martes, 11 de febrero de 2014

500. Himnos de oración sobre el Éxodo



Himnos de oración sobre el Éxodo

      La fe objetiva, proclamada en la Escritura, en el momento oportuno podemos nosotros verterla directamente en oración y canto.
      Los poemas que aquí incluimos, pensados como himnos para la liturgia (especialmente para el Oficio de lectura) se refieren al Éxodo, como se alude en la cita adyacente en el título de cada uno. Cosa similar se puede hacer con el Génesis. Además, el poeta halla un sabor especial en los textos arcaicos, por esa carga singular de simbolismo que en ellos late.
      Nota. Todo estos himnos han sido colocados en el sitio titulado: mercaba.org / Rufino María Grández / Cuaresma: Himnos sobre el Éxodo.


1. La hermosura (Ex 2,2)

Igual que el canto mismo de la vida
nacía hermoso el hijo de una hebrea;
de hermoso corazón era la egipcia
que fue a bañarse y vio una cuna cerca.

Y tuvo compasión, oh gran mujer
que no mató el candor ni la belleza;
y en aras del eterno femenino
fue salvo Moïsés por manos tiernas.

Que venza, siempre viva, la ternura,
que inunde la hermosura nuestra tierra,
que sean las entrañas de las madres
calor de Dios y nido de promesas.

Salvado de las aguas, bello anuncio,
prodigio del amor de Dios en vela,
primicias de la Pascua de Israel
y signo de la Iglesia venidera.

Señor excelso, Dios de lo pequeño,
en un cestillo un niño se menea,
y su vagido llega a tus oídos
sonando como un toque de trompeta.

¡Oh Dios de amor, oh Dios de nuestro Éxodo
oh Dios que nos convocas y recreas,
tu gran misericordia sea gloria
y tus prodigios sean nuestra fiesta! Amén.


2. La muerte del egipcio (Ex 2,12)

Mató al egipcio, raudo vengador,
y fue su corazón lleno de miedo;
¿también a mí, cruel, me matarás
igual que ayer mataste al extranjero?

La muerte vengadora engendra muerte,
el hierro ensangrentado afila el hierro,
¿por qué quieres salvar, matando al hombre,
oh ciego redentor de humilde pueblo?

                   * * *

Huyó del Faraón tras el fracaso,
de príncipe a pastor su vida empieza,
y Dios misericordia le aguardaba
en tierra de Madián, cuidando ovejas.

Al céfiro de Dios y junto a un pozo
dejó correr sus días a la espera;
y humildemente dijo como súplica:
“Yo soy un extranjero en tierra ajena”.

Oh Dios que nunca tarda, Dios paciente,
oh Dios que a todos suavemente enseñas,
encima de la frente pon tu mano
y danos hasta dentro tu presencia.

Oh Dios que siempre estás, que no abandonas
oh Padre protector de nuestras sendas,
¡que sea nuestra vida tu alabanza,
que sea así, si tú, Señor, la llevas! Amén.


3. El pastor de Madián (Ex 3,1)

No quiso ser un príncipe de Egipto
y fue no más pastor y desterrado,
el alma en lucha, un hombre buscador,
un pobre y un sediento lacerado.
                  
Cuidaba las ovejas de Jetró
en tierra de Madián aposentado:
desierto y sol y Dios al horizonte,
confín del pobre y todo anhelo humano.

Y a aquel pastor y no a la corte egipcia
y no a los Sacerdotes ni a los Magos,
el Ángel del Señor, la viva llama,
acaeció trayendo el Nombre santo.

El Dios eternamente Dios amante,
divinamente mi Dios enamorado
bajaba por decírselo a un pastor
y abrirle el corazón y sus cuidados.

Mi Dios enamorado que me habla
que baja hasta mi carne y brinda diálogo,
mi Dios excelso en suave voz presente,
que en un abrazo coge mis pecados.
                  
¡Oh Dios, por siempre amor, el excedido,
oh Dios, del hombre triunfo resonado:
por ti, por ti las lágrimas ardientes
de gloria y gratitud de tus amados! Amén.


4. El Verbo se hizo llama (Ex 3,2)

El Verbo se hizo llama esplendorosa,
naciendo incorruptible de la Zarza;
descalza el pie, salvado Moisés,
y llega reverente a quien te llama.

Venid hasta el misterio y adoremos,
que Dios está anunciando que se encarna;
benditas esas ramas encendidas,
que dan a luz a Dios y no se abrasan.

Oh Dios, memoria fiel de tus promesas,
que llevas nuestros nombres en tus palmas,
oh Dios, ternura, fuerza de oprimidos,
arráncanos del látigo y la masa.

Del cielo cae pan que Dios envía,
purísimo maná de la mañana;
y al verlo, a ti, oh Virgen, Vaso de oro,
te vemos con el Hijo figurada.

