viernes, 13 de marzo de 2015

658. Domingo IV Cuaresma B – Jesús enviado para salvar el mundo



Homilía para el Domingo IV de Cuaresma
Jn 3,14-21


Texto evangélico:
Lo mismo que Moisés elevó la serpientes en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundos e salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Hermanos:
1. Seguramente que de todo el mensaje escuchado la palabra que más vivamente nos ha tocado el corazón es ésta: Que tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único.
Estamos en medio de la Cuaresma y éste es un mensaje de amor, que llena el corazón de asombro, de seguridad, de esperanza y también de entrega. Porque si así amó Dios al mundo, una respuesta se impone: Amor con amor se paga.

2. Nicodemo acudió por la noche, en Jerusalén, a Jesús, a hablar con él. Nicodemo era un maestro de Israel y buscaba el reino de Dios. Aquella entrevista fue para él definitiva. Cuando se presenta la ocasión, saldrá en defensa de Jesús: “¿Acaso ha creído en él algún magistrado o algún fariseo? “, dijeron en cierta ocasión los judíos (Jn 7,48). “Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace? »” (vv. 50-51). Su nombre y su memoria bendita aparece en el Calvario, tras la muerte de Jesús:  “Fue también Nicodemo   aquel que anteriormente  había ido a verle de noche   con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras” (Jn 19,39).
Fue una escena entrañable, que selló el discipulado de Nicodemo. También nosotros quisiéramos tener esa noche feliz con Jesús, en la que nuestro corazón quedase definitivamente fijado en el Señor.
En el Evangelio de la escena de Nicodemo san Juan nos trasmite esa frase reveladora, frase luminosa, ante la que nos rendimos con infinita gratitud, que tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo.
La intención de Dios es clarísima. “Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (v. 17).

3. Si decimos que Dios ha enviado al mundo a su Hijo para premiar a los buenos y castigar a los malos, decimos algo que nunca jamás ha dicho la Escritura. Diríamos que esta frase es una herejía, que contradice frontalmente a la verdad de la Escritura.
Dios no es un policía, Dios es un padre, y a Dios sólo podemos entenderlo bajo la razón del amor.
Pero debemos aclararnos, porque parece que por otra parte la Biblia dice lo contrario; por ejemplo en la primera lectura de hoy, que habla de pecado, y de aquellos 70 años de cautividad que siguieron al pecado. ¿Qué significa todo esto? Tenemos que verlo con lealtad.

4. El pueblo santo de Dios vio destruido su templo y su ciudad. Estamos en los tiempos de los profetas. Un historiador, viendo los acontecimientos desde fuera, podía decir: En todas las épocas del mundo los conquistadores son insaciables, son auténticos depredadores. Ahora le ha tocado el turbo a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y por ese afán de ser el dueño del mundo, ha invadido la tierra de Israel. Y no hay otro misterio. La explicación del autor sagrado no es esa. Él tiempo una explicación religiosa de esta inmensa desgracia nacional. Dios está por encima de los emperadores del mundo.

El pueblo se había portado con su Dios como un mal hijo, y los primeros los Sumos sacerdotes. Dice, pues, la Escritura: “Todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las aberraciones de los pueblos y profanando el templo del Señor, que él se había consagrado en Jerusalén” Dios podía haberlos castigado y arrasado al instante, pero no lo hizo. “El Señor, Dios de sus padres, les enviaba mensajeros a diario, porque sentía lástima de su pueblo y de su morada”.
Era la hora del arrepentimiento, pero ¿qué pasó? “Pero ellos escarnecían a  los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se burlaban de sus profetas, hasta que la ira del Señor se encendió irremediablemente contra su pueblo. …Los caldeos incendiaron el templo de Dios, derribaron la muralla de Jerusalén; incendiaron todos sus palacios y destrozaron todos los objetos valiosos. Deportó a Babilonia a todos los que habían escapado de la espada.”
Ya estaba advertido el pueblo de las consecuencias que vendría, pero no quiso.
Pero Dios no es vengativo, y no se irrita para siempre. Pasó el imperio de Babilonia, y otro rey, también pagano, fue el instrumento de la misericordia de Dios con su pueblo Israel. Y así lo sigue contando esta historia escrita por sacerdotes. En el año primero de Ciro, rey de Persia, para cumplir lo que había dicho Dios por medio de Jeremías, el Señor movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino el decreto de repatriación de los judíos.
De ninguna manera pensemos que el Dios del Antiguo Testamento es el Dios de la venganza.

