martes, 29 de octubre de 2013 3 comentarios

458. Padre Ignacio Larrañaga, en perfume de oración y en olor de santidad



Fr. Ignacio Larrañaga
(4 de mayo de 1928 – 28 de octubre de 2013)

La noticia de la muerte del P. Ignacio Larrañaga que dio la Orden Capuchino en su sitio oficial (ofmcap.org) es la siguiente. 

* * *
En medio de su incansable trabajo pastoral partió a la casa del Padre celestial en Guadalajara (México) la mañana del 28 de octubre de 2013 nuestro hermano Ignacio Larrañaga. Terminó de esta manera su vida dedicada a implantar el Dios vivo y verdadero en el corazón de los hombres.
Fr. Ignacio nació en Loyola el 4 de mayo de 1928. Ordenado sacerdote en Pamplona luego de algunos años fue destinado a Chile donde comenzó a desarrollar una gran actividad evangelizadora.
En 1965 fundó el Centro de estudios franciscanos y pastorales (CEFEPAL), dedicándose por unos diez años a la animación franciscana postconciliar en varios países de Latinoamérica.
En 1974 en Brasil dio inicio a los retiros semanales llamados «Encuentros de experiencia de Dios» que condujo incansablemente por 23 años con la asistencia de decenas de miles de personas.
En el año 1984 emprendió con la obra más importante de su vida los «Talleres de oración y vida» reconocidos por la Santa Sede como un método eficaz de la nueva evangelización (www.tovpil.org) a los cuales dedicó los últimos treinta años de su vida recorriendo más de 40 países del mundo.
Fr. Ignacio Larrañaga es autor de 17 libros traducidos en 10 idiomas. Entre ellos citamos: «Muéstrame tu rostro», «El pobre de Nazareth», «El Silencio de María», «El hermano de Asís», «Salmos para la vida», «Sube conmigo», «Del sufrimiento a la paz», «Un matrimonio feliz» y su autobiografía «La rosa y el fuego».

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Escribo este artículo cuando todavía la web de los Capuchinos de Chile dice, a fecha de 30 de octubre de 2013: “Pronto les informaremos del día, horario y lugar de la Eucaristía y sepultación”.
El P. Ignacio Larrañaga, que al cambiar el nombre de bautismo por el de religioso, como antes era uso, se llamó Jesús María de Azpeitia, era miembro de mi provincia capuchina de origen, que entonces era la Provincia capuchina de Navarra-Cantabria-Aragón”, en la que todos nos conocíamos, en las que todos teníamos las mismas costumbres de noviciado y años de estudio, y en la que todos de una misma generación sabíamos nuestras andanzas, nuestros anhelos, nuestras pequeñas y grandes aventuras. De Jesús María de Azpeitia, poeta y músico, temperamento soñador, organista en San Sebastián…, se decía que al terminar la carrera, no le cuadraba mucho el Derecho Canónico…, cosa que el historiador crítico tendría que certificar con las actas de estudio a la mano… Como anécdota algo nos dice del talante de este hermano nuestro, que del hoy nos orgullecemos, porque pertenece ya a las “Grandes figuras capuchinas” (título que Prudencio de Salvatierra dio a su hermoso libros de los santos y beatos capuchinos, escrito en Chile).
De él recuerdo cómo una vez nos conjuntamos en Arnotegui (Obanos, navarra) un grupito de hermanos que, al amparo de Javier Garrido, OFM, queríamos ver en unos días de oración por dónde iban los caminos de renovación de la Orden.
De él recuerdo que siendo yo guardián del convento de Extramuros de Pamplona le llamé para dar Ejercicios a la Comunidad y Teologado. Eran los tiempos del Cefepal, e Ignacio de Larrañaga era famoso. Agradó, pero la crítica histórica del franciscanismo también tenía algo que decir, porque este hombre de Dios era más espiritual y poeta que teólogo e historiador...
A medida que pasaban los años y decenios Ignacio adquirió entre nosotros un  prestigio que, a fuerza de los hechos, el discutírselo habría sido envidia e insensatez.
Una resplandeciente aureola se la daba nuestro boletín interno “Punto de Encuentro”, cuando vimos con sorpresa y admiración, en el último número (septiembre 2013), que el hermano José Antonio Izaguirre, capuchino de Errentería, había traducido al euskera la “opera omnia” de Larrañaga. Tarsicio de Azcona, depuradísimo historiador crítico, alababa esta obra, monumento más imperecedero que el bronce.

