viernes, 6 de marzo de 2015

657. Domingo III Cuaresma B – Jesús con el látigo purificando la Casa de su Padre Dios



Homilía para el Domingo III de Cuaresma
Jn 3,13-25


Texto evangélico:
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, runchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre

Hermanos:
1. Quiero comenzar recordando algo que dije el domingo pasado. En los domingos de Cuaresma, en la primera lectura vamos recorriendo los grandes pasos de la historia de salvación de Dios con los hombres. El primer domingo, los orígenes; el segundo, Abraham; el tercero, Moisés. Este es el motivo por el cual hoy tenemos una lectura que se refiere a Moisés: los diez mandamientos que en forma de un contrato o Alianza el Señor dio a Moisés en el Sinaí.
En esta homilía quiero centrarme, más bien, en el santo Evangelio: Jesús con un látigo expulsa a los vendedores del Templo.
Los Evangelios Sinópticos, es decir, san Mateo, san Marcos y san Lucas, ponen esta escena al final de la vida de Jesús. El cuarto Evangelio la pone al principio. Jesús inicia su actividad en Jerusalén, y comienza santificando el Templo de Dios.

2. ¿Qué pasó en realidad? ¿Fue un acto de violencia? ¿Autoriza Jesús el uso de las armas para corregir los abusos que se pueden dar en la sociedad humana? Es una vieja pregunta que desde hace siglos se la han hecho los moralistas: ¿Se puede matar al tirano para que el pueblo quede en paz?
Si queremos argumentar que Jesús usó la violencia para establecer la santidad de Dios, tenemos que recordar lo que ocurrió en el Huerto de los Olivos. Vino un pequeño batallón con palos y armas, por lo que pudiera ocurrir; pero sucedió que también en el grupo de los apóstoles había un arma, una espada. Pedro al momento entró en acción, en defensa propia, con el percance de que cortó una parte de la oreja a Malco, siervo del Sumo Sacerdote, pero Jesús atajó al instante:
"Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?" (Mt 26,52-53).
Rotundamente hemos de decir que Jesús nunca admitió la agresión y la violencia para conseguir un bien. Entonces aquí ¿no obra en contra de sus principios?

3. Jesús, en un momento de exaltación, como de furia divina incontenible arremete contra aquel mercado, que lo considera una profanación de la Casa de Dios, de la Casa de mi Padre.
Las autoridades del Templo no le reprochan que Jesús hubiera herido a alguien, sino que se arrogase unos poderes que de ninguna manera ellos admiten. Ese mercado en el templo, más bien, en la plaza del templo, por donde transitaban judíos y gentiles se había hecho siempre, y la policía del Templo no tenía obstáculos para que se siguiera haciendo. Allí se cambiaba moneda, porque el tributo al templo se tenía que pagar con moneda judía; allí se vendían animales para ser sacrificados. No era una feria popular de ganado, sino una venta de reses y terneros para los sacrificios.
Todo eso estaba de acuerdo a las tradiciones judías, pero Jesús, apropiándose de una autoridad que Dios mismo le otorga, desata su ira contra aquel mercado, porque la Casa de mi Padre es casa de oración.
Ciertamente hay un choque frontal de religión: la religión de los judíos, y al religión de Jesús.

4. Jesús está anunciando con este gesto profético cómo quiere él la Comunidad de Dios. Vosotros seréis santos, porque yo soy Santo. Reiteradamente se dice en el Antiguo Testamento, en especial en el Libro del Levítico.
Jesús ve que esto es una profanación de la santidad divina.
Hermanos, el Templo de Dios es la Comunidad que Jesús quiere crear con el sacrificio de su vida. Esto es lo que a Jesús le importa: una Comunidad santa, como decimos en la Eucaristía: "Nos haces dignos de estar en tu presencia".

5. Somos pecadores, pero Jesús nos hace santos con su presencia y con la unión a su persona. Por este motivo, si nos reconocemos como cristianos, debemos desechar con energía todo lo que sea pecado, como si una cosa fuese igual que la otra. Al apóstol Pablo le ha llegado la noticia de un escándalo gravísimo que ocurre en Corinto: "Se oye hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles, hasta  el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre" (1Co 5,1). Se entiende que esta mujer de su padre no es su madre, sino su madrasta. San Pablo desde lejos lo expulsa de la comunidad.
Para san Pablo la Comunidad es el Templo santo de Dios.

6. Dios quiere purificar a su santa Iglesia y quiere comenzar por el corazón de cada uno de nosotros. La verdad religión no es una religión de prácticas externas, sino de absoluta sinceridad interior. La verdadera pureza no está en los alimentos y en las observancias, sino en el corazón. Este es nuestro trabajo cuaresmal, hermanos, que lo hacemos guiados por el Señor.

