viernes, 19 de diciembre de 2014

632. Domingo IV Adviento, ciclo B - La Virgen de la Encarnación



Homilía para el domingo IV de Adviento, ciclo B
Lc 1,26-38
 

Texto evangélico:
En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: « ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».
María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Hermanos:
1. El domingo IV de Adviento todos los años tiene el Evangelio consagrado a la Virgen María, Madre de Jesús Mesías.
Hace 40 años el Papa Pablo VI, hoy Beato, en un documento célebre para orientar el culto a la Virgen María según las pautas del Concilio (Marialis cultus, 2 febrero 1974), escribía estas frases:
“Durante el tiempo de Adviento la Liturgia recuerda frecuentemente a la Santísima Virgen —aparte la solemnidad del día 8 de diciembre, en que se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María, la preparación radical (cf. Is 11, 1.10) a la venida del Salvador y el feliz exordio de la Iglesia sin mancha ni arruga —, sobre todo los días feriales del 17 al 24 de diciembre y, más concretamente, el domingo anterior a la Navidad, en que hace resonar antiguas voces proféticas sobre la Virgen Madre y el Mesías, y se leen episodios evangélicos relativos al nacimiento inminente de Cristo y del Precursor” (n. 3).
Seguía con otras observaciones y concluía:
“…Resulta así que este periodo, como han observado los especialistas en liturgia, debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor: orientación que confirmamos y deseamos ver acogida y seguida en todas partes” (n. 4).
Popularmente podemos distinguir un mes como dedicado a María, el mes de mayo, y está bien; pero desde el interior de las celebraciones sagradas, desde los textos litúrgicos, el mes donde más intensa aparece la presencia de la Virgen María es el mes de diciembre, el Adviento. Por eso recordamos hoy este pasaje evangélico, la Anunciación.

2. Estamos, pues, ante este texto del Evangelio, que en la vida de la Iglesia ha sido el texto principal para hablar de la Virgen María. ¿Qué dice exactamente esta página divina, que anuncia el misterio de la Encarnación? Para entender un escrito, del tiempo que sea, es necesario situarse en el punto de mira de quien lo ha escrito. Los Evangelios se escribieron después de la resurrección de Jesucristo; se fueron gestando durante varios decenios en las comunidades cristianas que vivían y celebraban los misterios del Señor. Desde este punto de vista nunca olvidemos que el nacimiento de Jesús, es el Nacimiento de Jesús Resucitado, el que vive y reina inmortal y glorioso junto al Padre.
Igualmente nunca olvidemos que la anunciación a María es la Anunciación de Jesús Resucitado. Esta página está reflejando la fe que tenía la Iglesia en aquellos primeros tiempos en que nacieron los Evangelios. Nada sorprendente sería decir que los Evangelios de la Infancia de Jesús (los dos primeros capítulos de Mateo y de Lucas) es lo último que se escribió de los Evangelios.
Son Evangelios que están cargados de toda la espesura de la fe que la Iglesia había adquirido y meditado, Evangelios llenos de teología.

3. En el Evangelio de la Anunciación el centro es la profecía principal del Antiguo Testamento: la promesa que Dios, a través del profeta Natán, hizo a David, asegurándole una descendencia para siempre. Una profecía que se encuentra totalmente rebasada por los hechos que narra el evangelista: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Para entender correctamente el Antiguo Testamento hay que partir de este principio: que el Nuevo Testamento no es una simple continuación del Antiguo, en la línea de la fidelidad de Dios, de las promesas de Dios, sino que es el pleno desbordamiento de todo lo que Dios había prometido. El heredero de David va a ser nada menos que el Hijo del Altísimo.

4. Por eso, María es la que es, y, ante todo, la Virgen…, la “Virgen María”, la llena de gracia, la digna morada del hijo de Dios.
La Biblia oficial de la liturgia que los fieles tenemos en España desde hace cuatro años, en este punto tiene una nota de muy alta teología, que se ofrece a todo católico instruido. Dice así. “Favorecida por Dios de forma singular, María es invitada a alegrarse como la hija de Sión por la salvación que el Señor va a realizar en favor de su pueblo, y se le segura ya la presencia dinámica y eficaz de Dios. Apoyados en la afirmación angélica y en el saludo de Isabel (Lc 1,42), los Padres de la Iglesia vieron en María a una segunda Eva, salida sin mancha de las manos de Dios, como un inefable milagro suyo”.

4. Esta es, hermanos, la fe de la Iglesia, que, en última instancia, solo el Espíritu Santo nos la podrá explicar. ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?. El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra…
Son cosas de Dios, y un cristiano, de verdad creyente, lo experimenta así; no las podemos banalizar con nuestros discursos. El Señor nos libre. Son verdades para gustarlas en contemplación y amor; solo en esa fibra tiene sentido cuanto el Evangelio afirma de María.

5. Virgen María, Virgen de la Encarnación, el Dios Altísimo que envió su Hijo al mundo quiso que acompañara tu sí al misterio de los siglos, tu sí de mujer pobrecita y humilde. Te bendecimos y te damos gracias. Tú eres la verdad del Evangelio, el modelo y la esperanza para la Iglesia. Acógenos en tu regazo de Madre, como acogiste al Hijo de Dios Encarnado. Amén.

Reproducción de la Virgen de Gudalupe
del joven artista mexicano Erick Nogueda (2014)
 
Guadalajara, Jalisco, viernes 19 diciembre 2014.

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