En el coro de alabanzas que de todas partes han de llegar por este hermano, esplendor de la Orden, podemos preguntarnos antes de que se haga ningún congreso en su día sobre la espiritualidad del Fundador de los Talleres de Oración y Vida, dónde está el secreto de este sacerdote, hermano menor capuchino, misionero, que nos acaba de dejar.
Firmo totalmente la intuición y precisión de mi hermano teólogo, Antxon Amunarriz, que me acaba de escribir: “Se fue Ignacio, y pienso en la gran conversión que vivió en su vida (que me dice mucho más que su obra admirable)...”
Ese es el secreto espiritual del P. Larrañaga: aquella conversión espiritual que él tuvo una noche en Gallipienzo (Navarra), cuando fue a ese pueblo a confesar y predicar en la fiesta del Sagrado Corazón. Ahí está la raíz de todo, como él lo ha explicado en su pequeño libro autobiográfico “El fuego y la rosa”.
Ahora bien, esta conversión, germen de toda la obra que Ignacio Larrañaga ha hecho en la Iglesia tiene un preámbulo, que no es conocido: otra conversión, clarificación y afianzamiento que él tuvo en sus años juveniles. Dejo testimonio para quienes un día hayan de escribir críticamente su historia, en especial para los grupos y Talleres de Oración y Vida. Un día (no es una vana fantasía el imaginarlo) pensarán en su glorificación.
Sucedió que quien esto escribe, escribió un día la vida de un capuchino vasco, humilde como violenta, santo como un serafín de amor: Vida del Padre Bernabé de Larraul. Víctima de amor ofrecida al Amor Misericordioso (1907-1988). Fue pidiendo testimonios escritos, y como algo había oído del P. Ignacio Larrañaga y el P. Bernabé, escribí a Larrañaga. Me respondió una tarjeta: Con mucho gusto lo haré, pero ahora no puedo: reflexionaré, oraré y te responderé. Me respondió desde Puerto Rico, una carta que copié íntegra en laVida del Padre Bernabé. Cuyo texto con su entorno transcribo aquí de la biografía publicada en Ecuador (Librería Espiritual).
Sea testimonio de mi admiración, homenaje y amor fraterno a este ejemplar hermano de la Orden Capuchina, hija de la Iglesia en los caminos de la auténtica renovación.

“Evocación que hace Ignacio Larrañaga
Decir hoy P. Ignacio Larrañaga es pronunciar un nombre de amplia resonancia en el ámbito franciscano y otros círculos, con quien millares de personas han seguido las "Jornadas de experiencia de Dios", quien puso en marcha los "Talleres de oración", hogar de espiritualidad para tantísimas almas que buscan encontrarse a si mismas y encontrar a Dios. Muchos no saben que es capuchino, no importa. Mas, para nuestra historia, sí es necesario saber que es capuchino, nacido en Azpeitia, afincado hace muchos años en América y viajero de Dios por el ancho mundo. Del pozo de sus recuerdos, después de 45 años, rescata vivencias que para él fueron definitivas. Helas aquí.