Avance al Sinaí la santa Iglesia,
llevada por su Esposo en alas de águila,
y dentro del desierto penitente
reciba el diario Pan de la Palabra.

Señor iluminado, luz gloriosa,
festín de cada día en cada página,
loor a ti, radiante junto al Padre,
y amor en el Espíritu que inflama. Amén.

La doble referencia de este himno a la Virgen Madre (Zarza incombustible, vaso de oro que contiene el maná (cf. Hb 9,4) pueden aconsejar que al usarse la composición en Cuaresma, se prefiera el sábado.


5. El Dios de la zarza: Yo soy (Ex 3,14)

Llegamos reverentes, pies descalzos,
a ver a Dios en llama de una zarza.
Dios es fuego, la lumbre que se mueve
y en posesión de nadie queda esclava.

Oh Dios, qué bello eres, cercanía,
humilde en el zarzal que no se abrasa,
misterio que se esconde y aparece,
mi Dios amante, creador, palabra.

Oh Dios, cuánto me amas, para siempre,
y a tu ternura el alma se abalanza,
y en tus caricias quiere verse envuelta,
adentro de tu lumbre como brasa.

Oh Dios, cómo te llamas, que eres nuestro
que dices ser “Yo soy” como quien dice:
“Yo soy tu ser, tu vida, y tú eres mío;
yo soy en ti y tú eres mi alianza”.

Oh Dios, cómo confías, en nosotros,
tus hijos, bien creados por tu gracia,
oh Dios de nuestros labios florecidos,
oh Dios de tus torrentes de abundancia.

Santísimo Señor y Padre amado,
purísimo Jesús de antes del alba,
Espíritu bellísimo y amable:
oh Luz de Trinidad, eternas gracias. Amén.


6. El cántico de los salvados
(Ex 15,11; Ap 15,3-4; 5, 9-10)

Cantemos en el cielo y en la tierra,
el cántico de amor de los salvados;
a gloria eterna de la humilde fuerza.
cantemos al Cordero degollado,

Se hundió en el mar potente el poderío
se fue al abismo el padre del engaño,
se ahogó la fuerza impura y la avaricia
la muerte y la violencia y el pecado.

Surgió el perdón, la paz y la ternura
y un pueblo en agua bautismal lavado;
se ahogó en el rojo abismo el hombre viejo,
cantemos al Cordero degollado.

Cantemos a Jesús, a Dios, su Padre,
con cítaras y túnicas de blanco,
el pueblo entero unidos en un coro,
el canto del Cordero, el nuevo cántico.

Pasado con la Cruz el mar antiguo
cantemos el amor que disfrutamos,
cantad a Dios, oh raza de los hombres,
oh vástagos de Dios enamorado.

Divinidad que cubre nuestras frentes
Espíritu, regalo tras regalo:
¡gozad, gozad, gozad eternamente
y a vuestro gozo, oh Dios amor, alzadnos! Amén.

7. La voz de la trompeta (Ex 19,19)

La voz de la trompeta iba creciendo
y el monte Sinaí al son temblaba,
¡oh Monte de la Fe que estremecido
oíste hablar a Dios en tus entrañas!

«Que sea luz y nazca el bello mundo»:
la voz rompió el silencio de la nada,
y se hizo el Evangelio primitivo
el Día Uno, cándida alborada.

La voz de la Noticia abrió el oído
en tierra de Caldea a un patriarca,
creyó Abraham y se hizo peregrino
cargando al hombro sólo la esperanza.

Al pulso de la historia, pena y gozo,
la voz de una Presencia se acoplaba,
y un diálogo prendía rostro a rostro:
el Hijo oculto hablaba y escuchaba.

Jesús, silbido suave en los Cantares
y trompa poderosa en la Alianza,
abiertos aquí tienes los oídos,
ahora, aquí en silencio, mira y habla.

Jesús, perenne voz, Noticia Buena,
Palabra que en la Iglesia fue sembrada,
contigo, Santo, al Padre bendecimos:
¡oh Dios clemente, Padre de la gracia! Amén.


8. La Ley del Dios que nos ha amado

Primero nos sedujo sin remedio,
de Egipto nos sacó con mano fuerte,
encima de sus alas nos llevó,
fue madre que a su hijo cría y mece.

Primero nos amó de amor gratuito,
con toda su pasión, tan tiernamente;
nos hizo comprender que no era un ídolo,
que oía los gemidos de dolientes.

Oh Dios, cautivador de corazones,
que amándonos enseñas a quererte,
decid la santa Ley de la Alianza,
que en ella, Dios de amor, queremos verte.

Y dijo Dios las Diez Palabras,
abriendonos su pecho confidente,
quería moldearnos como él era,
que fuéramos su imagen esplendente.

