viernes, 16 de mayo de 2014

550. Domingo V Pascua (ciclo A): Jesús, el Padre y nosotros, los discípulos



Homilía en el domingo V de Pascua, ciclo A

Jn 14,1-12




Texto evangélico:
No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Y cuando vaya y os haya preparado un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice.
- “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”
Jesús le responde:
- “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya le conocéis y le habéis visto”.
Felipe le replica:
- “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”.
Jesús le responde: “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo voy al Padre”.

Hermanos:

1. Estamos en el domingo V de Pascua, en esta cincuentena que se extiende durante siete semanas. Estos tres últimos domingos vamos a escuchar a Jesús – así ocurre todos los años, aunque con pasajes diferentes – en esas esas palabras de despedida, cuando él abre su corazón a los discípulos en las confidencias de la cena. Son palabras de sobremesa; y, como han observado agudos exegetas – sean católicos o de otras confesiones –, la Iglesia entra en el Cenáculo. Esto es exacto. ¿A quién se dirige Jesús? A los suyos, que son los que hoy tienen delante y los que hemos de venir después. Hoy escuchamos estas palabras de Jesús, como palabras dirigidas a nosotros, y las escuchamos como venidas directamente de Jesús Resucitado.
En realidad, ya en el momento en que se escribían para la Iglesia Jesús había resucitado; Jesús era el viviente que se comunicaba con su comunidad que quedaba en la tierra.

2. Bien pronto caemos en la cuenta de que el diálogo y la comunicación se refiere a tres personas: El Padre, Jesús, y nosotros.
Jesús pone esta realidad en el mismo plano de familia. La familia divina y la familia humana del grupo de los discípulos, que es una familia de comunión en el amor y en la revelación. Esto es muy llamativo, porque el lenguaje de Dios es un lenguaje siempre en torno a lo transcendente. Aquí Jesús nos dice: “Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras”
En este lenguaje familiar se crea un plano de comunicación entre el Padre y Jesús, y entre Jesús y nosotros. Es una forma de relación que aparece a lo largo de todos los discursos, o confidencias, de la Cena: Entre el Padre y Jesús hay una conminación total, que luego pasar a ser comunicación entre Jesús y nosotros.

3. “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”; “yo estoy en el Padre y el Padre en mí”. Estas expresiones son fórmulas inmanentes del misterio de la Trinidad, que es el misterio fontanal de nuestra vida, y que a lo largo de dos milenios han alimentado a la Iglesia.
Pero este lenguaje es un lenguaje de amistad y de sobremesa, como el lenguaje de dos amigos que están hablando de sus cosas en plan de confianza y de igualdad.

4. Jesús dice que él va a prepararnos un lugar. Y cuando vaya y os haya preparado un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.
Es una despedida de familia. No hay que temer, no hay que estar triste. Esto es por un poco de tiempo, para el bien de todos, porque él va a preparar la casa, y cuando todo esté a punto, Jesús volverá y en el mismo sitio, en la misma morada en que él viva, viviremos también nosotros, disfrutando de su compañía.
Esta manera de hablar de Dios, tan a la llana, rompe los esquemas de la teología. De alguna manera hace descender a Dios a nuestro nivel. Efectivamente, esto es la humanización de Dios, al mismo tiempo que resulta ser la divinización del hombre.

5. Jesús ha dicho antes: creed en Dios y creed también en mí. Con esta frase Jesús él se pone al nivel de Dios. Dios y Jesús están en el mismo plano y a nosotros se nos invita a pasar a esa área, a establecer una amistad de familia con Dios Padre, con Jesús, que anule en absoluto todo temor. El diálogo con el apóstol Felipe está todo él en este clima.

6. Quisiera detenerme, hermanos, en la última frase de estos diálogos que nos abren unas perspectivas quizás nunca soñadas, nunca pensadas. Dice el texto sagrado:
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo voy al Padre.
¿Cómo hay que interpretar esta promesa de Jesús? Jesús es el primero de todos, y el único. Aquí hay alguien que es más que Jonás; aquí hay alguien que es más que Salomón, dijo Jesús en cierto momento reprochando a los judíos la falta de acogido, frente al arrepentimiento que provocó Jonás y la admiración que suscitó Salomón.
¿Por qué no lo habéis traído?, dijeron los sumos sacerdotes (Jn 7,45). Y los guardias respondieron. Jamás ha hablado nadie como ese hombre (v. 46).
Y el ciego de nacimiento curado dijo: Jamás se ha oído decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento (Jn 9,32).
Los cuatro Evangelios son conscientes de que Jesús ha sido más poderoso que Moisés y que nadie.

7. Con todo esto por delante, Jesús promete con esa expresión suya que es rotunda y sacramental “En verdad, en verdad os digo”: En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo voy al Padre.
Y no se refiere a los apóstoles en exclusiva; se refiere a los que creen el él, se está refiriendo a la comunidad de los discípulos. La vida que va a seguir a Jesús va a ser más portentosa que la vida misma de Jesús. Es la obra del nacimiento y expansión de la Iglesia. Pero hay una razón que la explica: “porque yo voy al Padre”. Es Jesús mismo el que actúa; y actúa por sus discípulos, por mi mismo. Yo, con mi debilidad, soy la fuerza de Jesús en el mudo.

Terminamos, pues, hermanos, mirando a Jesús, pidiéndole humildemenet que realice lo que prometió en su despedida.
Señor Jesús Resucitado, desde el cielo, y a través de nuestra debilidad, haz en medio del mundo obras más grandes que las que hiciste en tu vida mortal. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 16 mayo 2014.

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