jueves, 4 de diciembre de 2014

626. Cumpleaños: Anhelo y doxología y Carta de cumpleaños



Anhelo y doxología de cumpleaños
5 diciembre 1936 – 5 diciembre 2014


1. Llegaron setenta y ocho…
Las cuentas de mi rosario
callandito, callandito,
van corriendo, van pasando.

2. Voy con el Papa Francisco,
mismo mes y mismo año;
doce días por delante
yo le voy aventajando.

3. Voy de camino, sin vuelta,
por espaldas encorvado,
y al golpe de mis sandalias,
caminando, voy pensando.

4. Evangelio quise ser
desde que era jovenzano;
no me retiro - ¡ni modo! –
que de eso no me retracto.

5. Pedí la sabiduría
para el amor consumado,
mil cosas quiero saber
para ser del todo sabio.

6. Saber que mi vida es
hermosa como regalo,
regalo que recibí
para gozarlo y donarlo.

7. Que no es el ser conocido
lo que te da el propio rango;
sino ser quien uno es,
conocido o ignorado.

8. Ser de verdad, no famoso,
ser yo mismo y entregado,
que el secreto de la vida
lo sabe quien te la ha dado.

9. También yo quiero saber,
como lo saben los sabios,
que si una pizca de envidia
me daña como gusano,

10. desprecio  mi dignidad,
víctima de gran engaño,
que mi Padre Dios nos hizo
uno a uno, sin copiarnos.

11. Haber venido a vivir,
vivir de amor desatado,
es la misión sustancial,
que mi Padre Dios me ha dado.

12. “¿Quién soy yo?”, yo me pregunto
como sabio ya iniciado,
perdido en el universo
y en mi conciencia encontrado.

13. Mi pregunta es el zaguán
para entrar en el palacio:
¿Quién eres tú, Padre mío,
misterio en mí sustanciado?

14. Soy inmortal dialogante
con el Dios que me ha creado,
soy amador sin remedio
pues por amor fui llamado.

15. Amar es verbo supremo,
único en el diccionario,
verbo de la Trinidad
que engendra al Dios no engendrado.

16. En alas del puro amor
quiero ver mis puros años,
sentirme vivir, viviendo
amor divino exhalado.

17. Mi Dios me va a recoger
un día, que no sé cuándo;
ya desde ahora le digo:
Tú sabes que yo te amo.

18. Misericordia, Dios mío;
dame un beso de tus labios,
que tu aliento será vida
para morir descansando.

19. Haz lo que quieras conmigo,
que nada te he reprochado;
cuando quieras, como quieras
en tus brazos confiado.

20. Y eternas gracias, mi Dios,
por tu Hijo enamorado;
confío que en él me encuentres
eternamente salvado. Amén.



Mi carta de cumpleaños

Cuando la verdad y el amor se dan un beso y se funden.
Estoy escribiendo de mí… ¿Exhibicionismo?
¡Oh, no! Estoy sondeando los secretos de tu corazón,
porque te estoy mirando
- me estoy mirando – con la mirada de Jesús.

