viernes, 1 de agosto de 2014

578. Domingo XVI1I - El don de la multiplicación de los panes, don para compartir



Homilía en el domingo XVIII del tiempo ordinario

ciclo A, Mt 14,13-21:

Monasterio de hermanas Clarisas Capuchinas de
San Luis Potosí (México)

Texto evangélico:
Al enterarse Jesús (de la muerte de Juan Bautista) se fue de allí, en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ellos y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide  a la multitud para que vayan  a las aldeas y se compren comida. Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Dadle vosotros de comer. Ellos le replicaron: “Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces”. Les dijo: “Traédmelos”
Mandó a la gente que se recostara en al hierba y tomando los cinco panes y los dos peces alzando la mirada al cielo pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Hermanos:

1. La multiplicación de los panes es un milagro esplendoroso de Jesús, y para quien lee los Evangelio desde la fe es la irradiación plena de su divinidad. Al pronunciar estas palabras, estoy dando el sentido global de la escena. Esta escena nos lleva no a los que llamaríamos pequeños milagros de la multiplicación de alimentos, como sucede en Elías y en Eliseo, milagros “tópicos” que se repiten en la vida de muchos santos, sino a la gran gesta de Dios con su pueblo que durante cuarenta años lo alimentó hasta la entrada en la tierra prometida.
Esta es una interpretación grandiosa.

2. Con todo desde hace unos decenios, como la palabra de Dios tiene tantos puntos de vista, hay una querencia especial en destacar un verso de este relato y centrarnos en él para sacar comprometedoras consecuencias: Dadles vosotros de comer. Un eslogan que lo he visto como eslogan de la fiesta de Corpus Christi. La Eucaristía nos debe llevar al compartir de la caridad. En sí mismo es correcto; la Eucaristía lleva al compromiso, a la caridad.

3. Esta frase “Dadle vosotros de comer” ha golpeado fuertemente el corazón del Papa Francisco, que dos veces la ha recogido en la exhortación apostólica La alegría del Evangelio haciendo sus reflexiones. La Iglesia debe tomar muy en serio este mandato de Jesús: Dadle vosotros de comer.
Vamos a recoger los dos párrafos en los que el Papa vuelve sobre la frase del Evangelio de hoy.

4. El primero es el número 49:
“Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37)”.

5. El segundo es el número 188. “La Iglesia ha reconocido que la exigencia de escuchar este clamor brota de la misma obra liberadora de la gracia en cada uno de nosotros, por lo cual no se trata de una misión reservada sólo a algunos: «La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas». [Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Libertatis nuntius (6 agosto 1984), XI, 1: AAS 76 (1984), 903]. En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos” (La alegría del Evangelio, 188).

6. Los teólogos sensibles a la Teología de la Liberación se fijan también en otro detalle del comienzo del Evangelio. En el detalle de que había alguien que tenía cinco panes y dos peces. Y Jesús hizo la multiplicación de los panes no de la nada, sino de ese poco que había. Ese poco lo partió y repartió, y con su bendición hubo para todos y sobró en abundancia. Reflexiones oportunas en una situación de miseria de la familia humana. El hambre sigue siendo una de las primeras necesidades vergonzantes de la humanidad, cuando hay alimentos para todos. Si se reparte con generosidad, todos tenemos pan en la mesa.

7. Con todo esto, hermanos, vuelvo al inicio de la reflexión de esta homilía. Las expresiones de los Evangelios nos invitan a ver a Jesús en la Eucaristía. La Iglesia ha tomado de este pasaje las palabras y los gestos para el momento de la consagración. Obsérvenlo:
Primero, tomó el pan (los cinco panes y los peces).
Segundo, “alzando la mirada al cielo”.
Tercero, “pronunció la bendición”.
Cuarto, “partió los panes”
Y quinto, “y se los dio a los discípulos”
Ya veis, hermanos, hemos calcado los gestos de Jesús para decir: La Eucaristía, precisamente la Eucaristía, es la multiplicación de los panes.
De una manera más amplia lo desarrollarán san Juan, pero bien podemos observar que este es el sentido profundo que nos quiere transmitir san Mateo.

8. Decimos, por tanto a Jesús:
Jesús, la Eucaristía que vamos a recibir, esa es la verdadera multiplicación de los panes. Haz que mi corazón sepa ver el infinito don que tú nos entregas gratuitamente, y que, como cristianos, como discípulos tuyos, sepamos compartirlo con nuestros hermanos los hombres. Amén.

San Luis Potosí (México), viernes, 1 agosto 2014.

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