domingo, 10 de agosto de 2014

581. Es Clara húmeda luna: Los encuentros de san Francisco



Es Clara húmeda luna
Los encuentros de san Francisco

El itinerario espiritual de san Francisco se puede describir como un “camino”. Justamente este año 2014 se conmemoran los 800 años del Camino de Santiago, que quiso hace san Francisco. “¡Buen camino, peregrino!, dice el eslogan de los de los peregrinos de Santiago. Y algún cartel de uno de los monasterios de acogida nos lanza este lema: Jesús es el camino.

Nota. Se cumplen 800 años del posible viaje de san Francisco a Santiago de
Compostela. No hay certeza total, pero hay huellas en las fuentes franciscanas: quería ir a Marruecos a predicar el Evangelio y “una vez que entró en España... le mandó el Señor una enfermedad que le hizo retroceder en su camino” (1C 56). La Legenda Maior [San Buenaventura] dice que viajó a Santiago con su compañero Bernardo. Otra fuente dice que hizo san Francisco prodigios “a su regreso del viaje a España” (Tomado de: V Curso de educadores profundización en el Franciscanismo. Año 2º Aprender a Francisco y Clara de Asís en modos nuevos. Escuela Superior de Estudios Franciscanos. Capuchinos, El Pardo). Véase el mensaje del Ministro General de los Capuchinos, Mauro Jöhri, con este motivo.

Se puede describir como una serie de encuentros. Y al eco de los unos ejercicios que acabamos de tener los hermanos capuchinos, al eco de las meditaciones impartidas por una querido hermano venido de Chile, Miguel Ángel Ariz, están escritos los poemas de los encuentros. Hay estos y otros encuentros no consignados en este poemario, por ejemplo,
- El encuentro de Francisco con el Sultán.
- El encuentro de Francisco con la Hermana Muerte, que corona todos los encuentros.
Anteponemos como título el encuentro de Francisco con santa Clara para que en su fiesta (que es mañana, 11 de agosto de 2014) sea ella quien nos lleve a Jesús por esa senda de humildad, de verdad y de ternura, que el pequeño Francisco ha descubierto
1. El encuentro con el leproso
2. El encuentro con Jesucristo
3. El encuentro con el Padre del cielo
4. El encuentro con el Evangelio
5. El encuentro con los hermanos
6. El encuentro con los “menores”
7. El encuentro con la crisis
8. El encuentro con Clara.


1. El encuentro con el leproso
(Testamento de san Francisco)

“El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco, y salí del mundo” (Testamento de san Francisco, 1-3).

1. Y entonces salí del mundo,
y otro distinto yo era;
los leprosos me gustaban,
el alma de gracia llena.

2. Los abrazaba y besaba
como un amante que besa,
con pasión para servirlos,
con ternura y reverencia.

3. Los leprosos me enseñaron
dónde Jesús se revela,
dónde empieza el mundo nuevo,
dónde está el reino que llega.

4. Los leprosos me sanaron,
me curaron de mi lepra.
me dieron un alma pura
y una alegría serena.

5. Y en la tarde de mi vida
volver con ellos quiera,
¡Ea, hermanos, comencemos,
que el amor siempre comienza!

6, Cuando yo estaba en pecados
el verlos era violencia,
y Dios cambió mi amargura
con su escudilla y su mesa.

7. Era Dios quien me llevaba,
igual  que ahora me lleva;
mi vida es Dios en mi vida
si riqueza en mi pobreza.

8. ¡Gloria a ti, Jesús amado,
la gloria de mi indigencia,
tú eres el don de mi historia
y en tus manos soy tu enseña! Amén

2. El encuentro con Jesucristo
(Cristo de San Damián)

“Ya cambiado perfectamente en su corazón, a punto de cambiar también en su cuerpo, anda un día cerca de la iglesia de San Damián, que estaba casi derruida y abandonada de todos. Entra en ella, guiándole el Espíritu, a orar, se postra suplicante y devoto ante el crucifijo, y, visitado con toques no acostumbrados en el alma, se reconoce luego distinto de cuando había entrado. Y en este trance, la imagen de Cristo crucificado -cosa nunca oída-, desplegando los labios, habla desde el cuadro a Francisco. Llamándolo por su nombre: «Francisco -le dice-, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo». Presa de temblor, Francisco se pasma y como que pierde el sentido por lo que ha oído. Se apronta a obedecer, se reconcentra todo él en la orden recibida” (2 Celano 24).

