domingo, 12 de enero de 2014

489. Himnario del Bautismo del Señor



HIMNARIO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

Presentación

En diversas ocasiones hemos compuesto himnos para el Bautismo del Señor. Son en total 10. El primero en diciembre de 1982; el décimo, hoy, Domingo del Bautismo del Señor de 2014. Para la persona interesada puede ser útil tenerlos todos juntos. Y tal es la finalidad de esta compilación. El conjunto de los nueve primeros (con algunos detalles de referencia bibliográfica y musical) los puede hallar el interesado en mercaba.org, siguiendo esta ruta: Rufino María Grández / El pan de unos versos / El año litúrgico / Navidad-Epifanía / (al final) Bautismo del Señor.
Sea a gloria de Cristo Jesús, a quien gozosamente servimos.
Guadalajara, Jalisco, 12 de enero de 2014.
Fr. Rufino María Grández, OFMCap.


1. Desnudo el nuevo Adán, con alma pura

El himno canta el Bautismo del Señor, apoyándose en el icono de la Gran Teofanía de Oriente (ver: R. Grández, Himnos para la Navidad inspirados en los santos iconos: “Oración de las Horas” 14, 1983, 352-357).

Podemos aclarar la letra del himno, la intención que se busca, recordando estas palabras:
“Este himno no es descriptivo de los elementos pictóricos del icono. Más bien quiere centrare en la contemplación nuclear del misterio con un sentido decididamente teologal y sacramental.
Abre el himno la contemplación de la desnudez de Cristo, desnudez de su cuerpo, que es en realidad la transparencia del alma pura. Teológicamente ponderamos la impecancia y la impecabilidad de Cristo, el Inocente, al mismo tiempo que la veracidad de su Bautismo. Bien podemos decir sin escrúpulo: Hasta el fondo del ser es bautizado.
El Bautismo de Cristo diviniza y origina el bautismo cristiano. Un pueblo fue bautizado en el Mar Rojo; ahora otro pueblo es bautizado con Cristo en el Jordán. Y si aquel pueblo concluyó el paso del Mar Rojo con el canto de la liberación, este pueblo, bautizado con Cristo, canta igualmente su liberación.
En el Bautismo Cristo es ungido por el Espíritu según los textos neotestamentarios. Entonces nosotros contemplaremos que de su frente fluye la unción a todo el cuerpo” (Art. cit.)

Desnudo el nuevo Adán, con alma pura
penetra en el Jordán y se sumerge;
se anega en el diluvio del pecado
el que quita el pecado, el Inocente.

Está temblando Juan, tiembla su mano
al tocar la cabeza refulgente;
hoy el siervo bautiza a su Señor,
cumpliendo la justicia que Dios quiere.

Hasta el fondo del ser es bautizado
Jesús, hecho pecado libremente,
y nace del Jordán purificado
el bautismo de fe de los creyentes.

Esa carne divina diviniza,
transforma en sacramento la corriente;
el pueblo renacido en el Mar Rojo
con Cristo canta, libre de la muerte.

Es éste el Hijo amado, el Elegido,
para ungirle el Espíritu desciende;
y de su frente al pueblo redimido
se derrama la unción de aquel aceite.

¡Sea el honor con voz celeste al Hijo
en quien el Padre encuentra su deleite,
a Aquel que hasta el pecado se ha humillado
y con su amor el Padre lo enaltece! Amén.

Burlada (Navarra), diciembre 1982



2. En él no está el pecado, nunca estuvo

En él no está el pecado. Esta soberana palabra, consoladora sin fin, la hemos tomado de la primera carta de san Juan: “… y en él no hay pecado” (1Jn 3,5). No hay pecado en Jesús: Bañado en el misterio de su Padre surgía sin pecado, el hombre entero.
Cantamos el Bautismo del Señor. Jesús, el hombre entero, la verdad del plan pensado al proyectar Dios al Hombre, Jesús, en estas condiciones se sumerge en el bautismo. Lo admirable es que este bautismo es “el verdadero”. ¿Y cómo si en tu vida nada es falso ha sido tu bautismo el verdadero?
Fuera de nuestra mente una seudoteología que pensara que el bautismo de Jesús no ha sido un bautismo de verdad. El suyo ha sido el verdadero, la razón de toda la verdad de nuestro bautismo. La verdad del bautismo de Jesús, verdad inseparable de la Cruz, es lo que queremos cantar llenos de adoración: “Verdad de criatura trepidante, del pobre que ante Dios siempre es pequeño, verdad del solidario con nosotros: es esa la verdad de tu descenso”.
Que el bautismo de Jesús nos adentre en su verdad admirable y estremecedora. Desde él intuiremos el hondo misterio de nuestra verdad.

