viernes, 27 de diciembre de 2013

478. Te diré mi amor, Rey mío: cómo nació este himno (letra y música)



El amor que canta en Navidad




Hace 35 años
Hace 35 años, una noche de diciembre de 1978 pocos días antes de Navidad, el autor de este blog, escribió este poema de Te diré mi amor, Rey mío que, a modo de himno litúrgico, ha pasado a la liturgia de Navidad. Así ha ocurrido en el libro que se usa en España y en el que usamos en México y demás países de lengua española en América. Y ha pasado de modo privilegiado: es el himno para las II Vísperas de Navidad y también está puesto como himno cotidiano para el tiempo navideño.
Digo que “a modo de himno litúrgico”, porque, en realidad, no es un himno. Tiene la factura estrófica, que eso sí pertenece a un himno e intenta formular una doxología en la estrofa final, pues todo himno debe tener su doxología; pero en su contextura ligera es una especie de villancico, una canción para cantar al vaivén de la adoración, sin llegar todavía a ser “la acostadita del Niño” de México. Acaso en la Edad Media le llamarían un “rythmus”. Y, en todo caso, no tiene esa gravedad que parece ser la propia de un himno sagrado. Me acuerdo del gran san Ambrosio, maestro de la Himnodia latina.
Mi objeción principal es que el poema espiritual acentúa ese yo personal (que es el del autor y el de cualquier orante), mientras que en liturgia es el corpus totum el que canta a su Señor. Don Pedro Farnés, relevante y conocido liturgista, confeccionador de libros litúrgicos, trataba de disiparme este reparo: También hay un “yo individual” en los salmos que la Iglesia lo asume como el yo orante de toda la comunidad…

Datos para una pequeña historia

El himno ha tenido fortuna, porque si yo escribo en un buscador (Google, por ejemplo): “Te diré mi amor, Rey mío”, al punto saltan un montón de referencias – blogs y otros sitios – que indican cómo en diversas partes se ha musicalizado y sitios de parroquias o “blogueros” le han prestado particular atención.
A alagunas personas les será grato saber cómo nació este himno. Y a mí sí que me interesa que se sepa cuál es la música original que pocos días después, concretamente, el 4 de enero de 1979, le puso mi hermano capuchino P. Fidel Aizpurúa Donázar, en la ermita de la Virgen del Castillo en Miranda de Arga (Navarra), en una reunión espiritual navideña en que participaban varios capuchinos. Hagamos, pues, la historia de esta composición, para saber el contexto espiritual en que fue creado en los años del postconcilio, años de dolorosas fisuras pero de más grandes ilusiones. Tengo que referirme, por necesidad, a mi crónica personal, para lo cual pido benevolencia al lector.
En las Constituciones renovadas de los capuchinos (1968) a raíz del Concilio (1962-1965) se propiciaba en la Orden fraternidades de oración de diversos estilos. Una de ellas fue el proyecto de Miranda de Arga, Navarra (1975-1978), que nunca llegó a ser fraternidad, pues para ello se requiere la presencia constituyente de tres hermanos. No llegó a ser fraternidad, pero sí punto de encuentro de hermanos y de personas buscadoras… En aquel clima de vida con la gente del pueblo por la mañana y vida de adoración ante Jesús Eucaristía por la tarde se despertó mi veta poética, y volvió a sonar la lira que había quedado adormilada en un rincón desde los años jóvenes de Filosofía y de Teología. Al ritmo de la liturgia y al tic-tac del sagrario comencé a escribir poemas para la liturgia que desde entonces, por la gracia de Dios, no han parado. La poesía amorosa, acordada a la Escritura, me ha mantenido, me atrevo a decir, en trance de juventud. Los amores de juventud no han palidecido; todo lo contrario.
Llegó la Pascua del Señor (abril 1976) y felicité a los amigos con un himno litúrgico, y así lo he venido haciendo todos los años. Y después de la Pascua del Señor llegó la Navidad de 1976. Escribí mi primer himno de Navidad: Nadie lo puede decir. (Himnos recogidos en mercaba.org / Rufino María Grández / El pan de unos versos / Año litúrgico: Adviento – Navidad – Cuaresma – Pascua /Himnos dominicales…). Mi hermano Fidel le puso música (pincha aquí: Nadie lo puede decir).
Llegó la Navidad de 1977 y compuse un capricho, que no era precisamente un himno: Decid a la noche clara, que también ha pasado a la liturgia de las Horas editada por la conferencia episcopal española, no en la edición de México.
El año siguiente (1978) mi felicitación de Navidad ya no fue desde Miranda de Arga, sino desde la Curia provincial de los capuchinos de Navarra-Cantabria-Aragón. Yo llevaba unos meses de ministro provincial y la fraternidad estaba en un piso de la calle mayor de Burlada (Navarra), número 50, piso 1°.  Una noche el Secretario de la Provincia hubo de salir por tal motivo, y yo quedé en mi cuarto, aguardándole y pensando en la Navidad. Y entonces, con aquel aire de amor e ingenuidad, ya ensayado en las dos composiciones anteriores y en otros versos que iban saliendo, comencé a escribir: Te diré mi amor, rey mío / en la quietud de la tarde / cuando se cierran los ojos / y los corazones se abren… Cogida la hebra, fácil era dejar los versos en romance octosílabo tan sencillo. ¿Qué le cantaba al Señor, al Niñito, Rey mío? Le cantaba sinceramente mis amores y le decía que cielo y tierra se unieran a esta melodía, como invitaban los tres jóvenes en las llamas del libro de Daniel, porque pienso y creo que la Encarnación pone en música a todo el universo, hasta el resoplido del buey y la mula era un canto de amor. Y, desatado el amor, podía poner al descubierto todo mi corazón. Te diré mi amor, Rey mío / adorándote en la carne, / te lo diré con mis besos, / quizás con gotas de sangre.
¡Qué tiempos fragantes los que nos trajo el Concilio! Y juntamente ¡qué destrozos padecimos (no por culpa del Concilio) en aquellos años setenta, que fue la década más castigada, cuando tantos hermanos religiosos y sacerdotes se retiraron…! Yo pienso que el amor y la sangre van juntos…, que amor sin sangre no es amor; y pensaba que mi amor a él me pedía gotas de sangre…Cada uno sabe cuáles son esas gotas de sangre que debe dar a Jesús.
Pensaba, al componer el poema, en la Virgen María, en la Iglesia, en los mártires…Todos, todos… estaban adorando a Jesús mientras un cristiano derramaba sus amores con el lenguaje fluido y valiente de los amantes.
De aquel clima, de aquellos años fue emergiendo todo un himnario de Adviento, de Navidad, de Cuaresma, de Pascua. ¡Bendito el Concilio y lo que trajo para la Iglesia! Me creo y confieso hijo del Concilio.
Fidel Aizpurúa – he dicho – le puso música, que la puedes escuchar aquí:

