domingo, 11 de enero de 2015

642. Bautismo del Señor - Memoria de mi bautismo



BAUTISMO DEL SEÑOR - MEMORIA DE MI BAUTISMO


Hoy es el Bautismo del Señor.
Voy a recordar mi bautismo, la gracia radical de mi vida. Aquel día feliz yo era un “infante” nacido cuatro días antes. Mis padres, de santa memoria, por gracia de Dios, de cuidaron de amamantarme en la Fe que ellos profesaban y quería como la mejor herencia para sus hijos. Fue la mayor gracia que nos dieron. La mayor gracia que el Señor me concedía.
Con mis recuerdos repaso apuntes espirituales que hace una porción de años compartía como retiro espiritual con un Seminario de México (Seminario Guadalupano de Cuautitlán Izcalli)

I. Bautismo y noche pascual

La noche pascual es el centro y el alma de toda la espiritualidad cristiana, la clave que abre a la mística. Nosotros, ya bautizados, ya nunca más seremos "rebautizados", porque lo que Dios hizo en nosotros lo hizo de una vez para siempre, como en su Hijo, al resucitarle de los muertos. Pero en la noche pascual se renovará la gracia del bautismo. Al saber que es, como ninguna fecha del año, la noche bautismal, nos unimos a todos los catecúmenos que van a ser bautizados, les acompañamos, e, inmersos en el mismo misterio, dejamos que Cristo Resucitado renueve en el fondo del ser la gracia del bautismo.
En esta noche pascual, al proclamar la Sda. Escritura como viviente historia de salvación, percibimos que hay tres lecturas esenciales. Nunca las podremos omitir.
La primera - es obvio - es la proclamación de la Resurrección de Jesús. No la proclama el diácono, sino, caso excepcional, la proclama (y, mejor, la canta) el Obispo.
La segunda es el Paso del Mar Rojo, símbolo de la liberación y del bautismo.
La tercera es el texto bautismal más importante de las cartas apostólicas sobre el bautismo: Romanos 6,3-11.
¿Cómo nos prepararemos  para la renovación de la gracia bautismal, que Cristo quiere obrar en lo profundo de nuestro corazón?
Vamos a recordar los momentos y signos que acompañaron a nuestro bautismo de infantes. Son elementos que podemos incorporarlos a las fibras de nuestro ser como características de una genuina espiritualidad cristiana.
El repaso de estos momentos y signos bautismales puede servirnos esta semana a modo de "escrutinio" de conciencia: iluminación y corrección. La pregunta básica sería, pues, ésta: ¿Cómo vivo mi bautismo? ¿Qué conciencia tengo de mi consagración "in Christum" (Rm 6), pues he sido incorporado a su muerte y a su resurrección? Esta es la realidad espiritual y mística del bautismo.
Repasemos estos momentos y signos que marcaron nuestro bautismo.


II. Diecisiete momentos y recuerdos de mi bautismo

1. Elección de un nombre cristiano
Al haber sido yo adscrito a los "electi" para el bautismo, eligieron para mí un nombre cristiano, un nombre que significara que Cristo era la referencia de mi vida, sólo él. El nombre cristiano está destinado a evocar mi pertenencia a Cristo y a su comunidad santa. Celebrar mi "santo" es celebrar a Cristo, luz de los santos.
En la vida religiosa ha sido costumbre la de tomar un nombre nuevo, uso que hoy es cuestionado, sobre todo por razones civiles de identificación. Si esto se hacía así, era porque la nueva vida quería representar un cambio total en mi ser; también por razones de fraternidad, para desechar cualquier renombre social que, acaso, fuera ligado a un apellido noble. En la vida religiosa todos renacemos como hermanos de una nueva familia, en la que no cuentan para nada títulos anteriores.
Con todo, regresando al bautismo, permanece el significado del nombre cristiano como marca de identidad en el pueblo santo de Dios.

2. La acogida en el seno de la Iglesia

El sacerdote salió a la puerta de la iglesia para acogerme, para introducirme en la Iglesia santa de Dios.
Se me preguntó:
¿Qué pides a la Iglesia?
Respondí, por boca de mis padrinos:
-¡La fe!
- Y la fe ¿qué te da?
- La vida eterna.
Soy hijo de la Iglesia, hija de la Iglesia. La Iglesia desde entonces para mí es "la santa Madre Iglesia".
En algunos santos brilla el amor a la Iglesia como carisma singular, donde se estrellan las objeciones que la razón levanta contra la institución eclesiástica. El amor a la Iglesia traspasa barreras y contempla, pura, la esencia misma de la Iglesia como esposa de Cristo.
Es una de las gracias más delicadas que se nos puede conceder en nuestro nacimiento bautismal: amar a la Iglesia como Madre. Esta actitud, que si no la cuidamos se deteriora, es la más segura defensa de la fe.  

3. La cruz sobre la frente
"N. N. (Francisco, Clara, Lucía...), la comunidad cristiana os recibe con gran alegría. Yo, en su nombre, os signo con la señal de Cristo Salvador. Y vosotros, padres (y padrinos), haced también sobre ellos, la señal de la cruz".
La Cruz es la señal del cristiano, socialmente y, sobre todo, en el arcano del corazón. La Cruz se nos ha dado como cédula de identidad para presentarnos ante Cristo, cuando él nos salga al encuentro.

