viernes, 23 de enero de 2015

645. Domingo III B – Los llamó y al instante lo siguieron



Homilía para el Domingo III del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 1,14-20


Texto bíblico:
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio d Dios; decía. “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio”.
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón. echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Hermanos:
1. Este año, que es el ciclo B del ciclo trienal de lecturas dominicales, vamos a escuchar el Evangelio según san Marcos. En algunos domingos será suplido por san Juan, dada la brevedad del Evangelio de Marcos con respecto a los otros.
San Marcos es el Evangelio más breve y el más antiguo. En una lectura somera uno lo ve como Evangelio muy sencillo. A poco que entremos en un estudio detallado, uno percibe que san Marcos está cargado de teología a rebosar. Y prueba al canto es la pequeña sección que acabamos de escuchar, siete versículos, a saber, capítulo primero, del 14 al 20, que lo resumimos en dos palabras: anuncio y seguimiento. Y surge la pregunta o, más bien, la admiración: qué anuncio y qué seguimiento.
El anuncio es la proclamación que hace Jesús de su mensaje; el seguimiento lo vemos en dos escenas de pescadores, llamados a ir en pos de Jesús: Simón y Andrés, Santiago y Juan, dos parejas de hermanos carnales entre sí,  que son el paradigma de cuál es el seguimiento de todo cristiano, que ha tomado a Jesús como maestro, como guía, como Señor y Salvador.

2. ¿Cuál es la proclamación de Jesús? Jesús proclama cuatro cosas:
1) Que el tiempo se ha cumplido.
2) Que el reino de Dios irrumpe sin marcha atrás.
3) Que nos convirtamos,
4) acogiendo el Evangelio.

Este fue el anuncio de Jesús, anuncio que hoy llega a mí personalmente, y a toda mi comunidad, como una invitación. En la primera comunidad cristiana el anuncio será el kerigma, el anuncio cumplido, Jesús muerto y resucitado, convertíos.
El tiempo se ha cumplido. Jesús ve la historia humana como “tiempo de Dios”, tiempos sucesivos en los que él iba actuando y haciendo su obra. Y ve que este es el tiempo final, la verdadera culminación de la historia. San Pablo llamará a esta etapa la “plenitud de los tiempos” o la “plenitud del tiempo”: “Cuando llegó la plenitud del tiempo envió Dios a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gal 4,4).
Jesús es consciente de que este es el tiempo de Dios, el tiempo final detrás del cual no viene otro superior, no hay otra etapa realmente nueva en la historia humana, y sabe que él es el centro y el protagonista de este tiempo.

3. Y lo dice de esta forma: “y el reino de Dios está cerca”, una frase que ha dado lugar a múltiples explicaciones. Pero a la luz de la secuencias de los hechos de la vida de Jesús, nosotros nos damos cuenta de que el reino de Dios ha comenzado a llegar con él. Los milagros de Jesús están delatando, todos ellos, que el reino de Dios estaba allí. Jesús es el inicio del reino de Dios, que definitivamente se ha empezado a implantar en la tierra y que no tiene marcha atrás.
Al pronunciar Jesús estas palabras, felizmente nos sentimos involucrados: con Jesús estamos en el reino; somos testigos de las maravillas del reino; testigos y beneficiarios. Jesús comienza a actuar de esta manera: anunciando la obra de Dios en la historia.

4. Los primeros que se apuntan a este reino, que comienza a hacer su aparición en la tierra son unos pescadores humildes del lago. En realidad, no se apuntan ellos; Jesús los llama con divina autoridad y ellos aceptan la llamada al instante. El reino no es ninguna conquista, sino que es un don del Padre. Eso fue entonces y eso es hoy. El reino no es una opción que uno hace con generosidad, incluso perdiéndolo todo por alcanzarlo; el reino es siempre, absolutamente siempre, un regalo que gratuitamente nos da el Padre del cielo.

5. Lo que pide Jesús para entrar en el reino es una sola cosa. Está expresada en esta frase del Evangelio: Convertíos y creed en el Evangelio, una llamada que se podría expresar correctamente de esta manera: “Convertíos, creyendo en el Evangelio”. ¿Qué es convertirse? Creer. Creer en el Evangelio o “creer en el Jesús del Evangelio”, que es lo mismo, creer en Jesús, aceptar a Jesús, haberse encontrado con Jesús dándole plena entrada en nuestro corazón.
Convertirse no es dejar una vida de pecado y  esforzarse por una vida ejemplar. Es algo más simple, más exigente, más vital y constante: Convertirse es adherirse a Jesús, porque realmente lo he encontrado y esto es el acontecimiento nuevo y absoluto de mi vida. Aquí comienza el mundo y aquí culmina, cuando yo me encuentro con Jesús. Es un encuentro de amor que ha dado un rumbo y un sentido nuevo a mi vida. Es el comenzar a vivir bajo el régimen de la gracia, no de la ley. Evidentemente que si antes uno está en el ámbito de los vicios y pecados, al punto saldrán de aquellas esclavitudes para aceptar el dulce yugo del Señor.

6. Las dos escenas de seguimiento que vienen a continuación nos dicen qué es esta conversión y seguimiento, este cambio de vida y nacimiento de algo diferente, nuevo y totalmente inesperado. “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. Dejaron una vida, dejaron todo y se lanzaron camino de un nuevo amanecer. Dejaban redes, dejaban familia, dejaban pasado, dejaban futuro.
¿Adónde les iba a llevar el nuevo rumbo que se abría, y que se llama simplemente fe? Les llevaba a Jesús y adonde Jesús fuera.
Conversión y seguimiento, fruto de un anuncio, de una llamada, conversión fulminante que se presenta como la nueva creación. La palabra de Jesús opera lo que dice, igual que Dios en la creación: Dios lo dijo y existió.
Hermanos, este es el seguimiento perfecto, ayer, hoy y siempre. La palabra de Dios, crea el mundo que viene.
¿Qué decir ante ello?

7. Señor Jesús, yo me declaro discípulo tuyo. Yo he puesto en ti mi confianza. Mi pasado está en tus manos, y mi futuro también. Haz que mi presente sea abandono, valentía y entre sin condiciones, bajo el signo de tu palabra, que es plena confianza y luz en mi sendero. Amén.

Guadalajara, jueves, 22 enero 2015.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
El pasaje evangélico de este domingo nos pone delante de nuestra vida la llamada de Jesucristo. Pero en nuestro caso es una llamada invisible. Sin embargo la llamada que recibieron los apóstoles, con excepción de san Pablo, fue completamente distinta.
Se trata de una persona humana, Jesucristo, que vestía como todos los demás, que pasa delante de unas personas que se hallan trabajando en sus labores profesionales, que se supone que no se conocían de nada, y que súbitamente lo dejan todo y prácticamente echan a correr detrás del Maestro.
¿Fueron dotes de persuasión por parte de Jesucristo?. ¿Estuvo la voz de Jesucristo acompañada de un impulso del Espíritu Santo?. No se sabe, aunque es evidente que, en principio, nadie es capaz de realizar la misma proeza que realizó Jesucristo: sin humanamente conocerse, llama y es atendido como si se conociesen de siempre.
Se saben los efectos, pero no las causas.
Saludos. Juan José.

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