En él no está el pecado, nunca estuvo,
no pudo verlo el ojo fariseo;
ni el rayo acusador de la pupila
halló en su corazón al hombre viejo.

Bañado en el misterio de su Padre
surgía sin pecado, el hombre entero,
sin mancha contagiada por la estirpe,
varón para crear a Adán de nuevo.

Él era la verdad del plan pensado,
el Hijo amado, germen y modelo
del hombre que vendría, sano y limpio,
al dar el Padre tiempo al pensamiento.

¿Por qué, Jesús, desciendes al abismo,
te hundes en maldad no tuya inmerso?,
¿y cómo si en tu vida nada es falso
ha sido tu bautismo el verdadero?

Verdad de criatura trepidante,
del pobre que ante Dios siempre es pequeño,
verdad del solidario con nosotros:
es esa la verdad de tu descenso.

¡Oh Santo sumergido en el bautismo,
ungido con la fuerza y el consuelo,
honrado por la Voz y la Paloma,
a ti te proclamamos Cristo y Verbo! Amén

Burlada (Navarra), enero 1983


3. A la fosa del mundo

El último jueves de octubre del año pasado (31/X/1985) se recuperó la tradicional peregrinación al lugar del bautismo de Jesús en el Jordán, cerca del Mar Muerto, peregrinación impedida desde la Guerra de los seis Días (1967). Y de nuevo, en este último jueves de octubre (30/X/1986) hemos peregrinados los cristianos – 12 largos autobuses – a este sitio santo, en zona fronteriza militarizada.
Cantemos a Jesús, amor de nuestra vida, al estilo de los contemplativos de Oriente. Estamos en el Jordán, de donde va a nacer el Jardín de la Iglesia. “¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen” (Cant 1,15). Jesús baja a la fosa del mundo (y así lo era). No hay lugar más bajo en la tierra que el nivel del Mar Muerto.
Jesús asume el pecado como propia piel. Los judíos decían que Adán por el pecado había perdido la luz (OR, con alef al inicio) que le vestía y se había quedado simplemente con la piel (OR, con ‘ayin al inicio), que no resplandecía. Jesús, bautizado, de su vestido nos dará vestido de gloria.
Jesús es el esposo. El esposo debía bañarse y perfumarse antes de ser presentado a la esposa. Acaso san Juan piense en este baño (Jn 13,10). De todas maneras, Jesús bañado y perfumado tendrá en la santa Iglesia, por su gracia, la esposa que él busca, digna de su cuerpo.
Juan el Profeta tiembla, y con razón: ¿Cómo puede el pecado bautizar a la nieve?
El bautismo de Jesús es el nuestro. Su bautismo – Jordán y luego muerte y tumba – es nuestro precioso bautismo.
Alabemos, pues, a Cristo, cuya hermosura ha quedado dentro e nosotros con sello indeleble.

A la fosa del mundo
Cristo desciende,
y se baña en el río
que del Líbano viene;
el Jordán se hizo santo
por contacto celeste.

Se vistió de pecado,
siendo inocente,
porque Adán se hizo oscuro
sin la piel esplendente,
y un vestido de gloria
le dará de su veste.

Y como era el Esposo,
bello y valiente,
a su Esposa de amor
perfumado se ofrece,
que unas nupcias divinas
en la carne acontecen.

Tiembla Juan el profeta,
él no se atreve:
¿cómo puede el pecado
bautizar a la nieve?,
¿cómo pueden las aguas
darle fuego al ardiente?

Todos juntos bajamos
cuerpo a la fuente,
y ascendimos fragantes
de su tumba y su muerte:
¡oh precioso bautismo,
que en Jesús nos sumerge!

