martes, 24 de febrero de 2015

654. El Esposo de mi castidad (retiro espiritual)




EL ESPOSO DE MI CASTIDAD

A una novicia
que se prepara para pronunciar los votos religiosos,
a la hermana
que a lo largo de años ha querido ser fiel a su esposo.

I
Consideraciones desde la fe del Evangelio

1. Aclaraciones de lenguaje
     Todo cristiano, por su consagración bautismal, es llamado y destinado a la castidad, y una castidad "perfecta": castidad perfecta en la adolescencia, castidad perfecta en la juventud, castidad perfecta en el matrimonio, en la viudez, en la ancianidad.
     Exactamente igual como hemos sido llamados, todos sin excepción, a la perfección del amor.
     Ahora bien, por limitaciones del lenguaje llamamos "castidad consagrada" al estado de quienes se han propuesto vivir una vida sin compañía de esa esposa, de ese esposo que presumiblemente plenificaría su vida.

2. Encuentro del hombre y la mujer, éxtasis de la vida
     El hombre ha nacido para el encuentro, y la mujer, recíprocamente, igual. El Génesis lo ha expresado genialmente. Adán ha sido constituido Rey de la Creación. Como dueño del Mundo, ante su vista han pasado todos los animales, y Adán ha ejercido su soberanía dándoles el nombre adecuado que les correspondía "a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo" (Gn 2,20). Lo tenía todo y a más no necesitaba ni podía aspirar. Pero no era feliz porque se encontraba solo, y el mundo no llenaba el hueco de su corazón. Buscaba algo semejante a él, "un ayuda adecuada".
     Vino la creación de Eva, y la presentación a Adán y el primer matrimonio del mundo se hizo en un éxtasis de amor: "Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (2,23). La conclusión es obvia: una mujer vale más que el universo entero. Ahora queda coronado el mundo. Este fue el acontecimiento supremo de la creación. Y lo deben saber todos los que un día se deciden a contraer matrimonio. Una mujer llena un vacío que el mundo entero no puede llenarlo. Diga la mujer a la inversa que un hombre llena su corazón como el disfrute de ninguna otra cosa puede llenarlo.
     Estamos tocando las esencias del ser y percibimos que el amor es la razón misma de la vida, la vocación que asume todas las demás; el amor que se realiza justamente como amistad.
     Así pues, el encuentro del hombre y la mujer Dios, lo ha establecido para llenar una soledad. Pero la soledad sigue siendo la fractura más sensible de la humanidad. Una mujer puede sentir “un corazón, afortunadamente libre, pero solitario". Mujer, en este caso, de sólido matrimonio, esposa, madre  y abuela. Cualquier sacerdote que se siente al confesionario, a poco que se asome al ventanal de la vida, sabe de estas soledades, soledad que también puede asediar la vida de los célibes.
     Soledad, por otra parte, que se asoma a las últimas honduras de todo corazón humano, cuando un día descubre que ha nacido para lo infinito y ninguna creatura se lo puede colmar. He aquí, pues, que, hablando filosóficamente, el hombre que ha nacido constitutivamente para la comunión, para la sociedad, que perfilado como ser en soledad, peregrino del absoluto.

