domingo, 30 de noviembre de 2014 0 comentarios

625. Espiritualidad del Adviento – 1



Adviento, el portal de la Liturgia


1. Al llegar el Adviento

Al llegar el Adviento, una oleada de poesía airea mi corazón… Sencillamente porque me trae recuerdos y es muy bonito divagar cuando los recuerdos son dulces y placenteros. Quisiera hablar de la espiritualidad del Adviento, y a modo de pórtico, con la anuencia del lector o lectora (acaso novicio o novicia) voy a evocar mi “primer Adviento” singular, hace 59 años, cuando yo era un novicio en la vida capuchina, en el curso 1955-1956.
¡Adviento de diciembre de 1955, Adviento de mi  noviciado! Cuando se cumplieron 50 años de profesión (15 agosto 1956) quise evocar aquel año para memoria de los herederos, y escribí un librito lleno de cariño: Memoria del noviciado: Memoria de un novicio y su noviciado a la vuelta de 50 años, 1956-2006 (Pamplona, Curia provincial de Capuchinos 2006), para una colección interna de recuerdos nuestros, capuchinos. No sé por arte de quién y cómo ese librito ha ido a parar a Internet – en este caso no me molesta – de modo que el lector puede escribir mi nombre y el título y allí verán una historia minuciosa, historia linda de unos años primaverales.
A aquel librito acudo como punto de arranque de estos pensamientos de Espiritualidad del Adviento. La historia dice así:

“Adviento, primavera de la liturgia
El Adviento es como la primavera de la liturgia. Por el Adviento yo comencé a gustar la dulzura, la hermosura, la poesía y la teología de la liturgia. Ya en Zaragoza [Colegio de Filosofía] leíamos en el comedor las explicaciones litúrgicas del P. Pío Parsch, y nos habíamos adentrado en el espíritu de la celebración de la Iglesia.
En el noviciado, al menos para mí, el sabor de la liturgia fue cosa especial, y desde entonces ha ido creciendo a más y a más. La liturgia, según la entiendas, es el soporte de la teología de la Iglesia. Y viene a ser la estructura esencial del ser Iglesia. El pensamiento penetrante del hasta hace poco teólogo Ratzinger va por ahí..., una Papa, por cierto, de una luz esplendorosa.
Cerca de nosotros está la abadía benedictina de Leyre, entonces un priorato que empezaba a formarse, restaurado por obra del Gobierno de Navarra el antiguo monasterio, donde están enterrados algunos de los reyes de Navarra. El P. Augusto Pascual, superior, fue llamado por el P. Maestro a darnos algunas explicaciones de liturgia. Había buena relación entre capuchinos y benedictinos. En Leyre, he podido saber después que vivió el Padre Azcárate, el que escribió La flor de la Liturgia, una manual muy divulgado años atrás. El P. Azcárate vivió muchos años en Argentina.
No recuerdo de qué temas nos habló el P. Augusto Pascual, porque sus charlas no pasaron a mi Cuaderno espiritual. Pero sí recuerdo, y lo que voy a referir me viene a la mente siempre que iniciamos el Adviento, la anécdota de aquel monje anciano. Había en su monasterio un monje anciano que cada año, al llegar el Adviento y oír cantar el responsorio del primer domingo Aspiciens a longe..., se le ilumina el rostro como a un profeta que miraba a lo lejos venir el Mesías, y parecía con un iluminado y traspuesto; diría - añado yo - como el monje Virila, San Virila, del mismo monasterio de Leyre que salió una tarde a pasear y perdido en el bosque, al oír cantar a un pajarillo, se quedó en éxtasis... trescientos años. La Fuente de San Virila lo recuerda.
¿Qué era y qué es Aspiciens a longe...? Es el responsorio más largo que se encuentra en el oficio divino, un responsorio que nos representa en un cuadro dramatizado con frases tomadas de la Biblia la espera anhelante del Adviento. Me agrada recordarlo:


R/ He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. * Id a su en­cuentro y preguntadle: * «Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.»

V/ Plebeyos y nobles, ricos y pobres,

R/ Id a su encuentro y preguntadle:

V/ Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño:
R/ Dinos si tú eres el que esperamos.
V/ ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas an­tiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
R/ El que ha de reinar en el pueblo de Israel.
V/ He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. * Id a su en­cuentro y preguntadle: * «Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.»

Es un responsorio musicalizado, en latín, por autores clásicos. Así, uniéndonos a la caravana de los que de lejos miraban al Mesías, entramos en Adviento. "En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos: a longe eas aspicientes et salutantes" (Hb 11,13)”.

