viernes, 20 de diciembre de 2013

475. Domingo IV de Adviento - María, la Madre virginal de Jesucristo



Homilía en el domingo IV de Adviento, ciclo A
Mt 1,18-24 



Texto evangélico:
La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

Hermanos:
1. Todos los años el domingo IV de Adviento, el domingo que antecede inmediatamente a la Navidad, la Iglesia nos invita a meditar en el misterio de la Virgen María, por quien nos ha venido el Salvador del mundo. Un año será el sueño de José o el anuncio del ángel a José, que acabamos de escuchar; otro, la escena de la anunciación a María; y el tercero la visita de María a su  prima Isabel, con las alabanzas que Isabel pronuncia para quien la visita, a la que llama “la Madre de mi Señor”. En los tres casos se trata de pensar en este soberano misterio: la mujer es parte esencial de la Encarnación del Hijo de Dios. Definitivamente la mujer ha sido unida a la presencia del hijo de Dios en la tierra.
El Concilio ha grabado estas verdades con frases solemnes que quedan para memoria sempiterna de la Iglesia:
“El Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con los dones dignos de un oficio tan grande” (Lumen Gentium, 56).

2. Una verdad central que aparece lo mismo en el Evangelio de Mateo que en el Evangelio es que la joven de Nazareth, desposada con José, es virgen, y el fruto que concibe no lo concibe por la unión con José, sino que viene directamente por la acción del Espíritu Santo. En esta verdad central queremos detenernos, con admiración, pidiendo al Señor la luz necesaria y la gracia para saber qué es lo que esto significa.
Los dos primeros capítulos del santo Evangelio según san Mateo y según san Lucas se llaman Evangelio de la Infancia, por la razón obvia de que ellos nos transmiten el testimonio de la Iglesia sobre la concepción y el nacimiento de Jesús. Podríamos titularlos: La venida al mundo de Jesús Resucitado. El protagonista no es otro que Jesús Resucitado.
La primera verdad de donde nace la Iglesia es esta: Jesús, el Crucificado, vive, ha resucitado. De aquí surgió toda la memoria, de aquí nació todo el Evangelio. Quizás lo primero que se escribió fue su pasión y muerte, luego toda su vida: sus hechos y enseñanzas; y al final, la venida de Jesús a este mundo.
Estos relatos, aparentemente ingenuos, escritos en un género literario específico, están cargados de teología. En ellos vibra toda la fe de la comunidad creyente que celebra a su Señor. No son relatos para niños, sino para todos los cristianos que quieren saborear su fe con sabiduría y ternura.

3. He aquí, pues, que en esta escena evangélica se nos habla del génesis de Jesucristo. El libro de san Mateo comienza así: Libro del Génesis (o de la Génesis) de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. El evangelista nos ha dado las diversas generaciones para enmarcar la aparición del Hijo de Dios en la tierra en un plan preconcebido por Dios y llevado a cabo en las páginas de la Escritura. Y continúa: El Génesis de Jesucristo fue así.
Comienza presentándonos quién era José. José estaba desposado con María. De este dato tenemos que partir. Es un dato histórico que nadie pone en cuestión. Lo mismo dice el Evangelio de san Lucas. Jesús ha venido al mundo en el seno de un desposorio judío.
Pero ocurre que María quedó encinta. José no había intervenido. ¿Qué pasa? ¿Qué piensa José? No dice la Escritura lo que José pensaba de María. Dice que, como era justo, al ver a su esposa en esa condición, decidió abandonarla. No hay que poner las dudas de José en relación con María: las dudas de José no son dudas sobre María, sino dudas sobre sí mismo. ¿Qué hacer ante esto que no comprendo y de lo que no puedo sospechar nada malo? Dios está aquí, yo tengo que retirarme…; yo no puedo entrar en estos misterios.
Este tipo de interpretación no es una especie de intento pío de evadir la situación que parece que se impone por sí misma; en un rigor filológico del texto, puede sostenerse. Pero no queremos entrar en una clase de exégesis, que nos invitaría incluso a discutir la exactitud de la versión que se ha aceptado como versión litúrgica.

3. José se encuentra ante la irrupción de lo divino y huye. Pero el ángel del señor se le aparece para decirle que es verdad lo que está pensando, que Dios está en el misterio, que esto es como la zarza ardiente, que Dios está ahí, pero que él es incorporado también a este misterio de la encarnación de Dios, de la ternura de Dios.
No temas, viene a decirle el ángel, acércate a la vida de Dios.
La clave de interpretación del relato nos la da el mismo evangelista cuando, después de narrar, concluye: Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

4. Según este testimonió del Evangelio, al par san Mateo y san Lucas,  el Hijo de Dios vino al mundo por una nueva creación de Dios en la historia. Los teólogos más audaces quieren decirnos que esto no es así, que esto un mito, que Dios no contradice las leyes de la naturaleza que Él mismo ha establecido en la creación. Pero la Iglesia, desde el principio, sigue manteniendo que el Hijo de Dios vino al mundo no pro concurso de varón, sino por una ceración desde la raíz pro obra del Espíritu Santo, y que esto acción en el vientre de mujer.