3. Punto de partida: un "don" y una "llamada"
     Con estos párrafos por delante, y ante unas jóvenes novicias que se preparan para pronunciar dentro de unos meses su voto de "castidad consagrada", ¿cómo podemos hablar sabiamente de la castidad? Hablar, por otra parte, como persona mayor, que hace cerca de 60 años emitió los votos religiosos (15 agosto 1956).
     La vocación puede surgir en edad infantil; más claramente en la adolescencia. En tales casos se supone que la vida de esta niña y de esta adolescente ha sido una vida pura, aunque estuviera envuelta, según su incipiente formación, en muchos tabúes y represiones y malformaciones. En mi lejana generación (años 40 y más bien 50), donde socialmente no existía la desenvoltura social hoy reinante, un joven piadoso podía decir: ¡He guardado la pureza! Con ello decía: No me he masturbado, no he visto pornografía, no he tenido tocamientos deshonestos con chicos o con chicas. A lo mejor, alguna curiosidad…; ahí quedó todo. No había la llamada “educación sexual”, ni sana ni malsana. La afectividad quedaba reducida a unos niveles germinales. Acaso el Señor estaba esperando otra época de la vida para que se despertara, bullente, la afectividad, que viene a ser compañera de la espiritualidad. Hay que suponer que una persona profundamente espiritual suele ser, en el mismo grado, profundamente afectiva; y, si es varón, no raramente con una profunda vibración sexual, en el sentido más noble de la tendencia.
     Pero la vocación puede surgir en la juventud ‑ 16, 17, 18… años  ‑ o en una juventud más avanzada (25‑28 años), por tanto tras una experiencia precedente considerable. El sexo… Esta pansexualidad del ambiente lleva a las frecuentes relaciones prematriomniales o no prematrimoniales…, simplemente "ocasionales", aventura de una noche loca…; de manera que el confesor, custodio de un secreto sagrado, se encuentra con esta confidencia: "Antes de venir a la vida religiosa tuve alguna vez relaciones sexuales". (No hablo de otra confidencia que merece tratamiento aparte: "En mis años universitarios tuve un aborto, que nadie sabe").
     ¿Cuándo y dónde comienza la "vocación"? En el momento en que Dios quiere. Si la llamada a la fe o la llamada a la vida consagrada aparece no en la infancia y adolescencia, sino en la juventud o en una tarda juventud, el planteamiento acerca de la honestidad de la vida anterior ha de ser muy realista, a veces, puede ser hasta crudo.  San Pablo se expresa de una manera descarnada: "¡No os engañéis! Ni impuros, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni ultrajadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios. Y eso fuisteis antes algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios" (1Cor 6,9‑11).

4. Clarificaciones teológicas
     1. La castidad que vas a profesar no es una "elección" que tú haces ‑ como uno puede elegir una carrera u otra, según propias aficiones y posibilidades ‑ sino que es una "llamada". Dentro del proyecto humano es legítima la elección de la "soltería" por nobles causas; por ejemplo dedicarse en cuerpo y alma al estudio e investigación. Esta elección es posible y es correcta; pero la soltería no es ni virginidad ni celibato, y de eso no hablamos. Decir que Jesús fue soltero es error aparte de mal gusto. En el registro civil las opciones que te dan son: soltero(a) / casado(a) / divorciado(a) / separado(a). [Acaso "unión libre", "unión de hecho"]. Ninguna de ellas se adecua a mi verdadero y último “status” personal.
     2. Si es una llamada es una oferta: puedes decir "sí"; puedes decir "no". Si alguno quiere…, era el estilo de Jesús. Y esto no es ni una fórmula literaria ni de cortesía. Véase Mt 19,17.21
     3. Si es una oferta, es la oferta de un "don"; ni más ni menos que un don. Es un don precioso del Espíritu Santo.
     4. En la vida religiosa la consagración que Dios nos hace para sí y que nosotros aceptamos, se expresa en los tres votos: castidad, pobreza y obediencia. Se podría expresar de otros modos; pero la Iglesia ha aceptado este como muy adecuado y expresivo. Y además en este orden. "Los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, de pobreza y de obediencia, como fundados en las palabras y ejemplos del Señor, y recomendados por los Apóstoles y Padres, así como por los doctores y pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibió de su Señor y que con su gracia conserva siempre La autoridad de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, se preocupó de interpretar estos consejos, de regular su práctica e incluso de fijar formas estables de vivirlos" (Lumen Gentium, 43).
     5. Cada uno de los tres votos es una consagración total del ser a Dios, por medio de Jesucristo, acentuando una perspectiva u otra. En este sentido cada uno, por su totalidad, tiene la misma fuerza.
     6. En este sentido es "el primero"Ahora bien, el de la castidad consagrada (virginidad, celibato) es el más expresamente referido en el Evangelio y adquiere una determinada "primacía" (ver Mt 19,12). Seguramente que en nuestra propia sensibilidad es también es más expresivo de nuestra donación. Nada extraño que la Iglesia haya tomado esta cualidad específica de "virgen" para definir el "status" o condición de cierras santas que se han santificado e tal estado.
     7. La "castidad consagrada" tiene, evidentemente, un sustrato de psicología humana, pero en sí  misma la virginidad ‑ y la castidad consagrada ‑ es un misterio. Y solo el tratamiento de "misterio" la puede explicar.

