ejemplo: Ángelus, Salve sabatina, Gozos a la Inmaculada, Corona o coronilla, tal oración, el oficio parvo de la Virgen, triduos, novenas… Cada circunscripción de la Orden habrá de ver.
La Virgen Inmaculada está presente en la fórmula misma de nuestra profesión religiosa (fórmula concordada para la familia franciscana). Allí decimos. “… Por tanto, me entrego de todo corazón a esta Fraternidad para vivir mi consagración al servicio de Dios y de la Iglesia mediante la acción del Espíritu Santo, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada, de nuestro Padre Francisco y de todos los santos y con la ayuda de los hermanos”.
Se recomienda el rezo del santo Rosario, pero no es ningún acto obligado en nuestro horario de fraternidad; se recomienda el ayuno en la víspera de la Inmaculada Concepción.
Queriendo sintetizar lo que era la Virgen para san Francisco, de acuerdo a sus escritos, se nos entrega este bello párrafo: “Honremos de forma particular, sobre todo con el culto litúrgico y el rezo del rosario, a la Virgen María Madre de Dios, concebida sin pecado, hija y esclava del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo, hecha Iglesia, en expresión de san Francisco, y propaguemos su devoción en el pueblo. Ella es, en efecto, nuestra madre y abogada, patrona de nuestra Orden, partícipe de la pobreza y pasión de su Hijo y, como enseña la experiencia, camino para alcanzar el espíritu de Cristo pobre y crucificado”.
María era la que guardaba el Evangelio en su corazón, se nos dice al principio. Acudiremos a ella para la guarda de nuestra castidad consagrada: “La castidad consagrada a Dios, don concedido a los hombres, se alimenta, consolida y desarrolla con la participación en la vida sacramental, especialmente en el banquete eucarístico y en el sacramento de la reconciliación, y perseverando en la oración constante y en la íntima unión con Cristo y su Madre Virgen”.
A ella encomenzamos la gran tarea de la Evangelización, a la que nos invita nuestro bautismo y profesión, y, recordando que los misioneros capuchinos iban en siglos recientes con el estandarte de la Divina pastora, a la Madre del Buen Pastor encomendamos nuestra tarea misional. “Encomendamos esta gran tarea a la intercesión de la bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor, la cual engendró a Cristo, luz y salvación de todas las gentes y presidió orando, la mañana de Pentecostés, los comienzos de la evangelización, bajo la acción del Espíritu Santo”.
En suma, para cerrar las Constituciones acudimos a María: “Recordemos, carísimos hermanos, aquel tema acerca del cual el seráfico Padre predicó al Capítulo de los hermanos: grandes cosas, ciertamente, hemos prometido a Dios, pero mayores son las que Dios nos ha prometido a nosotros. Procuremos, pues, cumplir estas Constituciones y cuanto hemos prometido y aspiremos con fervoroso anhelo, con la ayuda de María, Madre de Dios y Madre nuestra, a lo que se nos ha prometido”.

