sábado, 28 de diciembre de 2013

479. Jesús, en el centro de la familia



Homilía para el domingo de la Sagrada Familia, ciclo A
Mt 2,13-15.19-23

(Video en determinado momento deteriorado)


Texto evangélico
Cuando ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise”. José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, y se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: “De Egipto llamé a mi hijo”.
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: “Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño”. Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo medio de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por los profetas, que se llamaría nazareno.

Hermanos:

1. Misterio de la Encarnación, misterio del Nacimiento, misterio que cubre todo el tiempo de Navidad. Y en el domingo siguiente al día de la Natividad del Señor – 25 de diciembre – la consideración del misterio tiene un  reflejo específico. Es la Sagrada Familia. Jesús ha venido al mundo como componente de una familia: Jesús, María y José son una familia y viven como familia. Jesús, Hijo de Dios, se ha encarnado haciendo parte de una familia; se hizo hombre, se hizo familia.
Una familia pobre, que hoy se llamaría de bajos recursos. Jesús es pobre, pero no es un mendigo que vive de la caridad ajena, sino que ha comido el pan honrosamente con el trabajo de sus manos. Cuando después comenzó el anunció del Reino, su vida dio un giro. Se puso incondicionalmente en manos de Dios su Padre, y el que alimenta a los pájaros del cielo y viste a las flores del campo, se cuidó de darle a él y a sus discípulos casa y sustento por el milagro continuo del amor y de la providencia.

2. Hoy el Evangelio, tomado de san Mateo, nos pone al vivo en las condiciones precarias de esta familia, que desde sus albores vive en la precariedad de unos emigrantes. Ciertamente que el enfoque del texto sagrado es más teológico que social, pero no podemos quitarle la incicencia social que del mismo se desprende.
La situación de tantos emigrantes es una vergüenza de la humanidad. Esta expresión la empleó el Papa a propósito de aquellos muertos junto a la isla de Lampedusa, donde han naufragado centenares de emigrantes que desde la pobreza de África busca una salida en Europa. Todo ser humano tiene derecho a vivir dignamente, y las leyes de emigración tienen que ser configuradas siempre en función de este derecho primario, que es un derecho absoluto, anterior a la planificación de los estados que vamos haciendo los hombres, acaso mirando ante todo el prestigio de nuestra propia nación.
Aquí donde resido, en Guadalajara de Jalisco, México, suena muchas veces el largo pitido del tren de carga que atraviesa el país rumbo a la frontera con Estados Unidos. Y en determinado punto, cuando el tren debe ralentizar al máximo la marcha, se ve cómo hay gente que monta como puede entre vagón y vagón, gentes que vienen de Honduras, de Guatemala… ¿Y por qué lo hacen? Porque no tienen dinero para pagarse el pasaje del autobús, porque, a lo mejor, ni tienen papeles arreglados. Quien viaja de esa manera no viaja así por gusto. Son emigrantes, como emigrante fue Abraham (aquel con su gente y su rebaños), como emigrante fue la sagrada Familia.

3. Con todo, aun siendo este un asunto de interés mundial, no es el tema central del domingo de hoy, sino que el objetivo es la Sagrada Familia, y en torno a la familia se centran las lecturas de las cuales arranca nuestra reflexión.
La familia tiene tres componentes así instituidos por Dios: el padre, al madre, los hijos, conformando entre los tres una unidad de vida y de proyecto. Para nosotros, cristianos, esto se nos hace obvio, como algo que arranca del ser humano, y no tenemos por que rebatir otros modelos hipotéticos que quieren implantarse hoy en la sociedad, y que de hecho se implantan y legalizan.

4. Ahora bien, sí es cierto que, al hablar de padre, madre, hijos como los tres puntales de la familia, sí que queda muy abierta la reflexión y el discernimiento para tallar el perfil exacto en nuestra sociedad de hoy del padre, de la madre, de los hijos. La Sagrada Escritura es luz, pero no podemos abusar de los textos bíblicos, que están comunicados en el ámbito de una determinada cultura, para forzar hoy modelos ya caducados.
Los escrituristas son muy rigurosos al examinar las palabras de la Biblia para escuchar lo que están diciendo, no ciertas interpretaciones que a nosotros se nos deslizan. Un ejemplo, el texto que hemos escuchado de la carta de hoy de san Pablo a los Colosenses. En las cartas paulinas ciertos textos que han sido calificados como tablas de familias. En la sociedad greco-romana eran los padres, los hijos, los esclavos. Hoy no vamos a hablar de esclavos como componentes de la familia. Como evolución necesaria de la historia, la esclavitud legalmente ha desaparecido.