* * *
Yo tenía por aquellos años entre los 18 y 19 años. Venía yo del Seminario de Alsasua bastante desorientado, vacilante en la vocación, entreviendo muy incierto mi futuro. Fue en este contexto que yo me refugié, allá en Fuenterrabía, bajo el alero del P. Bernabé, y él me acogió con un interés que aún ahora me emociona. Mi relación con él no fue tan solo la típica entre un Director Espiritual y el dirigido. Fue otra cosa y mucho más.
El P. Bernabé fue siempre conmigo cordial y atento, un verdadero padre. Se preocupaba de mi salud, me preguntaba si dormía bien, averiguaba frecuentemente sobre mi estado de ánimo. Tenía conmigo una paciencia sin límites, y una gran comprensión, cosa extraña en un hombre tan exigente como él. A lo largo de mi vida he reflexionado muchas veces sobre este humanismo, esta especie de ternura, cosas difíciles de compaginarlas con el talante ascético del P. Bernabé. Podría yo afirmar que Aita Santua me sostuvo de pie en la marejada más agitada de mi vida; la perseverancia en la vocación se la debo a él.
Me llamaba la atención aquella sonrisa que nunca se desvanecía, aquella estabilidad emocional y presencia de ánimo. Nunca lo vi alterado. En varias oportunidades lo vi con una corona de espinas ceñida al cuello [?], mal disfrazada por la capucha semicalada. De la misma manera observé con frecuencia que usaba habitualmente el cilicio. Puede ser que esos usos y costumbres no nos digan gran cosa hoy a nosotros con nuestros criterios actuales; pero recuerdo que, en aquel tiempo, yo quedaba sobrecogido de admiración.
A pesar de su notable premiosidad de palabra (apenas podía pronunciar dos palabras seguidas en castellano) no sé qué tenía que se daba a entender con gran eficacia. Recuerdo todavía con viveza que el P. Bernabé tenía un carisma especial para infundir paz; cualquiera fuese el problema o estado de ánimo, uno se levantaba siempre de su lado con certezas en el alma y una especial serenidad.
A partir de la relación humana y espiritual que mantuve durante dos años con el P. Bernabé y reflexionando desde la altura de la vida en la que me hallo, he llegado a la conclusión de que todo el secreto de la santidad del P. Bernabé reside en su devoción mariana, concretamente en el camino de la "esclavitud mariana" del beato Grignon de Monfort[1]. En torno a este eje se movió su vida, sentimientos, ilusiones, entusiasmos. Frecuentemente, al encontrarme con él en el jardín o en la huerta, al comenzar a preguntarme por mi estado de ánimo o de salud, rápidamente derivaba en su eterna obsesión de la esclavitud mariana e irrumpía emocionado en el tema de María con un fervor e inspiración que me dejaban conmovido.
Me regaló el librito sobre la "esclavitud mariana" que por aquel tiempo circulaba entre nosotros. El folleto estaba lleno de subrayados hechos por él y pequeños comentarios al margen. Lamento no haber conservado aquel librito que se me extravió no sé dónde.
No era un libro de lectura, sino un programa de vida. Nuestra relación o dirección espiritual consistía en seguir ordenadamente y, de mi parte, en dar cuenta señalada en el librito. En este sentido se puede decir que el P. Bernabé era un orientador ordenado, progresivo y exigente, aunque comprensivo al mismo tiempo. Recuerdo que alguna vez adoptó conmigo una actitud de cierta radicalidad, como de exigencia profética. Esto sucedió dos o tres veces. Cuando las cosas iban bien y había progreso, se encendía en su rostro una fresca sonrisa que, en realidad, resultaba el mejor premio para mí.
Muchas veces, más bien frecuentemente, me decía que oraba por mí, que me ponía 'en sus manos maternales' (recuerdo que esta expresión me emocionaba y me animaba sobremanera). Cuando las cosas no iban bien, me decía que se sometía a grandes mortificaciones que las ofrecía por mi progreso.
Recuerdo que en una oportunidad le dije que en los cinco años de Alsasua nunca había llegado a ser "hijo de María"[2]. Esa noticia le entristeció visiblemente. Pero reaccionó pronto y llegó a decirme que "no importa", que en el futuro llegaría a ser no solo buen hijo de María, sino también un apóstol de María. ¿Una referencia al futuro autor de El silencio de María[3]?
Estos son unos cuantos recuerdos que surgen ante mí al evocar la figura del P. Bernabé, cuando trato de asomarme al fondo del tiempo[4]”.

