lunes, 5 de mayo de 2014

545. Padre Ignacio Larrañaga: “siempre presente”, “regalo de Dios”



Siempre presente

Ayer, domingo III de Pascua, 4 de mayo de 2014, Padre Ignacio Larrañaga, que había nacido en Azpeitia, ante la vista del santuario de Loyola (Guipúzcoa), el 4 de mayo de 1928, habría cumplido 86 años. El Señor lo llevó consigo unos meses atrás, el 28 de octubre de 2013.
Con motivo de este aniversario la Coordinación Internacional con el título de “Siempre presente”, ha enviado la siguiente carta para celebrar el regalo de su vida.

Queridos Guías del mundo entero:
Mañana nuestro querido Fundador cumpliría 86 años. En este día, su cumpleaños, queremos entregarles un pequeño homenaje conmemorativo a quién nos enseñó que no hay distancias para quienes se aman. Al despedirse de nosotros nos decía "siempre presentes" ¿recuerdan? Estará muy vivo en nuestros corazones agradecidos por enseñarnos a vivir en gozo y libertad.
Celebren las Eucaristías alegremente el día 4, y siéntanse felices de seguir sus enseñanzas.
Hacer clic en el siguiente enlace para ver el homenaje a Padre Ignacio:
Con cariño y admiración por cada uno de ustedes.
Coordinación Internacional TOV




Un regalo de Dios

Entre las cosas que se van escribiendo del Padre Ignacio Larrañaga una semblanza de lo más fino y acertado es lo que precisaba el P. Miguel Ángel Ariz en la homilía del funeral en Santiago de Chile, el domingo 3 de noviembre de 2014. Hay que notar que el P. Miguel Ángel Ariz, nacido en Arazuri (Navarra) en 1948, profesó como capuchino en 1968, fue ordenado sacerdote en Pamplona en 1972, y ese mismo año fue destinado a Chile, donde reside y donde ha sido superior de los Capuchinos de Chile, siendo el P. Ignacio súbdito de su jurisdicción.
El P. Miguel Ángel, hombre profundamente espiritual, mide las palabras que dice. Se expresaba así:

“Dios fue trabajando en su corazón; lo fue transformando con el fuego de su amor. Fue de ese horno ardiente de su corazón purificado por el Espíritu Santo de donde brotó la gran misión que llevó a cabo Ignacio, en los Encuentros de experiencia de Dios, que desembocaron en los Talleres de oración y vida, que fue como la culminación de su misión.
En su primer libro “Muéstrame tu rostro” y después en los encuentros de experiencia de Dios y en los Talleres Ignacio fue reflejando su experiencia de Dios. Acuérdense cómo nos decía: “nadie se emborracha hablando de vino; es preciso beberlo”. No basta hablar de oración. No basta con hablar de Dios. Es preciso hablarle, y sobre todo, escucharle. Yo creo que por eso tuvo y tiene tanto eco nuestro hermano Ignacio, porque empezó viviendo él mismo lo que después nos invitaba a los demás. Bien sabemos cómo  se levantaba siempre muy temprano, y lo primero era estar a solas con el Señor. Ahí estaba la fuente.
 Su misión, en realidad, no era suya, sino de Dios. El mismo Ignacio, en la última página del libro “LA ROSA Y EL FUEGO” recordaba y se aplicaba a sí mismo la Florecilla en que Fray Maseo le pregunta a San Francisco de Asís: “¿Por qué a ti, por qué a ti…? ¿Por qué toda la gente viene a ti…?”. Y San Francisco le contesta: eso viene de Dios, que conoce a todos los hombres, y no encontró a nadie más inútil y pecador que yo. Po eso me eligió a mí, para que quedara bien claro que la obra es siempre de Dios.
Nuestro hermano Ignacio ha sido un regalo de Dios para todos nosotros, y para tantas personas en la Iglesia. Ha sido un regalo de Dios para su familia, como lo podrían decir su hermana Mary Carmen, y su sobrino Miguel Ángel, que están hoy con nosotros. Lo ha sido para nosotros los capuchinos de Chile y para toda la Familia Franciscana. Ignacio fue para nosotros un hombre de Dios, humilde y humano, cercano, celebrativo. Fue un regalo de Dios para  ustedes miembros de Talleres de Oración y Vida… El nos ha señalado a Cristo; nos ha invitado con pasión a ser personas de oración, para poder hacer fraternidad y trabajar por un mundo  más humano y con menos sufrimiento. El nos ha invitado a dejar que Dios sea Dios en nuestra vida.
La hermana muerte lo encontró en plena misión, el domingo pasado, después de celebrar la última Eucaristía. Dios le regaló una muerte serena. Se quedó en el sueño, apoyando su mano en el rostro, como solía dormir. Dios le ha llamado junto a sí, y, al mismo tiempo, vive en nosotros.
Como Francisco de Asís antes de morir Ignacio nos dice: “he concluido mi tarea Que el Señor les ayude a vivir la suya”.
Les invito, hermanos, a preguntarnos cada uno: ¿qué me dice el Señor a través de este acontecimiento de la muerte de nuestro hermano? Este es un momento de pena y de gracia. De nosotros depende que acojamos el regalo de Dios, lo que Él nos quiere dar.  Así podremos decir con el Evangelio: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Evangelio de ese día 3 de noviembre de 2013, domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo C)

Podemos guardar estas palabras de la homilía,
valorando qué significa ser un regalo

Nuestro hermano Ignacio ha sido un regalo de Dios para todos nosotros.
Ha sido un regalo de Dios para su familia, como lo podrían decir su hermana Mary Carmen.
Lo ha sido [un regalo de Dios] para nosotros los capuchinos de Chile y para toda la Familia Franciscana. Ignacio fue para nosotros un hombre de Dios, humilde y humano, cercano, celebrativo.
Fue un regalo de Dios
De nosotros depende que acojamos el regalo de Dios, lo que Él nos quiere dar.

Guadalajara, Jal., 5 mayo 2014.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;