1. Te encontré, Jesús amado,
llamándome con ternura:
mi corazón en tus labios,
hablando las Escrituras.

2. Te encontré en la cruz clavado,
y morando ya en la altura,
tus ojos resplandecían,
me llagaron y aún me dura.

3. Me hirieron de compasión,
y de piedad sin mesura,
de santa misericordia
y de infinita dulzura.

4. De dolor muy silencioso
perdonadas ya mis culpas,
de confianza sin reproche
de abandono y paz segura.

5. De energía y resistencia
igual que la piedra dura,
y al mismo tiempo sentía
que era suave y mansa lluvia.

6, Mi Jesús de san Damián,
mi secreto que perdura,
la ermita de mi llamada,
el atrio de la Porciúncula.

7. Mi Jesús que eres mi rostro
y mi vida transfiguras,
Jesús de mí enamorado,
dejándome sin preguntas.

8. ¡0h alto y glorioso Dios,
en la cruz vida profunda,
saturado de tu afecto
condúceme por tu ruta!

9. Que te bese, que te llore,
que sienta cómo me inunda
tu amor primero, amor fiel,
que ha de ser mi gracia última.

10. Dulce Jesús de mi encuentro,
de afectos sin atadura,
me conoces, te conozco,
sea, pues, el alma una. Amén.


3. El encuentro con el Padre del cielo
(Despojo ante su padre - Las Alabanzas divinas)


“…Una vez en la presencia del obispo, no sufre demora ni vacila por nada; más bien, sin esperar palabra ni decirla, inmediatamente, quitándose y tirando todos sus vestidos, se los restituye al padre. Ni siquiera retiene los calzones, quedando ante todos del todo desnudo. Percatándose el obispo de su espíritu y admirado de su fervor y constancia, se levantó al momento y, acogiéndolo entre sus brazos, lo cubrió con su propio manto. Comprendió claramente que se trataba de un designio divino y que los hechos del varón de Dios que habían presenciado sus ojos encerraban un misterio. Estas son las razones por que en adelante será su protector. Y, animándolo y confortándolo, lo abrazó con entrañas de caridad” (1 Celano 14).

1. Sencillamente desnudo
ante ti, mi Padre amado,
desnudo todo, desnudo
cual Jesús crucificado.

2. Desnudo como un infante
que nace desamparado,
y Dios me acoge en el mundo
con su cálido regazo.

3. Todo tengo si desnudo
solo Dios es mi regalo,
su preciosa libertad
será la ley de mis pasos.

4. Y me ha de dar su comida
el que alimenta a los pájaros;
no digo tu corazón,
porque entero me lo has salto.

5. Desnudo me veo puro
sin ningún placer malsano,
oh Padre mío amoroso,
como era Adán sin pecado.

6. Desnudo en toda verdad
por tu mirada acunado,
desnudo para el combate
solo por ti aprisionado.

7. Desnudo ya para siempre
con cánticos en mis labios,
la alabanza es mi hermosura
y tu ternura es mi manto.

8. Ahora sí que llamaré
Padre al Padre revelado,
Padre mío y de Jesús
que los dos somos hermanos.

9. Padre Dios de mis entrañas,
hoy de nuevo aquí engendrado,
en el seno de la Iglesia
por el Espíritu Santo.

10. Y que me dejen desnudo
para el abrazo sagrado,
cuando mi esposa se acerque
para el festín deseado,


4. El encuentro con el Evangelio
(Evangelio de la Porciúncula, 1 Cel 22)

1. El Señor me reveló
el gozo del Evangelio;
ya el tercer año corría
de los primeros encuentros.

2. Fue una mañana en que entré
como yo solía hacerlo,
pero aquel día bendito
Dios me esperaba al acecho.

3, Y yo escuché la palabra
de mi Divino Maestro,
y comí con la Palabra
el celestial Sacramento.