Desde Alfaro, 30 de octubre de 2013, a punto de regresar a México

Fr. Rufino María Grández

POSTDATA, EL DOMINGO 3 DE NOVIEMBRE DE 2013

Nuestro hermano el P. Ignacio Larrañaga, de santa memoria, murió el lunes 28 de octubre, en la Casa de Nazaret, en esta tierra de Guadalajara-Jalisco, saliendo rumbo a Chapala. Se hicieron las gestiones para que su cuerpo fuera transportado a Santiago de Chile. El sábado por la mañana (2 de noviembre) llegaron allí sus restos mortales.
Los hermanos capuchinos de Chile, en su sitio de Internet, dan noticia e ecos y condolencias. Se ha incluido esta nuestra colaboración, si bien omitiendo el relato detallado de aquella "primera conversión" (en relación con el P. Bernabé de Larraul), a la que se alude, que los guías de oración - allí nos informamos que son 18.000 - tendrán gusto en conocer, por tratarse de su Padre Espiritual.
Ignacio, hermano en la fe y en el anhelo de Jesús, vive con Christo.
Tengo un deseo: que tu hermosa obra perviva y florezca, animada por los fieles laicos. Y otro deseo: que tengas un biógrafo en la tierra que nos narre tu vida, no los triunfos apoteósicos de los encuentros multitudinarios, sino la vida de tu corazón, que acaso esté reflejadas en Diarios íntimos, en cartas confidenciales, y que comenzó en Azpeitia, y en Alsasua (Seminario Seráfico), Fuenterrabía (Filosofía), Sangüesa (Noviciado), Pamplona (Teología), que de alguna manera apunta en las crónicas colegiales y en la revista poética "Vértice", a las orillas del Arga...
¡A Cristo todo honor y alabanza!
Guadalajara, Jalisco, 3 noviembre 2013.



[1] En aquellos tiempos era, en efecto, el beato Grignion de Montfort; hoy es San Luis María Grignon de Montfort.
[2] En los sistemas pedagógicos de aquel tiempo semanalmente se ponían las "notas" o calificaciones escolares que se leían en público. Para ser “hijo de María” había que alcanzar un determinado punto en las calificaciones de “conducta”, de "urbanidad" y de "aplicación".
[3] El silencio de María es un libro del P. Ignacio Larrañaga, publicado en Ediciones Paulinas, primero en castellano, y traducido luego a diversas lenguas.
[4] Testimonio del P. Ignacio Larrañaga, acompañado de una carta que está fechada en Puerto Rico, 8 marzo 1991 (Testimonio 39).
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457. Cáritas, corazón de la nueva Evangelización



Cáritas, la voz del Evangelio, la voz de Jesús
Cáritas, la caricia de la Madre Iglesia
Cáritas, corazón de la nueva Evangelización
Y muerte del P. Ignacio Larrañaga,
fundador de los Talleres de Oración

