martes, 17 de marzo de 2015

660. Cinco Pláticas cuaresmales - 2



2. San Pablo:
“Para mí el vivir es Cristo
y el morir una ganancia” (Filipenses 2,21)

I
Unos previos teológicos a esta meditación
Estos puntos no pertenecen a la meditación que impartimos.
 1. Dos tipos de hermenéutica para acceder a Jesús: historia y teología
Como normalmente todos reconocen, Benedicto XVI se ha mostrado con gran teólogo, antes y después de ser Papa. Después de haber publicado el primer volumen a su obra “Jesús de Nazaret”, al publicar el segundo firmó un prólogo teológico (fiesta de san Marcos de 2010) al II, que va “desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección”, antepuso unas consideraciones sobre la verdadera metodología para acceder a Jesús. Se trata de consideraciones rigurosamente científicas, que pertenecen al ámbito académico, que ele studioso crítico las considerará de gran importancia.
“He podido comprobar también con gratitud que la discusión sobre el método y la hermenéutica de la exégesis, y sobre la exégesis como disciplina histórica y teológica a la vez, se está haciendo más vivaz, no obstante ciertas resistencias hacia los nuevos pasos. Me parece de particular interés el libro de Marius Reiser, Bibelkritik und Auslegung der Heiligen Schrift, publicado en 2007, en el que se recoge un conjunto de ensayos publicados precedentemente, dotándoles de una unidad interna y ofreciendo indicaciones relevantes para las nuevas vías de la exégesis, sin abandonar la importancia que siempre tiene el método his-tórico-crítico.
Una cosa me parece obvia: en doscientos años de trabajo exegético la interpretación histórico-crítica ha dado ya lo que tenía que dar de esencial. Si la exégesis bíblica científica no quiere seguir agotándose en formular siempre hipótesis distintas, haciéndose teológicamente insignificante, ha de dar un paso metodológicamente nuevo volviendo a reconocerse como disciplina teológica, sin renunciar a su carácter histórico. Debe aprender que la hermenéutica positivista, de la que toma su punto de partida, no es expresión de la única razón válida, que se ha encontrado definitivamente a sí misma, sino que constituye una deter­minada especie de racionabilidad históricamente condicionada, capaz de correcciones e integra­ciones, y necesitada de ellas. Dicha exégesis ha de reconocer que una hermenéutica de la fe, de­sarrollada de manera correcta, es conforme al texto y puede unirse con una hermenéutica histórica consciente de sus propios límites para formar una totalidad metodológica.
Naturalmente, esta articulación entre dos géneros de hermenéutica muy diferentes entre sí es una tarea que ha de realizarse siempre de nuevo. Pero dicha articulación es posible, y por medio de ella las grandes intuiciones de la exégesis patrística podrán volver a dar fruto en un contexto nuevo, como demuestra precisamente el libro de Reiser. No pretendo afirmar que en mi libro esté ya total­mente acabada esta integración de las dos herme­néuticas. Pero espero haber dado un buen paso en dicha dirección. En el fondo, se trata de retomar finalmente los principios metodológicos para la exégesis formulados por el Concilio Vaticano II (cf. Dei Verbum 12), una tarea en la que, desgraciadamente, poco o nada se ha hecho hasta ahora”.

2. Para conocer a San Pablo: Las 20 catequesis de Benedicto XVI
Durante el “Año Paulino” el Papa Francisco dio 20 catequesis sobre la figura y la doctrina de san Pablo con un lenguaje totalmente asequible al pueblo cristiano. La primera de ellas es del 2 de julio de 2008; la última del 4 de febrero del 2009. “Hoy comienzo un nuevo ciclo de catequesis, dedicado al gran apóstol san Pablo. Como sabéis, a él está consagrado este año, que va desde la fiesta litúrgica de los apóstoles San Pedro y San Pablo del 29 de junio de 2008 hasta la misma fiesta de 2009. El apóstol san Pablo, figura excelsa y casi inimitable, pero en cualquier caso estimulante, se nos presenta como un ejemplo de entrega total al Señor y a su Iglesia, así como de gran apertura a la humanidad y a sus culturas”.
En el tema que hoy desarrollamos sería conveniente leer la catequesis 8: “La relación con el Jesús histórico”.
Lista de catequesis
con el título puesto por la web de vatican.va

Ambiente
1.                  El ambiente religioso y cultural de san Pablo

Retrato de san Pablo
2.                  La vida de san Pablo antes y después de Damasco
3.                  La "conversión" de san Pablo
4.                  La concepción paulina del apostolado