3. La Virgen María nos regala hoy las Constituciones como libro de vida. Las Constituciones Capuchinas, que fueron renovadas en 1968 – radicalmente renovadas a raíz del Concilio (1962-1965) – son, como guía espiritual, bellísimas. De aquella fecha hasta hoy han pasado por nuevos estudios y matizaciones debidos a múltiples circunstancias…, tanto que hasta podría producir cierto hastío los continuos retoques y matices de palabras. No es asunto de entrar en detalles, cosa que sí explicamos, incluso con minucia, a nuestros jóvenes que tienen que saber el proceso de esta larga gestación. Las Constituciones Capuchinas con sus “Fuentes” y su bibliografía componen respetables estudios de respetables varones. Si fuéramos a hacer gala de esta pericia redaccional de Franciscanismo y espiritualidad, no tendríamos que envidiar a nadie… Claro que esto sería una ridícula “mundanidad espiritual” (expresión que le gusta a nuestro Papa Francisco). Las Constituciones capuchinas son un libro de 189 números (unos 90 folios en edición de Internet), que ahí están aprobados, sencillos, sin citas a pie de página, limpios, para que con santa obra los guardemos hasta el final.
Obviamente hay normas institucionales, en particular en lo que se refiere a la formación y al gobierno de los hermanos, pero las Constituciones quieren ser, ante todo, un documento de vida. Lo normativo se reduce a lo mínimo…, hasta puede sorprender, por ejemplo, cuando se habla de la penitencia. ¿Qué penitencias tienen impuestas los hermanos capuchinos? Impuestas, ninguna: ahí está la praxis de la Iglesia y la Regla de san Francisco; eso es todo.
Es, pues, un documento espiritual. No ciertamente con ese estilo expositivo de libro espiritual de la Regla de Taizé (La règle de Taizé, 1966), verdadera joya espiritual, que la Editorial Herder (Barcelona) la publicó en castellano en 1970 para conocimiento de quien quisiera…
Los Capuchinos no han publicado sus Constituciones como libro de librería; pero a estas alturas de una Iglesia-Comunión las Constituciones de los hermanos menores capuchinos no son un secreto de familia, oculto a los extraños. Han ido a Internet, y, hecha la versión del original italiano, espero que sigan asequibles allí. Si alguien está interesado en conocer cuál es el genuino espíritu capuchino – cuál debe ser, digamos con más exactitud –, ahí está la reflexión y el programa; léalo con sabor espiritual: hallará cosas divinas sobre la oración, que es “la respiración del amor”, sobre la fraternidad en una orden que se define como “Orden de hermanos” (no orden clerical, no orden laical, no orden mixta compuesta de clérigos y laicos, sino pura y simplemente “orden de hermanos”).

4. Ahora bien…, y aquí mis puntos suspensivos son muy suspensivos. Nunca como hoy hemos tenido tan claro el manantial espiritual. Nunca las aguas del Franciscanismo han sido tan puras y limpias como en estos últimos decenios nos las han dado hombres preclaros dedicados a la investigación. Y, con todo, la edad ascendente de los hermanos ha sido, en estadística, la edad dominante, y la proporción con los jóvenes… no se salva.
Esto ¿qué significa?, ¿qué anuncia? Dios nos libre de iniciar un discurso analítico con determinados tonos…Más bien quero decir que el secreto de la Orden no son sus hermosos documentos – inapreciables documentos –, sino que el secreto han de ser las personas en el Espíritu, que correspondan a estos descubrimientos que han hallado los estudiosos. El Franciscanismo está naciendo…, renaciendo. Ojalá que nosotros, ya mayores, seamos, con el vigor que la misericordia de Dios nos sigue infundiendo, savia escondida, savia vital fresca para nuestros jóvenes.
A cualquiera que se acerque a las puertas queriendo ser franciscano, queriendo ser capuchino (es la misma regla de san Francisco la que profesamos), yo le diré: ¡Vale la pena ser capuchino! No me mires a mí, por favor. Mira a Cristo y tratar de seguir las huellas del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo…, recordando el ejemplo singular de su siervo Francisco. No mutiles la verdad; vete a las raíces. No mutiles la verdad, apelando a la fraternidad, apelando a la inculturación, apelando a tal o cual frase del Papa Francisco…

5. Fiesta de la Inmaculada, regalo de la Inmaculada… Y esto en Adviento. Hasta acá llega el eco de la predicación de nuestro hermano el P. Raniero Cantalamessa (con él conviví dos años universitarios en Friburgo, 1960-62), que habla de Francisco de Asís en presencia del Papa Francisco: “prepararnos para la Navidad en compañía de Francisco de Asís”. La primera meditación la dedica a la “vuelta al Evangelio”. (Con el cambio operado vivimos meses de mucha expectación…).

