viernes, 13 de diciembre de 2013

474. Domingo III de Adviento - Jesús, la alegría y la vida han llegado



Homilía para el domingo III de Adviento, ciclo A
Mt 11,2-11

Texto evangélico:
Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Jesús les respondió; “Id a anunciare a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: “¿qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.

Hermanos:
1. Acabamos de escuchar una página radiante del Evangelio. Jesús, Mesías, ha cumplido las profecías; mejor dicho, es el Padre el que está cumpliendo lo Dios había anunciado por los profetas y Jesús es el destinatario de esas profecías. Jesús se lo ha apropiado y lo está viviendo en su propia persona.
Cuando el pueblo de Israel, tras muchos avatares, hubo de continuar su marcha por el desierto, Dios le dijo: “Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar preparado” (Ex 23,20). Ese ángel es el mensajero de Dios para su pueblo. El mensajero de Dios vuelve a aparecer en el profeta Malaquías: “Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí” (Mal 3,1). Ocurre con frecuencia en la Sagrada Escritura que, al pasar del Antiguo Testamento al Nuevo, se operan unos cambios muy sutiles en las frases, que nos invitan a precisar el sentido de la revelación de Dios centrándonos más y más en Jesús.
Pensamos que Jesús está escuchando esa frase para sí. ¿Qué camino hay que preparar? No el camino de Juan, sino el camino de Dios, el camino de Jesús, que es el Hijo de Dios. Escuchemos de nuevo: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti”.
Juan no es el camino de sí mismo, sino camino para otro.  Y de modo semejante la Iglesia no es camino de sí misma, sino para llevarnos a Jesús, a Dios. Y el sacerdote, el predicador, el catequista no es camino para sí mismo; es camino para Dios, para Jesús, el Señor.

2. El camino de Juan ¿adónde conducía? A la era de Jesús, a la llegada del Mesías. Y la era del Mesías ha llegado con la venida de Jesús. Detrás de Jesús, ¿a quién hay que esperar? A nadie. “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” No hay que esperar a otro; ya ha llegado, ya ha llegado la hora mesiánica.
Con Jesús ha llegado la salvación, y con él ha venido todo bien. Ha llegado Jesús y con él comienza el Reino de Dios, que no tiene marcha atrás.
La vida histórica de Jesús es la primicia de lo todo lo que definitivamente ha traído.
Con Jesús ha llegado la vida al mundo.

3. La llegada de la vida está patente en las obras de Jesús. ; “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo:
los ciegos ven y los cojos andan;
los leprosos quedan limpios y los sordos oyen…”
Los judíos sabían muy bien de qué estaba hablando.
Entre las páginas bellísimas de Isaías, hay algunas especialmente conocidas por los hijos de Israel, a los que Jesús habla. Hemos recogido en la misa de hoy el capítulo 35:
He aquí vuestro Dios…, viene en persona y os salvará.
Y continúa el texto sagrado de Isaías:
“Entonces se despegaran los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se abrirán;
entonces saltará el cojo como un ciervo
y cantará la lengua del mudo,
porque han brotado aguas en el desierto
y corrientes en la estepa” (Is 35,5-6).

4. Así ha hablado el profeta; pero Jesús ha metido también, en la descripción a otros dos carentes de vida; a los leprosos y a los muertos; “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen (Mt 11,5).
Los leprosos quedan limpios dijo Jesús, los leprosos, excluidos de la comunidad de Israel. Si esos excluidos quedan ahora dentro la comunidad mesiánica de Jesús, eso quiere decir que ya no hay ninguna exclusión. Todos son llamados a participar en la familia nueva que Jesús crea como futuro de humanidad.
Fijémonos que cuando envía los doce apóstoles a anunciar el Reino, también les dice que limpien a los leprosos. Es el poder que les da para que se inicie la nueva comunidad de Dios, porque jamás un profeta había dado semejantes poderes: “Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis” (Mt 10,8).
Con los leprosos, con los muertos resucitados se está mostrando cómo la vida plena es la realización del proyecto de Jesús.
La importancia de todo esto es que Jesús inicia esta realidad desde ahora mismo. En el Evangelio de san Juan oiremos cómo Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10).

5. Con todo, las palabras de Jesús que estamos escuchando y compartiendo mediante este comentario no terminan ahí. Quedan coronadas con esta proclamación: los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!
Son grandes los prodigios con los que se está iniciando la comunidad de Jesús en la tierra. Lo más grande de todo es lo que acaba de proferir:
-         Que el Evangelio es anunciado a los pobres.
-          que esta es la dicha que nosotros acogemos gozosos y sin escándalo.
No nos vamos a escandalizar de que Jesús realice prodigios y precisamente en favor de los pobres. El escándalo se produce porque el Evangelio se anuncia precisamente a ellos, desbancando de esta manera nuestros proyectos, las clasificaciones religiosas que nosotros nos habíamos hecho.
Los pobres, que son quienes han rodeado a Jesús, esos son los herederos de la herencia espiritual que Cristo trae a la tierra.

6. Amanece un mundo nuevo y en él estamos. Nosotros somos los beneficiarios de ese mundo de gracia y de gloria que Jesús ha traído, sea Adviento o sea Navidad, sea Pascua o sea Cuaresma. La vida con Cristo es una vida de plenitud, una vida real que se me da a mí para compartirla con mis hermanos, los hombres.
Los milagros de Jesús son los signos del reino.

7. El Evangelio de hoy termina con una frase para nuestra reflexión y nuestra alegría: En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
El más pequeño de esta nueva era, por ejemplo, yo mismo, soy más grande y más afortunado que el más grande de la era antigua.

Señor Jesucristo,
Concédeme que abra los ojos a estas realidades espirituales y que disfrute de la alegría y de la felicidad que tú nos has traído. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 13 diciembre 2013

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Mal´ak Alohin

Anónimo dijo...

Decir mal'akh Elohim es más correcto.

Anónimo dijo...

Todat rabat chaver

Anónimo dijo...

Shalom Alejem

Anónimo dijo...

Shalom Alekha

Anónimo dijo...

RAV TODOT

Anónimo dijo...

Omein

Anónimo dijo...

MA AMARTA????

Anónimo dijo...

Erev Tov

Fr. Rufino Ma. Grández, OFMCap dijo...

Estimado hermano o hermana anónimo:
¿No le parece algo extraño hacer nueve entradas de la misma persona "anónima" a una sencilla homilía? ¿No basta con una sola y que sea comprensible para los que no han estudiado la Gramática Hebrea, salvo que alguna vez a mí..., acaso como un eco de nuestras clases de hebreo? Ignoro quién es el que hace estos comentarios.
Con mis consideraciones

Anónimo dijo...

Estimado hermano en el Señor.

Soy un admirador del hebreo y lo he usado desde hace tiempo en palabras sencillas, para resumir la sensación interior que me producían sus homilías.En una frase del día 20,la escribí mal y alguien muy amablemente,me la corrigió y yo le di las gracias,esa persona anónima, me deseo la paz y yo le volví a desear la paz también.Quizás alguna entrada ha sobrado....Siento si le hemos ofendido,no ha sido esa la intención,en ningún momento.

Tengo que decirle,que yo no he hecho ningún curso de hebreo con usted,no vivo cerca de su entorno,ni cerca de su ciudad,yo no le conozco,solo por el blog,que encontré por casualidad.

No sé si mandaré mas,si lo hago será en los dos idiomas y espero que no le moleste.

Dar las gracias a la persona que me corrigió y me deseó la paz.

La Paz del Señor este con todos ustedes.
Feliz Navidad a todos.

SHALOM

PEDRO JUAN

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