viernes, 3 de enero de 2014

483. Homilías: puntos sobre las íes



Homilías: puntos sobre las íes
Sencillas aclaraciones


Como pueden apreciar los que siguen este blog de “Las hermosas palabras del Señor”, al final de la entrada escrita (que, por lo visto, en el lenguaje técnico de la informática me parece que se llama “post”) hay un cuadro con la posibilidad de hacer un comentario. No se determina, al menos aquí – en otros sitios sí –, hasta cuántas palabras se admiten.
Un asiduo comentarista es un lector llamado Juan José, el cual me ha ido prodigando muchas alabanzas. Por ejemplo, ayer  mismo, con motivo del último poema, escribe, para conocimiento de todos, en el dicho recuadro de “comentario”: “Un bello poema, fray Rufino, tomo todos los que proceden de su pluma. Juan José”.
A nadie le amarga un dulce, y yo le debo a usted, estimado Juan José, las palabras elogiosas que me ha dedicado, lo mismo referente a este blog que a los articulitos que voy escribiendo hace años en la revista “El mensajero de san Antonio” (Zaragoza, España).
Ignoro quién es Juan José. Me lo imagino (¡ojo: estoy diciendo “me lo imagino!, que a lo mejor la imaginación no corresponde a la realidad) como un veterano profesor, ya jubilado, gran lector, cristiano a carta cabal, y muy interesado por todo lo que se refiere a Jesús y al cristianismo. Ignoro datos personales: si es casado, padre de familia, u otros.
En unos últimos comentarios me da la impresión de que quiere poner los puntos sobre las íes. ¿Cómo no?
Raramente he respondido a los comentarios: una sola vez, que recuerde, por este medio; varias veces por correo digital para tal o cual persona que conozco, agradeciendo de corazón las palabras dirigidas.
Si digo que es por falta de tiempo, no estoy ajeno a la verdad. Hay otra razón, no menos poderosa, y es que no quiero hacer de este blog un diálogo-consultorio, cosa en sí misma legítima y muy valiosa, pero cosa que me obligaría a otro sistema de comunicación.
Hoy hago una excepción sin que sirva de precedente. Respondo al comentario que con fecha de ayer (2 de enero) hace don Juan José, en el “post” n. 482, a la homilía del domingo de la Sagrada Familia (“post” n. 479: Jesús, en el centro de la familia). Este comentario del comentarista tiene 505 palabras (según un contador automático); repite el mismo ya puesto el día 31 de diciembre. Añade en la misma fecha de 2 de enero unas reflexiones en torno a las palabras que dije sobre la Eucaristía, comentario algo menor en extensión. Pero, volviendo al día 31, veo un segundo comentario amplio sobre el tema desarrollado; este de 581 palabras, y fechado el día 1 de enero.
He de manifestar con sencillez y lealtad que ya todo esto me comienza a abrumar, y dudo que sea el fin de nuestro blog.
Pero para que Juan José y los desinteresados lectores sepan que no quiero ser descortés, voy a responder al último comentario, al primero de ayer (2 de enero), y repito y vuelvo a repetir: sin que esto sirva de precedente.
Transcribo el comentario y voy respondiendo por párrafos


Estimado P. Rufino:
Aunque este comentario se corresponde a un pasaje anterior, creo que por su importancia merece la pena transcribirlo.
A veces creo que, al igual que hizo alguna vez san Pablo, Ud. dicta a un secretario la homilía, habida cuenta de una frase:"Y pueden crear hijos traumados." ¿Quiso decir "traumatizados"?.

Mi respuesta es que el Diccionario de la Real Academia Española (edición 23) acepta traumatizado y traumado.

1. Llamamos misterio a aquello que no podemos explicar a través de la razón. Es un misterio la encarnación de Jesucristo en el vientre de María. Es un misterio la Santísima Trinidad. Es un misterio la Eucaristía. Todas ellas son realidades mistéricas, que el hombre no puede explicar por medios racionales. Sin embargo la Navidad, esto es, el nacimiento NATURAL de Jesucristo, después del periodo NATURAL su gestación en el vientre de su madre, creo que no se le puede llamar MISTERIO.
Mi respuesta es: la tradición cristiana habla de “Nativitatis mysterium”. Obviamente este lenguaje tiene un contenido. Hemos de conservar el contenido y el lenguaje. Podemos hablar perfectamente de Misterio de Navidad, Misterio del Nacimiento.

