viernes, 27 de junio de 2014

566. La gracia de la oración Vida y herencia del Padre Ignacio Larrañaga



Rufino María Grández

La gracia de la oración

Vida y herencia

del Padre Ignacio Larrañaga

Carta de envío
Al día siguiente de la muerte del P. Ignacio Larrañaga (que acaeció en Guadalajara, a pocos kilómetros, en la Casa de Oración Nazaret, municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos, al amanecer del día 28 de octubre de 2013), escribí en este blog de “Las hermosas palabras del Señor”:
Núm. 458. Padre Ignacio Larrañaga, en perfume de oración y en olor de santidad (entrada del 29/X/2013).
Otras tres veces he vuelto sobre el P. Ignacio en este blog espiritual:
Núm. 503. La herencia preciosa de un hermano, el P. Ignacio Larrañaga  (Poema oracional privado en memoria del P. Ignacio Larrañaga).
Núm. 505. Autorretrato del P. Ignacio Larrañaga, y el día siguiente:
Núm. 506. Padre Ignacio Larrañaga con la Biblia y Antonio Machado. El joven poeta Ignacio Larrañaga: A los cuatro meses de su muerte, dando a conocer los poemas que escribió de joven estudiante de Teología en Pamplona.
Hoy, Fiesta del Corazón de Jesús y víspera del día que se cumplen ocho meses de su muerte, quiero brindar a los amantes del P. Ignacio, maestro de oración y “don para la Iglesia”, como insistentemente se ha repetido, los descubrimientos que sobre él he ido haciendo, cuatro entregas de un proyecto: La gracia de la oración. Vida y herencia del Padre Ignacio Larrañaga. Se trata de toda su trayectoria en España, ignorada, en general, por los que imparten Talleres de oración, y el inicio de su vida en Chile, antes de comenzar lo que será su actividad definitiva, más conocida, a saber: Semanas de renovación franciscana (1966), Encuentros de Experiencia de Dios (1974), Talleres de Oración y Vida (1984), que es el carisma con que Dios le ha favorecido y él entrega a la Iglesia.
Quiera el Señor en su Providencia que un día pueda culminarse el plan completo.
En alabanza de Jesús, el Señor. Amén.

Guadalajara, 27/28 de junio de 2014.
Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.



SUMARIO DE ESTOS CAPÍTULOS


PÓRTICO

Una vida del P. Ignacio Larrañaga:
por qué, desde dónde, para quién
Fuentes
CAPÍTULO I
La gracia final de una vida: Casa de Nazaret

En la Casa de Oración Nazaret: Crónica y Misterio
Crónica de la llegada de la Hermana Muerte
Mysterium mortis
El primer fruto de esta  muerte: las Semanas de Culminación 61 y 62
El retorno a Chile; funeral, homilía y sepelio
Condolencias: un altar de oración, un libro de amor
"A la tarde te examinarán en el amor", un legado de amor
La última corona: su obra total en euskara batua
He cumplido mi tarea: Cristo os enseñe la vuestra (San Francisco)
La rosa se hizo rosal

CAPÍTULO 2
Una senda de la infancia al sacerdocio
(Azpeitia1928 ‑ Pamplona 1952)

Panorámica
Las puras raíces: Azpeitia, junto a Loyola (1928‑1940)
La madre
Ignacio Larrañaga, ¿vasco universal?
El Seminario seráfico (Alsasua, 1940‑1945)
Cómo pudo perseverar
En el Seminario de Fuenterrabía (1945‑1947),
"en la marejada más agitada de mi vida"
El Noviciado (Sangüesa, 1947‑1948)
y los dos años en Zaragoza (fin de la Filosofía y comienzo de la Teología, 1948‑1950)
Los tres años finales de Teología, Pamplona 1950‑1953
Lírico y Poeta
Canto al apóstol
El Sociólogo de los Pobres
La experiencia y gracia de ser sacerdote
Apasionado del sacerdocio

CAPÍTULO 3
Los primeros seis años del joven sacerdote
(San Sebastián y Pamplona, 1953‑1959)

Habla Ignacio
Convento de Capuchinos en la calle Oquendo, cerca de la Zurriola
En el convento de capuchinos de Pamplona, residencia de la Curia Provincial
El P. Jesús María de Azpeitia (Ignacio Larrañaga) en la Crónica del convento de San Antonio de Pamplona: Años 1956 ‑ 1957 ‑ 1958 ‑ 1959
La noche fulgurante del Sagrado Corazón de Jesús en 1957