Ayer noche, en el auditorio del Ayuntamiento de Logroño, La Rioja, dio una conferencia el Cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Madariaga. Un autobús de mi pueblo, Alfaro, fue a oírle; yo, entre ellos. El aforo de butacas – unas 800 – se llenó al completo.
Como anecdotario, ayer justamente el Cardenal, que tiene 70 años, cumplía 35 de obispo. Esto quiere decir que el 28 de octubre de 1978, a los ocho días de ser elegido Papa, Juan Pablo II, firmó el nombramiento de obispo del joven salesiano de Tegucigalpa Andrés Rodríguez Madariaga. La bula de nombramiento había estado sobre la mesa de Pablo VI pocos días antes de morir, y luego sobre el escritorio del breve Juan Pablo I, Siervo de Dios.
Madariaga es Presidente de Cáritas Internacional, Caritas Internationalis, institución católica que integra a 174 países, que el Cardenal llamaba la “Federación del Amor”; y entre nosotros se cumplían 50 años de Cáritas, motivo por el que había sido llamado.
Recordemos lo que en cierta ocasión decía Benedicto XVI hablando a Cáritas, para saber cómo nació:
“Tras los horrores y devastaciones de la Segunda Guerra Mundial, el Venerable Pío XII quiso mostrar la solidaridad y la preocupación de toda la Iglesia ante tantas situaciones de conflicto y emergencia en el mundo. Y lo hizo dando vida a un organismo que, promoviese en el ámbito de la Iglesia universal, una mayor comunicación, coordinación y colaboración entre las numerosas organizaciones caritativas de la Iglesia en los diversos continentes (cf. Quirógrafo Durante la Última Cena, 16 septiembre 2004, 1). Más tarde, el Beato Juan Pablo II fortaleció ulteriormente los vínculos existentes entre las diferentes agencias nacionales de Caritas, y entre ellas y la Santa Sede, otorgando a Caritas Internationalis la personalidad jurídica canónica pública (ibíd., 3). Como consecuencia de esto, Caritas Internationalis ha adquirido un papel particular en el corazón de la comunidad eclesial, y ha sido llamada a compartir, en colaboración con la jerarquía eclesiástica, la misión de la Iglesia de manifestar, a través de la caridad vivida, ese amor que es Dios mismo. De este modo, Caritas Internationalis, dentro de la finalidad propia que tiene asignada, lleva a cabo en nombre de la Iglesia una tarea específica en favor del bien común (cf. C.I.C., can. 116, § 1)”…
En mi primera encíclica, Deus caritas est, he querido reafirmar la centralidad del testimonio de la caridad para la Iglesia de nuestro tiempo. A través de dicho testimonio, hecho visible en la vida cotidiana de sus miembros, la Iglesia llega a millones de hombres y mujeres, haciendo posible que reconozcan y perciban el amor de Dios, que es siempre cercano a toda persona necesitada. Para nosotros, los cristianos, Dios mismo es la fuente de la caridad, y la caridad ha de entenderse no solamente como una filantropía genérica, sino como don de sí, incluso hasta el sacrificio de la propia vida en favor de los demás, imitando el ejemplo de Cristo. La Iglesia prolonga en el tiempo y en el espacio la misión salvadora de Cristo: quiere llegar a todo ser humano, movida por el deseo de que cada persona llegue a conocer que nada puede separarlo del amor de Cristo (cf. Rm 8,35)” (Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en la asamblea general  de Caritas Internationalis en el 60º de fundación, viernes 27 de mayo de 2011).
Cito este pasaje para que de entrada conozcamos exactamente qué es Cáritas, de qué se trata, hacia dónde apunta. Cáritas no es una organización católica para recaudar fondos; si eso fuera, sería una ONG benéfica y altruista, que ciertamente no es poco. Cáritas vive. En España el balance del año pasado superó en 26 millones al balance del año anterior, no obstante la crisis que a todos aprieta.

* * *

El ilustre Cardenal (coordinador del Colegio de ocho cardenales asesores inmediatos del Papa) comenzó su charla citando por extenso al Papa Francisco en lo que les dijo a la asamblea de mayo.
¡Muchas gracias! por lo que están haciendo, por el trabajo. Estoy contento que estén reunidos y que tengan esperanza mirando adelante. Porque cuando miramos atrás siempre quedamos aprisionados por la dificultad de las tribulaciones, los problemas. Bueno, esas cosas que suceden en la vida y que nos hacen sufrir. Así que hay que mirar adelante como ustedes.
Institucionalmente la Caritas es parte esencial de la Iglesia. Una Iglesia sin la caridad no existe. Y la Caritas es la institución del amor de la Iglesia. La Iglesia se hace institución en la Caritas. Por eso la Caritas tiene esa doble dimensión: Una dimensión de acción; acción social entre comillas. Acción social en el sentido más amplio de la palabra. Y una dimensión mística, es decir, metida en el corazón de la Iglesia. La Caritas es la caricia de la Iglesia a su pueblo. La caricia de la Madre Iglesia a sus hijos, la ternura, la cercanía.
La búsqueda de la verdad, el estudio de la verdad católica es otra dimensión importante de la Iglesia que hacen los teólogos. Después, se transforma en catequesis y llega. La Caritas es directa, es el amor de la Madre Iglesia que se acerca, acaricia, ama. En este sentido, me permito decirles que ustedes son los testigos primarios e institucionalizados del amor de la Iglesia. Y desearles que puedan seguir haciendo esto. Y porque siento esta responsabilidad de confirmarlos en este camino es por lo que quise recibirlos, que no se fueran de Roma sin un dialogo con el obispo de Roma. Es decir, para confírmalos en la fe.
Bueno, ahora me permito sugerir si alguien quiere hacer alguna pregunta. Tenemos un poquito de tiempo.

