jueves, 31 de julio de 2014 0 comentarios

576. Ignacio Larrañaga de Azpeitia en vasco, su lengua materna



Ignacio Larrañaga de Azpeitia en vasco, su lengua materna

Hoy es san Ignacio de Loyola (1591-1556), el vasco más universal de todos los vascos. Y esta celebración trae a mi mente el recuerdo cálido de otro vasco universal muerto todavía no hace un año (28 octubre 2014), en Guadalajara de Jalisco (en un municipio adyacente), un vasco que profesó con el nombre de Fr. Jesús María de Azpeitia, como era uso entonces entre los capuchinos y otras órdenes religiosas, cambiar el nombre nativo por un nombre religioso, indicando que se empezaba una vida nueva. Luego, con los cambios que siguieron al Concilio Vaticano II, volvió al nombre de bautismo y familia, que es Ignacio Larrañaga Orbegozo,
Ignacio Larrañaga Orbegozo nació en el caserío de Txanton, en el municipio de Azpeitia, pocos centenares de metros del solar de Loiola (Loyola) donde nació san Ignacio de Loyola. Ignacio Larrañaga de niño se amamantó en su lengua materna, el vasco, idioma “inmemorial, venerable de nuestros Padres”, diría en su ancianidad.
Hoy, en el oficio divino, leemos una noticia muy interesante que tiene que ver con la lengua materna – lengua de la leche de la madre – de un Ignacio de Loyola y de Ignacio Larrañaga de Azpeitia.
De los hechos de san Ignacio recibidos por Luis Goncalves de labios del mismo santo. Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballería, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido, pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que tenía por título Flos santorum, ESCRITOS EN SU LENGUA MATERNA”.
Ignacio de Azpeitia, en los tiempos de los años de formación mínima, casi nula oportunidad, de cultivar y hablar en la lengua de su amatxo, de su aitaxo…
Al final de sus días tuvo un inmenso gozo cuando vio que un hermano de Orden, José Antonio Izagirre, le tradujo al euskera (otros prefieren “euskara”) todas su obras.
El conocido historiador TARSICIO DE AZCONA, capuchino, Premio Príncipe de Viana 2014, escribía así esta relación para un Boletín interno de nuestra Orden, “Punto de encuentro”, de los capuchinos de la Provincia de España (“Punto de Encuentro. Oficina provincial de los Capuchinos de España”. N. 68, septiembre 2014, p. 29), que transcribimos a continuación.

