jueves, 11 de diciembre de 2014

629. Con ternura inmaculada: 12 de diciembre

Con ternura inmaculada
(12 de diciembre)

Para uno que llega de Europa y con ojos simples mira la historia del Evangelio en América Latina la Virgen de Guadalupe ha sido la Evangelizadora, la Madre que ha mantenido la Fe a través de generaciones. Esto se refiere particularmente a este pueblo de México.
Desde esta percepción espiritual cantamos dulcemente a la Virgen en este 12 de octubre. No es del caso entrar en el complejo hecho guadalupano, ni tampoco entrar en un asunto meramente científico que al lector no experto el deja aturdido: el simbolismo grabado en el manto de la Virgen, la conservación del ayate de Juan Diego… También absolutamente sorprendidos nos quedamos ante episodios que nos recuerdan la crónica, así el atentado de 1921.
“El 14 de noviembre de 1921, Luciano Pérez, un anarquista español, depositó un arreglo floral al lado de la Tilma de Juan Diego que contenía una bomba de alto poder. La explosión destruyó todo alrededor, menos la tilma, que permaneció en perfecto estado de conservación. Una Cruz de pesado metal que se encontraba en las proximidades fue totalmente doblada por la explosión, y se guarda como testimonio en el templo. Sin embargo, el cristal que protegía la Tilma no se rompió, teniendo en cuenta que en aquella época no había cristales antibala”.
En nuestra sencilla perspectiva de piedad y de fe, nos place recoger los datos que nos comunica la presentación de Nuestra Señora de Guadalupe de la Liturgia de las Horas que aquí, en México, usamos:
“… En 1754, Benedicto XIV confirmó al patronazgo de la Virgen de Guadalupe sobre toda la Nueva España (desde Arizona hasta Costa Rica) y concedió la primera Misa y Oficio propios. Puerto Rico la proclamó su patrona en 1758. El 12 de octubre de 1895 tuvo lugar al coronación pontificia de la imagen, concedida por León XIII, el cual había aprobado un año antes un nuevo Oficio propio. En 1910, san Pío X la proclamó Patrona de América Latina; en 1935 Pío XI la nombró Patrona de las Islas Filipinas; y, en 1945, Pío XII le dio el título de Emperatriz de América”.
Con títulos o sin ellos, queremos contemplar a María como esa presencia materna, humilde y silenciosa en al iglesia, presencia que nos lleva a Cristo.

Con ternura inmaculada
y con mirada purísima,
la Virgen del Evangelio
en México se sentía.
Juan Dieguito allí delante
esos ojos recibía
y preso de esta ternura
“Niña mía” le decía…
Con el canto de las aves
y entre rosas de Castilla
en mil quinientos veintiuno
estas cosas sucedían;
era invierno de diciembre
y las flores florecían,
era un milagro muy puro:
dulces ojos de María.

* * *
El vientre de la doncella
maternidad predecía,
y un hijo cálido y tierno
de ella, pura, nacería:
Evangelio y caridad
y la santa Eucaristía.
Así empezaba la Fe
y así se continuaría:
con la madre de Jesús,
de leve y tierna sonrisa.

* * *
Virgen de nuestros cantares,
presencia y segura guía,
como en Caná y en la Cruz
Madre nuestra, Madre mía.
Hoy, que es doce de diciembre,
necesito tu caricia;
me la están dando tus ojos:
¡tú eres mi paz y alegría!

Capilla de nuestra fraternidad - diciembre 2014

Desde México, diciembre 2014.

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