El Cardenal dijo cómo el Presidente Internacional de Cáritas presentó al Papa un canastillo de panes y peces, en memoria de la escena evangélica (San Juan, capítulo 6). Era un símbolo.
(Por arte del internet, si vamos a lo que entonces pasó, he aquí el comentario que entonces hizo el Papa, muy en consonancia con la exégesis de la multiplicación de los panes que desde años atrás leíamos en la Biblia Latinoamericana:
Respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron. Como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no. No, no, simplemente es tal la grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que si queremos, lo que tenemos no se acaba. Mucha confianza en esto).
El que trabaje en Cáritas – 70.000 voluntarios – tiene que leer hasta el final lo que dialogalmente fue diciendo el Papa tras estas palabras. Dijo, por ejemplo, hablando de la espiritualidad de Cáritas:
La Iglesia es madre; fundamentalmente madre y esta categoría de la ternura para mí es el eje al cual tiene que referirse la espiritualidad de Caritas. Recuperar para la Iglesia la ternura.)

* * *
El Cardenal nos ha citado a Quevedo quien dijo que “el amor es fe, y no ciencia”. Citó a Eric Fromm: “el amor es un acto de fe, y quien es persona de poca fe, es persona de poco amor”. Citó a un amigo suyo, sin nombre, quien decía: “No hay cosa más perversa que dar un buen consejo, seguido de un mal ejemplo”.
Por todo ello, bien podemos pasar a la Evangelización, a la nueva Evangelización. ¿Qué es la nueva evangelización, cuya bandera alzó Juan Pablo II en un célebre discurso en Haití, marzo de 1983, nueva en su ardor, nueva en sus métodos, nueva en su expresión?
Con una voz vibrante, que al final arrancó una ovación de aplausos sonora y prolongada, fue diciendo y repitiendo lo que estalló en una frase final: “Solo se evangeliza amando”.
De ahí se perfilan todos los pormenores. Así, para evangelizar hay que escuchar, como María de Betania a los pies de Jesús. Para evangelizar hay que escuchar la Escritura. ¿Cuánto tiempo de la semana dedicamos a escuchar las palabras del Señor en las santas Escrituras? (¿La misa del domingo con veinte minutos de la liturgia de la Palabras…?
“El pastor, que es pastor, no tiene horario…, no tiene horas de oficinas…” Palabras que iba diciendo de corazón al calor de la charla (con un pequeño ordenador “ascer”, cuya pantalla le servía de papeles), y que podíamos entenderle perfectamente: lo que decía y lo que quería decir.
En mi corazón yo me iba acordando de una obra del teólogo místico Urs con Balthasar: Solo el amor es digno de fe.
Conclusión de todo: ¿Qué puedo hacer yo por la nueva Evangelización? Es el fruto de aquella conferencia-charla, vibrante, sincera, auténtica, que nos transmitía el hoy de la Iglesia, la vibración del Papa Francisco.

(Nota para los Anales. Antes de la conferencia el Papa le había hablado al cardenal Madariaga por teléfono al Seminario. Era la primera vez en la historia – comentaba el Obispo don Juan José Omella – que la voz de un Papa había entrado en el teléfono del Seminario).

Alfaro, 29 octubre 2013

Ignacio Larrañaga,
voz y luz en la nueva Evangelización

Al tiempo que escuchaba cosas tan bellas, con ánimo enardecido, en mi corazón latía un pensamiento: que pocas horas antes se nos había comunicado el fallecimiento de un hermano singular originario de mi misma provincia capuchina (nacido en Azpeitia mayo de 1928), que había hecho el noviciado donde yo lo hice, que estudió la teología en el mismo teologado de Pamplona, donde unos pocos años después yo la estudié. Al saludar a la señora que estaba junto a mí en la siguiente butaca, vi que tenía en el bolso una hoja que no quería arrugar. Ignoraba el fallecimiento. Y me dijo: Pues tengo en el bolso esta hoja que la voy a poner en una farmacia. El P. Ignacio Larrañaga, con su amor a Jesucristo, con sus Talleres de oración, ha llegado prodigiosamente a los confines de la tierra. Esto es la nueva Evangelización, parte de la nueva Evangelización.
Ignacio, siervo bueno y fiel, gracias de parte de toda la Iglesia.
Me dijiste pro teléfono que en octubre ibas a venir a Guadalajara, que ahí nos encontraríamos… Te respondí que yo estaría en España… Y nos despedimso con un abrazo invisible.
Hoy nos llega una carta del guardián de mi fraternidad, P. Óscar Guerendiáin (de Pamplona), y nos da detalle. Y nos dice que hasta cantó el “Agur Jaunak” (él es extraordinario cantor), que tantas veces por acá se canta como despedida a los difuntos antes de llevarlos al cementerio.