Amigo y hermano, hermana muy querida:
Recibe mi saludo de Paz y Bien. Soy franciscano, franciscano-capuchino, y, como bien sabes, este bello augurio huele a san Francisco.
El año pasado por estas fechas puse aquí unos versos para cantar mis 77 advientos. No sé por qué avatares de la vida, por qué arte de los buscadores informáticos, por qué suave vuelo de la Providencia, que todo lo gobierna, aquellos versitos han sido pinchados, hasta la fecha, por 1178 usuarios (Número 469 de este blog. Un día hermoso: coplas de cumpleaños. Hoy cumplo setenta y siete). Si en alguien ha depositado, como lo espero, un rayo de Paz y Bien, lo celebro de corazón. Hoy vuelvo sobre el asunto con una particularidad: que mis cabellos van envidiando a la nieve de diciembre y se van coloreando con el más bello de los colores, el que más se acerca a la luz.
Debajo de mis cabellos mi cabecita piensa; son los pensamientos que le va enviando el corazón. Y pienso, al pulso de esos latidos, qué es la vida. En la altura el aire es apacible y no contaminado; el paisaje sereno; el corazón respira oxigenado.
La principal evidencia de la vida es esta: Que la vida viene de Dios y vuelve a Dios, quiero decir que la vida en su manantial es misterio y lo mismo de misterio en su final. Así lo siento, así lo vivo. Lo digo con humildad. Pero ¿y el “entremedio”? ¿Qué es el “entremedio”, que para nosotros justamente eso es la vida. El entremedio es la trayectoria, que nosotros definimos “la vida” sobre la cual bordamos nuestros días. Ese entremedio ¿quién lo decide, quién lo gobierna, quién lo dirige por un lado o por otro? ¿Quién me dice con autoridad que mi vida está siendo un logro o una frustración…, un tiempo perdido…, un talento malgastado…, una oportunidad escapada de mis manos? Y aquí saltan desde la entraña el grito de mis anhelos, mis ideales más profundos, que son los que deberían marcar mi ruta.
Ahora bien, tu vida es una vibración de la historia en que vives, y la historia, como la naturaleza, va haciendo sus “selecciones”. Hay, pues, un imponderable que revierte en mí – los filósofos pueden llamarlo “casualidad” (“Yo soy yo-y-mi-circunstancia”), los Creyentes lo llamamos Providencia – y que, al revertir en mi propio ámbito, me configura: me pone en el escenario o me deja en el patio de butacas; me lleva rumbo a esta especialización o la otra; en suma, me selecciona para que en el reducido ámbito de la existencia yo sea “significante” o “insignificante”.
Amigo leal: no estoy haciendo teoría, que es hablar de nadie; estoy hablando de mí, alzando mi autoestima, y tratando de transcender de lo corriente, de lo normal, de lo normalito… que uno se ve a otro plano: el plano de la misión que Dios me ha confiado.
No sé qué voz del corazón te empuja porque uno quiere ser “importante” (en el género que sea), incluso, si posible fuera, “el primero”; uno quiere ser “influyente”, que es como un deseo de paternidad en el mundo. En suma, uno quiere vivir y proyectarse en un tiempo eterno, en un radio de acción eterno.
Mi razón me dice que esa exuberancia vital es un tamaño error; mi corazón pugna contra ello, porque al corazón no hay nada que lo pare… La vida, en este sentido, es drama.
Pero vengamos a lo más concreto. En cuanto desperté a la vida, he querido el AMOR, palabra suprema, que lo incluye todo: igual el amor divino que el amor humano, porque amores no hay dos sino uno. Amar es el sentido del vivir, un amor que al fecundarme fecundice todo el sentido de mi vida, toda la proyección de mi vida. La vida confina con lo infinito; ella misma quiere ser infinito. Quitarle esta dimensión a la “vida terrestre” es intentar volverla a la nada. La vida no se rinde; la vida ansía ser vida de Dios.
Sucede, sin embargo, que el teatro visible de nuestra vi es cortísimo; es una plazuela de aldea, y los espectadores de mi yo son un grupito de gentes intrascendentes. Yo no paso el examen para que la Historia me recoja como a uno de los Grandes…

¡Dios mío, qué miopía el hablar así…! ¡Qué ridiculez que yo ponga este pensamiento (no quiero ponerlo) como medida de mi existencia abierta a lo infinito!
Pero uno vive días contados, y en un rinconcito de la tierra…

* * *

Aquí quería llegar, hermano Rufino, y contigo quería hablar (me estoy hablando a mí mismo). Para valorarte a ti mismo, para saber quién eres y lo que representas, cuál es la misión divina que tu Padre Dios te ha confiado, tienes que colocarte en la esfera universal (la tierra desaparece, un grano de polvo, entre millones sin cuento de galaxias) y ubicarte en el punto que te ha correspondido en la marcha de la historia humana, que comenzó nadie sabe cuándo, y que terminará… o pasará… o será recogido por Dios… también cuando nadie sabe cuándo. Cuando allí te sitúes, en el espacio y el tiempo, tu medida esa será tu medida, tu misión… esa será tu misión.
Dios mío, ¿ese soy yo? ¿Ese, ahora que voy llegando al culmen de mis días…? Al final, al final… veo que yo desapareceré en la vorágine sin fronteras del espacio creado y en el breve instante de la historia humana. Descubro que solo Dios es mi importancia, que solo Dios es mi relación… Y que lo demás desaparece en las dimensiones invisibles de todo lo humano.

