viernes, 20 de febrero de 2015

653. Domingo I Cuaresma B – Jesús en el desierto



Homilía para el Domingo I de Cuaresma
Mc 1,12-15


Gn 9,8-15; 1Pe 3,18-22; Mc 1 ,12-15

Texto bíblico:
A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por satanás; vivía con las fieras y los ángeles le servía.
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía. Se ha cumplido el tiempo ye stá cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio

Hermanos:
1. La Cuaresma se abre con una gran convocatoria penitencial: el Miércoles de Ceniza, tan arraigado en toda la tradición religiosa de México. En ese día acudimos a la iglesia, doblamos humildemente la cabeza para recordar que en polvo nos hemos de convertir. Todas las grandezas humanas, todas nuestra vanas aspiraciones van a terminar en polvo.
El sacerdote, al imponer la ceniza, puede decirnos: “Acuérdate que eres polvo y en polvo te has de convertir”.
O, si no, puede tomar la primera frase de la predicación de Jesús, como, con preferencia, solemos hacer: “Conviértete y cree en el Evangelio”.
Y hoy, domingo, con especial solemnidad, se inaugura la Cuaresma, que es un camino hacia la Pascua, “el camino cuaresmal”, un camino de seis etapas, que desemboca en la Pascua del Señor, tiempo más importante, prolongado durante siete semanas.

2. El Evangelio del desierto de Jesús que hemos escuchado es el Evangelio de san Marcos, sin duda que en este caso es el más primitivo.    Estamos ante un episodio inicial de la vida de Jesús, que nos deja estremecido. Irse al desierto, bajo el amparo de Dios, por un largo tiempo, significado aquí con la cifra sagrada de 40 días.

3. ¿Cómo vivió Jesús en el desierto?  San que Marcos no ha detallado estas circunstancias nosotros quisiéramos saber. San Marcos no ha hablado, por ejemplo, de las tres tentaciones que padeció Jesús.
Con un lenguaje absolutamente escueto, marcando unas frases como si fueran enunciados de fe, nos dice cinco cosas:
     - que fue impulsado por el Espíritu,
     - que permaneció 40 días,
     - que fue tentado por Satanás,
     - que vivía entre animales salvajes,
     - que los ángeles le servían.
La clave que nos da el evangelista es que Jesús fue al desierto bajo el impulso fuerte del Espíritu.

4.  Jesús fue al desierto después de la experiencia que tuvo en el bautismo en el Jordán, que los Evangelios nos la han transmitido como una experiencia de filiación divina. Jesús acababa de oír estas palabras, nos atestigua san Marcos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11).
Esta es una frase infinita que Jesús necesitaba toda su vida - y toda la eternidad, añadiríamos - para saborearla.
Si decimos que Jesús fue al desierto para estar con el Padre, para perderse en su intimidad, para ver cómo iba a afrontar la misión a la que Dios le llamaba, estamos diciendo lo más acabado que podemos decir de esta escena.

5. El desierto sólo se puede entender en la pura mística de Jesús. El corazón de Cristo es un mar infinito, que nosotros no podemos vadear, pero podemos navegar por él, e intuir las cosas más bellas que en él pasan. El secreto de Jesús es su filiación divina. Pero esta filiación es el misterio de su existencia: una filiación en profunda soledad, una filiación que es oblación al Padre, dolor, dolor hasta el extremo que él ofrece como obsequio de amor por la salvación de los hombres.
Fue tremenda aquella experiencia ininterrumpida de cuarenta días - o, si queremos subrayar - de cuarenta días y cuarenta noches, sin otro quehacer que la vida de Dios y la victoria sobre Satanás.

6. Reflexionando sobre estas cosas, san Agustín predicaba a sí a sus fieles (nos parece increíble que hoy podamos leer cosas pronunciadas hace cerca de 1600 años, escritas por el santo doctor o tomadas por taquígrafos):
Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la condición humana para sí mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo, de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo honores para ti; consiguientemente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de sí mismo la victoria para ti. Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconoce también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora de diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla. (Oficio litúrgico del domingo I de Cuaresma). 

7. El texto sagrado sigue luego con otros detalles que nos invitan a vivenciar la escena con una conciencia mística: Jesús entre los animales salvajes, Jesús servido por los ángeles. Acaso se nos está diciendo, con una simbología espiritual, que Jesús ha recuperado el paraíso perdido, que Jesús es el nuevo Adán, que los ángeles no son superiores a él, sino que están en su servicio. Hay razones múltiples para dirigir nuestra reflexión por múltiples caminos.

8. Junto a esto que vamos diciendo es justo que, al iniciar la Cauresma, conozcamos el mensaje que hace meses el Papa preparó para estas Cuaresma, que es como un programa que él da para toda la Iglesia. El Papa ha escogido tres pasajes bíblicos y en torno a ellos  nos marca unas directrices.
En esta era de la globalización él advierte que se está dando una globalización de la indiferencia (así lo dice). Frente a esta globalización de la indiferencia pro el otro, nos pide solidaridad.
“Si uno mismo sufre, todos sufren con él” (1 Co 12,26) – La Iglesia
“¿Dónde está tu hermano? (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades
“Fortalezcan sus corazones” (St 5,8) – La persona creyente

8. Escuchemos diversos párrafos de este programa que nos propone:
“También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos”.

9. He aquí, hermanos, nuestra Cuaresma. Señor Jesús, que fuiste conducido pro el Espíritu al desierto, condúcenos de tu mano hasta el corazón del Padre, y del corazón del Padre al corazón de nuestros hermanos. Amén.

Guadalajara, Jal., viernes, 20 febrero 2015

Guadalajara, Jalisco - Cuaresma 2015 (21 febrero)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

CUARENTA es el número de la prueba, examen y ensayo. Existen muchos casos donde el número 40 es utilizado en la Escritura. Representa el "cambio", de un período a otro, los años de una generación. Por eso el diluvio dura 40 días y 40 noches (pues es el cambio hacia una nueva humanidad). Los israelitas están 40 años en el desierto (hasta que cambia la generación infiel por otra nueva). Moisés permanece 40 días en el monte Sinaí, y Elías peregrina otros 40 días hasta allí (a partir de lo cual sus vidas cambiarán). Jesús ayunará 40 días (porque es el cambio de su vida privada a su vida pública).
Jesucristo, que había recibido en el bautismo al Espíritu, es conducido por el mismo al desierto, como antaño los grandes profetas. Para un judío, el desierto está repleto de significado y simbolismo. En él Moisés recibe la Ley. Los santos y los profetas se retiran a él. Y en él moran los espíritus que tientan a los pecadores. El desierto, pues, atrae y al mismo tiempo produce miedo. Pero el desierto es el lugar por excelencia del encuentro con Dios. En el desierto se muere y se renace a una nueva existencia. En él se templan los corazones. Jesucristo permanece en él un tiempo de prueba, cuarenta días. Donde el pueblo de Israel sucumbió, Jesucristo resiste y sale victorioso. Jesucristo, siendo Dios hecho hombre, se rebajó en todo para darnos ejemplo en todo. Pasó por el bautismo; pasó por el desierto; no tenía donde reclinar su cabeza a causa de su pobreza; y por ultimo se entrega a la muerte, y, como nos dice san Pablo, muerte de cruz.
Saludos.
Juan José.

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