sábado, 4 de octubre de 2014

602. El reino para un pueblo que produzca frutos



Homilía para el domingo XXVII del tiempo ordinario, ciclo A,

Mt 21,33-43

Texto evangélico
Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”.  Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?  Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, lo aplastará». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Hermanos:
1. La parábola del domingo pasado era la del hijo bueno y la del hijo malo. Estaba dirigida contra los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, es decir contras las autoridades religiosas. Esta parábola sigue a la anterior, con los mismos destinatarios y con el mismo mensaje. Y con el mismo drama espiritual, que lo ha vivido Jesús, como los profetas: el rechazo de Dios, el rechazo del enviado.
Estamos, en la secuencia del Evangelio, en la semana final de Jesús, y esta parábola es la más dramática de todas. Aquí frontalmente, como en ninguna otra, se va a representar el rechazo de Dios y el rechazo del Hijo enviado, sacado fuera y allí asesinado.

2. La historia de Jesús no es otra que la historia de la Encarnación, historia salvífica que en el Antiguo Testamento se describe en etapas sucesivas. Es una historia de amor, de un largo amor, no un repentino amor  al flujo de la pasión que va y viene, sino de un amor fiel de Dios, que casi se diría que es un amor que nos persigue.
Ya antes Isaías había presentado el canto de amor de la viña, Jesús lo conoce:
“Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.
La entrecavó, quitó las piedras
y plantó buenas cepas;
construyó en medio una torre y cavó un lagar.
Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones” (Is 5,1-3).
 Entonces Dios, que es el que habla frente a su pueblo amado, adquiriendo la debilidad de un hombre, pregunta en un juicio:
“¿Qué más podía hacer yo por mi viña
que no hubiera hecho?
¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?” (v. 4).

3. Esa queja de Dios la volvemos a oír en Viernes Santo: Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Respóndeme
¿Qué más debía o podía haber hecho Dios que no lo haya hecho? Dios lo ha dado todo. Dios ha enviado mensajeros para vendimiar los frutos de la viña. “Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon”.
El drama se repite con una segunda embajada. Pero la tercera es fatal. Jesús nos está contando su propia historia: “Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”.
Los que le escuchan son las autoridades, los príncipes ilustrados de Israel. No son gente ignorante, y acaso teman hacia dónde apunta Jesús, aunque no sepan todo lo que va a pasar. “Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron”

4. Al final de la parábola se descubre todo el tremendo drama. Lo mataron fuera de la viña, como a Jesús lo mataron fuera de las murallas de Jerusalén.
Jesús hace una pregunta: Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». La respuesta es contundente: Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Pero no es esta la respuesta de Dios. Dios  no va a matar a nadie, que esa es la justicia que nosotros quisiéramos que Dios impusiera.
Ni tampoco va a destrozar la viña. “[voy a] quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada”, como en el canto de Isaías (Is 5,5). Dios no va a destrozar su viña ni va a matar a los viñadores asesinos.
Dios no quiere que muera nadie por haber matado a su Hijo, porque una muerte nunca arreglará el destrozo de otra muerte, por mucha filosofía que nosotros hagamos para justificar esta venganza. Dios, dador de vida, no quiere la destrucción de la vida.
Dios, el que plantó la viña y la cuidó con amor, no quiere que esa viña sea pisoteada.

5. La sentencia de Jesús, a favor de Dios, el que ha plantado la viña, es consoladora y tremenda: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
La viña de Dios, cuando Jesús hablaba, era la comunidad de Israel, inicio del Reino. Jesús sentencia frente a los judíos, de su raza, de su lengua, de su historia y tradición, a ellos de quienes son los patriarcas, y a los que se dio como sublime gesto de amor la Ley de Dios: se os quitará a vosotros el Reino.
Estamos hablando de los días finales de la vía de Jesús. Es un dolorosísimo balance que Jesús hace de su ministerio. El Reino va a pasar de quienes son sus primeros destinatarios, que lo han despreciado, a los paganos, que lo van a acoger.

6. ¿Ha sido, pues, un fracaso la vida de Jesús? No lo ha sido, porque Dios ha estado siempre con él. Pero Jesús quería que su vida hubiera sido otra cosa, y tenía derecho a esperarlo, pero no lo logró.
El pueblo elegido sucumbió ante la gracia que se le ofrecía. Y de lejos vinimos nosotros a suplirle, porque la viña del Señor nadie la podrá destrozar.

7. Hermanos, somos la viña del Señor y él espera de nosotros frutos de amor y de fidelidad. Hoy desde la morada de su Padre el Señor nos auxilia. Ni han faltado, ni faltan, ni faltarán los buenos trabajadores de la viña del Señor. Y esa viña seguirá dando fruto exquisito, vino generoso.

8. Señor Jesús, desde el cielo tú cuidas la viña del Padre que somos nosotros. Bendice al Papa, a los Obispos y al Pueblo de Dios que se junta en Roma para escuchar tu palabra sobre la familia. Nosotros te acogemos como enviado de Dios, como el Hijo amadísimo, queremos escucharte y llevar a la vida tu palabra. Gracias. Amén.

Guadalajara, sábado 4 octubre 2014. 