2. Adviento: frescor espiritual y poesía

Hasta aquí lo que escribí recordando. ¿Qué es lo que yo veía en el Adviento para quedar prendado de su hermosura y entrar por él en el misterio de la Liturgia?
Me gustaban las antífonas, y me parecía cada una de ellas como un pequeño poema.
Me gustaba escuchar al profeta Isaías como profeta del Adviento.
Me gustaban lo que nos explicaban con aquel sencillo esquema: El Señor vino, el Señor viene, el Señor vendrá: las tres venidas de Adviento.
Me gustaba lo que nos decían de los tres modelos o figuras de Adviento: Isaías, Juan Bautista, la Virgen María.
Me encantaban las antífonas de la O, que las cantábamos en gregoriano. Hoy los jóvenes no las saben… Y, a lo mejor, si uno sugiere aprenderlas, cortésmente te dicen que ya no pega…
Me encantaban, sin duda, otras cosas, otras prácticas que teníamos, pero con esto… vale.
No existía la Corona de Adviento, algo que sí tenía su sentido en centro Europa, me parece, y que acaso nos entró por la sensibilidad litúrgica de los catalanes (?), que en este punto han sido muy finos.

3. Los años corren y el Adviento es más Adviento

Era antes del Concilio, y yo no me imaginaban que iba a venir un concilio (anunciado en 1959) con una teología que siendo lo que siempre creyó la Iglesia, es, sin embargo distinta, con otros aires que orean de la montaña. La severidad del Adviento (no correctamente entendido como una segunda cuaresma) se ha atenuado, o, más bien, ha sido arrasada…, pero el Adviento se ha rejuvenecido como tiempo de amor, y hay muchas venas que nos ofrecen, con la liturgia renovada, con la teología “pascualizada”, un panorama increíblemente bello del Adviento, como para que un novicio, una novicia vuelva encontrar en el Adviento, acaso, la puerta del paraíso de la liturgia.
¿Qué es lo que yo veo en el Adviento?
1. Yo comenzaría explicando qué es el Adviento  que vivió Jesús, que él lo plasmó en el Padrenuestro.
2. Y explicaría el Adviento de los cuatro domingos con su dinámica propia.
3. Y diría cuál es la definición del Adviento, escrita en la renovación de los tiempos litúrgicos, a saber. “El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 39).
4. Continuando, continuando, tendríamos que apreciar la ordenación y proclamación de la Sagrada Escritura, tanto en la misa como en el oficio divino.
5. Otro filón de la espiritualidad del Adviento, las lecturas patrísticas y eclesiásticas.
6. Pero también las súplicas de Adviento.
7. Un gran venero del Adviento, la Himnodia de Adviento…, que está por crearse.
8. Las antífonas de la O son una riqueza que no podemos desperdiciar.
9. La presencia de María en Adviento, como nos lo ha explicado Pablo VI en la Marialis cultus. El Adviento es el tiempo de María. Y aquí, la Expectación del parto y algunas oraciones antiguas que ha recuperado la liturgia en los días finales del Adviento.
10. El silencio de Adviento, contemplación y acogida
11. La Corona de Adviento, con su oración de bendición.
12. El Adviento tiempo del Espíritu. Ah, recordemos la homilía de ayer del Papa en Estambul (Constantinopla), en la catedral Católica del Espíritu Santo: “…Es verdad, el Espíritu Santo suscita los diferentes carismas en la Iglesia; en apariencia, esto parece crear desorden, pero en realidad, bajo su guía, es una inmensa riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad. Sólo el Espíritu Santo puede suscitar la diversidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, producir la unidad. Cuando somos nosotros quienes deseamos crear la diversidad, y nos encerramos en nuestros particularismos y exclusivismos, provocamos la división; y cuando queremos hacer la unidad según nuestros planes humanos, terminamos implantando la uniformidad y la homogeneidad. Por el contrario, si nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca crean conflicto, porque él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia” (29 noviembre 2014).
12. Y otras cosas que el Espíritu de Dios suscita en cada uno… de teología, de poesía, de artes figurativas…

4. Cuidado con lo que nos puede deteriorar el Adviento

No pocas cosas amenazan la pureza del Adviento, algunas demasiado evidentes.

