viernes, 2 de enero de 2015

640. Domingo de la Epifanía (México): Jesús, luz de todas las naciones



Homilía para el Domingo de la Epifanía del Señor, Mt 2,1-12
 
Texto evangélico:
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les peguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron. “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta. ‘Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni muchos menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel’
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles. “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculos para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Hermanos:
1. Hoy (domingo 4 de enero)  celebramos  en México una fiesta esplendorosa que en el calendario de la Iglesia universal está puesta el día 6 de enero: la Epifanía del Señor. Como en México, otros países la anticipan a este domingo próximo, por razones del calendario laboral.
Fiesta de los Reyes Magos, que es de ilusión para los niños, por ser fiesta de regalos. Pero este aspecto simpático y agradable para pequeños y mayores no puede oscurecer el sentido principal del significado evangélico, profundo y bellísimo que anuncian los textos sagrados.
Los días pasados hemos tenido ocasión de escuchar al anciano Simeón, cuando toma al Niño en los brazos, y ante sus padres atónitos lo proclama como
- luz para todas las naciones
- y gloria de tu pueblo Israel.
Estos dos frases bellísimas nos dan el significado de la persona y de la vida de Jesús.
Jesús es judío; es la flor más bella del judaísmo. Si el pueblo aclamó un día a Judith (palabra que significa “la Judía”): “Tú eres la exaltación de Jerusalén, tú el gran orgullo de Israel, tú la suprema gloria de nuestra raza.” (Jdt 15,9), todo eso, que es justo, no alcanza la alabanza que Jesús merece.
Ahora bien, la vida de Jesús no es sólo “la gloria de tu pueblo Israel”; es la luz de las naciones. Y éste es el significado profundo de la fiesta de la Epifanía del Señor, que hoy estamos celebrando.
Vean, pues, cómo se organiza la celebración del ciclo de Navidad, en torno a tres polos:
- La noche de Navidad y el día de Navidad es la manifestación de Dios a su pueblo. Los ángeles, que dan gloria a Dios, son los mensajeros de Dios para Israel, anunciando la Buena Nueva a los pastores.  Es la primera fiesta de Navidad.
- A los ocho días, en la octava, que siempre corresponde al 1 de enero, Año Nuevo, el misterio de la Encarnación lo contemplamos en los brazos de María: María que estrecha al Hijo en sus brazos, que lo alimenta con la leche de su pecho, es la Madre de Dios que lo ha entregado al mundo.
- Y la tercera es la fiesta de los Magos de Oriente, de esos hombres buscadores por  el camino de la vida, que han visto una estrella y la siguen como estrella de Dios.  El relato que hemos escuchado, que no es historieta de niños, sino una simbólica narración para adultos es la proclamación abierta de que Jesús no es propiedad de un pueblo, sino luz de todas las naciones.

2. Para expresarlo, los textos sagrados acuden a unas antiguas profecías. El capítulo 60 del libro de Isaías es un texto magnífico, que habla de luz y de gloria, cuando la realidad era un desastre.
Y un profeta misterioso, cuyo nombre desconocemos, se yergue con la palabra de Dios y dice:
“Levántate y resplandece, Jerusalén,
porque ha llegado tu luz,
y la gloria del Señor alborea sobre ti”.

Y sigue el oráculo divino:
“Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos,
pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria”.
Estas palabras sólo pueden admitirse desde una fe, desde una religión.
No es el orgullo de un pueblo, sino la fe en un Dios que se le ha metido lleno de amor hasta la entraña.

3. Epifanía, manifestación de Dios, nos está diciendo que el Dios de nuestra revelación es el Dios de todos los pueblos.
Hay dos verdades soberanas que están incluidas en el sentido profundo de esta fiesta de los Magos de Oriente que vienen a adorar al recién nacido:
- La primera, el Dios que se nos ha manifestado es el Dios de todas las gentes, de todas las razas, de todas las culturas.
- La segunda, en consecuencia, todos, destinados a adorar al mismo Dios, somos hermanos y nos debemos, ante Dios, el respeto y amor de unos hermanos bien nacidos.
    
4. Como cristianos adultos en la fe, estas consideraciones nos llevan a plantearnos grandes problemas de la humanidad, y todo lo que es humano nos interesa directamente.
En la humanidad hay grandes religiones, las cuales se presentan como caminos de salvación. Todas ellas tienen sus creencias, sus dogmas, lo mismo que su moral y sus normas de conducta.
¿Qué debemos pensar de las religiones del mundo? Que hemos de tener un gran respeto por todas ellas, especialmente cuando vemos en ellas a personas absolutamente consecuentes con sus principios. Se piense, por ejemplo, en Gandhi. Ha sido un ejemplo maravilloso para toda la humanidad, verdadero padre de su pueblo de la India. Hombre de oración, de adoración, de gran humanidad, de lucha por salir de toda su esclavitud.

5. Y, siendo esto así, nosotros, como cristianos, añadimos que la fe cristiana no es indiferente, y que no somos una religión más en el conjunto de la tierra. El Papa Benedicto XVI nos ha recordado que el diálogo no puede sustituir a la misión. Así lo escribía y detallaba en un mensaje a la Universidad Urbaniana de Roma que le había dedicado el Aula Magna.
Nosotros, al anunciar que Jesús es, no sólo un eximio maestro, sino el mismo Hijo de Dios, convencidos de ello, podemos hacer con valentía nuestra oferta, conscientes de que es la mejor. El Dios que nosotros ofrecemos es el Dios hombre, que nadie lo ha ofrecido; y ofrecemos al mismo tiempo el proyecto de una humanidad nueva, con unos ideales y valores de amor como nadie los ha brindado.
Por todo, ello la fiesta de los Reyes Magos es también un gran día misionero. Nosotros, cristianos, siguiendo el Evangelio, presentamos a Jesús, diciendo a toda la tierra: ésta es nuestra salvación. ¡Venid, naciones todas, adorad al Hijo de Dios, venido por nosotros!
El Espíritu Santo nos lo entrega; la Virgen, hija de Adán, hermana nuestra, madre del Señor, lo tiene en sus brazos.
6. Virgen de Belén, que ofreces a tu Hijo al mundo entero, como tú queremos alzarlos en nuestros brazos como signo de salvación para todas las gentes: Que seamos misioneros de tu Hijo con el ejemplo de nuestra fe y con nuestras palabras. Amén.

Guadalajara, Jal., viernes, 2 enero 2015.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Fray Rufino:
Después de leer el pasaje evangélico no es posible no tener en cuenta que Herodes el Grande fue uno de los más sanguinarios y crueles gobernantes de Judea, Galilea, Samaria e Idumea. La gran mayoría de los historiadores de la época lo describen así: un gobernante brutal, acostumbrado a intrigas, traiciones y asesinatos. Por lo tanto resultan muy incoherentes las decisiones tomadas por Herodes, luego de saber las malas noticias del nacimiento de un rey compitiendo por su reino.
En efecto. Hombre desconfiado por naturaleza, en vez de enviar a sus espías para que le informasen de los hechos, confía la gestión en unas personas desconocidas que finalmente le engañan.
Saludos.
Juan José.

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