2. Jesucristo nació como los demás seres humanos, con una salvedad: fue engendrado por obra del Espíritu Santo. Y como los demás seres humanos, al menos en aquella época y lugar, permaneció bajo la tutela efectiva de su familia. Ahí radica la grandiosidad de Jesucristo, que siendo divino se hizo humano de principio a fin.

Mi respuesta es: el parto de la Virgen María es componente del Mysterium Nativitatis. En efecto, una antiquísima formulación habla de que el parto de María integritatem non minuit sed sacravit: no deterioró (no disminuyó su integridad, no aminoró…) sino que, por el contrario, la consagró. Una cosa es la fe; otra la teología, que trata de explicar la fe. ¿Cuál es la explicación teológica del misterio del “parto virginal”? Sencillamente no entro en el asunto; tan solo trato de afirmar el dato de fe: parto virginal, María siendo totalmente madre es totalmente virgen: toda virgen siendo toda madre, y más virgen cuanto más madre. Solo en María se ha dado este misterio. El Concilio Vaticano II vuelve a recoger esta expresión: in nativitate vero, cum Deipara Filium suum primogenitum, qui virginalem eius integritatem non minuit sed sacravit (nota180: Cf. CONC. LAT. anni 649, can. 3: MANSI 10, 1151. S. LEO M., Epist. ad Flav.: PL 54, 759. CONC. CHALC.: MANSI 7, 462. S. AMBROSIUS, De instit. virg.: PL 16, 320.), pastoribus et Magis laetabunda ostendit.


3. Herodes quiso matar a Jesucristo porque veía en él a un rival potencial en el trono. Quiso cometer con él un asesinato político, uno más en su larga carrera de sangre y terror. La Sagrada familia tuvo que emigrar por motivos políticos. La Sagrada familia no emigró por motivos económicos, como sucede hoy y lo leemos en los medios de comunicación. De hecho no hubo emigraciones masivas en la época de Herodes, como sucede hoy…., y como ha sucedido en épocas pretéritas de la humanidad. Basta con abrir un libro de historia para saberlo. La emigración fue una vergüenza, es una vergüenza, y será una vergüenza per secula seculorum. Hoy se ven unos centenares de emigrantes como un permanente goteo. En siglos pasados eran millares, eran pueblos enteros los que se lanzaban a recorrer cientos de kilómetros con ánimo de aposentarse de tierras fértiles.

Mi respuesta es: No es adecuado decir que la Sagrada Familia tuvo que emigrar por “motivos políticos”, por la simple razón de que no es esa la perspectiva en que se sitúa el evangelista. Estamos en un relato que se puede calificar como “midrash”. ¿Cuál es la historia real subyacente al relato midráshico? Punto controvertido en el que no entramos.
San Mateo explica estos acontecimientos, dirigidos por Dios, desde unos textos proféticos con una hermenéutica judeo-cristiana: “… para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo” (2,15). “Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta jeremías: Un grito se oye en Ramá…”
Es claro que Mateo interpreta la Escritura con un “sensus plenior”, pero su sentir está muy ajeno a la política. Las cosas ocurren en cumplimiento de las profecías, siempre según la perspectiva del Evangelio.

4. No se debe confundir la expresión EMIGRANTE con la expresión NÓMADA. Abraham pertenecía a un pueblo nómada: el pueblo hebreo. Los hebreos eran nómadas que permanentemente se trasladaban de un lugar a otro, vivían en tiendas de campaña (no en poblaciones), poseían manadas de cabras y ovejas, utilizando asnos, mulas y camellos como portadores. Siguiendo a Abraham, los hebreos emigraron hacia Canaán, la tierra prometida por Dios. La Sagrada Familia no era una familia “nómada”, sino sedentaria. Así pues no se puede hacer un paralelismo entre ambos.