¡Oh Jesús hermosura,
sello indeleble,
te alabamos unidos
a la voz que se siente:
eres Hijo, eres nuestro,
oh Cordero obediente! Amén.

(NOTA. Para esta interpretación véase lo que escribió el P. Frédéric Manns, OFM, profesor en el Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén, cuando se volvió a abrir esta peregrinación el último jueves de octubre. Cf. Revista La Terre Sainte (Jerusalem), janvier 1986).

Jordán y Jerusalén, 30 octubre (jueves) 1986.



4. Mi predilecto..., el Padre dice

La culminación del Bautismo de Jesús es la declaración del Padre, sea en forma dialogal dirigida al Hijo (Tú eres mi Hijo amado… Mc 1,11; Lc 3,22), sea en forma declarativa dirigida a nosotros (Éste es mi Hijo amado… Mt 3,17), en todo caso, es el amado (agapetós). El Bautismo es una escena de revelación trinitaria, como la Transfiguración (Mt 17,5; Mc 9,7; Lc 9,35).
Y desde esta revelación trinitaria arranca el himno. Pero, inmersos en este clima trinitario, podemos dirigirnos directamente a Jesús, y todo el himno es una invocación a Jesús, un coloquio callado con él. Es deleitoso poder hablar a Jesús, nuestro divino Hermano. Es deleitoso poder decirle: Las aguas gozan con tu cuerpo… La creación entera con nosotros – conmigo, porque el himno acentúa el yo personal – entra en comunión en esta fiesta de suprema revelación de Jesús.
Vayamos, pues, derechos a hablarle a Jesús, Dios revelado, desde el fondo de los amores más puros del corazón.

Mi predilecto..., el Padre dice,
el Hijo mío que acaricio...,
al verte a ti en nuestra masa
y en ti a nosotros, hijos renacidos.

Qué hermoso asciendes tú, el Esposo,
Señor, mi gracia y atavío,
Jesús, pecado en mi pecado,
del rostro de tu Padre eterno brillo.

En ti se vierte el santo Espíritu,
que es tuyo y fue desde el principio,
y en tu Jordán y en tu Calvario
el ser que late es ser de amado Hijo.

Las aguas gozan con tu cuerpo
del Hombre puro nunca visto,
y el universo se recrea
ahora bautizado en tu bautismo.

A coro unísono cantamos
Iglesia bella y Paraíso:
¡Honor a ti y unción de júbilo,
Jesús, que al ser bañado fuiste ungido! Amén.

Logroño, 13 enero 1991



5. ¡Oh santa Epifanía del Señor!

El Bautismo del Señor es una fiesta de pura contemplación, puerta abierta a la mística cristiana.
Mirada desde Jesús, es Epifanía; mirada desde la Trinidad es Teofanía. Fiesta de luz: en ti, Jesús, la luz divina brota. Es la luz del Padre. A Jesús con la fe de la Iglesia le confesamos: Luz de Luz. La tradición oriental llama a esta fiesta Fiesta de las Luces. Y como toda luz viene del Padre, al Padre, a nuestro Padre en este día le decimos: oh Padre nuestro, fiesta de las luces
Fiesta cristológica y trinitaria. El Espíritu es pureza y fuego que arde.
Fiesta de la Esposa. La Esposa sale sin mancha, purificada para Cristo, su Esposo, de las aguas que Cristo ha santificado. Bien podemos decir que ella, amada por Cristo, es la amada toda. Cantemos: es bella y esplendente, amada toda, / la Esposa sumergida que ahora nace.
Fiesta sacramental. Las aguas del Jordán nos recuerdan las aguas del diluvio, del diluvio tenebroso; pero ahora son aguas sacramentales.
El cauce del Jordán ha sido como el sepulcro del Señor, el sepulcro pascual de donde surgió la vida. La creación entera entra en este misterio; es lavada y purificada del pecado en estas aguas que tocan la humanidad santa de Jesús.
Y así comenzó la vida pública de Jesús. Nos lo recuerda Pedro en las primeras Vísperas de

¡Oh santa Epifanía del Señor
en aguas abismales:
en ti, Jesús, la luz divina brota,
el Hijo muy amado de tu Padre!

Las aguas del diluvio tenebroso
son hoy sacramentales,
es bella y esplendente, amada toda,
la Esposa sumergida que ahora nace.