1. El adviento comercial, es decir, la Prenavidad que comenzó a finales (si no a mediados) de noviembre, con Papá Noel, con el árbol de Navidad… y acaso con el Niño de Belén, y pronto con canciones de Navidad para armonizar la compra.
2. Nuestra fiestas prenavideñas, como fin de semestre, cantando la Navidad cuando no ha llegado y mezclando o confundiendo tiempos y vivencias.
3. Las pastorelas con lo que llevan de ensayo y preparación…
4. Las fiestas y fiestas… para caer en picado a partir del día 25, cuando acaba de comenzar la Navidad.
5. Y más sutilmente los cantos pobres de música y de contenido. Hay una gran pobreza de cantos de Adviento.
6. En suma, somos nosotros mismos los que caemos inevitablemente en no sé qué red social (llámese, incluso, académica…) para quedar presa de una sutil enajenación.


5. Un Adviento singular en este Año de la Vida Consagrada

Año de la Vida Consagrada para todo el pueblo santo de Dios, y muy especialmente para nosotros, religiosos, religiosas… (“a todos los consagrados”, exactamente), presentado por la carta que nos escribió el Santo Padre Francisco el día 21 pasado, en la Presentación de María. Dice textualmente estas cosas

I . Objetivos para el Año de la Vida Consagrada.
1. El primer objetivo es mirar al pasado con gratitud.
2. Este Año nos llama también a vivir el presente con pasión.
3. Abrazar el futuro con esperanza quiere ser el tercer objetivo de este Año.

II - Expectativas para el Año de la Vida Consagrada
¿Qué espero en particular de este Año de gracia de la Vida Consagrada?
1. Que sea siempre verdad lo que dije una vez: «Donde hay religiosos hay alegría».
2. Espero que «despertéis al mundo», porque la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía.
3. Los religiosos y las religiosas, al igual que todas las demás personas consagradas, están llamadas a ser «expertos en comunión».
4. Espero de vosotros, además, lo que pido a todos los miembros de la Iglesia: salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales.
5. Espero que toda forma de vida consagrada se pregunte sobre lo que Dios y la humanidad de hoy piden.

¡Ven, Señor Jesús!

Guadalajara, Jalisco, 30 noviembre 2014

Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.
viernes, 28 de noviembre de 2014 2 comentarios

624. Domingo I Adviento B – Adviento: ¡Ven, Señor Jesús!




624. Domingo I Adviento B – Adviento: ¡Ven, Señor Jesús!
Homilía en el primer Domingo de Adviento, ciclo B

Mc 13,33-37

 

Texto evangélico:
Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.  Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o al mediodía, o al canto del gallo, o al amanecer, no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!

Hermanos.

1. Hoy iniciamos el Adviento, y antes de entrar en la explicación y escucha de los textos sagrados, es oportuno que nos situemos en el significado del tiempo que comienza y sepamos qué anuncia y cómo se articula en el conjunto de los tiempos que celebra la Iglesia.
Adviento es ni más ni menos que la expresión latina “Adventus” puesta en castellano: Adventus, la llegada; una llegada solemne que es todo un acontecimiento. Alguien muy importante, el Emperador, llega a la ciudad, y toda la ciudad se convierte en un festejo de acogida, de fiesta y celebración.
Curiosamente la palabra Adventus es la traducción de la versión de una palabra griega muy importante en la Biblia: Parusía. Esta es una palabra que les resulta familiar a quienes se meten poco a fondo en el estudio de la Escritura: Parusía es la Venida de Cristo al final de los tiempos, revestido de poder y de gloria.
Cuando celebramos la Eucaristía, inmediatamente después de la consagración aclamamos a Cristo: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección: ¡Ven, Señor Jesús! Esta última aclamación, “¡Ven, Señor Jesús!”, es la palabra con que termina la Biblia, en su último libro, el Apocalipsis: ¡Ven Señor Jesús!, o como lo decían los primeros cristianos, en arameo, que era la lengua de Jesús, aunque no supiesen ellos arameo: ¡Maraná-Thá!, Ven Señor. La vida cristiana es un inmenso clamor hacia Dios: ¡Ven, Señor! Es un grito confesando que nuestra vida tiene valor porque está toda ella orientada hacia esa soberanía que solo Dios puede ejercer: ¡Ven, Señor!, ¡Ven, Señor Jesús!

2. El Adviento es el memorial permanente de la venida de Dios en la historia humana. Decimos – y es verdad – que el Adviento es la preparación para la Navidad. Es cierto, sí, que la venida de Dios es la verdad matriz de nuestra fe: el Dios viviente, el Dios de la presencia en medio de su pueblo, el Dios que viene, que actúa, el que ha de coronar todas nuestras esperanzas, Dios presencia, Dios relación. Ese y no otro es nuestro Dios.

