domingo, 9 de febrero de 2014

499. Moisés, el confidente de Dios y el Mediador de Dios



Moisés, el confidente de Dios 
y el Mediador de Dios

La magnitud de la figura de Moisés llena los cuatro libros posteriores del Pentateuco: Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. El Deuteronomio pide un tratamiento aparte, como singular fuente del Pentateuco y como cabeza de la llamada “tradición deuteronomista”. Un estudio académico aplicado exige el recurso detallado a un manual científicamente tan serio como el que hemos adoptado, los volúmenes de la “Introducción al Estudio de la Biblia” de la Asociación Bíblica Española y de la Institución San Jerónimo (Vol. 3ª: Félix García López, El Pentateuco).
Estas sencillas Notas nos pueden dar una visión conjunta de Moisés en el libro central del Éxodo, con el fin de poner las bases de una exégesis sapiencial. En el caso, en vistas de que la exégesis ´pueda terminar en oración, en Nota sucesiva daremos una serie de Himnos (litúrgicos) sobre el Éxodo.


1. El triple escenario del libro del Éxodo Visión panorámica del Éxodo

Por la secuencia natural de los hechos, el libro del Éxodo nos presenta la historia del pueblo de Israel, que es Historia de Salvación, en tres escenarios:

1) La salida o “éxodo” de Egipto: 1,1-15,21
Prosperidad y tribulación del pueblo.
Nacimiento de Moisés.
La teofanía central: revelación del nombre de Yahveh, y misión de Moisés.
Moisés y el Faraón.
Las plagas.
La Pascua. Los Primogénitos.
La partida. Mar de las Cañas.
El paso del mar Rojo.
El Canto pascual de triunfo: 15,1-21.

2) La marcha por el desierto hasta llegar al Sinaí: 15,22-18,27
Mará.
Las codornices y el maná.
El agua de la roca.
Amalec.
Jetró visita a Moisés: institución de los Jueces.

3) En el Sinaí: capítulos 19-40
Llegada y preparación para la Alianza.
La gran Teofanía del Sinaí.
El Decálogo.
El Código de la Alianza (leyes diversas)
La ratificación de la Alianza con sangre (Ex 24).
La construcción el santuario. Lo que Yaveh dijo a Moisés.
Entre medio: El Becerro de Oro y la renovación de la Alianza.
La construcción detallada del santuario según lo mandado por Yahveh.
Erección del santuario y la Nube alzada para continuar la marcha.

2. Yahveh, protagonista, y Moisés, su Mediador, y el pueblo que avanza

Las tres partes que entran en acción en el Éxodo son Dios, Moisés y el Pueblo.
Dios es el protagonista y la clave de cuanto acontece. La grandiosidad y la majestad del libro se perciben cuando uno entrar bajo este palio: Dios es el que actúa, Dios es el que conduce, el agente que dinamiza la existencia de todo cuanto acontece en el Éxodo.

YAHVEH

En el episodio de la Zarza ardiente se nos da el Nombre de Dios: “Contestó Moisés a Dios: « Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé? » Dijo Dios a Moisés: « Yo soy el que soy. » Y añadió: « Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros. »” (Ex 3,13-14).
Esta definición de Dios no es una definición que en filosofía se dice “ontológica”: Dios es el que es, el que tiene intrínsecamente el ser, el Subsistente, el Necesario…, sino que es una definición de revelación, mediante la cual se revela todo el ser de Dios para el hombre. Yo soy el que es, el que está, el que te acompaña…; Yo soy Yo y tu historia; Yo soy la Santidad (lo que en filosofía se traduce por el “todo Otro”); Yo soy la Gloria (la “gloria” es el reverbero de la santidad recóndita); Dios es la realidad más pura y la única posible; Dios es mi pasado, presente y futuro. Dios es el que ha creado a Israel; Dios es la gracia de Israel.
Y todo esto de la forma más absoluta y más concreta, dado que el Dios de Israel no es comparable a ningún otro Dios, no es homologable con ningún otro.
Estamos en lo purísimo de la fe de Israel, que es la perspectiva de Jesús. El Dios de la zarza es el Dios de Jesús, el Dios de su resurrección y el Dios de la nuestra.  Aquí encontramos la fórmula confesional de “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Ex 3,15), que retoma Jesús en el Evangelio: “Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le  dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error. »” (Mc 12,26-27).
Desde esta plenitud de revelación, hay que entender la expresión de Yahveh dijo a Moisés. Todo lo que se manda al pueblo como Ley está dictado por Dios directamente. Todas las acciones de Moisés para conducir al pueblo están hechas al dictado de Dios.
Así pues, Dios es el protagonista del Éxodo como historia de salvación.