Y, como ya comenzaban a florecer muchos poemas para la liturgia, juntos preparamos un librito, cuya aparición tardó hasta 1983. Juntos, con una ilusión enorme, yo las letras, él la música: Himnos para el Señor, Editorial Regina, Barcelona 1983. 54 himnos, 250 páginas. Editorial Regina se extinguió (¿o se fundió…?) y la pequeña obra no ha tenido segunda edición.
Incluso más. La ilusión que a todos nos removía llevó a preparar, con medios caseros, una grabación “didáctica” – así la llamamos – de aquella larga cincuentena de himnos: dos casetes publicados dignamente, pero fuera de comercio…, para los amigos, para comunidades que podían vibrar en la celebración de la liturgia de las horas. Un grupo de jóvenes capuchinos (Luis Gerardo Arraiza, Jesús Eugenio Jáuregui, Ricardo Oficialdegui, Óscar Guerendiáin e Ignacio Gil) fueron un pequeño coro bajo la batuta de Fidel Aizpurúa, artífice de la melodía. Acompañaba al órgano un músico de renombre, el P. Lorenzo Ondarra, también capuchino. La grabación se hizo en el monasterio de Benedictinas de Jaca (Huesca), con un pequeño órgano muy antiguo, que daba muy buen sonido. Se tuvo el asesoramiento y la técnica del sacerdote Pablo Amorena y de M. Soto (Falces, Navarra). Mi hermano Roque Grández, capuchino en Ecuador, a través de un programa “podomatic”) subió en años recientes esos himnos (o la mayoría), letra y música a Internet. Puede acceder el internauta a esta dirección: /http://roquegl43.podomatic.com/
Posteriormente a esa música primigenia de Fidel han aparecido compositores, dado que, estando el poema en la liturgia, es propiedad de todos
Rosa María Riera, clarisa en Salvatierra (Álava) le puso música, publicada en Mira a Jesucristo, año 1989.
Carmen Cañada, de la Compañía de Santa Teresa, también le puso música en Cantad a Dios, cuaderno ciclostilado de 31 páginas grandes.
La religiosa Benigna Carrillo Alday, F.Sp.S. (hermana del bilista P. Salvador Carrillo Alday, M.Sp.S., bien conocido en México) igualmente le dio su melodía.
En Internet encuentro otras referencias musicales, y, a modo de ejemplo, valga. Hna. Mariana Gómez Carrillo CD “Te Hiciste Palabra y Canto”, Misioneras Diocesanas.
El poema ha tenido sus comentarios. Así, Conchi, religiosa de las Pías Discípulas del Divino Maestro (Toledo – Madrid) en su blog “Sabores de Dios”.
(Puede el lector seguir su búsqueda; así, Guanelianos de México…)

