miércoles, 24 de diciembre de 2014

634. Día de Navidad – Dios es nuestro Dios y nuestro hermano



Homilía para el Día de Navidad

Jn 1,1-18


Texto evangélico:
En el principio existía el Verbo,
y el Verbo estaba junto a Dios,
y el Verbo era Dios.
Este estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo,
y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
este venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz,
sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera,
Que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de él,
y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron,
les dio poder de ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre,
ni de deseo de carne, ni de deseo de varón,
sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria como del Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él
y grita diciendo: «Este es de quien dije:
El que viene detrás de mí
se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
Dios unigénito, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado a conocer.

Hermanos:
1. El día de Navidad lo celebramos con tres momentos espirituales: la misa de la medianoche, la misa del alba, la misa del día, momentos recogidos por distintos Evangelios. El Evangelio proclamado es el Evangelio solemne de la misa principal del día. Y en torno a él queremos hacer que suba a Dios nuestra alabanza, nuestra gratitud, nuestra alegría.
¡Feliz Navidad! Es el augurio que nos hacemos los cristianos, queriendo expresar con ello la gracia infinita que Dios nos ha hecho al enviarnos a su Hijo amado. Es la felicidad ya derramada, que empezamos a disfrutarla real y verdaderamente, y que un día alcanzará su plenitud en el encuentro con Jesucristo en el cielo.
Recordemos aquella palabras de san Pablo: “ni el ojo vio, ni oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor 2,9). Estos son los bienes espirituales que Dios nos ha traído al darnos a su Hijo. Y continúa san Pablo: “Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu, pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios” (v. 10).
¡Feliz Navidad!, hermanos, en cristiano es infinitamente más que ese ¡Felices Fiestas! que nos puede transmitir un eslogan comercial detrás del cual seguramente no está la Fe que nosotros celebramos.
Nos felicitamos la santa Navidad de Jesús, como días de gozo familiar, tan hermoso y entrañable, pero, sobre todo, como días de contemplación, de exultación, ante el don que Dios nos regala.

2. Un franciscano en Navidad recuerda a san Francisco. San Francisco de Asís murió el año 1226. El primer biógrafo del santo cuenta: “Con preferencia a las demás solemnidades, celebraba con inefable alegría la del nacimiento del niño Jesús; la llamaba fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Representaba en su mente imágenes del niño, que besaba con avidez; y la compasión hacia el niño, que había penetrado en su corazón, le hacía incluso balbucir palabras de ternura al modo de los niños. Y era este nombre para él como miel y panal en la boca” (2 Cel 199).
El mismo biógrafo dice a continuación con qué ternura e ingenuidad vivía san Francisco el misterio: “Quería que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobres y hambrientos y que los bueyes y los asnos tengan más pienso y hierba de lo acostumbrado. «Si llegare a hablar con el emperador -dijo-, le rogaré que dicte una disposición general por la que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas, sobre todo las hermanas alondras, tengan en abundancia»” (n. 200).

3. Reflexionando ahora sobre el Evangelio que hemos proclamado, ¿qué podremos decir?
Hay una cosa muy sencilla que yo les quiero comunicar que toca el corazón de este texto sagrado.
Ante todo debemos saber que este pasaje poético y de lenguaje sublime es la introducción no solamente a todo el Evangelio de san Juan, sino a todas y cada una de las escenas del Evangelio. Si estamos en las Bodas de Caná, si estamos en el diálogo de Jesús con la Samaritana, con Nicodemo, si nos hallamos en las discusiones con los judíos, si presenciamos la curación del cielo de nacimiento, san Juan evangelista nos está diciendo: No olvidéis que para entender esto, tenéis que pensar que este Jesús que actúa es el que Jesús que os he presentado en el Himno inicial del Evangelio. Jesús es el que es y no puede dejar de serlo para ser otra cosa: es el Verbo de Dios, es el amor de Dios que se ha entregado al mundo.

4. Por otra parte, hermanos, para entender este excelso pasaje podemos adoptar dos métodos diferentes:
- uno, el método teológico. Este texto es la cumbre de la teología y para explicarlo con competencia hacer falta ser teólogo de altos vuelos; y nunca jamás se acabará de sondear la teología que aquí se encierra. Es la teología del verbo Encarnado.
- Pero hay otro camino, el camino de una comprensión sencilla e inmediata, al alcance de todos los que buscan a Dios.
Aquí se nos dice:
Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria como del Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Para dejarse invadir de estas verdades nos hace falta ir a la Universidad y sacar una licenciatura, una maestría, un doctorado. Pero sí hace falta ser invadido por el Espíritu Santo, que nos diga al corazón qué es lo que esto significa:
- Dios conmigo.
- Dios a mi lado.
- Dios como una presencia que no me abandona.
- Dios mi interlocutor inmediato para todos los días de mi vida.
- Dios que es la gloria, la gracia y la verdad, que es el todo para mí.

5. Esto es lo que nos anuncia san Juan. Dios definitivamente hombre. Aquí termina Dios. No habrá nunca una revelación superior. Dios por los siglos de los siglos hombre como nosotros para conducirnos a la intimidad con Dios.

6. Señor Jesús, en el niño nacido en Belén de las entrañas de la Virgen María, te reconozco como mi Dios y como mi hermano. Salva a toda la familia humana, pues por todos te hiciste hombre; y concédenos que, viviendo en la tierra todos como hermanos, alcancemos un día tu compañía en el cielo. Amén.
Guadalajara, 24 diciembre 2014.

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