SE RECUERDA

Aviso desde ahora para “Comentarios”

Este blog de “Las hermosas palabras del Señor” quiere ser sencillamente anuncio del amor de Jesús en medio de mis hermanos, los hombres, con toda consideración y deferencia. Si alguien quiere dejar un comentario, que sea algo SENCILLO Y BREVE PARA CONSUELO DE LA COMÚN FE, como un eco que el Espíritu suscita. No pretende el blog entrar en diálogo erudito (en sí mismo útil, pero ajeno a mi intención). No busca ninguna alabanza, pero se agradece el testimonio espontáneo del creyente que al contacto con esta proclamación de Jesús, el Señor, se ha visto iluminado, fortalecido; y más cuando proviene de personas humildes y sencillas. Se pide, además, que si alguien opina, se identifique: mínimo, nombre y apellido; mejor, si se añade un dato de su condición específica, por ejemplo, Rosa Fondevilla, catequista en mi parroquia. Si el texto-comentario sale de estos parámetros, bien a pesar mío,  será borrado. Finalmente, el autor del blog no se siente obligado a “opinar sobre la opinión”; nadie, por tanto, se crea tenido en menos por no acusar recibo del eco recibido; piense, por el contrario, que todo tiene eco en mi corazón. Gracias.
Guadalajara, Jalisco, 17 enero 2014
Rufino María Grández, hermano menor capuchino, sacerdote.
 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Los profetas hablan de Israel como la viña de Dios. Dios ama a su viña, en ella pone su ilusión. Pero los profetas muestran sin cesar la decepción de Dios: Israel es una viña ingrata e infiel. Dios ha hecho todo lo posible por ella y ella le responde con sus malos frutos.
El pasaje evangélico de hoy nos expone la parábola de Jesús conocida como la de los viñadores homicidas, con la que se hace eco de lo escrito por el profeta Isaías siglos antes.
San Marcos aclara que Jesús contó esta historia ante los miembros sacerdotales del sanedrín, después de la expulsión de los vendedores del Templo. Jesús habla de los viñadores y no de la viña, por lo que no se dirige al pueblo en su conjunto, sino a los responsables. la Casa de Dios se ha convertido en una cueva de ladrones. Dios se ha mostrado paciente, pero su paciencia tiene un límite.
Jesús edifica su narración como lo hace Isaías en el canto de la viña, poema que todos los oyentes conocerían de memoria. Los viñadores no tienen motivos para maltratar a los enviados. Alude con ello a la misión de los profetas, una y otra vez rechazados, maltratados, e incluso lapidados. Jesús vincula el destino de Israel al suyo propio. Si le rechazan a Jesús, rechazan a quien envió a Jesús: Dios mismo. Y Dios pasará su Reino a otros si Jesús no es aceptado.
Dios, después de enviar infructuosamente a los profetas, como último recurso envía a su hijo con la esperanza de que lo respeten. ¡Vana esperanza!. En su paroxismo agarran al hijo, lo sacan fuera de la viña, y lo matan. Dios, como señor de la historia, no se ha vinculado a su pueblo hasta el punto de pasar por alto la muerte de su hijo. Los guías del pueblo, que traman la muerte de Jesús, llevarán a Israel a su perdición. Dios dará su viña a otros. ¿Y quiénes son esos “otros”?. Pues esos otros serán todos los hombres de buena voluntad que reciban a Jesús, sin distinción de ninguna clase.
Juan José.

Anónimo dijo...

Es muy importante tener en cuenta de que Isaías habla de los malos frutos de la viña, mientras que Jesús nos habla de los malos viñadores. Son dos conceptos distintos.
En el primero caso Dios quita la valla de su viña y la destina a servir de leña, y luego derruye su tapia y la expone a que sea pisoteada por la gente y los animales.
En el segundo caso no es la viña la protagonista, sino los viñadores perversos. No es el pueblo llano, sino sus dirigentes religiosos que, en definitiva, arrastrarán al pueblo a la ruina.
Dios no quiere que muera nadie por haber matado a su Hijo, aunque Jesús les advierte que va a caer sobre ellos toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde Abel hasta Zacarías. Y que sucederá sobre esa misma generación en la que vivió Jesús.
""Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas". Mas !!ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan".
Esta profecía se cumplió al pie de la letra.
Juan José.

Anónimo dijo...

Estimado fray Rufino: Permítame que responda a su amable aviso con un texto bíblico. Grancias.

HAEC AUTEM CUM DIXISSET UNUS ADSISTENS MINISTRORUM DEDIT ALAPAM IESU DICENS SIC RESPONDES PONTIFICI.

RESPONDIT EI IESUS SI MALE LOCUTUS SUM TESTIMONIUM PERHIBE DE MALO SI AUTEM BENE QUID ME CAEDIS.

Juan José

Fr. Rufino Ma. Grández, OFMCap dijo...

Por favor, Sr. Juan José:
No le he dado ninguna bofetada.
Sencillamente su primer "comentario" tiene 351 palabras; su segundo "comentario" de la misma homilía 269 palabras. En total 620 palabras para comentar una homilía que (de acuerdo al mismo contador mecánico) tiene 962 palabras. ¿Es esto un comentario BREVE?
fr. Rufino María Grández, hermano menor capuchino

Anónimo dijo...

Estimado fray Rufino:
Tiene usted razón. Aunque creo que ha merecido la pena en el sentido de que, presuntamente, se ha "plagiado" mi texto en una homilía.
Juan José.

Anónimo dijo...

Por otro lado, san Jerónimo traduce al latín como "bofetada" (ALAPAM) la palabra griega RÁPISMA, que no significa lo mismo.
Juan José.

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