Pablo y la tradición recibida; Pedro y Pablo
5.                  Pablo, los Doce y la Iglesia pre‑paulina
6.                  El concilio de Jerusalén y la controversia de Antioquía

Eclesiología
7.                  La dimensión eclesiológica del pensamiento de san Pablo 

            Cristología
8.                  La relación con el Jesús histórico
9.                  La importancia de la cristología: Preexistencia y Encarnación
10.              La importancia de la cristología. La teología de la Cruz
11.              La importancia de la cristología. El carácter decisivo de la resurrección

Escatología
12.              Escatología. La espera de la parusía

Justificación
13.              La doctrina de la justificación. De las obras a la fe
14.              La doctrina de la justificación. De la fe a las obras
15.              Adán y Cristo. Del pecado (original) a la libertad

Vida sacramental
16.              El papel de los sacramentos
17.              El culto espiritual

Colosenses  y Efesios (Cristo, Cabeza del cosmos y de la Iglesia)
18.              La visión teológica de las cartas a los Colosenses y a los Efesios

Pastorales  (Iglesia que sigue a Pablo)
19.              La visión teológica de las Cartas pastorales

Martirio
20.              El martirio de san Pablo


II
Puntos de nuestra meditación

1. Jesús es una presencia que me ilumina y todo lo ilumina

Pablo se encontró con Cristo en el camino de Damasco: Jesús, de modo absolutamente inesperado, salió a su encuentro. Una escena clave que se narra en tres ocasiones en los Hechos de los Apóstoles (Hch 9,1-19; 22.5-16: 26,9-18). ¿Qué vio y percibió san Pablo?
Vio que Jesucristo en verdad había Resucitado, que era el Viviente, que era la presencia continua, viva, inmediata, de la Iglesia y del cristiano.
En la realidad de Cristo Resucitado – es decir, muerto/resucitado – vio íntegro todo el misterio de Cristo.
Entendió que Cristo es el Hijo de Dios y que es el fin de las Escritura.
Entendió que el sentido de las Escrituras (lo que nosotros llamamos “Antiguo Testamento”) apunta Cristo, formando todas ellas una historia de salvación, cuyo remate soberano es Cristo.
Y comprendió finalmente que Cristo es la palabra final y definitiva, dada ya pro el Padre para siempre, y que en Cristo está ya desde ahora nuestro futuro.

De esta amanera Pablo adquiere la contemporaneidad de Cristo; Pablo y Cristo son místicamente contemporáneos. Un día dirá: “Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,19-20).


2. La vida es “vivir en Cristo Jesús”, “ser hallado en Cristo Jesús” con la “justicia” (santidad) que procede de él, no con la mía

La experiencia paulina nos la ha descrito Lucas en los Hechos. El testimonio directo de Pablo más cercano a lo que le ocurrió lo hallamos en la carta a los Gálatas:
“Porque habéis oído hablar de mi pasada conducta en el judaísmo: con qué saña perseguía a al Iglesia de Dios y la asolaba, y aventajaba en el judaísmo a mucho de mi edad y de mi raza como defensor muy celoso de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó revelar a su hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles, no consulté con hombres ni subí a Jerusalén a ver a los apóstelos anteriores a mí, sino que en seguida me fui a Arabia, y volví a Damasco…” (Ga 1,13-17).
Aquel acontecimiento fue algo que procedía directamente de una intervención divina; que operó un cambio intrínseco en su corazón, que lo colocó al par de los apóstoles, de modo que Pablo no es constituido apóstol por ningún otro sino por Cristo, si bien es bautizado por el discípulo Ananías.
En su doctrina san Pablo nos comunica lo que él mismo vive.
San Pablo inventa una fórmula que atraviesa todas sus cartas: “en Cristo Jesús” (o con sus variantes: en Cristo, en el Señor, en él, en el cual…) Y esta fórmula expresa la realidad y la condición del cristiano.
Es una fórmula mística, que hay que entenderla desde ella misma: - Esencia: yo soy siendo en Cristo Jesús: ser en Cristo Jesús. - Actuación: Yo actúa desde mi nueva esencia, desde Cristo Jesús, “vivir en Cristo Jesús”
Una expresión que tiende a convertirse en “experiencia real” en mi conciencia cristiana.
Lo cual se explica como un paso ya operado: paso de la muerte del pecado en el que vivía quien estaba fuera de Cristo, paso a la gracia o vida en Cristo Jesús.