CAPÍTULO 4
Los primeros en Chile (1959-1965)
al latido del Concilio Vaticano II

Chile: "como quien ha alcanzado la tierra prometida"
Pórtico de este capítulo: Hijo del Concilio
Cómo se vivía el Concilio
Llegada al convento de Santiago
Las misiones en los fundos
La misión de Santiago de Chile en 1963
Participación activa en la "toma de la Catedral de Santiago"
(11 agosto 1968)
"Sacerdotes por el Tercer Mundo"
Los perfiles de Ignacio




[Página primera: leit-motiv]

“Sobre todas las cosas deben desear
tener el Espíritu del Señor
y su santa operación:
orar siempre a Él con un corazón puro”
(Regla de san Francisco)

“…sed attendant, quod super omnia desiderare debent
habere Spiritum Domini
et sanctam eius operationem,
orare semper ad eum puro corde…”
(Regulla bullata sancti Francisci, caput X, 8-9)



“No recuerdo haber planeado proyectos de corto o largo alcance a lo largo de mis días, ni haber tomado iniciativas para el futuro. Cuando me detengo y comienzo a concentrarme para mirar atrás, tengo la sensación de no haber sido yo un sujeto activo, de no haber hecho nada, al contrario, de lo que tengo impresión es que Alguien ha suplantado mi personalidad. Alguien hablaba en vez de mí, caminaba en mi lugar, tomaba iniciativas y trazaba rutas que yo luego las recorría. No había camino; había que hacer el camino al andar; pero mientras caminaba, alguien extendía delante de mí el mapa y la ruta. He repetido en múltiples oportunidades que siempre he vivido con la percepción de que alguien abría las puertas y yo, simplemente, entraba por las puertas, eso sí, resueltamente”
(Circular número 9 del P. Ignacio Larrañaga a los Guías de Talleres de Oración y Vida, cuando la aprobación pontificia del 15 de octubre de 1997).








Pórtico

Una vida del P. Ignacio Larrañaga:
¿por qué, desde dónde, para quién?



Hace unos meses expiraba santamente el P. Ignacio Larrañaga, aquí, en Guadalajara, Jalisco (28 octubre 2013).  Moría en perfume de santidad y desde hace años, llevado y traído en olor de multitudes. Moría a los 85 años, y como fruto de una vida apostólica heroica, con éxitos asombrosos, deja los Talleres de Oración y Vida, iniciados en 1984. Innumerables “talleristas” han aprendido a orar con la pedagogía y técnica que desarrolla en quince sesiones. Los Guías de grupo, los fieles laicos que fraternalmente enseñan a orar en ese “taller” de “oración y vida”, de acuerdo a la estadística oficial de 2013, son 15.986[1].
A la hora de su tránsito a los brazos del Padre se volcaron las “Condolencias” en la página oficial de Internet que tienen los Talleres: 1010 en el curso de un par de meses. Muy interesante el recogerlas, imprimirlas, guardarlas… Algún día acaso sea necesario presentarlas en la oficina de las Causas de los Santos.

1. ¿Por qué escribir esta vida? Es justo que la memoria de un apóstol tan significado en la Iglesia sea guardada con detalle y amor. Por parte de los capuchinos, sin duda, porque hemos sido y somos sus hermanos, y hay una sintonía que nos la da nuestra propia sangre; por parte de la familia surgida en torno a los Talleres, que era no menos – incluso afectivamente más – su familia espiritual, muy real, en el Señor. Tocamos con ellos un punto muy delicado en su fisonomía espiritual. Era la familia que él había engendrado y – pienso –se sentía padre con todas sus vísceras. Ellos y ellas – los Guías - se sentían muy hijos; y, hablando en mexicano, lo “apapachaban” con su cariño. Todo esto es muy bello, muy dulce, y dicho así, limpiamente, sin ninguna connotación sospechosa.
A sus 50 años de sacerdocio podía escribir, sin rebozo, en un poema de ENVÍO, así titulado, que comienza:
Hijos míos, salgan al mundo
con las antorchas en las manos…”[2]
El P. Ignacio es conocido desde la explosión gloriosa que tuvo en América, primero con los Encuentros de Experiencia de Dios, iniciados en 1974; y luego, diez años después, y definitivamente, en los Talleres de Oración y Vida, a partir de 1984. Pero su historia precedente, los pasos de la ruta que fue dando como capuchino… parecen como si no hubieran existido; Y, sin embargo, esas son sus raíces, las que un día dieron vigor al árbol frondoso.

