viernes, 11 de julio de 2014

571. Jesús, el sembrador, y la tierra buena



Homilía para el domingo XV del tiempo ordinario, ciclo A

Mt 13,1-23

 

Texto evangélico:
Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era pro-funda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son du ros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.  En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la Palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y sé queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Hermanos:
1. Abrimos el capítulo 13 del Evangelio de san Mateo, que es el capítulo de las parábolas, de una colección de parábolas. Somos dichosos de recibir esta gracia de escuchar a Jesús. Acabamos de oír: muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Disfrutamos, pues, de un privilegio que los profetas no gozaron. Bien pensado, somos, en el fondo, más afortunados que Isaías, que Oseas, profeta que hemos leído en la misa estas días pasados, y que no habló con palabras estremecidas del amor de Dios. Somos más felices.

2. ¿Qué nos dice, pues, Jesús y cuál es la felicidad que él nos trae? El capítulo de las parábolas se abre con la parábola del Sembrador, igual en el Evangelio de san Marcos. Y en esta parábola encontramos un sembrador, una semilla, y cuatro terrenos con cuatro suertes muy diferentes. En el primer caso no hay cosecha; en el segundo y el tercero hay cosecha, pero raquítica y ahogada; en el cuarto caso hay una cosecha agradecida, pero variada, del 30, del 60, del 100 por uno.
¿Qué significa todo esto? Jesús mismo, según la tradición evangélica, nos da el significado, formulando una catequesis. Los puntos de esta catequesis son los siguientes:
Primero: que el sembrador es el mismo. Se supone que es Jesús. Mirando desde esta parte, el fruto, la cosecha, tiene que ser espléndida, porque el Sembrador es nada menos que Jesús, digamos nosotros: el Hijo de Dios venido a la tierra.
Segundo: que los terrenos son variados, o por la calidad del suelo, o por otra circunstancia.
Aquí es donde Jesús se detiene en la explicación.
Tercero: Que hay una tierra buena, si bien es cierto, que con distinta producción. Esto conviene ponerlo aparte, porque a lo mejor esto era lo más importante que quiere anunciar Jesús, de tal modo que los otros tres primeros terrenos no son más que el preámbulo paradestacar lo que a él le interesaba anunciar, como lo explicaremos.

3. Veamos, pues, los detalles, en los cuales se detiene Jesús como catequista, y con él la comunidad que ha recibido su predicación. La semilla cae en el camino, pero no entra en la tierra. Es lo mismo que tener en la mesa unos ricos alimentos, pero de la mesa no pasan al estómago, porque estoy inapetente, porque tengo prisa, y tengo que devorar unos bocados mirando el reloj. Es lo mismo que uno que luce en su estantería hermosos libros, pero no los lee. Están de adorno, y no entran en la cabeza.
Dice Jesús: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Si escuchamos la palabra de Dios debemos escucharla de verdad, con atención e interés. Tantas homilías se oyen pero no entran para nada en el corazón. Decimos en castellano. Eso es hablar a sordos. Y el otro refrán: No hay peor sordo que el que no quiere oír.

4. Segundo terreno: la tierra es buena, pero superficial, porque debajo está la roca. Buenas personas pero… es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Sin duda que en esta descripción de Jesús hay muchísimas personas: que son buenas, que se emocionan por lo que han vivido, pero que se les pasa pronto; no son constantes. Y no saben lo que es sufrir la persecución por ser fiel a la palabra de Dios. ¡Qué pena! Tantas energías que se podían haber aprovechado, y, al fin, nada.

5. Quizás nos sintamos más identificados con los representados en el tercer terreno: La tierra es buena, incluso hasta muy buena, pero con la semilla crecen espinas y razas, que uno no se preocupa de quitar. Y como no pueden crecer juntas, la planta más fuerte ahoga y se come a la otra. el que escucha la Palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y sé queda estéril.
El trabajo es bueno, pero también puede haber vicio de trabajar, y eso se come la vida. El dinero, al la prosperidad económica son medios, pero y la seducción de las riquezas es un engaño, que crea una esclavitud, y, al fin, ahogan la palabra.
Esta es la forma más frecuente en que sucumbe un cristiano: el amor al dinero, el siempre más y más…, de donde viene la soberbia, la prepotencia, la envidia, la corrupción y, en el fondo, la desgracia.

6. Y con todo, hermanos, os decía que la parábola tiene un cuarto terreno: es la buena tierra que acoge la semilla, y da fruto, porque no hay impedimentos que malogren la cosecha. Ahora bien, el fruto no es parejo: aquí la semilla da 30, aquí 60, aquí 100. Los labradores saben muy bien que el trigo no puede producir en esa proporción, pero Jesús idealiza para exponer una gran verdad, que, aun en los buenos, la cosecha no tiene siempre la misma proporción.
Aquí nos debemos detener porque esto es más importante que todo lo anterior. Los intérpretes agudos del sencillo texto evangélico se han hecho esta pregunta: ¿Qué quiere decir Jesús en el fondo? ¿Que en la vida hay terrenos diferentes y que uno se va a encontrar de todo? Sin duda, pero el acento no carga ahí.

7. Jesús nos invita a que nos fijemos en la tierra buena. Todas las personas de bien, que ponen alma, vida y corazón en lo que hacen, pueden estar sometidas a una sutil tentación: ¿Merece la pena…? ¿Ya valdrá algo lo que estoy haciendo? ¿Para qué…?
Jesús mismo se ha tenido que plantear estos interrogantes y se ha respondido a sí mismo y ahora nos responde a cada uno de nosotros, que queremos ser personas de bien, sembradores de la semilla de Dios por el mundo.
La respuesta es consoladora y enormemente esperanzadora: Merece la pena. Siempre hay tierra buena, absolutamente siempre; allá donde vayas te has de encontrar con personas que buscan a Dios. Allí mismo donde vivo hay gentes maravillosas que están buscando a Dios.
Desde la altura de mi vida puedo decirlo: El Evangelio es fecundo. Y si yo esparzo la semilla no ha de faltar la tierra buena del 30, del 60, del 100 por uno.

8. Señor Jesús, tú anunciaste el Reino del Padre, no vacilaste y encontraste la tierra buena. Haz que yo mismo, cristiano y discípulo, con mi testimonio y con mi palabra anuncie lo que tú anunciaste, con el gozo y la plena seguridad de que el Padre ha de bendecir su obra y nunca faltará la tierra buena. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 11 julio 2014

Himno para este domingo: Sembrador de semillas divinas (mercaba.org / Rufino María Grández /El pan de uno versos / Tiempo inordinado: Dominicales)

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