4. El humilde capellán
me explicó el sentido cierto;
una familia de hermanos
tuvo entonces nacimiento.

5. No llevéis para el camino
ni alforja ni algún dinero,
ni sandalias ni bastón
ni túnica de repuesto.

6. Y yo salté de alegría
al dar nombre a mi deseo:
¡Es esto lo que quería,
es esto lo que yo anhelo!

7. El Evangelio es mi norma,
es Jesús mi dulce encuentro,
toda mi sabiduría
y otro secreto no quiero.

8. Ebrio de amor y de Espíritu
me lancé por el sendero,
y predicaba la paz,
don y abrazo para el pueblo.


5. El encuentro con los hermanos
(Testamento de san Francisco)

1. Una locura de amor
fue el comienzo del camino:
yo quería el Evangelio
sin otro plan que vivirlo.

2. Luego vinieron hermanos,
que yo no había pedido.
¿Qué buscaban?, ¿qué querían?
Vivir como yo lo mismo.

3. El primero fue Bernardo,
primogénito querido;
Pedro Cattani el segundo,
canónigo distinguido.

4. Y siendo tres de familia
al Evangelio acudimos,
y al azar – que Dios hablara –
el sagrado texto abrimos.

5. Dejadlo todo y seguidme
por tres veces eso oímos,
¿qué otra regla precisábamos,
si tan claro estaba dicho?

6. Y así Jesús fue creando
su pequeño rebañito;
ser hermanos, solo hermanos,
desde el principio quisimos.

7. El pobre que nade tiene,
tiene en su hermano cobijo,
y uno a otro nos amábamos
con ternura y con cariño.

8. Nadie más y nadie menos,
todos uno y tan distintos
con afecto muy sincero,
con cortesía y estilo.

9. ¡Oh santa fraternidad
que no desdeña al caído,
que percibe el don de todos,
como don de Jesucristo!

10. El Señor hizo el milagro,
que no el gusto ni el instinto,
oh santa fraternidad
corazón que compartimos!

6. El encuentro con los menores
( “Y ninguno se llame prior, sino todos sin excepción llámense hermanos menores. Y el uno lave los pies del otro Jn 13,14”. 1 Regla VI).

1. Un día yo comprendí
- el leproso me enseñó –
que la pobreza no vale
si no me hace menor.

2. Y también llegué a saber
que esta divina lección
la Sorbona no la dicta,
sino solo el pecador.

3. Por eso, hermanos, os digo:
Nadie se llame prior;
uno a otro ha de lavarse
los pies con gran devoción.

4. Nuestro Jesús se ha humillado,
miradlo en la Encarnación,
miradlo en la Eucaristía
con amoroso temblor.

5.  Muy a gusto hemos de estar
entre baja condición;
ellos serán los maestros
que el Señor nos envió.

6. El gozo de los humildes
es gozo y consolación,
nadie podrá arrebatar
lo que solo Dios nos dio.

7.  Otro mundo es hoy posible,
digámoslo sin rubor,
otra Iglesia y otra casa,
si yo ofrezco comprensión.

8. Otro foro de hermandad
con su sala y comedor
si a los humildes abrimos
las puertas del corazón.

9. Yo, Francisco, eso anhelaba,
que el Señor me lo inspiró,
y es la herencia que dejaba
al daros mi bendición.

10. Seguid siempre el Evangelio,
vividlo con ilusión,
sed humildes y pequeños,
y ¡la gloria a solo Dios! Amén.


7. El encuentro con la crisis
(“Las tentaciones del santo…” 2 Cel 115 y paralelos
Parábola de la verdadera alegría, en la redacción del hermano Leonardo, historia velada de la crisis de san Francisco. Acaso los hermanos en 1212 eran 100; en 1216 eran 1.000; en 1221 eran 3.000...)

1. Nunca fui yo más hermano
que con corona de espinas:
dos años y más duraba
la crisis que padecía.

2. Iba triste y solitario
y a nadie verle quería,
y renuncié a mi cayado
porque ya más no podía.

3. La santa simplicidad
mis ojos no la veían,
la legión de mis hermanos
otra cosa parecía.

4. Las casas eran de piedra,
monasterios se diría,
el trabajo fatigoso
con limosna se suplía.

5. Hermanos itinerantes
por el mundo no salían,
y para bien predicar
su librería tenían.

6. ¿Adónde el hermano irá
con ardiente bizarría?
Juzgar no puedo, mi Dios,
no entiendo y todo me humilla.