2. ¿Desde dónde escribo? Ante todo, desde unos documentos que están ahí y no se pueden olvidar. El P. Ignacio Larrañaga, cuando escribía, escribía sin notas a pie de página, salvo su primer libro, Muéstrame tu rostro. No es que escribiera sin el sólido refrendo de otros que han pensado antes, no; sino que, habiendo asimilado selectivamente lo que a él le interesada, lo que acaso procedía de otros pasaba a ser sustancia propia, germinal y creadora. Por eso, no le interesaban las notas y dejaba fluir plácidamente, deleitosamente, el discurso. La literatura de Ignacio es armónica y bella y tiene algo que, a quien se sienta enlazado con su pensamiento, la gozará como literatura cautivadora. Ahora bien, si queremos un libro que pueda pasar a los estantes de la Congregación Romana, por fuerza tiene que tener notas…
Una vida de Larrañaga se puede escribir en 100 páginas, en 200, en 500… Se puede ser meticuloso a la caza documentada  de las innumerables jornadas y semanas que impartió…, de los ecos que repercutían en la prensa del lugar y en las revistas franciscanas. Se puede adornar y contextualizar más y más biografía describiendo qué pasaba mientras tanto en entorno, porque las décadas de la vida de Ignacio Larrañaga han sido, en la vertiente de la Iglesia, las décadas de una nueva era que irreversiblemente ha empezado; es la conciencia que tengo, yo que tampoco soy joven, cumplidos ya mis 77 años y con 54 de sacerdote (2 abril 1960). He de renunciar a ello por varias razones. Porque no nos interesa abordar tantos detalles para alcanzar la unidad de una digna biografía; porque las circunstancias no propician que yo acceda a ese “Sitz im Leben”, complicado y apasionante, en que se fue desarrollando en los años subsiguientes al Concilio.
Escribiré, pues, narrativamente, con sencillez, desde documentos, rememorando una historia hermosa y fecunda; escribiré con el grato deseo de que el lector tenga una lectura fluida e, incluso, deleitosa. Escribiré, sobre todo – y esto es lo más importante – desde el corazón del apóstol Ignacio Larrañaga, que es donde cobra unidad su vida y misión.
El corazón de Ignacio ha quedado en La rosa y el fuego (1997), autobiografía esencial del autor, documento base para conocer al P. Ignacio: allí está tal como se veía a sí mismo, con la luz del Espíritu, con su cálida efusión afectiva, para contárselo a las personas que le querían y admiraban y podían comprenderle. El corazón de Ignacio está en sus Cartas a los Guías del mundo (la primera, 27 de abril de 1991; la última, número 28, febrero de 2013), cartas a corazón abierto, hoy fuente imprescindible para caminar con él en sus avatares de los fecundísimos 23 años culminantes de su vida. El corazón del P. Larrañaga está en sus libros. Él escribe como testigo de la fe, lo que cree – su fe abandonada al Padre – y lo que vive; sus libros, aun tratando temas, son “autobiográficos”. Si hay tanto material autobiográfico, opino que el citarlo por extenso en el momento oportuno, no será salirse de los códigos de un biógrafo.
El 4 de octubre de 1997, fiesta de San Francisco de Asís, fue una fecha cumbre de su vida, la aprobación de los Talleres de Oración y Vida. Allí, en Roma, quedó escrito en el mismo día; traigamos sencillamente esa página de su puño y letra.
¿O cómo poetizar, por poner otro ejemplo, sobre sus Bodas de Oro sacerdotales, cuando tenemos una Carta a los guías contándoles por menudo lo que pasó, lo que vivió aquel día feliz en el Santuario de Loyola?
Aquí tenemos algo muy importante que decir. Es una pregunta que nos sale en el camino: ¿Es que podemos conocer el corazón de una persona, “el yo”, diría también el P. Larrañaga? “Este es mi último libro – escribía en el Epílogo a Las Fuerzas de la Decadencia, epílogo memorial grabado con el título de “Canto a la Vida” –. Con este título dejo, en la estela de mis años, quince volúmenes. Al final de la jornada quisiera hacer constatar, a modo de declaración, que el propósito general que subyace y palpita bajo esta espesa producción no ha sido otro sino entregar un mensaje de vida y amor”.
El P. Ignacio fue consciente de que su vida era un libro de vida y amor. Así lo vemos nosotros. Pero él sale a nuestro encuentro y con voz paternal (que era su voz) nos dice: No os confundáis, todo ser humano es un libro de vida y amor. Y de este mismo libro recogemos, como guía de esta peregrinación por su corazón, una palabra que dirige a todos y cada uno y que nos sirve como frontispicio de esta obra.