Cantar el amor infinito de Dios en Navidad

 Tras aquel primer hijo navideño de mi corazón (Nadie lo puede decir, ¡y tenemos que decirlo…!) fueron viniendo otros, y ya componen un racimo bastante nutrido. Puede visitarlos el lector en la página citada de mercaba.org. Algunos, a mi parecer, pueden ser una ayuda estimable para la meditación contemplativa; tal Misterio de carne nuestra (con su música).
1. Ha nacido el Buen Pastor /  2. Decid a la noche clara /  3. La paz se ha declarado: Dios la firma /  4. Hoy se han rasgado los cielos /  5. El Verbo Santo es mecido /  6. Misterio de carne nuestra /  7. Hoy en la noche oscura del pecado /  8. Oh Dios de Dios, oh Luz de Luz divina /  9. El frágil tiempo cede a tu cayado / 10. Ahí, ahí, al tacto de los dedos / 11. Cantemos al Espíritu de amor / 12. Que me bese con beso de su boca / 13. La cuna es el Padre / 14. De lejos niño venía / 15. Naciste de David, Jesús Mesías / 16. Y dijo Dios al fin: “Que sea el Hombre” / 17. Es tu ternura, ¡oh Padre! / 18. Oh Padre de Jesús / 19. Alzad los corazones y las voces / 20. Cantemos la hermosura / 21. Fue su cuna el amor sin principio / 22. Navidad de Eucaristía / 23. Triunfa el amor / 24. Espíritu de amor y Encarnación / 25. El mundo se ha parado ante la cuna / 26. Navidad de corazones / 27. ¡Oh Verbo Encarnado, Palabra abreviada! / 28. En la esperanza salvados / 29. Me saciaré, Dios mío, en tu presencia / 30. Jesús de la Encarnación (después de la comunión).
La lista ha continuado, y así los tres últimos poemas para la Navidad 2013.

Ambientación espiritual del canto
He aquí la introducción que en su día se escribió para ambientar espiritual el himno, como consta en el librito de “Himnos para el Señor”:

* * *
¿Qué le dice la madre a su criatura, al niño pequeño a quien cubre con sus besos sonoros? “¡Rey mío!” Y, al decírselo, el alma se le va por los labios, el río del amor le sale por la mirada.
Así han cantado en la liturgia los santos al Niño, Dios hecho carne, al cuerpecito que en pajas yace. Recordad a Francisco de Asís aquella noche en la montaña de Greccio, Misa de medianoche, con un pesebre de heno, el buey y la mula, las antorchas. “La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales… Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel… Cuando le llamaba "niño de Bethleem" o "Jesús", se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara su paladar la dulzura de estas palabras” (Tomás de Celano, Vida I, XXX, 85.86).
Te diré mi amor, Rey mío... Pero este cariño, cantado al Dios encarnado, es adoración profunda, uniendo en este homenaje a la creación entera, ángeles, tierra y animales. El Rey Niño es el Señor Soberano y Esposo. “Mientras el Rey descansa en su diván, mi nardo exhala su fragancia” (Cant 1,12).
La Virgen de la vírgenes, los mártires, la Iglesia esposa adoramos al Rey ahora, aquí, en la tarde navideña, en la paz de la liturgia, para adorarle en la vida, Hermano entre los hermanos.
(Nota. El versículo final hace alusión a un villancico popular, muy conocido en la tradición capuchina: Bienvenido a nuestro Valle, Pastorcillo celestial. Luego se le cambiamos un tanto la letra por: que has venido a nuestro Valle)

Versos y estrofas

1. Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.

2. Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.

3. Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizás con gotas de sangre.

4. Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.

5. Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.

6. Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro Valle! Amén.

La música

He aquí la fotocopia de la partitura preparada para la imprenta. En la edición de “Himnos para el Señor”, el autor de la música le puso esta anotación:
Por lo que hace a la música, nótese la indicación inicial de “sentido”. Es un canto para interpretarlo de manera aunada y sin afectación. Más bien pausado.




Guadalajara, Jalisco, en la fiesta de San Juan Evangelista 2013

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay que lindo,hay que bello,
hay que hermoso,hay,hay hay
el amor a sus ovejas,
le hizo del cielo bajar.....

M.

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