Mi respuesta es. Abraham no es un emigrante de hoy ni tampoco un simple nómada de ayer. Es un llamado, como llamado, un creyente incondicional. Así hemos de leer el capítulo 12 del Génesis: “Sal de tu tierra, de tu patria, de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré…” (Gén 12,1). Abraham, por acampadas de norte a sur va estableciendo altares al Señor.
En Deuteronomio 26 tenemos (al parecer) la primera profesión de fe de Israel: “Mi padre (se refiere al patriarca Jacob) fue un arameo errante que bajó a Egipto, y se estableció allí como emigrante…” (Deut 26,5).
A lo mejor, con más o menos fortuna, tenemos que utilizar palabras de “uso social” para realidades que transcienden la simple comprensión social. En México yo soy un “emigrante” que tengo que hacer mis papeles, con las tasas correspondientes, en el Instituto Nacional de Migración (INM). Pero si me veo miembro de la Iglesia, extendida por todo el mundo, yo no me veo en México como emigrante, sino simplemente como hermano en el Cuerpo de la Iglesia santa, igual que estuviese en España, China o México. Esa es mi ciudadanía.
Además me da un papel en el que tengo que elegir un cuadrito entre cinco opciones: soltero, casado, viudo, divorciado, unión libre. No le puedo decir al oficial: Señor, nada de eso; soy célibe, que es cosa muy distinta de soltero…
Las palabras no son inocentes, pero, bien que mal, tenemos que servirnos de ellas.

5. No se pueden juzgar las costumbres de hace dos mil años con las de hoy. Sería injusto y disparatado. San Pablo da unas pautas de conducta familiar de acuerdo con las costumbres de la época en la que vivió. Las relaciones matrimoniales no son las mismas a las de hoy. El marido era el PATER FAMILIA. Su autoridad sobre la mujer y los hijos no era discutida. Los evangelios nos dicen que Jesucristo permaneció SOMETIDO a esa autoridad.
Saludos.
Juan José.

Mi respuesta es: Efectivamente, es un principio elemental de hermenéutica. Lo cual no obsta para que desde una imagen de matrimonio y sociedad conyugal y familiar, esclavos incluidos, “sociológicamente” sobrepasada, donde está situado el judío Pablo, nos dé conceptos y principios válidos en sí para siempre, que ningún filósofo los habría dado. Sencillamente, él ha puesto a Cristo en el centro. Ahí está la novedad perpetua en el matrimonio que proyecta Pablo y que tenemos que repensarlo hoy nosotros, con nuestra propia sociología, pero con Cristo en medio.

* * *
Baste como aclaraciones. Una buena homilía tiene que conocer la interpretación académica y científica del texto; pero la homilía ni es una clase, ni es una conferencia, ni es un ensayo de exégesis histórica ni arqueológica. Es siempre anuncio de Cristo en el hoy de la historia, dejando su operación al Espíritu Santo.
Por otra parte, para interpretar al predicador vale lo que puso san Ignacio en los Ejercicios, antes del “Principio y fundamento”.
“PROSUPUESTO. Para que así el que da los exercicios espirituales, como el que los rescibe, más se ayuden y se aprovechen: se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve” (Ejercicios Espirituales, 22).
Evidentemente que en este caso en modo alguno se trata de “condenar”, sino, más bien, de matizar, de perfilar…, pero dudo que estas matizaciones eruditas, que tratan de poner los puntos sobre las íes, y a las cuales, a su vez, se les puede poner los otros puntos sobre las otras íes, conduzcan al sabor de la Escritura, con el que nos viene el fruto espiritual.
Humildemente es lo que quería decir de una vez por todas.

3 comentarios:

Simon Apablaza dijo...

La verdad es que me ha hecho reir. La primera parte, el tener que responder....
Yo lo sigo desde hace un año mas o menos y hasta ahora no me habia dado cuenta que se pueden hacer comentarios! yo leo estos blogs desde mi telefono.
Me gustan mucho como meditacion en los evangelios y para finalizar mis propias homilias, yo soy un sacerdote joven, misionero en australia, 32 años. Del redemptoris mater, en sidney.
Sus puntos sobre los evangelios son muy bellos, asi muchas veces digo algunas cosas suyas aca en australia.
Espero que no le moleste.
Muchas gracias de corazon por tomarse el tiempo de poner estas perlas en internet. Al encontrar su blogg, creo de verdad haber encontrado un tesoro.
Que Dios lo bendiga
P. Simon

Inma Morenza dijo...