“Puedo gritar a todos los vientos – no habla él, sino todo ser humano –: “Mi caso no se repite”. En la historia de la humanidad soy uno y único, “nadie como yo”. Desde la época de los prehomínidos hasta que expire el .último habitante de la tierra, mi caso jamás se repetirá. Mi unicidad es sagrada, de manera semejantes que Dios es uno y único. Ni todas las clonaciones del mundo podrán conseguir jamás que mi yo se repita. Mi yo es sagrado e inmortal, único e irrepetible” (Las Fuerzas de la Decadencia, cap. I).

Con este aviso por delante, al redactar estas páginas, he de decir que seguramente no haya entrado en el corazón, sino que simplemente me haya quedado en el umbral.

3. Y ¿para quién escribo? Para ustedes, familia espiritual del P. Ignacio, a quien tanto amasteis y seguís amando, Guías de todo el mundo, a los que él convocaba para una “refundación” cercanos los 30 años de vida (carta circular, n. 28, Santiago, febrero 2013), tomando nueva conciencia de este carisma que el Espíritu del Señor había regalado a su Iglesia. Para vosotros, hermanos míos capuchinos, para que tomemos plena conciencia de un hermano singular, entre muchísimos otros – nuestros ojos los han visto – que han compartido oración, paño y mesa.
En fin, para quienes un día, por casualidad, por providencia…, oyeron hablar de un Padre Larrañaga, y ávidos de las cosas de Dios, quieren saber quién fue este insigne espiritual, maestro de vida.
Por último, un pensamiento que asoma por las ventanas del corazón: Acaso la vida de este ciudadano y hermano, de este hijo de Dios, Ignacio Larrañaga Orbegozo, me esté diciendo a mí – es decir, a ti – que mi vida, la tuya, sea un itinerario de amor, humilde y bellísimo, que tengo que acariciar con gratitud, y quizás no lo había descubierto.
Que la Madre del Señor, la dulce Virgen del silencio de Nazaret, nos conduzca en esta empresa que hoy emprendemos.


A los diez meses de la muerte del Padre Ignacio Larrañaga

Hoy, 28 de agosto de 2014, se cumplen diez meses de la santa muerte del Padre Ignacio Larrañaga. La memoria del justo es bendición, y confiamos que haya comenzado esta larga memoria de bendición de nuestro muy querido hermano Padre Ignacio Larrañaga. A llegar a los ocho meses de su fallecimiento (28 de junio) quise dar a conocer por menudo lo que fue la vida del Padre Larrañaga antes de que su nombre comenzara a hacerse conocido en Chile y luego en muchos países. De hecho los fervientes Guías de los Talleres de Oración y Vida ignoraban los años que su Padre Fundador fue formándose en España y ejerció sus primeros ministerios en las comunidades capuchinas de San Sebastián y Pamplona. Era el contenido principal, sus años en España, de las largas páginas aquí volcadas. Muchos han podido leerlas; el contador marcaba 184 visualizaciones. Hoy las retiramos por un criterio normal de edición. Esperamos que el próximo año aparezcan, corregidas en detalles y notablemente aumentadas en la publicación científica de los Capuchinos de España Estudios Franciscanos, a petición de su Director, José Ángel Echeverría. En una entrega posterior se completará la Vida y herencia del Padre Larrañaga con la parte más importante: la gracia que el Señor le concedió de promover en la Iglesia el espíritu de la santa oración y devoción, la cual las otras cosas temporales deben servir. La publicación que aparecerá en la citada revista será el lugar original para citar correctamente la información que reciban los lectores.
Confiamos que entretanto la Providencia del Señor nos conceda la gracia de publicar algún escrito menor que exponga de manera sencilla, narrativa y suficientemente completa lo que ha sido la vida del Padre Ignacio Larrañaga y la herencia que deja en la Iglesia.
En alabanza de Cristo, el Señor. Amén.

Guadalajara, jalisco, 28 de agosto de 2014.

fr. Rufino María Grández, capuchino

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