* * *

De todo lo cual, amigo (ahora me vuelvo a ti), yo me saco la moraleja. En buena lógica matemática, mi importancia es solo Dios, mi relación viviente que me configura.
Al considerar estas cosas, me nace de dentro el deseo de vivir en oración. ¿Qué es esto? Vivir en la dimensión de Dios, porque el  mundo gravita en torno a ese centro que es el Dios palpitante: ¡Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo! Pensar en Dios, para un cristiano, es pura y simplemente instalarse en Jesús, con todo lo más bello que al teología ha pronunciado sobre él y seguirá pronunciando, que hasta yo mismo quisiera añadir una palabrita para el mundo.
Merece la pena hacer de la vida un pequeño jardín, para disfrutarlo e invitar a los amigos. Y ese poquito que tenga que vivir, vivirlo bien, íntegro… Quiero cultivar mi jardincito, hábitat que Dios me da en la vida. Repito, amigo o hermana muy querida: Lo que importa es Dios, algo tan sencillo como Dios. Lo demás queda en manos de Dios. Si de mi pequeñez él quisiera hacer un milagro y hacerme famoso por los siglos…, ahí está. Pero esto no importa, no me engrandece. Es una variable de la Historia que todo lo asume y lo armoniza.
Mi vida chiquita tiene valor en ella misma: y su importancia no es otra que Dios mismo, e incluso toda la historia humana, de la que no me puedo salir. La parcela de mi vida la debo cuidar con espero, guardarla, cultivarla, embellecerla… hasta el punto de que sea, en su pequeñez, un manantial de alegría perenne. Basta muy pocas cosas para crear este hábitat feliz de mis días desde el amor y por el amor. Que todo en mi vida sea un proyecto de amor.
Lo demás Dios lo hará según su voluntad.
Esto es lo que bulle en mi corazón, amigo leal.
Temiendo estos o semejantes sentires, una noche, un tanto lánguido…, de pronto tomé la computadora para dar cadencia a mis cuitas, a mis amores y mis esperanzas. Son unos versos a lo infinito…, que a lo mejor no los aprecie el profesor de literatura, pero salían del manantial como venilla de agua pura, que quizás a ti te hagan algún bien. Aquí van con un abrazo.

Al final de tanto estudio,
¿qué es de verdad lo que anhelo?
Los libros son un escudo
contra los dardos ajenos,
y frente al mundo infinito
son ventanales abiertos.
Pero la vida te enseña
que si el saber es trofeo,
esa conquista adquirida
te lanza a un problema nuevo,
y no te resuelve en paz
tu problema verdadero,
cual si el destino dictara
vivir siempre insatisfecho.
Y entonces uno interroga
no por las cosas que veo,
me interrogo por mí mismo,
que yo soy mi pensamiento.
Y algo descubro en lo hondo
como evidente y muy cierto:
que soy yo mismo y mi Dios
mi sentir y sentimiento,
mi deseo y voluntad,
mi entender y entendimiento,
en una palabra sola:
el amor por el que aliento.

* * *
Aquí se termina el mundo,
mi Jesús, ¿qué más deseo?
Dame paz, Jesús amado,
dame un profundo silencio,
dame tu santo abandono,
tu caricia y tu consuelo;
a la hora de mi tránsito
es esto lo que deseo.
Jesús, mi verdad, mi paz,
guárdame junto a tu pecho.

Hanna Varghese (Malasia) ¿Quién ha tocado mi vestido? Mc 5,30
 

Guadalajara, Jalisco 5 diciembre 2014

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Feliz cumpleaños! Me gustó leer en su libro sobre el noviciado el recuerdo que hace de su padre como ya integrado en la asamblea de los santos.Me hizo recordar lo que me ocurre a mí con relación a mi madre. A ella atribuyo mi vocación in erecida, también de franciscano.

Anónimo dijo...

¡¡¡¡FELÍZ CUMPLEAÑOS, FRAY RUFINO!!!!.

ESPERO Y DESEO QUE DIOS LE CONCEDA MUCHA SALUD PARA QUE PUEDA SALUDARLE MUCHOS AÑOS, Y UNA EXISTENCIA TAN LÚCIDA Y FRUCTÍFERA COMO HASTA HOY.

UN CORDIAL SALUDO..... AUNQUE USTED SIGA SIN CONOCERME.

JUAN JOSÉ.

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