sábado, 12 de abril de 2014

524. Domingo de Ramos – Bienvenida al Rey Mesías



Homilía para el Domingo de Ramos, ciclo A,
Mt 21,1-11
 Desde el convento de hermanas clarisas capuchinas sacramentarias
de Juventino Rosas, Guanajuato, México

Texto evangélico:
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguno os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto”. Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por el profeta:
“Decid a la hija de Sión: ‘Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila’. Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada.
Y al gente que iba delante y detrás gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
Al entrar en Jerusalén toda la ciudad se sobresaltó preguntando: “¿Quién es este?” La multitud contestaba: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea?”

Hermanos:
1. Hace tres años (2011) aparecía en castellano el Jesús de Nazaret de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI (así lo firmaba el Papa con los dos nombres juntos, expresando la fe que había dado sentido a su vida como cristiano y como Papa); aparecía el volumen II con el subtítulo preciso: “Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección”. Es hermoso volver  a leer hoy estas páginas de un eximio maestro, de un auténtico padre de la Iglesia, para tener delante un modelo y saber cómo proceder.
Son páginas del Evangelio que los exegetas las han trabajado durante siglos, investigando con cuidado el texto, las referencias que contienen, la intención íntima de los Evangelistas y de sus Iglesias para comunicarnos la verdadera tradición cristiana sobre la figura y persona de Jesús, tradición que hoy completa en cada uno el mismo Espíritu Santo.

2. Jesús va subiendo a Jerusalén; y en esta ocasión va a subir como peregrino, peregrino de la Pascua judía. Él va a la Pascua de su pueblo a aquella Pascua consagrada cuando la salida de Egipto, y que ahora Jesús la va a hacer totalmente nueva. La “pascua de los judíos” (así la llama san Juan) va a ser definitivamente la “pascua cristiana”. Nuestra Pascua inmolada es Cristo (1Cor 5,7).
Hay tres pascuas en el curso de la vida pública de Jesús, certificadas cada una en el Evangelio de san Juan. Para los Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) no hay que una Pascua referida, esta Pascua final, la Grande y Definitiva Pascua para los cuatro Evangelios.

3. Para esta Pascua Jesús está subiendo a Jerusalén. En realidad el camino empezó en Jericó, como lo narran los Evangelios. A Jesús le seguía mucha gente; cuando fue curado el ciego de nacimiento, él se incorporó a la comitiva y lo iba siguiendo (cf. Mc 10,48-52). Llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos y aquí comienza el Evangelio de hoy.
Jesús se identifica como Hijo de David, como Rey Mesías. Viene bajando por la ladera del Monte de los Olivos y va a entrar en la Ciudad santa por donde se espera que un día llegará el Mesías.
Este Rey no va ser el rey “triunfal”, conquistador, con su armadura y espada, con su carroza, con su pendón al aire, que vuelve victorioso de la batalla librada por sus enemigos. Va a ser justamente lo contrario: el rey manso y humilde, como lo describe el profeta Zacarías, cabalgando a lomos de una pollina.

4. Jesús manda que desaten el animal que van a encontrar en tales y cuales condiciones, un  mandato que nos sorprende. Pero nos explica el Papa este detalle con los libros de exégesis: “Jesús reivindica el derecho del rey a requisar medios de transporte, un derecho conocido en toda la antigüedad” (Jesús de Nazaret II, ed. Planeta, Encuentro, 2011, p. 14, citando el comentario de Pesch a Markus II,180).
Jesús se mueve en el plano más puro de las santas Escrituras; y he aquí que aquella comitiva de peregrinos que se dirige a Jerusalén lo comprende y lo aceptan y lo aclaman como al Rey Mesías:
“¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
Tenemos que tener muy presente esto: que la aclamación no la hace la ciudad de Jerusalén, donde están los que dentro de pocos días lo van a rechazar; la aclamación la hacen sus compañeros peregrinos.
Porque tenemos que leer atentamente la continuación del relató: la ciudad se sobresaltó.
Al entrar en Jerusalén toda la ciudad se sobresaltó preguntando: “¿Quién es este?” La multitud contestaba: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea?”

La multitud que contestaba era la multitud de los peregrinos, pero no la multitud de la ciudad de Jerusalén.
Y entra la multitud destaca la voz de los niños, que continuaron gritando en el templo, cuando Jesús lo purificó echando a los mercaderes y curando a “ciegos y cojos”, como Mesías. Los niños, sigue el evangelista, lo aclamaban: ¡Hosanna al Hijo de David! (Mt 21,15).
“Los sumos sacerdotes y los escribas le dijeron: “¿Oyes lo que dicen estos?” Y Jesús les respondió: “Sí: ¿no habéis leído nunca: De la boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho sacaré una alabanza?” (v. 16).

5. Hermanos:
Tenemos que entrar en el alma de Jesús, niño ante el Padre, para comprender la audacia, la valentía, la transcendencia de lo que Jesús hace para manifestar su auténtica misión.
Jesús se ha reconocido como auténtico Hijo de David, como Mesías, como Siervo de Dios que va sacrificado a la muerte. Jesús ha aceptado este homenaje de amor, porque él mismo lo ha provocado. No quiere, ni los quiso antes ni los quiere hoy, otros tipos de homenaje. No quiere ninguna grandeza humana. Él quiere ver nuestras palmas y cánticos, si son palmas y cánticos de amor.
Él quiere el homenaje de los pequeñuelos y de los niños (dos palabras que ha recordado el Evangelio). Él no quiere apoteosis que aplastan a los sencillos, aunque nosotros, insensatamente quisiéramos cristianizarlas.
Jesús, niño, hijo del Padre, quiere el Hosanna de nuestro amor. El servicio a los más humildes de la tierra es una representación preciosa de la acogida de Jesús Mesías que nos presenta el Evangelio.

6. Jesús, que te acercas a tu Iglesia y a toda la humanidad montado en una borrriquilla, te acogemos como rey Mesías de amor. Y te suplicamos que infundas en mi corazón y en toda tu santa Iglesia el estilo de tu entrada en Jerusalén, que comenzó entre palmas y ramos de olivos y culminó purificando el templo y curando a los ciegos y cojos. A ti el amor y la gloria para siempre. Amén.

Juventino Rosas, Gto. (convento de hermanas clarisas capuchinas), sábado, 12 abril 2014.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;