5. Ahora bien, hermanos: llegó el tiempo en que Dios ya no envió a más profetas, sino que envió a su propio Hijo.  Es absolutamente imposible pensar en otro plan superior de salvación. Dios envió a su Hijo y lo entregó a la muerte por nosotros.
Recordad una lectura de hace dos domingos. Dios pidió a Abraham la vida de su hijo, Isaac; pero al final, Dios perdonó, y dispensó la vida de Isaac. “Pero Dios no perdonó a sus Hijo, dice san Pablo” y lo entregó por nosotros”. Y el Padre era Dios y el Hijo era Dios.

Señor Jesús, que eres la misericordia infinita del Padre que te ha enviado al mundo para salvarnos, envuelve nuestra vida en tu luz, y haz que obremos siempre la verdad para acercarnos a la luz y la salvación que gratuitamente nos concedes.

Guadalajara, Jalisco, 13 marzo 2015.

Pueden verse como himnos para este domingo en mercaba.org / Cuaresma:

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Efectivamente un historiador no tendría otra vía que atenerse pragmáticamente a los hechos y sus circunstancias. Y los hechos históricos nos dicen, resumiendo, lo siguiente:
1.- Joaquín I, rey de Judá, que fue entronizado por el faraón Necao. Joaquín I ejerció un gobierno tiránico y opresivo con su pueblo.
2.- Joaquín I debía fidelidad y tributo al faraón, pero renegó de la autoridad del mismo para someterse al vasallaje del rey de Babilonia Nabucodonosor II. El rey Joaquín I, rechazando las inteligentes advertencias del profeta Jeremías, intentó por dos veces sacudirse este vasallaje a causa del excesivo tributo, pero ambas rebeliones fueron ahogadas en sangre por los babilonios.
3.- A la muerte de Joaquín I le sucedió su hijo Joaquín II, de 18 años. Al año siguiente Nabucodonosor II arrasó Jerusalén y deportó a Babilonia al rey Joaquín II y a su familia, junto con a unos 10.000 habitantes. Sin embargo Judá no fue aniquilado ni reducido a provincia, sino que el rey babilonio nombró un rey en la persona del tío de Joaquín II, llamado Matanías, a quien le cambió de nombre por el de Sedecías.
4.- Sedecías, a pesar de las advertencias del profeta Jeremías, rescindió el vasallaje que contrajo con Babilonia, a lo que Nabucodonosor II contestó con la guerra. Esta vez fue la aniquilación sistemática de Judá. Sedecías y su familia fueron capturados. Los hijos de Sedecías fueron ejecutados delante de su padre; luego le arrancaron los ojos y le atravesaron el labio superior para colocarle una anilla sujeta a un cordel. Los principales de Jerusalén fueron también ejecutados.
5.- Nabucodonosor II nombró a Godolías gobernador en la nueva provincia de Judá, pero fue asesinado por unos rebeldes. Esto ocasionó una nueva expedición de castigo y de aniquilación, así como otra deportación. Judá quedó convertido en un estéril erial deshabitado.
Cordiales saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

El profeta Isaías consideró al rey Ciro II el Grande, soberano de Persia, como MESÍAS (ungido por Dios), al permitir la vuelta de los judíos a su patria.
También permitió a los otros pueblos conquistados por los babilonios, y asimismo deportados, volver a su patria de origen. Respetó las costumbres y religiones de todos los pueblos conquistados que estaban bajo el imperio persa, y los organizó en "satrapías" bajo el mando de un sátrapa. Así pues, los judíos siguieron estando bajo dominio extranjero y sujetos a tributos.
Juan José.

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