sábado, 5 de abril de 2014

519. La preparación de la Pascua Venerable



Sedientos de su sangre

La lectura de este bello pasaje de san Atanasio de Alejandría (c. 2995- + 373) (viernes de la IV semana de Cuaresma) me ha suscitado un Himno preparatorio de la Pascua 2014. Fue desterrado cinco veces de su diócesis de Alejandría y murió en su lecho el año (¿?) 373. Estos son los Padres de nuestra Fe.


De las Cartas pascuales de san Atanasio, obispo
(Carta 5,1-2)

Vemos, hermanos míos, cómo vamos pasando de una fiesta a otra, de una celebración a otra, de una solemnidad a otra. Ahora, ha llegado aquel tiempo en que todo vuelve a comenzar, a saber, la preparación de la Pascua venerable, en la que el Señor fue inmolado. Nosotros nos alimentamos, como de un manjar de vida, y deleitamos siempre nuestra alma con la sangre preciosa de Cristo, como de una fuente; y, con todo, siempre estamos sedientos de esa sangre, siempre sentimos un ardiente deseo de recibirla. Pero nuestro Salvador está siempre a disposición de los sedientos y, por su benignidad, atrae a la celebración del gran día a los que tienen sus entrañas sedientas, según aquellas palabras suyas: El que tenga sed que venga a mí y que beba.
No sólo podemos siempre acercarnos a saciar nuestra sed, sino que además, siempre que lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador. El fruto espiritual de esta fiesta no queda limitado a un tiempo determinado, ya que sus rayos esplendorosos no conocen ocaso, sino que está siempre a punto de iluminar las mentes que así lo desean. Goza de una virtualidad ininterrumpida para con aquellos cuya mente está iluminada y que día y noche están atentos al libro sagrado, como aquel dice: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Ahora bien, el mismo Dios, amados hermanos, que al principio instituyó para nosotros esta fiesta, nos ha concedido poderla celebrar cada año; y el que entregó a su Hijo a la muerte por nuestra salvación nos otorga, por el mismo motivo, la celebración anual de este sagrado misterio. Esta fiesta nos sostiene en medio de las miserias de este mundo; y ahora es cuando Dios nos comunica la alegría de la salvación, que irradia de esta fiesta, ya que en todas partes nos reúne espiritualmente a todos en una sola asamblea, haciendo que podamos orar y dar gracias todos juntos, como es de ley en estas fiestas. Esto es lo admirable de esta festividad: que él reúne para celebrarla a los que están lejos y junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados.

1. Sedientos de su sangre, mis hermanos,
vayamos a la fuente, fuente vida:
es Pascua del amor y del banquete,
a Bodas de su Hijo el Padre  invita.

2. La fiesta es de su Cuerpo y de su Sangre,
la Pascua de mi Dios, fiesta divina,
la fiesta del encuentro universal,
que cuerpo y alma hiende y plenifica.

3. Beber su sangre, ser divinizado,
sentir que su presencia vitaliza,
que soy de Dios, de origen y destino,
que Dios es carne, historia y sangre mía.

4. Hermanos bienpensantes y doctores,
decid al mundo amor, sabiduría,
lavad el pensamiento en esta Pascua,
amad, gozad, vivid Pascua florida.

5. Concédeme, Dios mío bondadoso,
gustar en esta Pascua la alegría,
con todos mis hermanos en el orbe,
vivir unidas Pascua y Parusía.

6. Mi Padre Dios, mi Dios de la ternura,
tu corazón yo vi al ver la Biblia;
desde esas dulces páginas te alabo,
perdido con la Iglesia en tanta dicha. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 5 de abril de 2014.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;