7. Recibe, Padre, mis lágrimas,
que la luz en mí no brilla;
con los salmos doloridos
escucha mi letanía.

8. Preguntadle a Fray León,
humilde y pura ovejita,
qué padece, por qué sufre
mi alma tan afligida.

9. Mas escúchame, Ovejuela,
mi confidencia sencilla
y te diré dónde está
la verdadera alegría.

10. Los Maestros de París
vienen a nuestra familia,
contritos y convertidos:
No es esa vera leticia.

11. Los arzobispos y obispos
cubriéndose de ceniza
se hacen hermanos menores:
No toques la campanilla.

12. Y el mismo rey de Inglaterra
y el de Francia, ¡maravilla!
se han hecho siervos de Dios.
¡No lances tu poesía!

13. Y que todos los infieles
dejaron su idolatría
por mis benditos hermanos.
¡No cantes, paloma mía!

14. Y que el hermano Francisco
tiene el don de profecía
y va sembrando milagros.
¡Nada el alma llenaría!

15. Dime, pues, pequeño hermano,
dime tu sabiduría,
en dónde  la gracia está
y la verdadera dicha.

16. Si al llegar a la Porciúncula,
cuna y casa preferida,
nos mandan a los leprosos,
pues nadie nos necesita.

17.  Si con paz y con paciencia,
sin pensar que es injusticia,
si mirando a Cristo amado
olvidamos las heridas,

18 Escribe, hermano León,
escribe, pregona y grita,
esa sí que es, ¡oh cielo!,
la verdadera alegría.


8. El encuentro con Clara
(La regla y cartas de santa Clara. Los testimonios de las hermanas para la canonización)


1. Es Clara húmeda luna,
es mi fibra femenina,
el secreto de unidad
que en Adán y Eva se indican.

2. Es la esposa del Espíritu,
como la Virgen María,
como a ella y sus hermanas
un día se lo escribía.

3. Tras el muro y el silencio
es mi gemela hermanita,
ella escribe y lo repite
que en el huerto es mi plantita.

4. Si soy el aire y el fuego,
Clara es lluvia y suave brisa,
bello espejo de Jesús,
humilde, pura y sencilla.

5. Clara es bella – me enternece –
es la belleza escondida,
la que el sincero cristiano
al cerrar los ojos mira.

6. Clara es mi regla soñada,
del senderito es la vía:
¡cuánto te quiero en lo íntimo,
dulce Chiara, amada mía!

7. Cuando muerto me llevaron
tras la reja bendecida,
de tus manos recibí
tus maternales caricias.

8. Llorabas de puro amor
con tus ojos y mejillas,
y el Altísimo en el cielo
nuestra unión la mantenía.

* * *
9. A vosotros, mis hermanos,
os hablo de la otra orilla:
Junto a mi nombre poned
a Clara, la pobrecilla.

10. Me despido, mis hermanos;
acaso fui semillita:
¡Seguid siempre el Evangelio,
y haced lo que él os diga! Amén.

Guadalajara, Jal., sábado 9 de agosto de 2014.

 Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap. 

Nuestro poemario de santa Clara véase en:
191. Santa Clara, perfume de 800 años CONTINUACIÓN

Pianticella

Índice
1. Nada posee Clara
2. Es la esposa del Rey la virgen Clara
3. Clara, pequeña planta
4. Con pleno corazón te bendecimos
5. Encuentro matutino del amor
6. La verde palma alzada con tu diestra
7. Del Padre, Dios Altísimo, eres hija
8. Secuencia de santa Clara
9. Lloraba la virgen Clara
10. Fui de la nada a la vida
11. Es Pascua en esta celdilla
12. ¡Vete, alma mía, segura!
13. Clávame tus ojos bellos
14.  Amor a ti cuerpo a cuerpo
15. Te llamaré hermana mía
16. La savia y gracia de los orígenes
17. Tanta belleza en los ojos
18. Con verde y fragante palma
19. Encuentro matutino del amor
20. Francisco y Clara  juntos, alma y alma
21. Su santidad fue sencilla
22. De esencias del Evangelio
23. Clara, cristiana y hermana
24. Clara, penúltima azucena
 

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