4. Invocación de los Santos
Con la Oración universal, se invoca a los Santos (incluso puede ser, en determinadas ocasiones, las Letanías de los Santos): toda la Iglesia celestial estuvo presente en mi bautismo.
De aquí nos nace una devoción amplia a los santos como familia en Cristo. Mas no precisamente a algunos en particular como especializados en favores, sino a todos y cada uno de los santos como ciudadanos de la Patria.

5. Oración en forma de exorcismo
En la Iglesia no se puede proferir exorcismos sin el consentimiento explícito del Obispo. En el bautismo no se pronuncia un exorcismo, sí una oración en forma de exorcismo. La oración del Ritual dice:
Dios todopoderoso y eterno,
que has enviado tu Hijo al mundo,
para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal,
y llevarnos así, arrancados de las tinieblas,
al Reino de tu luz admirable;
te pedimos que estos niños, lavados del pecado original,
sean templo tuyo,
y que el Espíritu Santo habite en ellos.
Por Cristo nuestro Señor".


6. Unción con el óleo de los catecúmenos en el pecho
La unción en el pecho va a ser un óleo fortificante para la lucha. Dicen las palabras que acompañan la unción:
"Para que el poder de Cristo os fortalezca, os ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos".

Preparación próxima del rito bautismal

7. El agua de mi bautismo
En la noche pascual la bendición del agua del bautismo es precedida del canto solemne de las Letanías.
Luego el sacerdote pronuncia una oración "sacramental", bellísima, sobre "la criatura del agua", escogida por Dios "para significar la gracia del bautismo". Evoca la historia de la salvación:
- las aguas primordiales, sobre las que se cernía el Espíritu de Dios,
- las aguas del diluvio, de donde nació la nueva humanidad,
- las aguas del mar Rojo, por las que pasó el pueblo de los liberados, figura de la familia de los bautizados,
- las aguas del Jordán, donde fue ungido Jesús por el Espíritu Santo,
- el agua que manó del costado de Cristo.
Y luego continúa:
"Mira a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del Bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a una nueva vida por el agua y el Espíritu".
Aquí introduce el Cirio pascual en el agua, una o tres veces, si lo cree oportuno, y prosigue:
"Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente".

8. Renuncia solemne de Satanás y sus obras
Renuncia que volveremos a repetir en la noche pascual.

9. Profesión de la fe, que desde ahora será mi fe cristiana
Igualmente renovamos esta profesión de fe en el bautismo.
Queremos guardar esta fe que profesamos y morir en la fe de la santa Iglesia. Hoy puedo profesar mi fe, con el poso de mi experiencia cristiana, dando testimonio de que la fe es "historia de salvación" en mí. Creo en Dios Padre, como palabra llena de contenido, pues la paternidad divina por Cristo la he encontrado en el camino de mi vida.

10. Quiero ser bautizado
- "¿Queréis, por tanto, que vuestro hijo N. (que vuestra hija N.) Sea bautizado/a en la fe de la Iglesia que todos juntos acabamos de profesar?
- Sí, queremos".
El acontecimiento

El acto esencial del bautismo

11. Bautizado, santificado, en la Trinidad      
"Francisco... (Clara), yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo." (No se dice "Amén", pues Dios mismos ha puesto su propio Amén eficaz en el bautismo).
La Trinidad mora en mí para toda la eternidad.


     Después del bautismo
12. La unción del crisma
El crisma es para el bautismo y la confirmación. (También se unge - de modo derivado - al obispo, al sacerdote, el altar y la iglesia consagrada). Al bautizado se le unge en la coronilla de la cabeza.
"Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que te ha liberado del pecado y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, te consagre con el crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey".


13. La blanca vestidura
"Francisco (Clara...) Eres ya nueva criatura y has sido revestido de Cristo.  Esta vestidura sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna".
En el cielo cantaremos a Cristo glorioso, vestidos de blanca vestidura, como dice el Apocalipsis.

14. Entrega de la Luz de Cristo
"Recibe la luz de Cristo. (Uno de la familia prende el cirio del bautizado de la luz del Cirio pascual).
A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestro hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz. Y perseverando en la fe, pueda salir con todos los Santos al encuentro del Señor".

15  Effetá (ahora rito facultativo) Mc 7,34
El sacerdote, con el dedo pulgar, toca los oídos y la boca del bautizado, y dice:
"El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre".

16. Hijo de Dios: Acceso al altar y ¡Abbá!, Padre nuestro
Bautizado el niño, hecho hijo de Dios, depositario de toda la complacencia del Padre en el Hijo amado, lleno del Espíritu Santo, se acerca al altar. Un día recibirá el sacramento de la Confirmación. Un día participará en la mesa del banquete eucarístico y, en medio de la Iglesia, invocará a Dios  como Padre.
"Para prefigurar la futura participación en la Eucaristía, después de una exhortación del celebrante, todos recitan ante el altar, la oración dominical, con la cual los hijos de Dios oran a su Padre, que está en el cielo".

17. Tres recordatorios de mi bautismo
1. Puedo guardarme la copia del Acta de mi Bautismo como el mejor diploma de mi vida.
2. Cuando visite mi pueblo, no olvidaré dónde se encuentra la fuente bautismal en que fui "cristianado".
3. Al llegar el aniversario de bautismo, celebraré espiritualmente este día como el día de mi verdadero nacimiento "en Cristo".

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