Y vino el Hijo amado a recordarnos
la Ley de libertad del fuego ardiente,
y, muerto en una cruz, nos dijo todo,
que es el amor la sola Ley que vence.

Jesús divino, trono de la gracia,
Decálogo de Dios, la Ley perenne,            
¡a ti sea el amor y la alabanza,
por ser el Hijo amado y obediente! Amén.



9. La Tiniebla luminosa (Ex 20,21)

Adentro en la Tiniebla luminosa
Jesús ha penetrado y expirado;
atrás el Sinaí, la negra llama,
que fue el Calvario el último peldaño.

A solas Dios y él, los dos a solas,
a solas el amor con el pecado;
que cierre el corazón su oscuro abismo
y sienta la orfandad del Solitario.

Adentro en la Tiniebla, Jesús mío,
gusano vil, oh Siervo machacado,
desecho de la gente, tú, precioso,
oh terco Dios, oh Dios tan malparado.

Adentro en la Tiniebla..., ¡calla, mundo,
apaga, Sinaí, tus fuegos bravos,
y tú, Becerro estúpido, maldito,
morid, horror, que muere el Santo!

Jesús..., Jesús..., ribera de esperanza,
¡qué amarga soledad has soportado,
qué noche del infierno, qué locura,
qué heridas criminales por mis manos...!

¡Jesús, Señor, secreto Testamento,
transciende ya la muerte que has matado,
y eterno con el Padre y el Espíritu
por siempre vive y reina consolando! Amén.


10. No envíes mensajero (Ex 33,3.15)

No envíes mensajero, ven tú mismo,
no mandes a tu Ángel en campaña;
no otorgues protector ni des a nadie
el mando y el consuelo de tu vara.

Tu Gloria abrasa, quema los pecados;
y somos todos dignos de tu llama;
mas eres Padre, pródigo en perdones,
y más glorioso cuanto más agracias.

Por eso, ven tú mismo, Padre Santo,
y muestra entre nosotros tu llegada;
levántanos, condúcenos, corrígenos,
mas tú, tan sólo tú, con mano blanda.

O envíanos tu propio corazón,
mandando al Unigénito del alba,
a aquel que viene y entra hasta la médula
y nunca, por venir, de ti se aparta.

Que venga el Verbo y haga su aposento
en todo gozo, en toda pena y lágrima;
y sea nuestra crónica y camino
su historia verdadera y cotidiana.

¡Oh Padre que mandaste a Jesucristo,
nacido del amor de tus entrañas,
envíanos con él, a gloria tuya,
el don de tu ternura y tu alabanza! Amén.

(Este himno puede ser adecuado también para Adviento).


11. Cara a cara (Ex 33,11)

La cita era en la Tienda del Encuentro,
allí donde se hablaban cara a cara;
porque era Moisés, quien entre todos
tenía la confianza de la casa.

«Abiertamente y no en visiones tenues
y no como a profeta de embajadas;
será de faz a faz, de boca a boca:
así a mi siervo amigo mi Palabra».

Mas luego que el varón de hablar volvía,
sentía que su rostro se apagaba,
que aquella luz divina, poco a poco,
al Dios de la hermosura retornaba.
                  
De ti, Jesús, la luz está manando
y tú desde tus ojos nos la mandas,
y a ti mirando estamos los discípulos
y en esa tu mirada tú nos bañas.
Y vamos reflejando tu figura,
la gloria incandescente de tu cara,
sin velo, sin temores, confiados,
pues eres tú, Señor, quien mira y habla.

¡La gloria llene el santo Tabernáculo
y sea allí la límpida alabanza,
y a rostro descubierto entre la Iglesia
cantando a su Señor enamorada! Amén.  


12. El racimo generoso (Núm 13,23)

Ya traen el racimo generoso,
colgado, dulce peso, de la vara,
primicia de una Tierra prometida,
que mana leche y miel de sus montañas.

Oh bello fruto, fuerza de amadores,
mezclado en nuestra sangre te derramas,
enciendes las pupilas y el semblante
y el alma en el Espíritu se ensancha.

Temible es el camino y duradero
y fieras enemigas nos aguardan;
Racimo deseado, fuego ardiente,
levanta el corazón para la marcha.

Racimo santo, Cristo en el madero,
prensado por la mano que te amaba;
ya cae el rojo amor de tus heridas
y el pecho se abre, si los labios callan.

De Doce Tribus llegan mensajeros,
los Doce son Apóstoles de Pascua;
¡valor para el desierto, caminantes,
que Cristo es el Racimo que embriaga!

¡Jesús, latido y voz de la Escritura,
silencio lleno y paz que te declaras,
contigo hacemos senda por la arena
y a ti te bendecimos cuando hablas! Amén.

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