viernes, 13 de junio de 2014

562. Trinidad, Dios de amor, Dios fascinante



Domingo de la Santísima Trinidad, ciclo A
Ser alabanza de gloria

Jn 3,16-18
Texto evangélico:
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no pereza, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve  por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree en él, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombré del Unigénito de Dios.

Hermanos:
1. Este domingo, el domingo que sigue a Pentecostés, está dedicado a la Santísima Trinidad. Todo acto cristiano, y en particular, toda celebración que se hace en la liturgia y vida de los cristianos, está dedicado a la Santísima Trinidad. San Pablo estableció esta fórmula: Al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo. El Padre es el punto de origen y de retorno; el Hijo es el medio necesario; y el Espíritu santo es el clima. San Padre expresó esta relación en un texto característico de la carta a los Efesios: “Así, unos y otros (es decir, judíos y gentiles), podemos acercarnos al Padre por medio de él (de Jesucristo) en un mismo Espíritu” (Ef 2,18). Este es el esquema constante de la liturgia: oramos al Padre, y concluimos las oraciones por Jesucristo en el Espíritu Santo.
Hoy es un día para pensar en Dios, perdernos en Él, y dejar salir del corazón las últimas preguntas, las aspiraciones más bellas, profundas y auténticas.

2. El domingo pasado decíamos que el Espíritu Santo no es un “tema”; es infinitamente más que un tema que yo pueda manipular. El Espíritu Santo es Dios. Exactamente lo mismo debemos decir al referirnos a la Trinidad. Es Dios. No es tema que yo puedo explicar, porque entonces yo sería más grande que Él.
Comenzamos, pues, a pensar en Dios, y el primer pensamiento es este: Dios es ese ser infinito que está en mí, y sin el cual ni yo tengo sentido ni nada tiene sentido.

3. Ahora vienen los filósofos y dicen: “No digas que Dios está en ti. Sería muy pequeño si tú eres el receptáculo de Dios. No digas que Dios está en ti. Di que Dios “es” en ti, de tal manera que tu mismo ser es en Dios, es Dios…” Estoy hablando, hermanos, con conceptos del gran filósofo español Xavier Zubiri, que, al filosofar sobre Dios, él que es un gran creyente, de Dios se expresa con este lenguaje. Dios es en mí y mi realidad es en Dios, y con todo ello no caemos en un panteísmo para afirmar que todo es Dios, porque eso sería diluir a Dios en el mundo.
San Agustín dijo aquella célebre frase: intimior intimo meo, más íntimo que lo íntimo de mí mismo.
Pascal, filósofo profundamente cristiano, escribía en el siglo XVII: “consuélate: no me buscarías sino me hubieras encontrado ya (Pensamientos, 553). Pensamiento que se prolonga: pero para que nunca me pierdas, continúa siempre buscándome.

3. No hace falta ser Pascal para abrigar esos pensamientos sencillos y profundos que nos abren la puerta a Dios. ¿Qué sentimos en el fondo del corazón? Que tenemos, aspiraciones, tendencias, que son más grandes que nosotros mismos, y que se abren hasta lo infinito. ¿Son verdad o son mera ilusión? Si son mera ilusión y fantasía, tristes de nosotros que nos pasaríamos la vida en el puro engaño, una vida en ficción.
Pero si esas aspiraciones a lo infinito son verdad, detrás de ellas hay una realidad maravillosa, que nos fascina y cambia nuestra vida. A esa realidad le llamamos Dios, Dios personal, Dios viviente. Para encontrar a Dios no hace falta salir de sí mismo y pasearse por la creación. Para encontrar a Dios basta bajar al fondo y descubrir lo que uno ansía.

4. Desde esos deseos definimos a Dios.
¿Quién es Dios? Es el amor que yo ansío. El amor existe y Dios es la evidencia.
¿Quién es Dios? Es la verdad que yo busco, y que no la veo tan segura porque todo es tan opinable y tan variable.
¿Quién es Dios? Es la paz que a mí me haría eternamente feliz si la poseyera del todo.
¿Quién es Dios? Y puedo ir respondiendo investigando los deseos más nobles de mi corazón.
Ese es el Dios de la filosofía, que es el Dios verdadero.

