viernes, 12 de septiembre de 2014

593. Domingo XXIV A – El perdón de Jesús



Homilía en el domingo XXIV del tiempo ordinario, ciclo A

Mt 18,21-35 - (14 septiembre 2014)

Lapsus y aclaración
Este domingo XXIV, ciclo A, del tiempo ordinario corresponde este año 2014 al día 14 de septiembre. Por una distracción mental, al decir verbalmente que este año estamos leyendo a San Mateo (como es verdad), se añade que hoy precisamente es día 21 de septiembre, día de S. Mateo, lo cual obviamente es un lapsus.
Estamos en el día 14 de septiembre, Fiesta de la Santa Cruz. En México, por concesión de la Santa Sede, dado el arraigo que tiene la antigua celebración del 3 de mayo, la Fiesta de la Santa Cruz se celebra el 3 de mayo.

Texto evangélico:
Acercándose Pedro, le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: “No te digo siete veces sino hasta setenta veces siete.
Por eso, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron  uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que le vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y pagara así. El criado, arrojándose a sus pies le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulada diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo. “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

Hermanos:

1. Durante los últimos domingos estamos hablando de la Iglesia, de esa kigl que Jesús llama “mi Iglesia”, explicando, en cuanto podemos, la palabra del Evangelio, y hoy tenemos que hablar del perdón, que es ni más ni menos que el perdón de Jesús, el perdón de Dios mismo.

2. Todo parte de una pregunta de Pedro, que en este caso, es el vocero de los apóstoles. Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?
Esta pregunta y esta cuestión que plantea Pedro va en consonancia con el párrafo anterior – recordad – que decía: Si tu hermano pecado contra ti. Y Jesús establecía los pasos que hay que dar, aquellos tres pasos: corregirle a solas, corregirlo con el apoyo de dos o tres testigos, que la comunidad cristiana, la Iglesia, lo corrija. Y si ni las tres correcciones no han surtido efecto, si él no quiere seguir el camino de los cristianos, a nadie se fuerza: ya no es miembro de la comunidad, es un pagano; queda excluido.

3. Ahora bien, cuántas veces puede ocurrir estoy, y, por lo tanto, cuántas veces hemos de recorrer este camino. ¿Una y no más, como dice el proverbio? Si uno es reincidente, si uno peca de nuevo y se arrepiente, ¿tiene posibilidad de un nuevo perdón? Y si peca tres veces… Y si peca cuatro y cinco y seis y siete veces. Habrá que poner un término razonable…
La respuesta de Jesús es taxativa y rotunda: No te digo siete veces sino hasta setenta veces siete.
El perdón es constitutivo de la Iglesia; no tiene límites, no puede tener límites, como es el perdón de Dios a nosotros; Dios perdona siempre que se le pide perdón. Como dice el Papa Francisco: Dios no se cansa de perdonar; nosotros sí nos cansamos de pedir perdón a Dios.
Aunque, si bien es verdad, hermanos, tenemos que añadir que Dios nos ha perdonado antes de que le pidamos perdón.

4. Jesús inventa una parábola, un ejemplo de algo que nunca ocurrió, pero cuya íntima realidad ocurre trágicamente todos los días. Y con esta parábola nos quiere enseñar dos cosas:
- que el perdón de Dios no tiene fondo,
. y que nuestro proceder es, en tantos caso, el contrario al perdón de Dios.
Un deudor debe 10.000 talentos, una fortuna de un sátrapa difícil de imaginar. Este deudor insolvente tiene a su vez un compañero deudor que le deben cien denarios, lo que traducido en otros términos significa cien sueldos diarios. Recuerden aquella parábola en la que el dueño de la viña contrata a los viñadores por un denario al día, que era un precio justo. Dicen los arqueólogos que la proporción entre 10.000 talentos y 100 denarios es de un millón a uno. Por trasladar la comparación a la moneda nacional, aunque no sea exacto, quedándonos por lo bajo: si uno debe a su compañero 10.000 pesos, este debía a su gran señor 10.000 millones de pesos.
Y la parábola es esta: a mí me han perdonado 10.000 millones de pesos, y yo no soy capaz de perdonar 10.000 pesos.
El panorama es trágico: El que no perdona, no tiene perdón de Dios. Concluye Jesús con una amenaza: Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

5. Hermanos, esta fantasía de Jesús no ha ocurrido nunca… Pues sí ha ocurrido: la primera parte, por de pronto, ha ocurrido en mí. Yo soy el deudor insolvente. Yo he sido perdonado por Dios, totalmente y para siempre; perdonado y amado. Y de sus pecados no me acordaré más, ya nos decía el Señor por medio del profeta Jeremías (por poner un ejemplo), cuando el profeta anunciaba la Nueva y definitiva Alianza de Dios con el hombre (Jer 31,34).
El compromiso es el que nos plantea Jesús en la última conclusión: cada cual ha de perdonar de corazón a su hermano. ¿Qué quiere decir esto?
- Que el perdón ha de ser verdadero, es decir, del corazón
- Que ha de ser total: el que perdona, de verdad perdona.
- Y que, por lo tanto, hay que olvidar. El perdón cierra una etapa y abre otra.

6. Sobre estas bases que Jesús nos pone es cuando podemos iniciar un lenguaje social y político para la convivencia humana.  En España tenemos muy viva la memoria de las víctimas del terrorismo, lo cual es noble y digno. Por otra parte existe la memoria histórica de tiempos anteriores, que es razonable. ¿Qué es perdonar, hermanos, cuando de los casos personales de la convivencia humana, de lo que ocurre en mi propia casa y en el círculo de mis amistades, pasamos a la convivencia social? ¿Perdonar será dejar que la Historia por la fuerza de los siglos vaya dejando detras de sí en el olvido a los inocentes? No; perdonar, perdonarse es llegar a un encuentro, a un acuerdo. Ese abrazo de dos que pueden dialogar es el mutuo perdón.
Para un cristiano, la fuente de todo ello es el perdón de Jesús en la cruz, que es la reconciliación de todos los seres.

7. Jesús crucificado, que nos has perdonado a todos en tu cruz, te pido una gracia: que a la hora de mi muerte no haya ningún resentimiento en mi corazón, que no tenga que perdonar a nadie, porque a todos los he perdonada, como yo mismo he pedido perdón. Amén.

Guadalajara, viernes 12 septiembre 2014.

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