5. San Pablo habla de las obligaciones recíprocas, para que funcione la familia. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor (Col 3,29). Los hijos han de obedecer, obedecer en todo, y obedecer como cristianos porque esto agrada al Señor. En correspondencia, los padres han de tratar a sus hijos de tal forma que los hijos se sientan muy a gusto de ser hijos. Si los padres se exceden, no cumplen bien la misión que Dios les ha confiado. Y pueden crear hijos traumados.
Cuando san Pablo habla de la relación entre los esposos, ahí ya no habla de obediencia, porque la relación es distinta. Es un matiz muy importante que lo observan los intérpretes. San Pablo no dice: Mujeres, obedeced a vuestros maridos. Ese tipo de sumisión que la mujer ha de tener con respecto al marido, no es obediencia. Es una relación de una armonía diferente. Sin suprimir la igualdad que corresponde a los cónyuges en el matrimonio, san Pablo ve, sin embargo, al marido como el cabeza de familia desde donde se hace la unidad, según un proyecto espiritual.
La relación conyugal es una relación de amor, que es lo supremo que alcanza la vida cristiana. Por eso san Pablo, en un pasaje paralelo al que hoy leemos, llegará a decir: Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia (Ef 5,25). ¿Cómo amó Cristo a su Iglesia? Entregándose por ella del todo, brindándole su vida, entregándose hasta la muerte. Ese es el modelo del amor conyugal. Sed sumisos unos a otros en el temor del Señor (Ef 5,21): así comienza a hablar Pablo de estas cosas. Sumisos unos a otros, ese es el ideal de las relaciones entre los esposos.
En suma, hermanos, solo el amor cera la armonía. Y el camino del amor es el único camino auténtico del matrimonio en la cultura de ayer, en la cultura de hoy y en al de mañana.

6. El amor, que quiere decir: Jesús en medio. Esto es lo que anuncia y enseña la Sagrada Familia de Belén y la Sagrada Familia de Nazaret.
¡Señor Jesús, gracias por las familias en que nacimos, que nos hicieron vivir en el amor y nos transmitieron la fe!
¡Bendice a las familias para que sean hogares de amor, de paz, de alegría y de prosperidad! Amén.

Guadalajara, Jal., sábado 28 diciembre 2013.

NOTA. Hoy, domingo de la Sagrada Familia, también el Papa espontáneamente, al evocar el Evangelio, ha recordado la situación y el drama de lo emigrantes:
"El Evangelio de hoy nos presenta a la Santa Familia en la vía dolorosa del exilio, buscando refugio en Egipto. José, María y Jesús experimentan la condición dramática de los refugiados, marcada por el miedo, la incertidumbre, la incomodidad (cf. Mt 2,13-15.19-23). Por desgracia, en nuestros días, millones de familias pueden identificarse con esta triste realidad. Casi todos los días la televisión y los periódicos dan noticias de los refugiados que huyen del hambre, la guerra y otros graves peligros en busca de seguridad y una vida digna para ellos y sus familias. En tierras lejanas, incluso cuando encuentran trabajo, los refugiados y los inmigrantes no siempre encuentran una acogida verdadera, el respeto, el aprecio de los valores que llevan. Sus expectativas legítimas chocan con situaciones complejas y problemas que parecen insuperables a veces. Por lo tanto, mientras fijamos la mirada sobre la Santa Familia de Nazaret, cuando se ve obligada a convertirse en prófuga, pensemos en el drama de los inmigrantes y refugiados que son víctimas del rechazo y la explotación, que son víctimas de la trata de personas y del trabajo esclavo...".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
He leído el texto de su homilía y haré una reflexión sobre el mismo.
A veces creo que, al igual que hizo alguna vez san Pablo, Ud. dicta a un secretario la homilía, habida cuenta de una frase :"Y pueden crear hijos traumados." ¿Quiso decir "traumatizados"?.
1. Llamamos misterio a aquello que no podemos explicar a través de la razón. Es un misterio la encarnación de Jesucristo en el vientre de María. Es un misterio la Santísima Trinidad. Es un misterio la Eucaristía. Todas ellas son realidades mistéricas, que el hombre no puede explicar por medios racionales. Sin embargo la Navidad, esto es, el nacimiento NATURAL de Jesucristo, después del periodo NATURAL su gestación en el vientre de su madre, creo que no se le puede llamar MISTERIO.
2. Jesucristo nació como los demás seres humanos, con una salvedad: fue engendrado por obra del Espíritu Santo. Y como los demás seres humanos, al menos en aquella época y lugar, permaneció bajo la tutela efectiva de su familia. Ahí radica la grandiosidad de Jesucristo, que siendo divino se hizo humano de principio a fin.
3. Herodes quiso matar a Jesucristo porque veía en él a un rival potencial en el trono. Quiso cometer con él un asesinato político, uno más en su larga carrera de sangre y terror. La Sagrada familia tuvo que emigrar por motivos políticos. La Sagrada familia no emigró por motivos económicos, como sucede hoy y lo leemos en los medios de comunicación. De hecho no hubo emigraciones masivas en la época de Herodes, como sucede hoy…., y como ha sucedido en épocas pretéritas de la humanidad. Basta con abrir un libro de historia para saberlo. La emigración fue una vergüenza, es una vergüenza, y será una vergüenza per secula seculorum. Hoy se ven unos centenares de emigrantes como un permanente goteo. En siglos pasados eran millares, eran pueblos enteros los que se lanzaban a recorrer cientos de kilómetros con ánimo de aposentarse de tierras fértiles.
4. No se debe confundir la expresión EMIGRANTE con la expresión NÓMADA. Abraham pertenecía a un pueblo nómada: el pueblo hebreo. Los hebreos eran nómadas que permanentemente se trasladaban de un lugar a otro, vivían en tiendas de campaña (no en poblaciones), poseían manadas de cabras y ovejas, utilizando asnos, mulas y camellos como portadores. Siguiendo a Abraham, los hebreos emigraron hacia Canaán, la tierra prometida por Dios. La Sagrada Familia no era una familia “nómada”, sino sedentaria. Así pues no se puede hacer un paralelismo entre ambos.
5. No se pueden juzgar las costumbres de hace dos mil años con las de hoy. Sería injusto y disparatado. San Pablo da unas pautas de conducta familiar de acuerdo con las costumbres de la época en la que vivió. Las relaciones matrimoniales no son las mismas a las de hoy. El marido era el PATER FAMILIA. Su autoridad sobre la mujer y los hijos no era discutida. Los evangelios nos dicen que Jesucristo permaneció SOMETIDO a esa autoridad.
Cordiales saludos y Felices Navidades.
Juan José.