“… Los historiadores insisten justamente sobre el hecho que Francisco, al inicio, no ha elegido la pobreza y menos aún el pauperismo; ¡ha elegido a los pobres! El cambio está motivado más por el mandamiento; "Ama a tu prójimo como a ti mismo!, que no por el consejo: "Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, luego ven y sígueme". Era la compasión por la gente pobre, más que la búsqueda de la propia perfección la que lo movía, la caridad más que la pobreza.
Todo esto es verdad, pero no toca todavía el fondo del problema. Es el efecto del cambio, no la causa. La elección verdadera es mucho más radical: no se trató de elegir entre riqueza y pobreza, ni entre ricos y pobres, entre la pertenencia a un clase en vez de a otra, sino de elegir entre sí mismo y Dios, entre salvar la propia vida o perderla por el Evangelio”.


“Él no pensó nunca haber sido llamado a reformar la Iglesia”. ¿Qué quiso, pues? Iluminado por el fulgor del Evangelio – aquel día de la escucha del Evangelio de la misión en la Porciúncula – él quiso pura y simplemente guardar el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo… Dios, solo Dios, con la lógica que a Él le gusta desarrollar, fue haciendo lo demás.

“…¿Qué nos dice hoy la experiencia de Francisco? ¿Qué podemos imitar, de él, todos y enseguida? Sea aquellos a quien Dios llama a reformar la iglesia por la vía de la santidad, sea a aquellos que se sienten llamados a renovarla por la vía de la crítica, sea a aquellos que él mismo llama a reformarla por la vía del encargo que cubren.  Lo mismo de donde ha comenzado la aventura espiritual de Francisco: su conversión a Dios, la renuncia a sí mismo. Es así que nacen los verdaderos reformadores, aquellos que cambian verdaderamente algo en la Iglesia.  Los que mueren a sí mismo, o mejor aquellos que deciden seriamente  morir a sí mismos, porque se trata de una empresa que dura toda la vida y va aún más allá ella si, como decía bromeando Santa Teresa de Ávila, nuestro amor propio muere veinte minutos después que nosotros”.

6. Constituciones capuchinas…, regalo de la Madre de casa. Con ellas ¿reformaremos la Iglesia…? Alto ahí, hermano, que el programa ya está dado en el Vaticano II, que las Constituciones no van a decir cosa más bella que lo que hace 50 años ya está dicho… Llamado a reformar ¿qué?, ¿a quién? ¿No será mejor que yo me vuelva al Evangelio con pureza y humildad y solo diga al mundo lo que yo, pecador, anhelo y trato de vivir del Evangelio, que es mi norma y vida…?
¡Gracias, Madre de casa, porque en tan hermoso día de tu concepción inmaculada, nos llegan las Constituciones para que sean un mero reflejo del Evangelio, y sean las humildes Constituciones ya de toda mi vida!

Guadalajara, 10 de diciembre de 2013.


Oración y consagración a la Virgen
que rezan diariamente los capuchinos de México y Texas, circunscripción que hoy se llama “Custodia de Ntra. Sra. de Guadalupe de México y Texas”

Virgen, santa Madre de Dios, María,
a tus pies, en la Porciúncula,
nacimos como hermanos menores;
a tus pies, en Tepeyac, Virgen de Guadalupe,
se abría el Evangelio a un nuevo continente:
unidos y reunidos bajo tu mirada,
como porción de hermanos capuchinos
de México y Texas
queremos reafirmar nuestra profesión de vida:
sea el Evangelio, día a día, nuestro camino;
la sencillez, la confianza y la alegría
el pan de nuestra vida fraterna;
la entrega a la Palabra y al servicio
nuestra misión en medio de este Pueblo,
Virgen, Madre del Señor,
dulce Madre nuestra. Amén.

(Oración compuesta en Puebla, 30 de octubre de 2008)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
Debo confesar que es Ud. un poeta lleno de mística espiritualidad.
Cordiales saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años

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