Guadalajara, 28 octubre 2013.
¡Paz y Bien, hermanos!
Son las once y media de la noche y acabamos de regresar de despedir a nuestro hermano Ignacio Larrañaga, que como ya sabrán, falleció esta pasada madrugada aquí, en Guadalajara. Ignacio se encontraba dando un par de semanas a dos grupos de guías de Talleres. Ayer comenzaba la segunda de dichas semanas. Parece que ayer en la tarde no se encontraba muy bien, se quejaba algo del estómago, pero cuando le propusieron que no celebrara la misa y se fuera a descansar, él declinó el ofrecimiento y celebró con mucha fuerza, su última misa. Esta mañana, cuando le han ido a despertar, lo han encontrado ya sin vida. Me dicen que estaba como dormido, hasta con la mano debajo de su cara, como solía él descansar…”
Añade cómo fue la misa en la que él concelebró.
 “Han estado presentes las 200 personas que estaban participando en la semana con Ignacio, así es que la capilla estaba llena. Todos ellos estaban muy afectados por el súbito fallecimiento de Ignacio: ayer celebraron con él su última misa y hoy, su funeral.
Al final de la misa he tomado la palabra para decir una brevísima reseña de Ignacio (nacimiento, profesión, ordenación, misionero...) y, en nombre de todos sus hermanos capuchinos, le he cantado "Agur Jaunak", haciendo saber a los presentes que esa era su lengua materna.
Mañana tratarán de trasladar el cuerpo a Chile, si se consiguen todos los permisos. Allí habrá otras celebraciones, otras palabras y otros cantos. Descanse en paz nuestro hermano Ignacio”.

Alfaro, 29 octubre 2013, por la mañana.
sábado, 26 de octubre de 2013 1 comentarios

456. Domingo XXX C – Yo soy un pecador - Orar con el corazón del publicano


Homilía en el Domingo XXX del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 18,9-14 


Texto del Evangelio:
Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
“Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Hermanos:
1. Esta es la parábola del fariseo y del publicano; quizás podemos decir, la parábola más cáustica de Jesús, con ese estilo de crítica espiritual que Jesús ha manifestado igualmente en la parábola del buen samaritano. Las dos giran en torno al templo; las dos quieren bajar hasta lo íntimo del corazón del hombre.
A lo mejor nosotros para representarnos figurativamente la escena nos imaginamos al fariseo como un rico de rozagantes vestiduras que, puesto en primera fila, erguido como se debe hacer la oración de los hijos de Dios, con el rostro radiante de felicidad. Y quizás vemos al publicano como un mendigo poco menos que andrajoso, en la última fila.
Quitemos esta imagen del rico y del pobre, porque Jesús no habla de esto; habla de otra cosa. Los fariseos no eran sin más ricos; había muchos fariseos pobres, aunque es cierto que Jesús en algún momento los acusa de ser amantes del dinero. Los publicanos podían ser ricos, como era rico el publicano Zaqueo que, en Jericó, recibió en su casa a Jesús. San Pablo antes de convertirse a Cristo era un fariseo, como él mismo nos lo dice, un fariseo redomado, un fariseo de pura ley.
Quizás los dos hombres de la parábola van igual de bien vestidos. Lo que Jesús va a comparar el corazón tan diferente de uno y de otro. Y la lección de esta parábola va a ser que nosotros – yo que hablo – quitemos definitivamente, para siempre, ese fariseo insensato, ese fariseo santo, que llevamos dentro y que puede estropear toda nuestra vida.
2. Comencemos por lo último, por la oración del publicano, que ojalá fuese nuestra oración: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador!”. ¿Cuáles eran los pecadores de este pecador? No los sabemos.
A lo mejor su pecado había sido el dinero. En su oficio era muy fácil hacer trampas y aprovecharse de los demás para sacar un dinero que no le pertenecía. Zaqueo, el que invitó a Jesús en un episodio que en el Evangelio viene más tarde, dijo: “…si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más”. Los pecados de los fariseos iban más en estos abusos del dinero que en otros abusos de inmoralidad.
Pero tampoco nos quiere representar Jesús detalles de la vida del publicanos – de la vida del fariseo sí – quiere Jesús llevarnos hasta lo último del corazón del publicano, hasta lo último del corazón del fariseo, que aparentemente era un santo, y que estaba totalmente equivocado.