5. Pero ahora viene la sorpresa de la fe. ¿Quién es Dios? Y responde el Evangelio: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no pereza, sino que tenga vida eterna.
Dios es Padre, Dios es Hijo, Dios es Espíritu. El amor es relación, el amor es fusión. Jamás imaginaría el hombre que esto se pudiera decir de Dios. Ha venido la revelación y con ella hemos comprendido que Dios es historia, historia con el mundo entero y conmigo.
Dos años antes de su muerte, san Francisco, que ya tenía las llagas de Cristo en su cuerpo, orando en el monte Alvernia, en un arrebato de amor, escribió estas Alabanzas a Dios que entregó a su compañero el hermano León:
“Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas (Sal 76,15).
Tú eres fuerte, tú eres grande (cf. Sal 85,10), tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo (Jn 17,11), rey del cielo y de la tierra (cf. Mt 11,25).
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal 135,2), tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (cf. 1 Tes 1,9).
Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia (Sal 70,5), tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector (Sal 30,5), tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza (cf. Sal 42,2), tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador”.
Eso lo escribió san Francisco, pero lo puedo decir yo. Nosotros, cristianos, rezamos en los Salmos: “Oh Dios, tú eres mi Dios”, tú eres la verdad rotunda de todos mis deseos..

6. Hermano, en este domingo de la Santísima Trinidad pregúntate, preguntémonos: ¿Cuál es mi Dios? ¿Cuál es el Dios de mi vida, de mi esperanza, de mi trabajo, de mi futuro, mi Dios cotidiano, mi Dios con quien me he de encontrar a la hora de dejar este mundo?
Y respondamos con una palabra: Mi Dios es el Dios de mi vida y mi amor. Mi Dios es el Dios que me ha revelado Jesús, el Dios de Jesús.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no pereza, sino que tenga vida eterna.
¡Gracias, Señor Jesús, porque en ti hemos descubierto al Dios verdadero, y en Él a Ti y al Espíritu Santo! Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 13 junio 2014.



Ser alabanza de gloria


1. Ser alabanza de gloria,
en tiempo y eternidad,
vivir en Dios para Dios
con pureza y humildad:
eso soy, tuyo soy,
Santísima Trinidad.

2. El tiempo que me confina
se rinde a tu santidad,
Dios y pleroma de amor,
Dios excelso y personal;
de ti nacido, a ti vuelvo,
mi Dios y mi identidad.

3. Tu vida de comunión
se vierte en mi alma hogar;
tu casa se hace mi casa,
tu gracia, mi claridad:
yo te vivo, yo te adoro,
mi Dios de ternura y paz.

4. El amor es difusivo,
y siempre irradiando está,
eres amor que se entrega,
amor y fecundidad;
Dios perenne a quien yo amo,
guárdame en tu intimidad.

5. Dios sorpresa, Dios misión,
deseado siempre más,
de todos los corazones,
el puerto para arribar;
en ti, mi Dios, yo me escondo
y saldré para alabar.

6. Dios, alabanza de gloria,
brazos que yo he de gozar.
Dios, misterio y transparencia,
de infinita suavidad,
¡mi Trinidad revelada,
vea yo la dulce faz! Amén.

Guadalajara, Jal.
Santísima Trinidad 2014.
 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La Trinidad es un misterio y es un dogma. Como misterio es imposible RAZONARLO, y como dogma es imposible IGNORARLO.
Ya un célebre Padre de la Iglesia dejó escrito: CUANDO MÁS LO PIENSO, MENOS LOGRO EXPRESAR CON CLARIDAD MIS PENSAMIENTOS SOBRE LA DOCTRINA.
Sin embargo es necesario constatar que en la antigüedad este dogma fue causa de sangrientos enfrentamientos entre cristianos.
Juan José.

Anónimo dijo...

Para enunciar la Trinidad decimos que "Dios es uno en esencia y trino en personas".
No cabe duda que esta frase es incorrecta, y es conveniente que en estas concepciones metafísicas se empleen las palabras idóneas para que no se pierdan los conceptos.
En efecto. La palabra “persona” quiere decir “máscara” o apariencia, lo cual, evidentemente, no es aplicable a Dios. Por ello la frase antes citada debería ser sustituida por: "Dios es uno en esencia y trino en manifestación".
Así pues, cuando se habla de “espíritus” no se puede usar el término “personas”.
Es natural que en el corazón de la inmensa mayoría de los creyentes se humanice, o se trate de humanizar, el amor a Dios, y que las almas sencillas busquen una “iconografía” concreta en la que se pueda posar su intuición de lo divino. Pero esto, que se puede admitir como símbolo, no es aceptable en la realidad que con ello se quiere expresar de lo divino, lo cual no atañe a la encarnación del Hijo de Dios (persona humana) en la figura de Jesucristo durante su existencia humana en la tierra.
Juan José.

Anónimo dijo...

"Saber para conocer, y conocer para amar".
El pasaje bíblico donde se nos define de forma clara y explícita la Trinidad, y en la que se fundamenta el dogma, se halla en el conocido como COMMA JOHANNEUM (1Juan V, 7-8) de los textos de la Vulgata, aunque no en la mayoría de los manuscritos griegos.
Juan José.

Publicar un comentario en la entrada

 
;