viernes, 14 de febrero de 2014

501. Coplillas de amor al eco del Evangelio (San Valentín 2014)



Coplillas de amor al eco del Evangelio



San Valentín, día del amor y la amistad, con sones en México y América un tanto diferentes de los que suena en mi tierra europea, en mi entrañable España. Día fecundo que va mucho más allá de amores de jovencitos enamorados.
Por airear el alma, vuelvo a Platón que habló de amor por labios de una mujer, Diotima, en El banquete, celebrando a Sócrates con sus discípulos.

—Voy a hablar con más claridad (dijo Diotima). Todos los hombres, Sócrates, son capaces de engendrar mediante el cuerpo y mediante el alma, y cuando han llegado a cierta edad, su naturaleza exige el producir. En la fealdad no puede producir, y sí sólo en la belleza; la unión del hombre y de la mujer es una producción, y esta producción es una obra divina, fecundación y generación, a que el ser mortal debe su inmortalidad. Pero estos efectos no pueden realizarse en lo que es discordante. Porque la fealdad no puede concordar con nada de lo que es divino; esto sólo puede hacerlo la belleza. (…) Por esta razón, cuando el ser fecundante se aproxima a lo bello, lleno de amor y de alegría, se dilata, engendra, produce. Por el contrario, si se aproxima a lo feo, triste y remiso, se estrecha, se tuerce, se contrae, y no engendra, sino que comunica con dolor su germen fecundo. De aquí, en el ser fecundante y lleno de vigor para producir, esa ardiente prosecución de la belleza que debe libertarle de los dolores del alumbramiento. Porque la belleza, Sócrates, no es, como tú te imaginas, el objeto del amor.
—¿Pues cuál es el objeto del amor?
—Es la generación y la producción de la belleza.
—Sea así, respondí yo.
—No hay que dudar de ello, replicó.
—Pero, ¿por qué el objeto del amor es la generación?
—Porque es la generación la que perpetúa la familia de los seres animados, y le da la inmortalidad, que consiente la naturaleza mortal. Pues conforme a lo que ya hemos convenido, es necesario unir al deseo de lo bueno el deseo de la inmortalidad, puesto que el amor consiste en aspirar a que lo bueno nos pertenezca siempre. De aquí se sigue que la inmortalidad es igualmente el objeto del amor…

Pero yo leo hoy el Evangelio del día (viernes de la V semana, Mc 7,31-37) y me quedo con esta frase: Y con la saliva le tocó la lengua (v.33).
He aquí dónde estaba la fuente del amor, en su santa Humanidad.

1. Mi Cantar de los cantares,
del amor suave silbido
fue libro de primavera
y hoy del otoño florido.

2. Aní ledodí decía
la amada a su bien querido,
y con ojillos que buscan
es hoy también mi latido.

3. Ahabáh es Evangelio,
que en Jesús está escondido,
que toca mi carne abierta,
que es presencia y es gemido.

4. Cual hijo de la ternura
yo confieso haber nacido,
buscador siempre anhelante
muy sensible y sensitivo.

5. La prisa mata el amor,
siempre lo dije y lo digo,
que amor divino y humano
es amor contemplativo.

6. ¡Quién puso espada al amor
y dijo humano y divino,
que amor que amor vero sea
de Dios es hijo legítimo!

7. La saliva de su boca
toque mi lengua y suspiro
y sea su carne santa
mi cariño estremecido.

8. Amor de Dios encarnado
en mi cuerpo es manantío,
amo cual soy y me siento
pobre de Dios infinito.

9. Amor, brasa abrasadora,
céfiro, suave airecillo,
paz de la tarde que cae,
amor, silencio sufrido.

10. En mi Biblia cotidiana
luz de todos los versículos,
y en los ojos que yo miro
fulgor del eterno brillo.

11. Amor que quiero dejar
cuando termine el camino:
las huellas de mis sandalias
serán sacramento y signo.

12. Amé, mi Dios amoroso,
y quise amar a tu estilo,
lo que no supe… tú míralo
y séllalo con tu anillo. Amén.

Nota: Aní ledodí, en hebreo: yo para-el-amado-mío; Ahabáh: amor.
Guadalajara, Jalisco, 14 febrero 2014

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