jueves, 5 de febrero de 2015

649. Domingo V B – Jesús orando en la madrugada




Homilía para el Domingo V del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 1,29-39


Texto bíblico:
Y, en seguida, al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”. Él les responde:
“Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”. Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Hermanos:
1. Continuamos con las escenas iniciales de la vida pública de Jesús, que son el paradigma y anticipo de lo que ha de ser la vida entera. Recuerden este pensamiento que lo decíamos la vez pasada.
Jesús inicia en el bautismo, y del bautismo pasa al desierto; del desierto al anuncio del reino de Dios y a la llamada de los primeros discípulos. Entra en Cafarnaún y actúa en la sinagoga. Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen (Mc 1,27).
Persona, autoridad, enseñanza, milagros no son una secuencia de actos consecutivos. Todo converge; todo está unido en una persona, en Jesús de Nazaret, y de ella dimana.

2. Después de la escena de la sinagoga, Jesús se retira a casa de Simón, donde va a descansar. Pero sucede que la suegra de Simón está enferma. Es la primera aparición de la mujer en la vida pública del Señor. Una mujer en cama, a la que Jesús la cura y levanta; y la mujer pasa a ser servidora de la comunidad de Jesús y los primeros apóstoles: se puso a servirles. Debajo de esta frase tan simple y escueta, ¡cuántas historias se esconden de mujeres servidores de la Iglesia, en el más noble sentido de la palabra. La narración, que es palabra de vida, no nos da un simple dato curioso; evoca a la comunidad creyente, un puesto de honor que tiene la mujer. Jesús, siervo de Dios, hace participar a la mujer de este servicio. Servir siempre será el supremo honor de un cristiano, que se ha unido a la misión de Jesús, nuestro Dios y nuestro hermano.

3. Y, al saber la gente que Jesús estaba donde está, allí se agolpa toda la gente le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba junto a la puerta. El dolor humano es como una marea en pleamar a los pies de Jesús. Y de nuevo, el Jesús predicador, es el Jesús curador, el Jesús que expulsa a los demonios.
Y de pronto, entra un elemento nuevo, esencial para entender el sentido de la vida de Jesús: de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Sobre este elemento queremos reflexionar. Seguramente que en nuestra vida, que puede estar llena de actividades, hay un vacío, acaso un gran vacío de eso que se llama “soledad, oración, tiempo de Dios”.

4. La oración de Jesús… ¿quién podrá hablar de ella? Pero tenemos que hablar porque esa oración es la oración y el estilo que Jesús nos ha enseñado.
Y lo primero que tenemos que decir es que la oración de Jesús no es un medio para algo superior a ella. La oración le nace porque es su misma vida, fluye de su vida. Es el diálogo con el Padre y necesita tiempos para estar con él, tiempos en horas profundas, que evocan el encuentro y el misterio. El misterio de la noche o de la madrugada son muy propicios para la intimidad amorosa; lo mismo que el desierto la montaña.
Si dos esposos dialogan y están horas gratuitas disfrutando de esta comunicación, no diremos que dialogan para resolver conflictos. El diálogo, la comunión, pertenecen a su forma de vida. Y esto es la oración de Jesús con el Padre, y esta debe ser, antes que nada, nuestra propia oración: encuentro con el Padre.

5. Hace un año y varios meses (28/X/2013) moría en esta ciudad de Guadalajara, Jalisco, el Padre Ignacio Larrañaga, capuchino universalmente conocido como maestro de oración, Fundador de los Talleres de Oración v Vida. Desde que inició con esta misión de orar y enseñar a orar, en su primer libro, titulado Muéstrame tu rostro,  el Padre Ignacio Larrañaga puso estos cinco principios pilares, hablando de las “constantes” de la oración:
- Cuanto más se ora, más se quiere orar.
- Cuanto menos se ora, menos ganas se tiene de orar.
- Cuanto más se ora, Dios es “más” Dios en nosotros.
- Cuanto menos se ora, Dios es “menos” Dios en nosotros.
- Si se deja de orar, Dios acaba por ser un “don nadie”.

Estas observaciones se pueden verificar en nosotros mismos. La oración cristiana, sencilla y verdadera, si es un diálogo con Dios, nuestro Padre, no puede ser concebida como una obligación que se nos impone desde fuera. Es primeramente, y sobre todo, una necesidad vital que surge del amor.

4. Jesús ha ido a orar de incógnito. Lo fueron a buscar y lo encontraron; sospecharon dónde estaba. Él se había ido sin avisar. Ya de pequeño había dejado desconcertados a sus padres que lo creían perdido en Jerusalén. No estaba perdido, no, sino que estaba en su lugar: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre? (Lc 2,49). Y ahora al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”.
Jesús continúa su misión: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí…
La misión de Jesús, sin su oración constante, no se entiende. Lo mismo que la misión de la Iglesia: sin la oración constante, que la alimenta y la inspira y sustenta, no sería la misión de Dios.

5. Señor Jesús, te pedimos la gracia de la oración: saber estar con tu Padre, nuestro Padre, y desde ahí entender el sentido de nuestra vida y nuestra misión en el mundo. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves, 5 febrero 2015.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jesús sale de la sinagoga (día de sábado) y va a la casa de Simón. Allí encuentra a la suegra de éste postrada y con fiebre. Jesús la cura de inmediato. Ella se levanta y atiende a los invitados.
A la puesta del sol de ese sábado, cuando el precepto sabático de caminar ya ha prescrito, muchos enfermos y endemoniados se dirigen en tromba a la casa donde se hospeda Jesús para ser curados. No tienen duda de que Jesús les curará instantáneamente. Saben que la virtud de curación de Jesús es inconmensurable: hay para todos; no se agota nunca, lo mismo que su misericordia.
Luego de curar a todos los enfermos y descansar unas horas, se levanta al amanecer, sin que nadie de la casa se entere, y se va a un lugar solitario para orar, para hablar con su Padre, para dedicar a su Padre un rato de conversación íntima, de Hijo a su Padre, sin testigos. Esa es la oración en esencia. La soledad da intimidad. El barullo no. Nos lo recuerda el evangelista Mateo: PERO TÚ, CUANDO ORES, ENTRA EN TU CUARTO, CIERRA LA PUERTA Y ORA A TU PADRE QUE ESTÁ EN SECRETO; Y TU PADRE, QUE VE EN LO SECRETO, TE RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO. Luego sigue su misión itinerante en las aldeas y las sinagogas de Galilea.
Así pues, Jesús enseña el “modus operandi” a sus discípulos: A) Acatar el precepto sabático; B) Realizar obras benéficas hacia el prójimo necesitado; C) Dedicar un tiempo a la oración en solitario; D) Evangelizar a los pueblos; difundir la ALEGRÍA DEL EVANGELIO.

Y quien tenga entendimiento, que entienda.

Saludos. Juan José

Anónimo dijo...

Se podría considerar la homilía como un discurso razonado en el que el sacerdote celebrante da a los fieles una ilustrada interpretación teológica de un pasaje bíblico.
Es evidente que no todos los sacerdotes gozan de las mismas cualidades intelectuales y humanas para ofrecer a los fieles una homilía “que les llegue”….. aunque la práctica y el esfuerzo hace maestros. Sucede lo mismo con personas tan preparadas como los profesores universitarios, que aunque se da por hecho que todos se conocen la asignatura, no todos saben explicarla con igual eficacia, lo que se traduce en un alumnado satisfecho o insatisfecho.
Saludos.
Juan José.

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