viernes, 8 de agosto de 2014

580. Domingo XIX - Jesús y la barca de la Iglesia



Homilía en el domingo XIX del tiempo ordinario

ciclo A, Mt 14, 22-33

Texto evangélico:
Enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaron a la otra orilla mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de medio, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: “¡Ánimo, soy yo. No tengáis miedo!”
Pedro le contestó: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua” Él le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús, pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?” En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios”.

Hermanos:

1. Nuestras homilías de domingo las centramos en el Evangelio. A veces nos referimos a tal o cual frase que ha aparecido en la primera o segunda lectura. Lo importante es que la homilía cuadre en la armonía de toda la celebración, y facilite ese diálogo establecido entre Dios y su pueblo, como tan bellamente nos lo ha explicado el Papa Francisco en la exhortación “La alegría del Evangelio”. “La homilía es un retomar ese diálogo que ya está entablado entre el Señor y su pueblo” (n. 137).
Hay en los textos de hoy una frase estremecedora de san Pablo declarando su amor a los judíos: “desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne” (Rom 9,3).
Estamos hace un mes en la guerra entre Israel y Gaza y en el mundo hay una general indignación contra Israel por la devastación que va dejando la guerra. La prensa internacional nos da literalmente estos datos de última hora, citando a un periódico español:
“La ONU estima que en cuatro semanas de guerra murieron 1.869 palestinos, de los que 1.380 eran civiles, según la ONU. La organización multilateral calcula que 217 pertenecían a grupos armados [el Ejército de Israel, en cambio los cifra en 900]. Desde que empezó la operación militar, el 8 de julio, han muerto 67 personas en el lado israelí. 64 eran soldados que participaban en la invasión de Gaza y tres eran civiles” (El País Internacional, edición informática, Madrid, sábado 9 de agosto de 2014).
Esta ofensiva brutal, rechazada por la sensibilidad internacional, tiene sus orígenes en la lucha irreconciliable de Hamás-Israel. En la Carta fundacional de Hamas (Partido dominante en Gaza) se dice, por ejemplo: “El día en que los enemigos usurpan una parte de la tierra musulmana, la Yihad [la Guerra Santa] pasa a ser deber individual de todo musulmán. Frente a la usurpación judía de Palestina es obligatorio alzar el estandarte de la Yihad. Para ello es preciso propagar la conciencia islámica en las masas, a nivel tanto regional como árabe e islámico. Es necesario instilar el espíritu de Yihad en el corazón de la nación, para que se enfrenten a los enemigos y engrosen las filas de los combatientes” (Wilipedia).
Son dos posturas irreconciliables, que están alimentadas por dos concepciones de estado de invasión de un territorio poseído, y por unos odios que llamaríamos sagrados… ¿Qué hacer ante ello?
Humanamente no se ve solución. Y, sin embargo, los conflictos humanos tenemos que resolverlos los hombres. Lo único que sabemos por el momento es que matarse tampoco es solución.
Es trágico todo lo que va ocurriendo. A nosotros no se nos ha dado ni voz ni voto. Tenemos que orar y ese Dios poderoso que lo veneran como Dios único tanto musulmanes como judíos, es el que puede cambiar nuestros corazones.

2. Pasemos directamente al Evangelio. Aquí también se nos habla de tormenta, una tormenta que agita a la barca de Pedro, pero por la gracia de Dios, sin naufragio. Veamos unos puntos clave de esta escena, que ya en tiempos en que se escribió era el retrato de lo que estaba pasando en la Iglesia, y que hoy también puede ser el retrato de una iglesia zarandeada, azotada, removida por las olas de la historia, por nuestros pecados, pero que tiene delante a Cristo sobre el agua.
O puede ser el símbolo de mi propia vida sacudida por el huracán y a punto de naufragar.

3. Recordemos, ante todo, la secuencia de los hechos. Jesús con un signo grandioso había dado de comer a la multitud. El evangelista nos estaba diciendo que aquello era más grande que lo ocurrido con el maná en el desierto.
Jesús despidió a la gente y subió al monte a orar en la noche; lo necesitaba. San Juan nos dirá que huyó al monte, porque querían cogerlo para hacerle jefe y caudillo. Tenía necesidad de internarse solo en la intimidad de Dios.
Hermanos, siempre debemos orar; pero en los grandes momentos de nuestra vida, mucho más.
Jesús está en el cerro y mientras tanto sus discípulos navegan por el lago agitado, con las olas encrespadas. En una mala, la barca puede venirse a pique. Jesús lo ve, o, mejor dicho, lo sabe. Y a la madrugada acude él mismo, sin ser llamado, sobre las olas. Es una escena que a todo cristiano le puede evocar la presencia de Cristo Resucitado sobre nuestra vida; una escena pascual de lo que hoy está aconteciendo.

