jueves, 29 de mayo de 2014

553. Ascensión del Señor Jesús: Presencia y misión



Homilía en el domingo de la Ascensión del Señor
Domingo VII de Pascua, ciclo A
Mt 28,16-21


Texto evangélico:
Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
- “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”.

Hermanos:

1. Todos los años, al conmemorar la Ascensión del Señor, escuchamos el comienzo de los Hechos de los Apóstoles, la primera lectura del día. Allí, empalmando la vida de Jesús con la vida de la Iglesia que se prolonga hasta hoy, se dice que Jesús “se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios” (Hch 1,3).
En estas circunstancias se les apareció una vez que “comían juntos” (v.4). les dio la orden de que no se apartaran de Jerusalén, hasta que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar. Los sacó fuera de la ciudad; les dio las últimas consignas, y les dijo que serían sus testigos hasta los confines de la tierra. Continúa el texto sagrado: “Dicho esto, a la vista de ellos, fue levantado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de su vista” (v. 9).

2. Esa inspiró unos versos espirituales, muy finos, a fray Luis de León, para concluir su Oda en la Ascensión (Oda XVIII):

¡Ay! nube, envidïosa
aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dónde vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!
3. De esta manera cerraba Jesús una etapa de su existencia para comenzar otra, la historia de sus discípulos, la vida de la Iglesia. Esta forma de relatar la vida de Jesús levanta algunas preguntas: ¿Dónde estuvo Jesús aquellos 40 días, en los que, al parecer, ni estaba en la tierra ni estaba en el cielo? ¿En qué sitio intermedio moraba?
Una respuesta que, de pronto, puede tranquilizar nuestra curiosidad es esta: Jesús, al morir, pasa de esta vida a la otra; no hay ni espacio ni tiempo de separación. Muerte y resurrección acontecen en el mismo instante. Jesús al morir entra en el terreno definitivo de Dios, no hay espera. La resurrección de Jesús no es una marcha atrás para recuperar lo que había perdido: eso sería una reviviscencia; es una marcha hacia adelante en el camino de la vida, como entendemos que un día ha de ser nuestra propia resurrección.
Pero he aquí que hay un modo pedagógico de contar misterios que ignoramos, porque transciende el campo de nuestra experiencia. Jesús se aparece en distintas ocasiones, y san Lucas, describe en esta aparición,  los cuarenta días, que el Señor cierra simbólicamente su modo de estar entre nosotros. Queda cumplida la misión por la que había venido a la tierra y comienza la etapa de la vida de sus discípulos.

5. Jesús se marcha y, al mismo tiempo, se queda: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.
Él está con su poder divino. Él está con su poder divino. No está evocativamente, intencionalmente, como está con nosotros uno de nuestros seres querido cuando lo recordamos y, de algún modo, lo vivimos, y su recuerdo nos da ánimos y fortaleza. Jesús está con nosotros, vivo, porque él es el Dios verdadero.
Su vida eran acciones visibles, Dios estaba allí y aquello no se ha perdido; todos esos misterio de la vida visible de Jesús pasan a ser realidades invisibles y operantes en los sacramentos de la Iglesia. San León Magno, papa y doctor de la Iglesia, que vivió en el siglo V, decía en un sermón de la Ascensión del Señor, que hoy podemos leer:
“Así, todas las cosas referentes a nuestro Redentor, que antes eran visibles, han pasado a ser ritos sacramentales; y, para que nuestra fe fuese más firme y valiosa, la visión ha sido sustituida por la instrucción, de modo que, en adelante, nuestros corazones, iluminados por la luz celestial, deben apoyarse en esta instrucción.
 Esta fe, aumentada por la ascensión del Señor y fortalecida con el don del Espíritu Santo, ya no se amilana por las cadenas, la cárcel, el destierro, el hambre, el fuego, las fieras ni los refinados tormentos de los crueles perseguidores. Hombres y mujeres, niños y frágiles doncellas han luchado, en todo el mundo, por esta fe, hasta derramar su sangre”.

6. Jesús, al dejarnos, nos confía una misión a los cristianos: salir al mundo entero y ofrecer a todos los hombres, nuestros hermanos, el tesoro divino del Evangelio. Nos dice que enseñemos a todas las gentes lo que él nos ha enseñado y a ponerlo por obra: Id, pues, y Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
No podemos leer estas palabras con un espíritu conquistador e impositivo. De ninguna manera, pero, como cristianos, tenemos la humilde y serena conciencia de que por Jesús de Nazaret hemos recibido la revelación plenaria de Dios.

7. El domingo que viene, domingo de Pentecostés, accediendo a una sencilla y fraterna invitación se van a juntar en Roma tres hombres para orar juntos por la paz: el papa Francisco, Presidente de Israel, Shimon Peres; y el Presidente de Palestína, Mahmoud Abbas. Son tres hombres de bien que pueden pedir al Dios todopoderoso el don de la paz.
Cuando hace unos días, el 26 de mayo, era recibido por el Presidente Shimon Peres en el palacio Presidencial de Jerusalén, al Papa Francisco, antes de leer su discurso escrito, se le ocurrió de repente: “Le agradezco, Señor Presidente, sus palabras y su acogida. Y, con mi imaginación y fantasía, me gustaría inventar una nueva bienaventuranza, que me aplico a mí mismo en este momento: “Dichoso aquel que entra en la casa de un hombre sabio y bueno”. Y yo me siento dichoso. Gracias de todo corazón”.
Para el Papa Francisco el Presidente de Israel es un hombre sabio y bueno, dichoso él. ¿Por qué las personas de bien, sin herirnos, no vamos a orar a ese Dios, a quien confesamos como nuestro Creador y Padre, por los grandes intereses del mundo, y el primero de ellos, la paz?