5. Cristo es mi esposo: Vida esponsal
     1. La castidad aceptada como don nos introduce en la vida esponsal con Jesucristo. El amor como "amor total gratuito y para siempre" (que esto es la esencia de la profesión) se convierten amor recíproco, y esto es el amor de amistad, que en este caso es el amor total, totalmente correspondido:
     ‑ Jesús  me ama a mí.
     ‑ Yo amo a Jesús.
     2. El amor de esposos tiene una nota específica, que es la intimidad. La intimidad entre seres humanos tiene unos límites infranqueables:
     ‑ Yo no puedo introducirme dentro del ser que amo, mi amada.
     ‑ Mi amada no puede introducirse en mí.
     Aunque dos seres se digan: "Soy tuyo" ‑ "Soy tuya", cada uno de los dos seres encuentra unas barreras infranqueables.
     3. Ahora bien, en la amistad con Jesús se rompen las que humanamente son barreras infranqueables en la amistad humana.
     ‑ Porque Jesús "conoce" todo lo que hay en mí.
     ‑ y me traspasa con su presencia.
     ‑ Por ello, su intimidad para conmigo llega adonde yo no alcanzo.
     La intimidad, por tanto, arranca de este punto: Soy todo (soy toda) poseído por Dios.
     La intimidad consiste en ser consciente de esa presencia y abrirse, en cuanto la conciencia alcanza, al influjo que de allí dimana.
     4. Por otra parte, si la intimidad es algo personal, lo más personal de lo personal, no vamos a imponer reglas a Jesús acerca de su comportamiento con nosotros. Solo sabemos que la intimidad se manifiesta y realiza:
     ‑ Como revelación de secretos; y aquí el secreto es Dios mismo.  "El hombre psíquico (el que funciona solamente con la psyche) no aceptas las cosas del Espíritu de Dios, pues las considera una locura" (1Cor 2,14)
     ‑ Como comunión de vida, y aquí la vida es la vida de Jesús: toda la vida de Jesús es participada en la intimidad, y en algunas personas muy especialmente su pasión.
     ‑ Como fruición, pues, al final, Dios es plenitud.

6. Castidad consagrada como camino de humildad
     Lejos de nosotros pensar que la castidad consagrada constituya en una "élite espiritual"; más bien, se podría pensar que es un "minus" de la persona. Habrá quienes piensen que no aceptar el matrimonio es incompletez y cobardía, eximirse de la tarea de la humanidad, del "Creced [sed fecundos] y multiplicaos del Génesis" (1,28). De hecho para el mundo judío es el primer precepto (mitzvá) de la Torá. Personas que han dejado la vida religiosa la han dejado porque se han sentido incompletas no siendo madres.
     Desde una ladera humana la castidad consagrada es una forma de pobreza, como la esterilidad (Véase Sab 2,13). Puede verse como una forma de "existencia humillada". Asumirla es un acto de humildad. Sin duda que la castidad consagrada, bien entendida, es un camino precioso de vivir en humildad.                           
II
Caminando día a día con Jesús

1. La castidad consagrada en alguien que humanamente anhela amar y ser amada
     La castidad consagrada no anula las tendencias constitutivas del ser. Y el ser humano gravita en torno a esta fuerza: amar y ser amado, amare et amari.
     La fuerza del amor emerge impetuosa en aquel que aspira a las alturas. No se piense que la sexualidad sea una miseria de la que se va alejando el espiritual. Nada extraño que el espiritual aprecie más y más la belleza de la sexualidad, como integrante del ser. La visión estética de la vida, al tiempo que eleva y espiritualiza, te hace valorar más la carne sensible en su realidad propia. Cuando en el arte se introduce "el desnudo" (tabú para una moral convencional) no se introduce como una concesión al pecado, como desfogue de la animalidad instintiva; se lo introduce como valoración estética de la belleza en sí.  Claro que los ojos lujuriosos hasta una obra de arte pueden deteriorarla transformándola en lujuria… Jesús ha sido claro al detectar el adulterio en el corazón (Mt 5,28); una mirada puede ser un adulterio.
     El camino sucesivo de nuestra castidad ‑ de mujer o de varón ‑ una vez emitidos los vínculos sagrados, va a ser un camino delicado, porque es un camino de la Naturaleza en sintonía con el Espíritu.
     La consagrada, el consagrado, no quedan atrofiados. Bullen dentro las apetencias vitales, que deben estimular el sentido de nuestra oblación. En la mujer consagrada el ciclo menstrual continuará su curso; el fenómeno de la menopausia llegará a su tiempo con sus características físicas y psicológicas. Es una castidad que debemos vivir de continuo en referencia al Esposo.