¡Oh hermosa Trinidad, Teofanía,
del Hijo en nuestra carne;
oh Padre nuestro, fiesta de las luces,
oh Espíritu, pureza y fuego que arde!

La plena creación se ha estremecido
lavada en este cauce;
Jesús es la victoria del pecado,
vencido el enemigo en el combate.

Bautismo del Señor, misterio santo
de gracias a raudales,
Jesús aquí comienza generoso,
cual Hijo de su amor al mundo sale.

¡Gloriosa Trinidad, inmenso gozo,
origen y remate,
por Cristo inmaculado sea gloria
y eterna luz que nuestros ojos sacie! Amén.

Cuautilán Izcalli, domingo del Bautismo del Señor 2003.



6. La luz rompió del cielo sobre el Hijo

El bautismo de Jesús, misterio de luz
Este himno está compuesto al dar, en los Ejercicios, la meditación del bautismo del Señor. El título es El bautismo de Jesús, misterio de luz. Se hace alusión, con ello, a los misterios de luz introducidos por Juan Pablo II en el rezo del santo rosario (2002).
Es, pues, una contemplación pausada del misterio del Bautismo de Jesús.

La luz rompió del cielo sobre el Hijo,
y el Evangelio fue Teofanía;
el Padre amanecía, dulce entraña,
y toda la ternura descendía.

El Padre Dios, océano infinito,
en este buscador se deshacía;
Jesús de Nazaret, iluminado,
el Hijo amado, todo y puro, se sentía.

Jesús estaba en Dios, su Padre amante,
y el Viento del amor los envolvía,
y un ósculo purísimo quemaba,
y todo brasa y luz, resplandecía.

Nacía el Evangelio de la Iglesia,
perdón de los pecados y alegría:
Jesús hermano, pobre de los pobres,
salud, abrazo y paz, Jesús Mesías.

¡Oh Padre omnipotente y amantísimo,
eterno Dios, donado en nuestros días,
por Cristo, nuestro hermano, el Hijo hermoso,
a ti el amor, la gloria y pleitesía!

Año 2005


7. Comienza el Evangelio en el Jordán

Séame lícito citarme en mi propia homilía, pues ha sido ésta la que ha provocado el himno:
…"Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le (= a él) abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias"
Esta fue la revelación que Jesús tuvo en el bautismo; este fue el disparo de salida para la vida pública. Jesús es confirmado por el Padre. Jesús había bajado hasta el fondo del ser humano; allí es donde quería verlo Dios. Jesús se había visto envuelto en todo el pecado humano. Pues, contemplándolo allí, Dios le decía que era su Hijo amado y que en él tenía sus complacencias.
Exactamente lo que va a pasar en la cruz y resurrección está pasando ahora. En el abismo está la revelación. Entendemos desde aquí perfectamente el sentido de las dos lecturas anteriores. Jesús es el Siervo de Dios, como lo había visto Isaías: Miren a mi Siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
Dios, nuestro Padre, halla sus complacencias donde nosotros no las encontramos: en esas situaciones extremas de vida, que nos colocan al borde de la existencia. Jesús es la maravilla precisamente en su humildad, en su aniquilación. Allí es el amado del Padre, allí es donde el Padre halla su agrado, su reposo; allí es donde comienza el mundo nuevo.
Y allí es donde Jesús fue ungido por el Espíritu de Dios. Pasó haciendo el bien, dice san Pedro en la segunda lectura, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
He aquí la verdadera imagen de Jesús, que tiene que arrebatar nuestros corazones".

Comienza el Evangelio en el Jordán,
cuando a Jesús los cielos se le abrieron:
y oyó la voz del Padre que decía:
¡Amado, amado mío, mi consuelo!

Jamás esposa tal dulzura tuvo
como Jesús sintiera aquel requiebro;
era el morir de Dios, su primavera,
su nunca oída voz, de amor deshecho.

Jamás el sumo Dios de la Alianza
así su corazón había abierto;
su amor eterno, oculto, incandescente
ahora con su Hijo hacía estreno.

Jamás Jesús había oído tanto,
jamás tanta dulzura pecho adentro;
el Padre respondía desatado
a la última humildad del Hijo Siervo.