MOISÉS

Desde que entra en escena la figura de Moisés, como representante de Dios, llena el Pentateuco.
Véase en el manual el tema “Historicidad de Moisés” (con la postura extremadamente crítica de Martin Noth, 1902-1968, pionero junto con Gerhard von Rad en el estudio de las tradiciones de Israel)[1]. Lo que es cierto es que en el estado actual de la redacción del Éxodo y libros sucesivos Moisés lo llena todo, y su figura no queda constreñida en un apelativo particular, por ejemplo, profeta o legislador. Moisés es todo eso y más. Es el Intermediario de Dios con el Pueblo. Moisés es único en toda la revelación[2]
Para un judío actual, no reconociendo la mesianidad de Jesús, Jesús, centro de nuestra fe, vendría a ser un suplantador de Moisés. Pablo, por el contrario, un tiempo fascinado por Moisés, hace la contraposición no entre Moisés y Cristo, sino entre Moisés y el cristiano: “…y no como Moisés, que se ponía un velo sobre su rostro para impedir que los israelitas vieran el fin de lo que era pasajero...” (2 Co 3,13; léase el capítulo entero). Y concluye: “Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu” (2Co 3,18).

A este respecto nos place citar un curso sobre “Lectura espiritual de la Biblia: La figura de Moisés” en el Instituto de Teología Espiritual de Barcelona (1992), con estos capítulos: I. Propósito y bibliografía; II. Moisés en la tradición judía (Filón de Alejandría, tradición rabínica; III. Moisés en la tradición patrística: San Gregorio de Nisa (su tratado espiritual “Vida de Moisés”, primer tratado de teología espiritual). IV. Moisés en el hoy de la Iglesia[3].

EL PUEBLO SANTO Y PECADOR

El pueblo es la Quehal Yahveh, la “ekklesia tou Theou”, la Ecclesia Dei. Y al mismo tiempo es el pueblo pecador, de dura cerviz en todo el recorrido por el desierto. Toda la marcha de Israel pro el desierto nos está abriendo la Eclesiología del Pueblo de la Alianza, del Pueblo de Dios, una historia que hay que leerla con ojos sacramentales, puesto que los datos transcienden la mera historia de los críticos.
San Pablo nos da una clave para esta lectura del Pueblo en su marcha hacia la Tierra prometida.

“1 No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar;
2 y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar;
3 y todos comieron el mismo alimento espiritual;
4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo.
5 Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
6 Estas cosas sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron.
7 No os hagáis idólatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura: « Sentóse el pueblo a comer y a beber  y se levantó a divertirse. »
8 Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo día.
9 Ni tentemos al Señor como algunos de ellos le tentaron y perecieron víctimas de las serpientes.
10 Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador.
11 Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos” (1Co 10).

(Sobre unas Notas previas, Guadalajara, 9 febrero 2014).



[1] Historicidad de Moisés, pp. 140-141.
[2] Véase este libro extraordinariamente interesante: Edmond FLEG, Moisés contado por los sabios, 4ª Edición. “La vida de Moisés, el hombre de Dios, se encuentra en las Sagradas Escrituras. Pero, tal como la enseña nuestro Talmud, la Palabra del Señor tiene más de un sentido: bajo las palabras sagradas que leyeron y releyeron, nuestros sabios descubrieron múltiples secretos que los necios no ven y, bajo los hechos conocidos, muchos hechos ignorados, de donde ellos realizaron los textos dictados por este relato” (Propaganda editorial hebrea). Puede encontrarse en Ediciones Edibesa (Dominicos). “Edmond Fleg ofrece en esta obra, ya clásica en otros idiomas, lo más logrado de la sabiduría de Israel sobre Moisés. Una obra definitiva, para conocer mejor la personalidad y la obra de Moisés y la historia más ejemplarizante del Pueblo de Dios, que él condujo”.
[3] Fr. Rufino María Grández, Lectura espiritual de la Biblia: La figura de Moisés. Barcelona. Notas de clase, pp. 1-56 (21 enero 1992).

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