2. La presencia del pecado
     Dentro de la castidad matrimonial se puede pecar seriamente contra el proyecto de Dios. Se puede pecar por desamor (tibieza en el amor o pérdida del amor), por “antiamor”, cuando uno ha renegado del amor primero y se lanza a la aventura de un amor no legítimo. El adulterio es una bofetada frontal al amor del matrimonio,  hace estallar el compromiso inicial: tuya/tuyo del todo y para siempre.
     La masturbación, si fuera una actividad meramente biológica‑evacuatoria (fenómenos que conllevan placer orgánico), no sería pecado. Si, por el contrario, es un acto simbólico‑personal, entonces si es desorden y pecado. El ejercicio del sexo de por sí es unitivo, y esto le hace ser personal, cosa que no ocurre en la actividad sexual de los animales. El estímulo sexual, que de por sí clama comunión, en el caso de la masturbación (masculina o femenina), queda truncado, confinando en el propio individuo. El ejercicio correcto de la sexualidad mira a la oblación y comunión; la masturbación es egoísmo.

3. Ser esposa, ser madre
     El anhelo de ser esposa, de ser madre (muchas veces de modo sensible más madre que esposa) de tal manera está inserto en las fibras interiores de la mujer, que de modo genérico se puede decir que constituye su "vocación"; es la llamada del ser.
     Ese río de ternura con el que nace la mujer sigue manando y manando de su corazón… el silencio y el pudor retiene sus palabras. (Hace muchos o muchísimos años una religiosa ejemplar, hoy santamente difunta, me dijo: "Me juntaría con quien fuera por ser madre". Y por su expresión no vi en ello nada grosero ni pecaminoso, sino un clamor de vida en estado puro... Muchas veces lo he recordado con reverencia y ternura. Comprendo que no se puede citar ante cualquiera, porque la reacción puede ser brutal y grosera).
     La literatura mística por fuerza tiene que acudir a estas vivencias, incluso sublimadas, para poder dar un lenguaje referencial de lo que es mi relación con Cristo.
     El cantar de los cantares, desde la tradición judía, ha sido todo un símbolo del amor relacional; lo espiritual y lo sensitivo fundido en única vivencia. Téngase presente que el Cantar de los cantares contempla el amor como idilio de encuentro, pero prescinde del amor fecundo, el amor materno (el ansia de maternidad), el amor paterno (el amor reproducido e inmortalizado en la descendencia).

4. La castidad consagrada por los senderos de la amistad
     El ser humano aspira a realizar el amor en el cauce de la amistad, que, por definición, es el amor recíproco, cuya expresión suprema sería:
     ‑ Te amo totalmente.
     ‑ Te amo por lo que eres (no por lo que tienes).
     ‑ Te amo gratuitamente.
     ‑ Te amo para siempre.
     ‑ Y anhelo que esa dinámica de amor halle de ti hacia mí la respuesta recíproca.
     Sin darnos cuenta, hemos sacralizado el amor de una manera divina y lo hemos violentado en el ser humano. Este amor, conclusivo en sí es un amor, de hecho, exclusivo. Incluye unas confusiones, que en ráfaga intelectual se perciben, pero vitalmente no siempre. El amor entonces se desfigura y el culto a la persona amada resulta ser una esclavitud.
     El amor "apasionado romántico" funciona con ese género de parámetros: "sin ti no tiene sentido mi vida…"; "sería mejor suicidarme…"; "vivo pensando en ti…"
     Tal invasión violenta del amor, está diciendo que el amor, en toda religión, tiene un componente divino, indomable y violento. En la antigüedad es el amor de las tragedias.
     El amor‑amistad de dos célibes (y específicamente de hombre y mujer), guiado por el Espíritu tiene estas características:

     Ha nacido de Cristo, tiene como meta a Cristo y retorna constantemente a Cristo: Cristo es nuestra común referencia inmediata. No eres tú ni soy yo. No vale: Yo para ti, tú para mí; yo soy tuya, tú eres mía; fórmulas que pueden ser adecuadas en el matrimonio (Cantar de los cantares).
     Es un amor de suavísima ternura.
     Puede ser amor apasionado. Como amor apasionado la sexualidad, aunque no se intente, puede quedar afectada.
     Es un amor selectivo y preferencial, pero no excluyente. Quien ama de esta manera tiene que tener la conciencia de que no está quitando nada a Cristo, que no le está haciendo una trampa espiritual.
     Es un amor que pertenece a la creación nueva, requiere una sabiduría que solo el Espíritu puede dar.
     Es un amor, que se vive en libertad y en constante purificación. Sin esta purificación el amor induce al engaño.
     Pero téngase presente que en toda decisión humana última y transcendente hay un "sin palabras", que solo puede juzgarlo el amor y la misericordia  de Dios.
     Cuando uno quiere ir a la Biblia para aprender la vía de la amistad, se encuentra condicionado. El Libro del Eclesiástico como ninguno, en el despliegue ético que propone al discípulo, ha tratado como ninguno el tema de la amistad. Tiene estos textos mayores: 6,5‑17 // 9,10‑16 // 19,13‑17 // 22,19‑26 // 27,16‑21 // 37,1‑6
     El autor se dirige al varón, y hace una filosofía teológica de la amistad, basado básicamente en la experiencia humana. (Como hoy el Internet ha introducido nuevas experiencias: tener doscientos cincuenta "amigos" en Face‑Book es como no tener ninguno…). Estas observaciones sobre la amistad no abordan el asunto que específicamente tratamos.
     Habrá que acudir a otra literatura. En el siglo XII el cisterciense Elredo de Rieval (1110‑1167), venerado como santo en la tradición cisterciense, escribe De amicitia spirituali (En Internet se encuentra en versión española), apoyándose en Cicerón, en la Escritura y en los Padres; tratado clásico, en el cual la amistad aparece tratado de forma espiritual‑mística, al estilo de los comentarios de San Bernardo al Cantar de los cantares (Sermones super cantica), una literatura que requiere su particular introducción.
* * *
     En suma y concluyendo, quiera el Señor concedernos en su misericordia, por la santa  Resurrección de su hijo que ha introducido en el mundo el orden nuevo, dos gracias:
     ‑ la gracia de la guarda de la castidad que hemos prometido junto con la perseverancia en ella;
     ‑ y la gracia de la amistad espiritual (en el grado que a él le plazca), como honda experiencia del amor sencillamente humano y cristiano, amor que, paradójicamente, puede proteger más el don de nuestra castidad.
     La Virgen purísima nos lleve por estos rumbos que solo puede conocer quien se mete en ellos.

San Gregorio de Narek, doctor de la Iglesia
     En este 23 de febrero el Papa ha aprobado el Doctorado de San Gregorio de Narek (ca 950 - ca 1005), máxima figura de la Iglesia en Armenia, monje, poeta, teólogo. Tiene un Comentario al Cantar de los Cantares. Su obra más famosa es el Libro de las Oraciones o Lamentaciones, un conjunto de 95 oraciones (presente en la Liturgia armenia), cada una es introducida así : "Hablando con Dios desde las profundidades del corazón". Se le conoce como “Narek, por el nombre de la ciudad y monasterio. Puede descargarse (en inglés), capítulo por capítulo de Internet en
Autor para nosotros, occidentales, del todo desconocido. Nos esperan grandes sorpresas de tesoros, para nosotros ocultos, de los cuales nos podemos beneficiar.

Guadalajara, 23 febrero 2015 (lunes de la I semana de Cuaresma).
Retiro dado en un Noviciado de Hermanas de vida activa, el 24 de febrero de 2015
Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.

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