Jesús era pecado, así lo quiso,
por eso iba a un bautismo verdadero;
y al ver al Hijo en tal desgracia nuestra
el Padre descansó con gozo nuevo.

¡Adéntranos, oh Cristo, en tu espesura
en tu resurrección, el justo premio;
y sea nuestra vida tu alabanza,
tu gloria y tu conquista y tu trofeo! Amén.

Puebla, Bautismo del Señor 2008.



8. La blanca vestidura del bautismo
(Complementario del Bautismo del Señor)

Si efectivamente la vida cristiana es hermandad con Cristo, ¿por qué no ha de ser una hermandad perfecta? Tiene que serlo.
Ser hermano de Jesús, llevando la propia sangre del Espíritu, es compartir vida y talante, y arrojar el futuro en su corazón. Posiblemente nuestra teología miedosa, que por mal instinto acentúa más la poca correspondencia humana frente al infinito don divino, nos encasquilla, y nos constriñe esa libertad soberana, esa esplendorosa dignidad que hemos recibido en el bautismo. No puede ser así. El Bautismo nos ha hecho hijos en el Hijo, amados en el Amado, santos en el Santo, y la Justicia de Dios se convierte de esta forma en gracia.
En el momento más iluminado de su vida Lutero lo vivió así. “El Evangelio nos revela la justicia de Dios, pero la justicia pasiva, por medio de la que Dios nos justifica mediante la fe, como está escrito: El justo vivirá por la fe. En seguida me sentí renacer, y me pareció que se me abrían las puertas del paraíso. Desde entonces la Escritura adquirió para mí un significado nuevo. Recorrí los textos como la memoria me los presentaba y descubrí otros términos que se debían explicar de un modo análogo, como la obra de Dios, es decir, la obra que Dios realiza en nosotros, el poder de Dios, por el que nos da la fuerza, la sabiduría por la que nos hace sabios, la salvación, la gloria de Dios...” (WA 54,185s).
Todo arranca en el bautismo, cuando el infante recibe sin poner nada, absolutamente nada, de su parte; y también la Confesión es un sacramento bautismal. Por el amor y la misericordia de Cristo, la veste bautismal vuelve a irradiar de nuevo el esplendor de la hermosura de Cristo.
¡A Él la gloria!

La blanca vestidura del bautismo
lavada en el Jordán cuando él surgía,
Jesús a mí, bañado con su sangre,
sobre este cuerpo suyo puso un día.

Y así fui santo, puro y luminoso
por él y en él, como él se merecía,
un santo de sus venas, de su alma,
un rayo que de ardiente sol venía.

Y al Pueblo de los santos fui agregado,
ungido para el Reino y Profecía,
para ser Sacerdote del Altísimo,
junto a aquel que por todos se ofrecía.

Su regia dignidad y libertad
se hicieron carne en mí, soberanía.
Cristiano soy, y en Cristo me sustento,
y cuanto vale en Cristo, es mi valía.

Hoy hinco mi rodilla en confesión
y siento en mí pureza y alegría,
y he vuelto a mi bautismo, que es el suyo,
y supe que su manto me envolvía.

Respiro libertad, salud y vida,
y gusto en él fragancia y lozanía;
soy hijo de su paz, y quien la tiene
verá que el gozo se hace valentía.

El hijo de su amor, del todo amado,
si más hubiera, Dios se rompería;
vivir cual soy, esencia recreada,
es tal mi vocación, divina usía.

¡Glorificado seas, oh Amadísimo,
corona de los hombres, pleitesía:
a ti mi amor secreto y desbordado,
mi carne y corazón y poesía! Amén.