6. Para concluir un recuerdo entre piadoso y afectivo. Hoy es primer viernes de marzo, y se calcula que en Madrid medio millón de votos han ido a visitar a Jesús de Medinaceli y darle un beso en los pies. Jesús de Medinaceli que custodian mis hermanos capuchinos. El arzobispo de Madrid, en la misa que ha celebrado en esta iglesia, decía:

"Cuando vemos estas filas interminables de hombres y mujeres que se acercan a venerar y a tocar esta imagen, ha añadido, no puedo menos de recordar aquellas escenas evangélicas donde multitudes querían ver y tocar al Señor. Sí, el ser humano necesita amor. El que ama de verdad es Jesucristo, Él ama sin condiciones. Todos podemos acercarnos a esta imagen y besar ese pie, porque sabemos que se lo hacemos a Él de verdad. Besar ese pie. Besarle. Porque sabemos que Él nos comprende y no nos pone ninguna condición para acercarnos a Él".

7. Concluyamos, hermanos, diciéndole a Jesús:
Señor Jesús, limpia nuestro corazón para ser dignos de tenerte con nosotros todos los días de nuestra vida. Amén.

Guadalajara, Jal., 6 marzo 2015, viernes

2 comentarios:

Carlos dijo...

Padre, extrañaba leer esta hermosa página, pero por diversas causas no pude hacerlo. Muchas gracias por compartir esta lectura porque nos ayuda a recordar que, aunque estemos ante situaciones difíciles, Dios está con nosotros. Muchas gracias, padre. Bendiciones

Anónimo dijo...

MI CASA SERÁ LLAMADA CASA DE ORACIÓN PARA TODAS LAS GENTES. Son las palabras del profeta Isaías que se leían en el frontispicio de todas las sinagogas. El contexto de Isaías es universalista: A TODOS (….) LLEVARÉ A MI SANTO MONTE, Y LOS ALEGRARÉ EN MI CASA DE ORACIÓN; SUS HOLOCAUSTOS Y SUS SACRIFICIOS SERÁN ACEPTADOS SOBRE MI ALTAR; PORQUE MI CASA SERÁ LLAMADA CASA DE ORACIÓN PARA TODOS LOS PUEBLOS.
¿EN CUEVA DE BANDIDOS SE HA CONVERTIDO A VUESTROS OJOS ESTA CASA QUE SE LLAMA POR MI NOMBRE?. Son palabras del profeta Jeremías.
Jesús acaba de llegar de Galilea. Todo el mundo habla bien de él y necesita darse a conocer más y mejor. Pero no lo hace como un demagogo, sino metiéndose en el núcleo del problema, apoyándose en lo que hay para él de más entrañable y sensible: el honor de su Padre. Jesús está en Jerusalén y entra en el enorme atrio o explanada del Templo. Allí ve con horror el mercadillo de animales destinados al sacrificio en el que han convertido dicha explanada. Allí ve las mesas de los cambistas de monedas romanas por las judías. Y reacciona. Quiere hacer respetar los derechos de Dios y, como consecuencia, se da a conocer como alguien que no tiene miedo, que no se intimida ante nadie. El celo de la Casa de su Padre le devora. Lo reconocen sus discípulos. Toma unas cuerdas y con ellas, a modo de azote, expulsa los animales, vuelca las mesas de los cambistas desparramando las monedas por el suelo, mientras pronuncia en alta voz las palabras con las que se comienza este comentario. Barre de la explanada del Templo dinero y animales. Su comportamiento, gestos y ademanes, en el mismo corazón del Templo, en el centro de la religión, son los de un gran profeta. No hay violencia contra personas, sino fuerza contra las cosas. Pedro ejerció violencia con su espada. El evangelista Lucas nos relata que entre el grupo de discípulos había dos espadas. Jesús no empuñó nunca un arma. ¿No hubo reacción alguna por parte de los perjudicados por la actuación de Jesús?. Se supone que las autoridades tenían miedo al pueblo, como figura en otro pasaje evangélico, y por eso no se atrevieron a actuar.
Los aludidos se rebelan verbalmente contra la actitud de Jesús. Algo así como si le dijeran: ¿quién te crees que eres para hacer lo que haces?. La respuesta de Jesús la entienden mal: DESTRUID ESTE TEMPLO….Y YO EN TRES DÍAS LO LEVANTARÉ. Por eso intentan ponerle en evidencia contabilizando los cuarenta y seis años de la construcción (no finalizada en ese momento).
Los cristianos, como afirma san Pablo, somos templos vivos. Debemos estar con los atrios limpios para que Jesús no repita la escena que se nos relata.
Saludos.
Juan José.

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