lunes, 13 de octubre de 2014

606. Lupita, un canto al amor en fraternidad

Lupita, un canto al amor en fraternidad


Sucedió este verano, en la segunda quincena de julio, que impartiendo un curso de Biblia a las Religiosas del Verbo Encarnado, adyacentes a la Universidad Pontificia (Tlalpan, México DF),  me llega la noticia de que acababa de fallecer en el INER (Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias) una capuchina.
¿Quién era? La Hna. María Guadalupe Contreras Paz, 34 años (*19 junio 1980), del monasterio de San Andrés Tuxtla. Fui al punto, pero no la vi sino en su caja mortuoria en la misa exequial nocturna que le hicimos antes de que la carroza funeraria la trasladara en unas diez horas de carretera a su destino.
Fue una bellísima historia, una de esas flores de amor que Dios va sembrando cada día en el camino de la vida. Aquella  misma noche redacté un largo comunicado para contarles a su comunidad las cosas preciosas que habíamos vivido. Les decía:

“… Ha sido una bella historia, de la que es justo dejar constancia.
La hermana María Guadalupe Contreras, de la comunidad de San Andrés Tuxtla, acababa de concluir sus estudios en Santa Verónica. El día 7 defendió su tesina. En realidad no pudo concluir la exposición y la Prefecta de Estudios, Hna. Janet, precisamente de su misma comunidad de origen, hubo de ayudarle leyendo el texto. El día siguiente, 8 de julio, de madrugada hubo que internarla en el INER. Era camino de la eternidad.
Desde su regreso de las vacaciones navideñas (5 de enero), Guadalupe se resentía con una tos molesta, que en un primer diagnóstico fue de gripa. La tos persistía. Nuevo análisis sin acertar del todo de qué pasaba: hernia hiatal, desgaste de huesos, pérdida de peso, anemia, tuberculosis, enema pulmonar agudo con neumocina, hongos (por contagio del polvo de libros viejos…). Al fin, pulmones perforados y el viernes pasado se detectó que definitivamente era un cáncer extraño que ataca a personas cercanas a los 40 años… El P. Juan Miguel Subiza vino a administrarle los santos sacramentos.
La valerosa hermana, que se quejaba de diversos síntomas, había vivido un generoso calvario compaginado con sus estudios. En las largas horas de la tarde me cuentan cómo era la hermana, cuya fotografía me muestran. La hermana había trabajado su tesina de diplomado con el título de “La experiencia de Dios en la vida capuchina”. La hermana Lidia, de República Dominicana, una de las compañeras de promoción, explica con mucha delicadeza y penetración el porqué de la elección de ese tema, que iba a ser ayuda y fortalecimiento de su búsqueda de Dios.
Y de pronto nace en mi corazón una profunda simpatía hacia la difunta, como si de antes la hubiera conocido, y siento un gozo interior de poder celebrar una misa de exequias de cuerpo presente en las capuchinas de C/ Juárez 45, Tlalpan, donde se acogen y pernoctan las hermanas que le atienden”.
Y continuaba largamente el relato dando muchos que detalles que, sin duda, interesaban a sus hermanas y a su familia de sangre. Al día siguiente le hicieron el funeral en el convento; después la familia tomó el cuerpo… para festejar a la hija, a la hermana, a la sobrina… y hacerle nueva misa hasta que le dieron cristiana sepultura.
Al recordarla, me salen versos del corazón, que aquí los dejo como una brazada de flores. Pero, sobre todo, me emociona que le estoy oyendo a ella que desde el cielo nos envía un mensaje: las últimas palabras escritas en la tierra, al cerrar la “tesina” de su Diplomado en la Casa de Formación “Santa Verónica Giuliani” (Cuautitlán Izcalli, edo. de México). ¡Es bella la vida cuando se la mira con ojos puros…!

Lupita se está muriendo
con ojos de eternidad;
detrás de tanta belleza
¿qué es lo que ella soñará?
Jesús, su amor y su esposo,
es su sueño y realidad.
Lupita, mi buena hermana,
sin haber visto tu faz,
al sentir tanta hermosura
me estás haciendo llorar.
Ibas ya de despedida,
cuando ibas a empezar,
como madre, como hermana
- fecunda fraternidad –
y Clara te iba enseñando
ser cristiana de verdad.
Amor puro compartido
haciendo fraternidad;
como aprendiz de doctora
con un diploma sin más
escribías cosas bellas
de vida en comunidad.
Y nos decías, amable,
que es destino universal,
ser hermano, ser hermana
con la más bella amistad,
que es conquista de Jesús
y regalo que él nos da.
Desde tu cruz lo decías
con bella sinceridad.
Era tu sabiduría
que bien va a fructificar.
Yo te pido, hermana mía,
una mirada de paz;
cielo y tierra hacen familia
en la santa caridad.
Capuchinas, capuchinos,
que somos el mismo hogar:
Lupita, linda y querida,
cúmplase su voluntad.
(13 octubre 2014).


LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE LUPITA
(como si desde el cielo hablara)

La Experiencia de Dios en la Vida Fraterna

"La experiencia de Dios en nuestra vida debe ser apoyada exclusivamente en la línea ideal y activa de la paternidad espiritual. En las comunidades religiosas especialmente la nuestra es muy importante estudiar su mismo sentido comunitario y no se puede seguir dos líneas extremas: Donde una concede la máxima importancia al conjunto, a la realización de la unión y la otra, que concede la parte más destacada al individuo32. Es de mucha importancia a la vida de fraternidad: La aceptación, cariño, alegría, hablar siempre bien de la hermana. Favorecer las relaciones normales, no andar juzgando las actitudes de los demás, sino abrirnos al diálogo con la hermana, tener mucho respeto al hablar y al escuchar tener en cuenta que es una persona que tiene dignidad, negándonos el permiso de ser juez para la hermana, darnos cuenta que somos diversidad y hay que procurar por perseverar abiertos a todos. Y estar abiertos sin cerrar las puertas a las hermanas, hemos de llevar la alegría y el gozo. La fraternidad no es un esfuerzo humano de vivir en común unos valores determinados, que es un don del Dios que nos da en abundancia la gracia de la conversión para que la vivamos en nuestra vida personal y comunitaria (nota 33).
El amor hacia la hermana espiritual será más fuerte y espontáneo que el más grande de los amores humanos: El materno, ya que el sobrenatural y la gracia son más elevados y reales que el natural “si la madre ama y nutre a su hijo carnal, ¡con cuánta mayor solicitud no debe cada una cuidar y amar a su hermana espiritual!” el amor no cambia. Esta expresión define perfectamente la idea de comunidad, el amor fraterno, que brota de la acción redentora de Dios Amor, busca siempre la salvación eterna de las hermanas, la vida fraterna, completamente dominada por la gracia y la fe, testimonia la posibilidad de la vida de una comunidad, cuya intimidad y profundidad superan a cualquiera otra agrupación humana (34).
La vida fraterna en comunidad es una actualizada confirmación del significado y del testimonio de la fraternidad religiosa en nuestra época. Un espacio que a pesar de todo, es un tiempo de discernimiento en el que todo se discute y se renueva, incluso la evangelización. La vida consagrada, fruto siempre inadvertida de la creatividad del Espíritu, en un mundo y en una Iglesia que necesitan más que nunca testimonios vivos de fraternidad. Vivir es comunicarse, vivir en comunidad lo es todavía más, no sólo porque lo exige la relación interpersonal sino porque se trata de personas consagradas anunciar la fe. Y este anuncio hay qué captarlo. Y se capta también y sobre todo, en el trato diario con los hermanos, y a ellos antes que a los demás, es a quienes hay que decir y anunciar la fe.
La persona consagrada es alguien que con su testimonio hace que brote en el corazón la nostalgia de Dios, el deseo de lo absoluto, una profunda sed de felicidad que no puede apagarse de golpe. Pero todavía más: Es quien revela el sueño de Dios sobre el hombre. Por su vida y su consagración es un testimonio viviente de lo que Dios puede hacer en el corazón del hombre; además, afirma vigorosamente que hay que dar la prioridad de lo que Dios quiere para saber lo que es el auténtico desear. No estamos, ante una dudosa caridad, ni ante ningún moralismo desencarnado, sino ante una propuesta de liberación y promoción humana integral, que rebasa las perspectivas y las fuerzas exclusivamente humanas, y que por eso mismo puede encontrar resistencia y rechazo. También Pablo conoció estas reacciones negativas, pero no le impidieron proclamar -en un acto de amor y de fraternidad.
El diálogo mantiene viva la vida fraterna, y hace visible y significativa la vida consagrada hoy, constituye el arma secreta y su punto de apoyo. Sobre todo el diálogo con Dios, en la palabra que resuena en la intimidad del trato a solas con Él, que luego se extiende a toda la comunidad consagrada, para llegar a todos y cada uno de los seres humanos, últimos destinatarios de esa palabra. El religioso es, exportador de fraternidad; el modelo comunitario se convierte en símbolo de los valores relacionales que puede y debe haber en toda comunidad humana. Por consiguiente hay que transmitirlo y difundirlo porque esos valores son patrimonio de todos y constituyen el primer signo de la nueva humanidad instaurada por Cristo. La fraternidad es el destino universal de la humanidad, y no el privilegio de los que se han cerrado un espacio lejos de las intrigas de los hombres.
La vida Capuchina sigue siendo un reto para los que continúan este camino, y tener experiencia de Dios dentro de ella seguirá siendo la base para una auténtica perseverancia en el seguimiento de Jesús, y para que siga viva la llama de la espiritualidad de los fundadores. Sin experiencia de Dios la vida no se nutre y muere, no se trata de mero sentimentalismo, sino de vivencias que ayuden a superar cada día los desafíos que se van presentando en nuestras vidas como consagradas (35)".

32 Lotario HARDICK O.F.M. Op cit. La Espiritualidad de Santa Clara. Pp. 85
33 Pere ARRUFAT y José Antonio LASA  Op cit. Fraternidad, Comunidad de Hombres en Conversión. Pp. 125 y 143-144
34 Lotario HARDICK O.F.M. Op cit. La Espiritualidad de Santa Clara. Pp. 89-92  
35 Amedeo CENCINI Op cit. Vida en Comunidad Reto y Maravilla. Pp. 22,80-81, 200, 259.  

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