5. Con ello se quiere significar que toda la santidad de Dios se vertía en esta mujer, hermana nuestra, María de Nazaret, y que ni los pensamientos ni las palabras humanas podrán jamás describir la maravilla de lo que aquí está ocurriendo.
Nosotros sencillamente nos quedamos en adoración, y comenzamos a sentir entonces que la venida del Hijo de Dios al seno de María virgen ha sido la divinización del mundo.
Concluimos, hermanos, con una oración:
Dios mío, creo en al encarnación de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo; creo que es el don supremo que has dado a la humanidad, fuente de todos los dones; creo que lo hiciste por obra de una mujer, la toda pura María de Nazaret; haz que experimente en mí la infinita ternura de este misterio de amor, y que sea para mí y toda la Iglesia esperanza y salvación. Amén.

Guadalajara, viernes, 20 diciembre 2013.

Sobre este Evangelio puede leerse el himno Escucha, Casa de David y en el mismo sitio oírlo cantado. Pincha en:
http://www.mercaba.org/Espiritualidad/Rufino/ADV/DOMINGO4.htm

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
El texto dice: "María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto”.
Antes de comenzar es preciso recordar un pasaje bíblico recogido en el capítulo VIII del Libro de Hechos, que dice así:
"Cuando Felipe se acercó corriendo, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?. Él dijo: ¿y cómo podré, si alguno no me guía?".
El apóstol explicó el texto que estaba leyendo ese personaje, y después, sólo después, se hizo bautizar dicha persona. ¿Entienden todos los cristianos lo que se lee en el párrafo del pasaje evangélico en cuestión?.
Esto mismo nos repite san Pablo (1 Corintios XIV):
"Porque el que habla en lenguas, no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende. Así pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿de qué provecho os seré, si no os hablo con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con enseñanza?. Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dan distinción de notas, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?. Y si la trompeta da un sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?. Así también vosotros, si por la lengua no dais palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís?. Porque hablaréis al aire".
Para nuestra mentalidad, hablar de compromiso matrimonial es hablar del acuerdo de un hombre y una mujer, mayores de edad, libres y conscientes de su recíproca elección. Para los hebreos de la época de Jesús no era así. La mujer soltera depende absolutamente de la voluntad paterna, es propiedad del padre, que es quien decide a quién la da por esposa, e incluso puede venderla como esclava, eso sí, a otro israelita.
Según este sistema, María habría sido dada como esposa a José. La edad de los esponsales rebasaba escasamente los doce años de edad. Se procuraba que el esposo fuese del ámbito de los parientes, y a ser posible entre los paternos. Los esponsales de los sacerdotes eran un caso aparte, pues la futura esposa de un sacerdote debía ser hija, obligatoriamente, hija de otros sacerdotes.
Los esponsales, realizados ante testigos y con bendiciones, constituían una obligación vinculante incomparablemente seria. En la práctica era parte de la ceremonia nupcial, separada de la boda por un periodo durante el cual los dos jóvenes seguían residiendo con sus respectivas familias. Siendo anterior a la cohabitación, ponía a la novia en un estado de sumisión porque podía ser repudiada y lapidada en caso de infidelidad. Y si el esposo moría antes de la boda, legalmente era considerada viuda. Esta consideración hacía que de facto entre los novios hubiese una relación íntima, no reconocida legalmente, que en caso de fallecimiento del novio podría poner a la novia no virgen en una posible situación de repudio inmediato por parte de un futuro marido.
Así pues, José, como se desprende, legalmente no estaba “desposado” con María. Había contraído “esponsales”, que no es lo mismo.
José, al observar el embarazo de María, en vez de pedir explicaciones, como sería de esperar, optó por callar y obrar. El repudio secreto sería lo mejor para él, pues la denuncia pública, con el correspondiente juicio, podría volverse gravemente contra en denunciador en el caso de no poder probar la acusación, según nos dice Flavio Josefo (Ant. Iud. IV, 8, V).
¿Qué hubiera sucedido si José, en vez de pensar en el repudio secreto, hubiese realizado una consulta secreta con María acerca de su situación?.
Lo cierto es que "Quod scripsi, scripsi". Lo que está escrito en los textos evangélicos es inamovible y en su día fue dirigido a una determinada sociedad que no necesitaba de más explicaciones. La sociedad de hoy sí creo que lo necesita para comprender lo que se lee, o lo que se oye, a fin de no quedar "IN ALBIS".
Cordiales saludos.
Juan José.

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