sábado, 11 de octubre de 2014

605. Domingo XXVIII A - Dios llama al festín de su Hijo



Homilía para el domingo XXVIII del tiempo ordinario, ciclo A,
Mt 22,1-14
Texto evangélico
Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo;  mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: ‘Tengo preparado el banquete, he matado temeros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.
La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta  y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”».

Hermanos:
1. Por tercer domingo consecutivo estamos escuchando en la celebración de la Eucaristía una parábola de Jesús, que está situada en el mismo contexto histórico y en el mismo escenario que las dos anteriores. Estamos en los últimos días de la vida de Jesús, dentro de la Semana Santa; y el evangelista ha anotado que Jesús se dirige a “los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo” (Mt 21,23-24).
Cuando nos acercamos a una parábola de Jesús, hemos de preguntarnos, ante todo, cuál fue el sentido original que tuvo en labios del Señor, y junto con esto cuál fue la meditación que la Iglesia hizo de las palabras de Jesús, puesto que las parábolas y el resto del Evangelio, sin traicionar para nada el sentir de Jesús. Este es el sentir que ha expresado el Concilio cuando nos habla de la interpretación de los Evangelios. Para ser fieles al texto sagrado hay que recorrer un camino que comienza en Jesús, que sigue en la comunidad cristiana, que termina en el evangelista, verdadero autor y redactor de su obra.

2. Permítanme, hermanos, que como lectores creyentes y avanzados del Evangelio, les cite la anotación que a esta parábola hace la Biblia de Jerusalén: “Parábola entreverada de rasgos alegóricos, como la precedente [la de los viñadores homicidas], y que entraña la misma lección: el rey es Dios, el banquete de bodas es la felicidad mesiánica, ya que el hijo del rey es el Mesías; los enviados son los profetas y los apóstoles; los invitados que hacen caso omiso de ellos o los ultrajan son los judíos; los que son llamados de los caminos son los pecadores y los gentiles; el incendio de la ciudad es la ruina de Jerusalén”.
Estos es la primera parte de la parábola. Y de hecho, el sentido de la última frase ese es el sentido original de la última frase: Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. Los elegidos ha resultado que son los menos; los llamados, en cambio – los pecadores, los paganos, nosotros mismos - somos muchos, los muchos. Se ha invertido el orden que Dios tenía previsto.

3. Hermanos, hoy sería muy desagradable hablar en estos tonos; se nos podría tachar de antisemitas. Pero Jesús no lo fue: ¿cómo iba a ser él enemigo de su propia raza? Estas conclusiones trágicas le han costado a Jesús la vida, y él murió en el supremo amor, sin rechazar a nadie, amando y perdonando.

4. La parábola tiene una segunda parte. Y dicen los especialistas que cuando una parábola tiene dos partes – como la del hijo pródigo y esta – el acento carga sobre todo en la segunda.
La segunda parte es el traje de gala para la boda. Han sido invitados todos, como dice el texto sagrado, malos y buenos. Hoy se está diciendo y repitiendo: “Aquí no sobra nadie”.
Eso lo dijo Jesús: a todos los que encontréis, llamadlos a la boda. Y esa orden del rey es la que cumplieron los enviados: reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.
Allí no sobraba nadie, pero sí sobraba uno, como lo explica Jesús: Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta  y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
Aquel hombre no llevaba el vestido de bodas. Es reprobado y condenado a las tinieblas donde será el llanto y el rechinar de dientes. Jesús está hablando – dicen los intérpretes – del juicio final. Y hasta pudiera ser que esta segunda parte fuera otra parábola distinta que luego el evangelista las haya refundido en una. La Biblia oficial para la liturgia publicada por la Conferencia Episcopal Española así lo propone; este detalle de si fueron dos parábolas o una es una hipótesis científica de trabajo que no altera el sentido interno del mensaje serio que anuncia Jesús.

5. Hermanos una consecuencia seria se impone por sí misma: somos llamados gratuitamente, pero nuestra vida debe ser consecuente a la llamada de la fe. Debemos presentarnos ante Dios con ese traje hermoso y puro que nos ha dado Jesucristo, con el traje de boda, con el mejor traje de fiesta.

6. Hagamos una aplicación o referencia. Esta semana que concluye y la siguiente son las dos semanas del Sínodo de la familia. La familia es algo sagrado; para un creyente es algo divino. Todo cristiano que se acerca al matrimonio sabe y debe aceptar que el matrimonio es una entrega total, mutua, y para toda la vida. El deseo natural y hermoso de tener una pareja y unos hijos Jesús lo ha elevado a la categoría de sacramento. ¿Qué hacer con los matrimonios fracasado? ¿Qué hacer con los divorciados? Ahí es donde está el punto álgido de la discusión.
Dar explicaciones detalladas de todo lo que se ha hablado estos días, nos llevaría muy lejos. Es claro que lo que Jesús quiere para el matrimonio es lo mejor es el amor, y si este amor se ha debilitado y perdido, y si este amor ha sido traicionado existe la reconciliación y el perdón. No podemos privar al hombre ni a la mujer de lo más bello que existe: el triunfo del amor en ellos. Un amor que muchas veces exige: humildad, perdón y volver a empezar.
Repito, hermanos, para ser bien entendido: Argumento de nunca acabar, pero es preciso concluir nuestra homilía.

7. Señor Jesús, fuete del amor fiel, del amor verdadero y puro, inunda de tu misericordia y de tu amor, de tu inmensa ternura, a todos los matrimonios que un día juraron su amor ante ti. Amén.

Guadalajara, sábado 11 octubre 2014

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