Estella, 4 de noviembre de 2006


9. La fragancia de Jesús

La Iglesia de Oriente celebró el 6 de enero la manifestación del Señor: nacimiento y epifanía. Luego los dos momentos se desglosaron, y en la epifanía a los magos se celebró la teofanía del Jordán, donde quedó santificada la Iglesia po
San Proclo de Constantinopla (siglo V) se expresa así:
“Pues en la solemnidad anterior, que era la del nacimiento del Salvador, se alegraba la tierra, porque sostenía al Señor en el pesebre; en la presente festividad, en cambio, que es la de las Teofanías, el mar es quien salta y se estremece de júbilo; y lo hace porque en medio del Jordán encontró la bendición santificadora.
En la solemnidad anterior se nos mostraba un niño débil, que atestiguaba nuestra propia imperfección; en cambio, en la festividad de hoy se nos presenta ya como un hombre perfecto, mostrando que procede, como perfecto que es, de quien también lo es. En aquel caso, el Rey vestía la púrpura de su cuerpo; en éste, la fuente rodea como recubre al río.
Atended, pues, a estos nuevos y estupendos prodigios. El Sol de justicia que se purifica en el Jordán, el fuego sumergido en el agua, Dios santificado por ministerio de un hombre.
Hoy la creación entera resuena de himnos: Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el que viene en todo momento: pues no es ahora la primera vez” (San Proclo de Constantinopla, Sermón 7 en la santa Teofanía
La celebración de la Epifanía y el Bautismo del Señor son el abrazo de la Iglesia latina con la Iglesia de Oriente. Unidos en el amor celebremos los divinos misterios.

La fragancia de Jesús,
el ramo de la Paloma,
con el aceite purísimo
que ha ungido a la Iglesia toda.

En un diluvio de amor
Dios desciende y se desborda:
y los nuevos manantiales
fueron aguas milagrosas.

El Sol se metió en el agua
y el agua fue luminosa,
corriente del sacramento
que purifica a la esposa.

¡Oh santa Teofanía
de Encarnación amorosa!:
Dios que es carne, humanidad
será siempre nuestra gloria.

Belén, Jordán y Caná
son luz de divinas bodas:
la pureza de Jesús
sea mi ofrenda preciosa.

¡Oh Padre de caridad,
que transformas lo que tocas,
por el Hijo en el Espíritu,
eterno amor donde moras! Amén.

Puebla, 9 enero 2010.



10. Jesús de Nazaret, camino mío

Cuando yo era pequeño… y joven, no existía el Domingo del Bautismo del Señor. Existía la fiesta del Bautismo del Señor, que era el día 12 de enero, una fiesta de sabor oriental como la fiesta de la Transfiguración del Señor el 5 de agosto. Pero tras el concilio vino el nuevo Calendarium Romanum (Editio typica 1969), y en él se dice: “La Fiesta del Bautismo del Señor se celebrará en el Domingo después de la Epifanía, o después del día 6 de enero” (p. 112). La fiesta del Bautismo del Señor adquiría de este modo carácter de domingo. Aprendimos a apreciar la grandiosidad teológica de esta celebración, ya muy trabajada por los teólogos (Hans Urs von Balthasar). No podemos menos de escuchar, atónitos, los textos de esta fiesta, con el carácter dogmático-místico que le ha dado la liturgia de Oriente, heredada en Occidente.
Es admirable, por ejemplo, la lectura patrística de hoy, del padre de la Iglesia, del siglo IV, San Gregorio Nacianceno.
La himnodia actual está a la espera de nuevas composiciones. Hay que estimular a los poetas. No podemos preciarnos de haberlo conseguido; pero he aquí un intento poemático (unido a otros anteriores) para respirar con el hondo pulmón de nuestra fe.

1. Jesús de Nazaret, camino mío,
bañado en el Jordán con mis pecados,
la creación exhala en ti su gozo
y con el Padre en ti yo me complazco.

2. Jesús, tu ser entero, humano y pobre
se fue al Jordán en Dios arrebatado;
el Dios de los profetas te encendía,
el Dios de tu oración y tus encantos.

3. En tu humildad buscabas su Palabra,
yacía tu abandono a su cuidado,
mas eras esperanza, nueva tierra,
la nueva creación, que tiene un pálpito.

4. Y Dios era contigo, amado Padre,
Espíritu viviente derramado,
y de tu cuerpo carne de tu carne,
oh nuevo Adán del mundo recreado.

5. Jesús todo verdad en tu Bautismo,
misterio de la Pascua, allí anunciado.
la Iglesia, esposa tuya enamorada,
acude a darte gracias contemplando.

6. ¡Honor al Padre, al Hijo y al Espíritu
los bautizados todos confesamos,
honor a la esperanza que nos salva,
honor a Cristo, en él santificados! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 12 enero 2014, Bautismo del Señor.

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