3. Hace poco más de un mes se publicaba una entrevista que le había hecho un jesuita al Papa, el director de la revista La Civiltá Cattolica, resumen de seis horas de conversación en tres días, una entrevista que ya ha dado muchas veces la vuelta al mundo. El padre Antonio Spadaro le pregunta al Papa:
“¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?”. Se me queda mirando en silencio. Le pregunto si es lícito hacerle esta pregunta… Hace un gesto de aceptación y me dice: “No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador. Esta es la definición más exacta. Y no se trata de un modo de hablar o un género literario. Soy un pecador”.
Resulta, pues, hermanos que lo mejor que puede definir al Papa Francisco, según él, es esta denominación: Yo soy un pecador.
Pues ¿qué pecados habrá cometido el Papa antes de ser Papa, como arzobispo de Buenos Aires, o antes de ser Obispo, o antes de ser jesuita a los 17 años?
No es este el asunto. Podemos estar seguros de que el Papa no ha hecho ningún disparate para decir que “Yo soy un pecador”.
“El Papa sigue reflexionando, concentrado, como si no se hubiese esperado esta pregunta, como si fuese necesario pensarla más. “Bueno, quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo. Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera es esta: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos”. Y repite: “Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero”.
4. Volviendo de nuevo al texto del Evangelio, veamos cómo el fariseos es un hombre extremadamente piadoso y cumplidor. Las obras de la piedad judía son tres: la oración, el ayuno, la limosna. El fariseo es un perfecto ejemplo de virtud. En medio de la desolación del mundo él es diferente; sin duda que el camino está en él. ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros. Este panorama desolador era el de entonces y el de hoy. ¿Adónde va esta sociedad perdida, esta cuadrilla de ladrones, injustos y adúlteros? El mundo va a la perdición. Pero yo no: te doy gracias, Dios mía.
El fariseo que pinta Jesús hace todo lo que debe ahcer e incluso le da propia a Dios.
Ayuno dos veces por semana. Pero ¡qué barbaridad, si no tenían obligación de ayunar más que una vez al año en el Gran Día de la Expiación, en el Yom Kippur, que observan los judíos! Es que ayuno por los pobres pecadores, para que se convierta… Yo, a la verdad, no lo necesito; otros sí…

5. Hermanos, si pensamos así caemos en la más pura hipocresía. Y a Dios le da asco. Ya lo habían dicho los profetas.
Entre ser un humilde y pobre pecador y un santo refinado y orgulloso (cosa que no puede ser) vale más ser un pobre pecador.

6. Ahora, hermanos, del templo de Jerusalén pasemos al cielo. ¿Qué pasaba en el cielo? Que a Dios nuestro Padre se le atragantaba la oración del fariseo perfecto, y se deshacía de ternura ante el publicano pecador, que ni se atrevía a levantar los ojos a lo alto.
¡Hijo mío, si supieras cuánto te amo! El amor de Dios es siempre amor misericordioso, amor ungido de ternura, amor creador que nos renueva cada día, amor que nos guarda para la eternidad.

7. Concluyamos, hermanos, con una oración a Dios nuestro Padre al son de la doctrina de su Hijo.
¡Dios mío y Padre mío, quita de mi corazón ese redomado fariseo que quiere asomar la cabeza y dame la oración humilde y confiada del publicano! ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.

Alfaro, La Rioja (España), sábado, 26 octubre 2013

 
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