* * *

LAS OBRAS COMPLETAS DE FR. IGNACIO LARRAÑAGA TRADUCIDAS AL EUSKERA

Resulta grato enviar a los hermanos una noticia de hondo calado fraterno. Es de sobra conocida la actividad espiritual y literaria del fundador del gran movimiento kerigmático, “Encuentros de experiencia de Dios”, que fue aceptado por la santa sede y reconocido y citado como “Talleres de oración”. La presentación de casi todos los libros fue realizada a su tiempo en el Boletín Oficial de la antigua Provincia de Navarra. Se trata de un bloque espiritual que refleja el mundo interior del autor y de la masa ingente de sus seguidores.
Muchos de los temas han conocido diversas traducciones. Y aquí salta la noticia. Ahora pueden leerse todos los libros en una especie de “Obras completas de Ignacio Larrañaga, traducidas al euskera”. Este trabajo ciclópeo lo ha realizado fr. José Antonio Izaguirre, residente en nuestro convento de DonostiaSan Sebastián. Lo ha llevado a cabo para ofrecer tan rico legado a quienes emplean esa lengua materna, propia de Ignacio, y a quienes la han aprendido con posteridad. También se ha tomado ese trabajo el traductor para conservar vivo el tesoro de su euskera propio. Es notorio que trabajando sin pausa en el silencio de su celda, el traductor ha conseguido levantar a Ignacio Larrañaga un monumento, más perenne que el bronce.
Conviene añadir que existen alguna obra menor y muchos originales diversos de Ignacio en manos del traductor o en el Archivo General de Pamplona. Desconocemos ese mercado, pero es posible que la obra de Larrañaga en euskera pueda interesar a alguna editorial de Euzkadi.
No estará de más dar a conocer que J. A. Izaguirre ha traducido también al euskera libros de Julián de Yurre, José Antonio Recalde, Loe J. Heydecker, Javier Garrido, Javier Zubiaurre, Policarpo de Iráizoz (del euskera al castellano), Joseph Ratzinger y muchos instrumentos pastorales para el culto de la iglesia de Lourdes.
Lista de los libros de I. Larrañaga traducidos por J.A.Izaguirre:
1. Del sufrimiento a la paz. Oinazetik Bakera (2006)
2. Las fuerzas de la decadencia. Beherakadaren kemenak (2006)
3. El hermano de Asis. Asisko anaia. (2006)
4. La rosa y el fuego. Arrosa eta sua (2006)
5. Forma y vida de los Guías. Gidarien bizitza eta biziera. (2007)
6. Muéstrame tu rostro. Erakuts iezadazu zure aurpegia (2007)
7. Sube conmigo. Igo nirekin (2007)
8. El silencio de Maria. Mariaren isiltasuna (2007)
9. Transfiguración. Antzaldaketa (2008)
10. Manual Curso para matrimonios. Senaremazte ikastaldiaren eskuliburua (2008)
11. El arte de ser feliz. Zoriontsu izateko artea (2008)
12. Manual del guía. Joven. Gidariaren eskuliburua. Gazteak. (2008)
13. El pobre de Nazaret. Nazareteko behartsua (2008)
14. Dialogando con Dios. Jaunarekin berbetan (2008)
15. Evangelizando niños. Haurrak ebanjelizatzen (2008)
16. Matrimonio feliz. Ezkontza zoriontsua (2008)
17. Itinerario hacia Dios. Jaumarantz ibilbidea (2008)
18. Manual del guía. Gidariaren eskuliburua. (2009)
19. Dios adentro. Jainko barrurantz (2009)
20. Salmos para la vida. Bizitzarako Salmoak (2009)
21. El sentido de la vida. Bizitzaren zentzumena (2009)
22. Manual. Escuela de Formacion. Hezkuntza eskolaren eskuliburua (2009)
23. Encuentros de experiencia de Dios. (Cinco días). Jaunarekin elkar aurkitze bizipena (2009)
24. Encuentro. Aurrezaurre. (2009)
25. Senda. Bidexka. (2009)
26. Francisco el Pobre de Asís. Frantzisko, Asisko Txiroa (2010).
Hermano José Antonio Izaguirre muchas gracias y felicitaciones por este trabajo arduo, silencioso y fraterno.
Tarsicio de Azcona

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La alegría del Padre Ignacio fue enorme y se la manifestó con cordial y fraterno agradecimiento al P. José Antonio Izaguirre.
Pero la cosa no termina en este artículo. Este hermano me escribía a mí (ocupado servidor en los asuntos de una “Vida y herencia del Padre Igancio Larrañaga”):
El 2 de diciembre de 2013 terminé de traducir el libro de Ignacio Larrañaga titulado “Conversión permanente”, en euskara “Etenik gabeko Bihotz-berritzea. Ahora, el 25 de junio de 2014 he terminado de traducir: “Cartas Circulares a todos los Guías del mundo”. En Euskara: “Mundu guztiko Gidariei Gutun Zirkularrak”.
Conversión permanente es la última obra escrita por el Padre Ignacio Larrañaga, dirigida a la renovación espiritual de los Guías de los Talleres de Oración y Vida con el ardiente de una especie de refundación espiritual de los Talleres de Oración y Vida, un regalo espiritual que el Señor ha otorgado a su Iglesia por mediación de un humilde y santo capuchino.
Una pregunta se suelta de mi corazón y vuela por los aires, buscando un nido: ¿Habrá algún vasco valeroso que publique este precioso legado espiritual de este Vasco de Azpeitia, en la lengua materna de Ignacio de Loyola, de Ignacio Larrañaga Orbegozo de Azpeitia?
 Fr. Rufino María Grández Lecumberri, O.F.M.Cap.
Desde San Luis Potosí (México), 31 de julio de 2014.

