domingo, 30 de marzo de 2014

517. Recuerdos del Éxodo - El Candelabro o la Menoráh



Recuerdos del Éxodo

Ayer, sábado de la III semana de Cuaresma, concluíamos la lectura del Éxodo que en este año par (2014) la habíamos comenzado el Jueves siguiente al Miércoles de Ceniza. La concluíamos con un texto bellísimo.
Moisés había erigido el Santuario en el desierto, esbozo de lo que un día será el Templo de Jerusalén construido por Salomón:

Entonces la nube cubrió la Tienda del encuentro, y la gloria del Señor llenó la Morada. Moisés no pudo entrar en la Tienda del Encuentro, porque la nube se moraba sobre ella, y la gloria del Señor llenaba el santuario.
Cuando la nube se alzaba de la Morada, los hijos de Israel levantaban el campamento, en todas las etapas. Pero, cuando la nube no se alzaba, ellos esperaban hasta que se alzase. De día la nube del Señor se posaba sobre la Morada, y de noche el fuego, en todas sus etapas, a la vista de toda la casa de Israel (Éxodo 40,34-38).

Este texto es entrañable, realmente enternecedor. Dios está totalmente apegado a Israel. No lo deja un solo día; le da el maná, el pan de cada día. Pero es más. Dios está “sacramentalmente” presente, día y noche, con su pueblo. La Nube estaba con ellos. La Nube era el misterio de la Presencia. Por la noche era claridad y fuego; por el día era sombra y protección.
Un cristiano, en una lectura profunda del texto, ya no ve la Nube; ve la Encarnación del Hijo, todos los días hasta el fin del mundo.
En su día pusimos una serie de Himnos sobre el Éxodo. Ahora, para despedirnos de este libro espiritual, bellísimo, de esta venerable acta de nuestra fe, nos vamos a ir con el símbolo de la Menoráh, el Candelabro cuya luz permanente estaba ante el Señor. Israel lo ha tomado consigo como emblema de su escudo. Yo, cristiano, tomó la Menoráh: Honra a Yahweh con la luz. Cristo nos ha traído la luz de Dios, la luz de la vida. Y él mismo es la Luz de Dios con la que nosotros somos iluminados.

El Candelabro o la Menoráh
(Ex 25,31-40 y Ex 37,13-24)

Una lectura espiritual, sapiencial, del Éxodo nos adentra en el misterio que es vivido en oración y adoración. Desde planteamientos crítico literarios, que son planteamientos iniciales, queremos pasar al meollo del texto, donde el Espíritu habita. Entonces el texto se abre de par en par a la oración.
Leemos el primer texto del Éxodo que nos habla del Candelabro, la Menoráh: “Harás también un Candelabro de oro puro… Harás también siete lámparas y las colocarás sobre el Candelabro…” (Ex 25,31-40). Y así lo cumplió Moisés por el artífice Besalel (Ex 37,13-24).
El mismo libro del Éxodo indica: “Manda a los hijos de Israel que te traigan aceite de oliva puro, a fin de alimentar continuamente la lámpara. Aarón y sus hijos la prepararán en la Tienda del Encuentro, fuera del velo que cuelga delante del Testimonio, pera que arda en presencia del Señor de la tarde a la mañana. Será ley perpetua para las sucesivas generaciones hijos de Israel” (Ex 27,20-21).
El Éxodo concluye con la solemne alzada de la Tienda del Encuentro: Moisés “colocó el candelabro en la Tienda del Encuentro, en la parte sur del Santuario frente a la mesa, y encendió las lámparas en ´presencia del Señor, como el Señor había mandado a Moisés” (Ex 40,24-25).
El Pentateuco vuelve a hablarnos de esta Menoráh: Lev 24,4; Núm 8,2-4.
De ahí pasamos a la literatura profética (Zac 4,2.11) y al Apocalipsis: “Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro” (Ap 1,12-13. Comenta la Biblia de la Conferencia Episcopal española: “…presente en medio de su Iglesia – siete candelabros – cuando esta celebra la Eucaristía”).
La tradición espiritual de Israel ha visto en el Candelabro un inexhausto simbolismo espiritual (puede verse Wikipedia: Menoráh), y el estado de Israel ha tomado la Menoráh flanqueada por dos ramos de olivo como escudo del país.

I
1. Un Candelabro de oro,
seis brazos y siete lámparas,
y aceite de oliva puro
para que arda sin mancha.

2. Un Candelabro labrado,
flor de almendro cincelada,
que ante tu rostro purísimo
amor a su modo exhala.

3. Un Candelabro que ardía
desde la tarde hasta el alba
y en la fatiga del día
su plegaria prolongaba.

4. Así tu Pueblo, Señor,
bajo tu dulce mirada
en oblación se ofrecía,
el Pueblo de tu Alianza.

II

5. Entre siete Candelabros
Juan vidente contemplaba,
y vio a Jesús en su Iglesia:
las siete Igelsias de Asia.

6. Iglesias ante tu faz,
de amor vivo vivas llamas,
Iglesia mía en que vivo
con el alma dilatada.

7. Arda el fuego de tus ojos,
sea rocío de gracia,
y el amor hecho oración
sea tu pura fragancia.

8. ¡Eterno amor, Jesucristo,
tornen a ti nuestras ansias,
gozo del Padre, Jesús,
unidad que todo salva! Amén.


Guadalajara, Jal., domino 30 marzo 2014

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Anónimo dijo...
Muy estimado Fr. Rufino:
He recibido el ejemplar de la revista de este mes, y he leído el artículo que usted inserta en la misma.
Confieso que me ha llamado la atención que su artículo se limitase a una exegesis sobre la Pascua en el A.T., que nos diese una verdadera “lección” acerca de los detalles de la Pascua desde el punto de vista del A.T., pero no desde el punto de vista del N.T., que sería lo más idóneo.
Es cierto que “la salvación viene de los judíos”, pero no es menos cierto que Jesucristo hizo una especie de “punto y aparte” en esa Pascua, con la Nueva Pascua, o Nueva Alianza.
Como digo, esperaba otro enfoque por parte de usted y me ha decepcionado. Pienso que ha perdido una excelente ocasión para hacer una verdadera EXEGESIS (con mayúsculas), dada su indiscutible autoridad en materia bíblica.
Cordiales saludos. Juan José.

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