Querido P. Rufino:
Soy una religiosa de la Congregación Pureza de María y estoy destinada en Sant Cugat del Vallés, Barcelona, España.
Un día una religiosa me dedicó un libro suyo llamado "LA HERMOSA VIGILIA DE PASCUA", una sencilla joya que medito y gozo cada año y lo doy a conocer. Ese fue el principio para buscar artículos suyos en cuadernos de liturgia. Encontrar su blog en internet fue todo un hallazgo, no puedo pasar sin escuchar sus homilías para llevarlo a la oración y guardarlo como María en el corazón, esa parte que no será quitada. Se ha convertido para mí en un padre espiritual sin que usted sepa nada porque Dios se sirve de usted para llegar a muchos. Gracias por tanto bien que a través de usted recibimos.
Pidiendo su bendición,
Hna Inmaculada Morenza

Anónimo dijo...

Modestamente he de constatarle que no deseo que se sienta moralmente obligado a responder a mis comentarios. No es esa mi intención, ni lo ha sido nunca, ni lo será jamás. Considero que un comentario es una reflexión en voz alta, nada más, lo mismo cuando alabo un poema suyo que cuando discrepo de algún texto (AMICUS PLATO, SED MAGIS AMICA VERITAS).

Antes de comenzar, no obstante deseo aclarar que, si bien la RAE, reconoce la expresión “traumado”, la circunscribe a la América de habla hispánica. Como se sabe, los distintos países de habla hispana utilizan modismos que, sin bien está reconocidos por la RAE, no son utilizados en nuestro país.

En mi opinión, y por supuesto salvando las distancias, una homilía podría compararse con la explicación que da a los alumnos el profesor de una determinada asignatura. Si el profesor lo hace bien, todos los alumnos salen del aula satisfechos. No basta con conocer muy la asignatura. Si no se sabe explicarla el fracaso está garantizado.

Respecto al tema en cuestión que nos ocupa:

1.-Los dolores de parto no contradicen en absoluto el dogma de la Inmaculada Concepción. Los dolores naturales de parto no contradicen la virginidad perpetua de María Inmaculada. No se duda que María fuera siempre virgen, incluso durante el parto.

2.-La Iglesia Católica no ha declarado nunca como dogma el parto sin dolor de María Inmaculada.

3-María Inmaculada se asoció plenamente a la Pascua por la que su Hijo (también inmaculado) vence sobre el pecado precisamente abrazando el sufrimiento por amor. Ella abraza la cruz de principio a fin, y plenamente colabora con su Hijo, uniendo su sufrimiento al de él, no solo al final sino durante toda su vida.

4.-Que María Inmaculada haya sufrido por y con Jesucristo precisamente más que nadie y desde el principio de la vida de su Hijo no disminuye en nada su excelsa dignidad, ni su absoluta pureza ni su impecable integridad, sino al contrario, la coloca como el modelo de todos los que quieren asociarse a la pascua de Jesucristo de manera total. Así como María Inmaculada acompañó a Jesucristo en el sufrimiento de su muerte en la cruz, así también para ella los dolores en el nacimiento de Jesús serían una expresión maternal de su asociación a los sufrimientos salvíficos de Jesucristo desde su nacimiento.

5.-La Sagrada Familia se vio obligada a huir a Egipto ante el temor de que Jesucristo fuese asesinado por orden de Herodes, dado que Herodes le consideraba un rival en el trono. A eso hoy se le llama persecución por motivos políticos.

6.-La historia de Israel comienza con los patriarcas, que habitaban en origen la tierra comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, y más concretamente, Harán. De aquí procedía Abraham. Los patriarcas eran arameos. En las tablillas que documentan el reino de Mari se menciona a los “hapiru”, gentes nómadas (no emigrantes) que amenazan a los pueblos del desierto arábigo. Estos “hapiru” eran los hebreos. Los patriarcas que bajaron a Palestina formaron parte de estos invasores. Hacia el año 1400 a.C. comenzó la invasión (no emigración) y posterior ocupación de la tierra de Canaán, que duró varios decenios. Esto es lo que nos dice la Historia.

La Biblia no es, ni pretende ser, un libro de Historia Antigua. La Biblia es un libro de fe que contiene descripciones históricas, conceptos místicos y teológicos, y también relatos metafóricos y míticos. Esa es su grandeza.

7.-Por cortesía, quiero hacer caso omiso al efecto jocoso que le ha producido al P. Simón Apablaza y no haré ningún comentario.

Saludos cordiales.
Juan José.

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