Sobre el Padre Ignacio Larrañaga, véase: La gracia de la oración: VIDA Y HERENCIA DEL PADRE IGNACIO LARRAÑAGA 
viernes, 25 de julio de 2014 0 comentarios

575. Domingo XVI1 - La parábola del tesoro escondido y encontrado



Homilía en el domingo XVI del tiempo ordinario

ciclo A, Mt 13,44-52:

Texto evangélico:
“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces; cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sienta, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?”. Ellos le responden: “Sí”. Él les dijo: “Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo”.


Hermanos:

1. Continuamos este domingo, y terminamos esta sección, con las parábolas de Jesús. Ya dijimos que las parábolas han sido invención de Jesús; antes de él no se conocían en la literatura judía.
Cada una de las parábolas tiene una fuerza creadora, que no se termina en sí misma. Todas ellas implican al sujeto que oye; todas son dramáticas, en cuanto que todas son llamadas a la acción del hombre como respuesta a Dios.
De nuevo tres parábolas, y nuestra predicación se va a centrar en la primera, tan breve, tan sugestiva. Esta parábola representa infinitas historias que se han dado en la vida de la Iglesia, y felizmente se siguen dando. ¡Ojalá que, al pronunciarla, el que la dice y el que la escucha puedan exclamar: Ese soy yo! El que ha dejado todo con alegría, con decisión porque ha encontrado algo más grande. Es la parábola del tesoro escondido y encontrado

2. El día 24 de abril del año 2005 el Papa Benedicto XVI iniciaba su pontificado con una misa en la Plaza de San Pedro, en la que espiritualmente estábamos reunidos toda la cristiandad. Entre tantas cosas bellísimas que dijo este Papa lleno de bondad y de sabiduría, una fue esta: “Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él”.
Él tenía en ese momento 77 años y apeló a su edad para decir a los jóvenes, hablándoles de la amistad con Cristo: “Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”.
Este es el lenguaje de uno que ha encontrado a Cristo y lo ha seguido con entusiasmo toda la vida. Este es un creyente convencido, que con su vida y su palabra está contagiando. Estas palabras iluminan la luminosa parábola de Jesús.

3. En la parábola de Jesús se habla de cuatro elementos vitales que vamos a considerar:
1) Un encuentro: el encuentro del tesoro.
2) Una alegría: la alegría desbordante, imperecedera, transformadora del encuentro del tesoro.
3) Una renuncia: vender todo para conseguir el tesoro.
4) Una nueva vida: la vida del seguimiento, la vida con el tesoro.

4. Lo primero es el encuentro. Y para saber qué es un encuentro voy a volver de nuevo a unas frases del Papa Benedicto, que han tenido una gran fortuna, y que el Papa actual, Papa Francisco, las ha vuelto a recoger en su encíclica titulada La alegría del Evangelio: “No me cansaré de repetir – dice el Papa Francisco – aquellas palabras de Benedicto XVI que nos llevan al centro del Evangelio: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Evangelii gaudium 7, citando a Deus caritas est 1).
El comienzo de la vida cristiana es un encuentro. Esto es serio y fascinante; porque la tentación es ser cristiano por costumbre, por cultura, por herencia, porque sí…nos asedia, y eso desvirtúa el cristianismo.
El verdadero cristiano ha tenido un verdadero encuentro con Jesús de Nazaret. El encuentro es un acontecimiento sorpresa, es un enamoramiento, es el descubrimiento de algo maravilloso que existe y que yo no sospechaba que existiera.
Podemos ser cristianos desde el regazo de nuestras madres, y es gracia que así sea, pero debe llegar un momento en la vida en que uno afirme su fe de una forma iluminada, vigorosa y entusiasmaste. El cristiano, por definición, es – debiera ser – un convencido enamorado.
Así pinta Jesús al hombre de la parábola, en cuya reflexión podríamos continuar tiempo y tiempo. Con personas así el mundo cambiaría, sin duda; el mundo, comenzando por nuestro entorno.
La característica de este encuentro es la alegría. Quien encuentra a Jesús ha hallado la felicidad y para siempre su rostro se unge de alegría. El cristiano, de propia naturaleza, es una persona que irradia y contagia esa alegría que le sale de dentro. No será la carcajada y el chiste, que, como viene, pasa. Será una alegría que para siempre se queda en los ojos, en los labios, en la frente.
Dicen los intérpretes que esta palabra, la alegría, es justamente “la punta” de la parábola, lo que más quiere recalcar Jesús para que asimilemos esto: que la novedad que él trae, viene como una bocanada constante de alegría.