Anónimo dijo...

Situemos la historia antes de filosofar.
1. San Pablo nos habla de las relaciones matrimoniales y paterno-filiales. Ese tema ya fue tratado anteriormente en el comentario 475 del blog. Sin embargo tal vez sería preciso alguna ampliación.
2. San Pablo nos da unas pautas de conducta muy interesantes:
a. Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.
b. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
c. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.
d. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.
3. La esposa, en Israel, efectivamente vivía sujeta al marido, a quien llamaba BA’AL (amo), o también ADON (señor), porque era propiedad del marido respecto de los extraños, no porque fuese su esclava. Este tipo de relación institucional evidentemente no era recíproca. En efecto, san Pablo no nos dice: “Maridos, estad sujetos a vuestras esposas”, sino sólo que las quieran. Este dato de singularidad se observa en el pasaje de la mujer sorprendida en adulterio, en el que sólo aparece la mujer, pero no el hombre con el que pecó.
4. Los hijos, según el Decálogo, están sometidos a la obediencia de sus padres, e incurren en maldición si no lo hacen (Deuteronomio XXVII). La ley determina que ante un hijo díscolo que no escucha a sus padres, lo lleven afuera, a las puertas de la ciudad, y lo denuncien ante los ancianos, para que los conciudadanos lo lapiden en ese lugar extramuros para que no manche la ciudad. Sin embargo san Pablo, tal vez por experiencia propia o muy cercana, añade que los padres no deben exasperar a sus hijos con sus mandatos o comportamientos radicales para evitar comportamientos límite.
5. Para el estricto monoteísmo judío, la idea de un Hijo verdadero de Dios es mucho más que algo inimaginable, es una auténtica blasfemia. Ahora bien, eso es lo que afirman los textos a través de las expresiones de la tradición judía de la disponen los autores. Es posible poner en tela de juicio su testimonio, pero no la coherencia interna del conjunto de los textos. Mientras los judíos esperan un Mesías nacida de mujer y adoptado por Dios, éste envía un Mesías nacido de Dios y engendrado por mujer.
6. Cuando la Sagrada Familia regresaba a Belén, procedente de Egipto, san José se informó de que en Judea gobernaba, y a causa del temor que le infundió, se dirigió a Nazaret, en Galilea. El evangelista no da más detalles y nos queda un tanto confusos. Una vez más hemos de dirigir nuestros pasos a otras fuentes históricas que nos documentan sobre los motivos reales de ese temor. Efectivamente Arquelao, al poco de tomar el poder, tuvo que resolver un tumulto en el atrio del templo. Arquelao respondió al incidente con la violencia a la que estaba acostumbrado ver en su padre Herodes. Aquel día murieron más de tres mil judíos.
7. A pesar de que Mateo la llama ciudad, Nazaret sería poco más que una aldea sin ninguna importancia, que ni siquiera aparecía en los mapas de la época. Pues bien esa aldea sin identidad pasó su niñez y su juventud el Hijo de Dios.
8. La última frase de los versículos que comentamos han sido un dolor de cabeza para los exegetas de la Biblia. Eso de que sería llamado “nazoreo” o “nazareno”, como otros traducen, no aparece en ninguno de los escritos proféticos de la Biblia.
Cordiales saludos.
Juan José.

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