8. Hermanos, concluyamos. Jesús se ha marchado, pero: sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.
Señor Jesús, yo creo en tu divina presencia, presente en mi corazón, presente en el sacramento de tu palabra y de la Iglesia entera, presen te en el mundo, que avanza hacia ti. Haz que esta presencia percibida como presencia vivificante sea el aliento y fuerza de mi vida. Amén.

Guadalajara, jueves de la VII semana de Pascua 2014
(Jueves de la Ascensión).

Himnos para la Ascensión del Señor:

 

5 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Fr. Rufino Ma. Grández, OFMCap dijo...

Estimado Sr. Juan José: SE RECUERDA con la debida atención y cortesía:
"Lecciones, reflexiones, consideraciones... que no sean directamente pertinentes al "tema" (aunque sean buenas en sí mismas) serán borradas. Como es obvio, cada lector, cada lectora es libre de crear su propio blog y expresar sus pensamientos" (18 MARZO 2014, REFRENDANDO LO DICHO EL 17 ENERO 2014).

Anónimo dijo...

Estimado Fr. Rufino:
1.- LAMENTO que haya tenido un juicio diametralmente equivocado del texto que inserté. No esperaba tal actitud de una persona tan ilustrada como usted. Me ha decepcionado.
2.- LE RECUERDO, con la debida cortesía y atención, que el texto no constituyó ninguna “lección”, ni “reflexión”, ni “consideración” personal.
3.- LE RECUERDO, con la debida cortesía y atención, que cuando se han realizado comentarios sobre el “tema” del texto evangélico dominical, usted lo ha considerado inapropiado por ser una “homilía paralela” a la suya (¿?), lo que “de facto” anula el hecho de comentar.
4.- LE RECUERDO, con la debida cortesía y atención, que el texto SÍ se refiere a un “TEMA” suyo. Se trata el que usted ha publicado en su artículo de la revista de este mes. ¿O es que lo que usted escribe en dicha publicación no merece la consideración de “tema?.
5.- LE RECUERDO, con la debida cortesía y atención, que la intención del texto no fue otra que la de INVITAR a los cristianos a LEER y ESTUDIAR la Biblia. A PENSAR, SABER Y RAZONAR sobre la Biblia. A NO CONFORMARSE con tener LA FE DEL CARBONERO. A no tener una fe AGARRADA CON PINZAS, como tienen la inmensa mayoría de los cristianos.
Y ahora "LO QUE TENGA QUE HACER, HÁGALO PRONTO".
Juan José.

Fr. Rufino Ma. Grández, OFMCap dijo...

Sr. Juan José: El motivo de haber suprimido el escrito que puso en este blog - y también lo envió a mi correo personal - es evidente y obvio: usted comentaba un artículo mío escrito en la revista "El Mensajero de San Antonio (Zaragoza)". El Mensajero de San Antonio, en el que, como bien sabe, escribo todos los meses y usted es lector atentísimo, no es este blog. Así de sencillo. Es materia distinta; es otro campo.
Le ruego con sencillez que no continúe esta polémica molesta.

Anónimo dijo...

Muy estimado Fr. Rufino:
1.-) Es evidente y obvio que el motivo para suprimir mi escrito ha sido el de no haberlo juzgado usted “temáticamente útil”. Está muy claro.
2.-) Es evidente y obvio que usted comenta el pasaje evangélico bajo su punto de vista, lo cual es muy legítimo. Pero excluye otro punto de vista que no sea el suyo, y no repara que haya algún lector, que con la mejor voluntad de mundo, movido por el sentido de la frase “EL CELO DE TU CASA ME DEVORA”, siente el deseo de AÑADIR, sólo AÑADIR, algo interesante y positivo a la comunidad lectores cristianos, o no cristianos, ilustrados, o no ilustrados, aunque sea bajo otro punto de vista. No es necesario ser “religioso” para sentir “celo cristiano”. El Espíritu Santo es el que dicta lo que quiere y a quien quiere.
3.-) En el Evangelio está escrito: “SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE”, no “CONSUÉLANOS LA FE”. Ni los “comentarios” pueden servir para “consuelo de la común fe” (como usted escribe el 17-01-2014), ni por supuesto las homilías, sino para reforzar y aumentar la fe. No conozco a nadie que lea la Biblia para “consolarse”, sino para saber, conocer y amar. No se puede amar lo que no se conoce. San Pablo nunca predicaba “para consolar”, sino para atraer personas a Cristo y lograr su salvación.
4.-) No me resulta “molesta” esta “polémica” (artificial). Al contrario. La juzgo edificante. Si valiese el paralelismo histórico, san Pablo también chocó con san Pedro… sin que por eso san Pedro desautorizara la actuación de san Pablo. Bienvenida sea la práctica tomista de la DISPUTATIO, que usted parece rechazar. Permítame que le recuerde que algunos autores clásicos, como Cicerón o San Agustín, fueron autores de obras muy importantes que se inscriben en las polémicas (controversias) religiosas y políticas.
Cortésmente. Juan José.

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