5. Comprendemos que ante un hallazgo así es lógico todo lo que viene. La renuncia es ciertamente real; renuncia total para entrar en el nuevo camino del reino de Dios. Una renuncia dura, por ser completa, pero una renuncia muy llevadera.
Esta renuncia nos lleva a la consagración en el reino. El reino de Dios, que es el último don de Dios a los hombres, nos trae la vida divina para hacerla nuestra como vida cotidiana.
El reino de Dios es el tesoro.
El reino de Dios es la perla preciosa.
¡Y pensar que todo esto lo tenemos, si queremos, al alcance de la mano…! Porque Jesús  nos lo ha dado…
La parábola de la red con toda clase de peces va por otro lado y apunta al juicio final de la historia, adonde ha de ir la existencia real y personal de la Iglesia (que entonces será la Iglesia glorificada), y, como antagónico, la existencia de peces malos que hay que tirar a la basura: y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, dice la tremenda frase de Jesús.

6. Concluimos, hermanos, diciéndole a Jesús:
Te pedimos, Jesús, hermano nuestro y Señor de la historia, la alegría del Evangelio. Que te encontremos con un  gozo exuberante  e inmarcesible. Y que ese gozo sea el tono, el vigor, y la fuerza fecunda de nuestra vida- Amén.

Tlalpan (México D.F.), viernes, 25 julio 2014.
jueves, 24 de julio de 2014 0 comentarios

574. Para gustar la Escritura



Para gustar la Escritura

Dedicado a Benedicto XVI,
que dio a la Iglesia la  exhortación apostólica
"Verbum Domini" (2010),
y a cuantos se afanan
por la Página Santa.


1. Para gustar la Escritura
el amor quiere su tiempo,
ella y yo, sin que nos vean
de la mano y en silencio.

2. Si la prisa es homicida
vaya lejos de mi cuerpo,
mi corazón amoroso
busca, enfermo, su sosiego.

3. Con mano para tocar
acaricia el libro bello,
cuídalo como tesoro
protégelo con tus besos.

4. Para gustar la Escritura,
mira adentro muy adentro,
porque adentro está Jesús
como al principio era el Verbo.

5. Y otra palabra no busques
ni el estudio sea enredo;
en los brazos del Espíritu
cada página es encuentro.

6. Lo real más evidente,
lo que de todo es sustento
es la Palabra primera
que en todo deja su sello.

7. Para gustar la Escritura,
humildad de sabio viejo,
ternura  de enamorado
y un horno de ardiente fuego.

8. Para gustar la Escritura
tenerla junto a mi pecho:
que sea pozo profundo
a todo sediento abierto.

9. Para gustar la Escritura
yo doy un abrazo inmenso
a la Iglesia que es mi Madre
y en ella encuentra su espejo.

10. Para gustar la Escritura,
ayudadme, hermanos buenos,
estudiosos o ignorantes,
que habéis visto al Nazareno.

11. Para gustar la Escritura,  
a ti mismo yo me acerco,
Jesús, mi Dios palpitante
aquí en este sacramento.

12. Con sencillez yo te pido
que me abras tu secreto:
leerte por más amarte
en la tierra y en el cielo.


Tlalpan (México D.F.), 24 julio 2014,
mientras  tratamos de servir compartir en los cursos de verano
de la Universidad Pontificia de México,
“las fragantes palabras de mi Señor” (S. Francisco a todos los fieles).

 
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