3. El Adviento nos lo recuerda y el primer domingo, todos los años, nos remite a esa venida final de Jesús en la historia, enlazando, por otra parte, con el mismo mensaje que escuchábamos el domingo pasado, domingo final del año litúrgico, domingo de Jesucristo, Rey del universo. Vigilad, velad, es la palabra clave del Evangelio de hoy, conclusión del discurso escatológico de Jesús.

4. Es algo grandioso, hermanos, haber caído en la cuenta de los sentimientos que bullen en el corazón de Jesús en su convivencia con nosotros. Nos deleita, y nunca nos cansamos de pensarlo, el ver a Jesús de Nazaret como el hombre que ha bajado hasta el fondo de nuestra humanidad y ha comprendido el dolor y la miseria humana. El domingo pasado nos hablaba de “estos mis hermanos más pequeños”, identificándose con los desheredados de la tierra fueran de la religión que fueran. Nunca tendremos palabras bastantes para agradecerlo; y este modelo estará siempre ahí para imitarlo.

5. Esto es del todo cierto, y sin quitar nada a esta figura dominante de Jesús en nuestra piedad cristiana, que es la figura del Sagrado Corazón de Jesús, hemos de sondear otras profundidades que también ha vivido. Jesús ha visto el fracaso de su pueblo, lo ha profetizado: la ruina del templo y de la ciudad, viejas desgracias de siglos pasado que ahora Jesús las veía inminente: triste final de la actividad de un profeta, como seis siglos atrás le había ocurrido al profeta doliente y sufriente, Jeremías. En los días finales de su vida Jesús anuncia esta desolación. No se trata de una perspectiva política, sino del juicio de Dios amoroso. Así lo interpretó él. Y de hecho cuarenta años después los romanos arrasaban templo y ciudad.

6. Aquella catástrofe no le hundió a  Jesús; al contrario, de aquella desgracia suprema brotó esperanza y salvación. Jesús entonces se reafirmó, en el fondo de su ser, como lo que era: el Hijo de hombre que había visto Daniel que se acercaba al Dios poderoso y recibía poder y gloria como Señor de la historia. Este es el Jesús de nuestra esperanza, el Jesús de nuestra fe. El jueves pasado en la misa escuchábamos esta frase grandiosa y gloriosa que abre nuestro corazón a la esperanza infinita: “Cuando empiece a suceder esto (cuando “las potencias del cielo sean sacudidas”), levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación” (Lc 21,28).

5. Como cristianos, mis hermanos, tantas veces nos hemos preguntado: ¿Quién es verdaderamente Jesús?  No le vamos a capturar en una definición, como si nosotros fuéramos los dueños de su persona. Él es el sentido de nuestra vida; es el Dios con nosotros, porque es Dios mismo.
Acabo de decir que él es el sentido de  nuestra vida. Él es la más concreta referencia de Dios para nosotros.
Estos días pasados hemos asistido, de algún modo, a este hecho importante para nosotros, europeos, la visita del Papa al parlamento europeo, institución que representa a 28 países y 500 millones de habitantes. Alguien se ha molestado de que se le diera la palabra en un hemiciclo, que es un foro político; alguien, y bastantes, se han molestado de que en su discurso mencionara el aborto y lo llamara “asesinato” de niños antes de nacer.
El Papa, que no ha sido un intruso, sino un invitado de honor por el Presidente, tenía que decir estas cosas. ¿Adónde va Europa, mi continente, humanamente envejecida, espiritualmente desgastada? El futuro no es nada halagüeño. El Papa ha hablado de la defensa de la persona, pero apreciando su dignidad, su valor, desde la transcendencia, porque si la persona no es defendida desde ahí, podemos utilizarla y degradarla desde los meros intereses económicos, que, al parecer, son los que imperan. Y ha dicho, entre otras, estas frases memorables: “El futuro de Europa depende del redescubrimiento del nexo vital e inseparable entre estos dos elementos [es decir, la apertura a Dios y al mundo]. Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin embargo, ama y defiende.
Precisamente a partir de la necesidad de una apertura a la trascendencia, deseo afirmar la centralidad de la persona humana, que de otro modo estaría en manos de las modas y poderes del momento” (24 de noviembre).

6. Hermanos, abramos los ojos; sí, abramos los ojos a Dios, que llega a nosotros por medio de su Hijo Jesucristo.
Con los primeros cristianos, hoy y siempre, nosotros diremos:
¡Ven, Señor Jesús!, Maránata.
Y la respuesta es: ¡Sí, vengo pronto!
Amén.

Guadalajara, Jalisco, 28 noviembre 2014.
 
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