4. La barca es la comunidad, es la Iglesia. Parece que la Iglesia se viene a pique. Jesús en la lejanía, y en lo oscuro de la tormenta les dice: Tranquilizaos, Yo soy, No tengáis miedo. Tres palabras que con cuidado las anota el Evangelio. Los apóstoles daban gritos al ver aquel fantasma. Y entonces Pedro interviene. ¿Por qué Pedro? Porque Pedro es el patrón de la barca, de la Iglesia. Y Pedro tiene valor para decir un signo poderoso: Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua.
Así de claro y contundente. Esa la hora en que esta situación requiere un milagro.

5. Hermanos, quizás sea exactamente nuestra hora, en esta tremenda sacudida que ha experimentado la Iglesia. Cristo le dice: “Ven”, que es lo que nos está diciendo a nosotros. Ven, salta al agua, no tengas miedo.
Y las olas del agua son  como un pavimento sólido. Y Pedro se acerca a Jesús. Pero de repente Pedro se dio cuenta de que era Pedro. Pedro no puede nada y se hunde. Un Papa no puede nada, se llame Pedro, Francisco o Benedicto. Ningún Papa puede llevar la Iglesia de Cristo, si vacila y retira su fe.
¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?
Entonces los dos subieron a la barca, Jesús y Pedro.
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
No podemos navegar con el viento revuelto. Amainó el viento.
Y los discípulos se postraron, con esa postración con que nosotros adoramos a Cristo en el culto, en la Eucaristía, en la vida. E hicieron esta confesión de fe: “Realmente eres Hijo de Dios”

6. Señor Jesús, confesado como Hijo de Dios en la olas del mar, en la marejada de nuestra vida, y en este momento concreto de nuestra historia, nosotros, como los apóstoles, proclamamos: “Realmente eres Hijo de Dios”

Guadalajara, Jal., viernes 8 de agosto de 2014.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
Matarse no ha sido una solución nunca. Pero la maldición de la guerra ha planeado siempre sobre ese pequeño corredor del Mediterráneo desde hace casi tres mil años. Ríos de sangre se han vertido en ese pequeño e insignificante pedazo de tierra, invadido inexorablemente, en principio, por los imperios más próximos, y luego por imperios remotos, que están en la mente de todos porque está escrito.
Sin ánimo de hacer historia, el Estado de Israel se ubica hoy aproximadamente en los mismos lugares que un lejano ayer. Y ya, desde el mismo día de su creación como entidad jurídica de pleno derecho, hubo de sufrir las apetencias de los países vecinos, que aspiraban a su aniquilación. Y ya desde el primer momento se vio obligado a luchar por su supervivencia.
Todo el mundo se rasga los vestidos ante la actuación del Estado de Israel, que desde el mismo día de su fundación ha soportado continuas guerras sangrientas para sobrevivir. Israel es el único país en el mundo que no se puede permitir el lujo de perder una guerra contra sus vecinos, porque sería “borrado del mapa político” mundial, como han jurado algunos de sus vecinos. Afirmación trágica, pero cierta. Y ellos lo saben. En una guerra Israel se juega el TODO O NADA, VENCER O DESAPARECER. Quien ha vivido esa realidad diaria lo sabe muy bien.
Todas las guerras tienen víctimas inocentes. En todas las guerras hay mujeres, niños y ancianos que mueren sin saber por qué. Hay casas destruidas. Hay ciudades arrasadas. No existen guerras “light” de efectos “ecológicos”. Nos escandalizamos ante el número de víctimas, y con razón. Pero ¿no se trata de una guerra abierta?. ¿No se usan armas mortíferas?.
Los conflictos humanos sólo los pueden resolver los humanos. Pero para eso se deben dar unos condicionantes que aquí no se dan. Hay paz cuando dos quieren la paz, no uno sí y otro radicalmente no.
Casi todos los países del mundo exigen a Israel el cumplimiento estricto de las normas internacionales, pero a la organización (declarada terrorista) de Hamás, que domina Gaza por la fuerza, no se le exige nada. ¿Por qué?. En una guerra los dos contendientes están sujetos a las mismas normas. ¿O en este caso no?. Todos condenamos lo que sucedió en la ciudad británica de Coventry durante la II G.M., pero olvidamos con facilidad lo que pasó en la ciudad alemana de Dresde.
Saludos. Juan José.

Anónimo dijo...

En la transmisión de hoy también arreciaba el viento y se oía regular en momentos... Más allá de este pequeño impedimiento tengo que decir que me ha satisfecho que dentro de la homilia haya hecho un comentario sobre la situación actual en Gaza: Una tragedia de nuestros días que nos deja perplejos. Sigamos confiando en el Señor para que en esa Tierra, la suya se logre al fin la Paz. P. Morales

Anónimo dijo...

La tragedia de Gaza nos deja perplejos. ¿Sólo nos deja perplejos la guerra en Gaza?.
¿Y la tragedia en Irak?.
¿Y la tragedia en Siria?.
¿Y la tragedia en Afganistán?
¿Y los conflictos armados en Mali, Nigeria y Libia?.
¿Y las masacres de cristianos en África?.
¿Y las masacres de inocentes por motivos religiosos en Irak?.
Juan José.

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