jueves, 24 de abril de 2014

540. Domingo octava de Pascua – Jesús y la Iglesia del Cenáculo (Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II)



Homilía en el Domingo II de Pascua

o de la Divina Misericoria, ciclo A
Jn 20,19-31
Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II
(27 de abril de 2014)
 Monasterio de hermanas clarisas capuchinas sacramentarias
en Santa Cruz de Juventino Rosas, Guanajuato, México

Texto evangélico:
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegra al ver al Señor. Jesús repitió: “Pas a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo. “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.
Tomás, uno de los Doce, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás. “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “¿Por qué me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto”.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Hermanos:
1. Hoy es Domingo siguiente a Pascua, domingo octava de Pascua. El año 2000 el papa Juan Pablo decretó que este Domingo se llamara en el Misal Domingo II de Pascua o de la Divina Misericordia. Al canonizar aquel año el 30 de abril a santa Faustina Kowalska, humilde religiosa de su propia tierra polaca, se expresaba de este modo: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros».
Lo que mana de Jesús en la Cruz, lo que fluye de su cuerpo resucitado, es el río de la misericordia divina. La misericordia divina es todo el amor de Dios, que se nos ha dado en Cristo, y este amor es acogida y perdón incondicional para todos; no hay pecado que se haya cometido o se pueda cometer que esté fuera de la misericordia de Dios. Su amor es más grande que toda la maldad de la humanidad.

2. Si esto me lo aplico a mí mismo, que me lo puedo aplicar, que tengo derecho a aplicármelo, pues Dios mismo me invita a ello, entonces tengo abiertas de par en par las puertas de la confianza. Y si acepto confiar en Dios, mi Padre; en Jesucristo, mi Redentor, mi vida se ilumina y cambia de arriba abajo. Dios en mi vida es Dios de amor, Dios de ternura, Dios de misericordia. Este es el sentido de esta Fiesta de la Misericordia.

3. Se ha escogido este domingo para la canonización de dos Papas: Juan Pablo II, que murió hace nueve años, y Juan XXIII, que murió hace 51 años. Roma y la plaza de San Pedro van a tener una afluencia de gente quizás como nunca se haya dado. Sobre todo ello se ha escrito a raudales las semanas precedentes a este día. No es asunto de una homilía entrar en las cosas que se han dicho, algunas en sentido muy crítico, y no por gente enemiga, sino por quienes aman a la Iglesia que con tales o cuales protagonistas buscan una imagen de Iglesia.
Más bien, como predicadores del Evangelio, acudiendo al Evangelio de hoy, podemos comparar dos escenas:
- una escena grandiosa, que ocurre en Roma,
- y una escena humildísima y divina, íntima hasta donde más no puede ser, que ocurre en el Cenáculo en la tarde de la resurrección y ocho días después.

4. Las dos escenas representan a la Iglesia, pero de manera muy distinta una y otra; las dos escenas tienen dos personajes: Jesús y sus discípulos. Los dos santos que pasan a los altares y los centenares de miles que estarán en la plaza y en las calles son discípulos de Jesús. El protagonista verdadero es Jesús. Muchos millones de católicos podrá decir: Yo le vi a Juan Pablo II cuando pasó por mi tierra, porque este Papa misionero ha visitado 129 países. Y algunos hasta podemos decir: Yo vi personalmente al Papa Juan XXIII, el que convocó e inició el Concilio, y a partir de hoy San Juan XXIII, como a partir de hoy San Juan Pablo II.
Una escena grandiosa que puede ser signo de la hermosura y del esplendor de la Iglesia, en medio de tantas miserias que está padeciendo. Estos papas, hoy santos, nos invitan a  mirar con confianza el pontificado. No olvidemos que en el mismo siglo pasado otros Papas han resplandecido con santidad reconocida; así los que hoy son
Siervo de Dios, ya Venerable Pío XII
Siervo de Dios, ya Venerable Pablo VI
Siervo de Dios, ya Venerable Juan Pablo I

5. Otra escena totalmente distinta es la del Evangelio de hoy, que nos representa dos apariciones de Jesús en una sala de familia, la sala del Cenáculo. La primera vez había diez personas, diez apóstoles; Judas definitivamente no estaba, porque había terminado fatalmente ahorcándose, desconfiando de la misericordia infinita de Dios. Y en aquella circunstancia, por lo que fuera, faltaba Tomás. Estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Pero era la iglesia real y verdadera de Jesús. Ocho días después eran once, estaba el grupo completo con Tomás.
Aquí comenzó la Iglesia. Lo que ocurrió fue algo realmente divino que jamás nos cansaremos de meditar, o, más bien, de saborear.
Es lo más íntimo que nos ha contado el Evangelio. Y si lo ha referido es justamente para indicarnos: así debe ser nuestra intimidad con Jesús, que se entrega a nosotros; esta es la Iglesia más bella y pura, que sustenta todas las obras imágenes de Iglesia que podamos forjarnos.

6. Jesús se mostró de repente, estando a cerrojo las puertas, por miedo a los judíos; les dio el saludo de la paz, que era la absolución y el olvido de todas sus cobardías, y les mostró las manos y el costado. Aquí es donde la intimidad llega al último secreto. Jesús les mostró su corazón, ese corazón que había quedado manando en la cruz. Y los discípulos se llenaron de alegra al ver al Señor. Esta es la alegría que tiene la Iglesia y que nadie se la podrá arrebatar, y es la alegría que Jesús quiere que tenga mi corazón, como manantial de paz.
En aquel instante les transmitió, íntegra, la misión que había recibido del Padre: Pas a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
En aquel instante les entregó el Espíritu Santo, que purifica a la Iglesia, que me purifica a mí: Recibid el Espíritu Santo.

7. Ocho días después, y también cerradas las puertas, ahora presente Tomás, llegó Jesús. Y fue el encuentro, carne a carne, hombre a hombre, hombre a Dios. Jesús con el costado abierto, que es la puerta de Dios. Con un dulce reproche le dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Tomás se entregó del todo y para siempre: “¡Señor mío y Dios mío!

8. Esta es la Iglesia íntima en la que yo habito.
Como Tomás yo puedo decir a Jesús: ¡Señor mío y Dios mío!
 Y escucho su respuesta, que me da el gozo para hoy y para siempre:
¡Dichoso tú, que, sin haber visto, has creído! Amén.

Santa Cruz de Juventino Rosas, Guanajuato, México
Monasterio de hermanas clarisas capuchinas sacramentarias
Jueves de Pascua 2014

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;