3. Qué conocía san Pablo de Jesús histórico

Los biblistas han hablado, desde que se pusieron en marcha los métodos críticos de investigación del Nuevo Testamento, del Jesús de la historia y del Cristo de la fe, como si fuesen dos Cristos, si no distintos, sí muy diferentes. Ese Cristo de la fe habría recompuesto todo el Jesús de la historia…, problema que hay que estudiarlo con muchos detalles, con muchos perfiles.
De pronto sí nos sorprende que en las cartas de san Pablo no recuerde los hechos de la vida de Jesús, ni tampoco cite en directo las palabras del Señor, por ejemplo las parábolas. En una de las catequesis del Año Paulino Benedicto XVI ha estudiado este tema.
Pablo tiene constantemente en su pensamiento este hecho total de la vida de Jesús: muerte y resurrección, y todo ello según las profecías. Para Pablo Jesús es el hombre del presente; es decir:
- Jesús vive con el Padre
- Jesús vive en su Iglesia
- Jesús vive conmigo
Y desde aquí se establece la relación con el Señor.
Del mismo modo que para Pablo igualmente para nosotros la imagen prevalente de Jesús para nosotros debe ser esta: el Viviente, el que está con el Padre y está conmigo; solo desde ahí eh de recuperar la vida terrestre de Jesús.


4. Las dos dimensiones de mi experiencia con Jesús: la experiencia del pecado y la experiencia de la gracia.

El pecado. San Pablo ha sido implacable cuando ha hablado del pecado. Tendríamos que leer para ello el capítulo primero y el capítulo segundo de la carta a los Romanos: el pecado ha sido una marea arrolladora que ha invadido el mundo. La historia de la humanidad la ´pinta san Pablo como una pavorosa historia de pecado.
No es una mente enfermiza, al pintar con tan negros trazos la realidad del hombre.
No es un historiador que intente describir una historia manchada y negra. Baja hasta el fondo del corazón humano para decir: Así es el hombre.
Y además tiene la conciencia de que sin Cristo no puede salir de esta situación.

La gracia. Ahora bien, por la pura misericordia de Dios ha acontecido la gracia. Es una constante en la doctrina de san Pablo. Podemos recordar la segunda lectura del domingo pasado, IV de Cuaresma. “Por gracia estáis salvados mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya [hechura suya]. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las venas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos” (Ef 2.8-10).
San Pablo ha dejado muy en claro que todo es gracia, Pero la gracia suscita nuestra colaboración, y todo ello según un plan ordenado de Dios.


5. Mi encuentro con Cristo desde esta perspectiva de san Pablo

Se nos abre un panorama grandioso desde esta perspectiva. San Pablo puede exclamar: “¡No hay, pues, condena alguna para los que están en Cristo Jesús!” (Rom 8,1).
Y al final de todo el tratado que ha elaborado en la carta a los Romanos sobre el pecado y la gracia y la misión de Cristo, exclama. “Después de esto, ¿qué diremos? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? … ¿Quién nos separará del amor de Cristo?” (Rom 8,31-35).
Volvemos de nuevo, hermanos, a eso principio clave que es la raíz de todo le pensamiento cristiano: ¡Hemos sido amados por Dios! ¡Somos amados por Dios en su Hijo amado! Acaso mi corazón vacile, pero más importante que el hecho de que yo ame a Dios es el hecho de que Dios me ha amado y me sigue amando.
He aquí el verdadero encuentro con Dios.
Desde aquí mi vida tiene sentido y misión, pleno sentido pase lo que pase.
¡A Cristo sj todo honor y toda gloria pro los siglos de los siglos! Amén.

Guadalajara, Jalisco, martes 16 marzo 2015.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado fray Rufino:
1.- Vaya por delante mi admiración por la extensa y prolija exposición de sus PLÁTICAS CUARESMALES. Es lamentable que otros cristianos que asimismo leen su blog no plasmen en él ese agradecimiento.
2.- Es muy cierto que la inmensa mayoría cristianos no saben cuántas epístolas escribió san Pablo, y mucho menos su contenido.
3.- Es muy cierto que la inmensa mayoría de los cristianos prefieren que se les dé todo hecho…. en todo lo referente al credo cristiano.
4.- Es muy cierto que la inmensa mayoría de los cristianos no tienen ninguna inquietud religiosa, absolutamente ninguna. Y eso no es bueno.
5.- Como se sabe, a partir del siglo XIX el estudio de los textos bíblicos ha sido sistemático. Gracias a ello se ha podido determinar que no es correcto admitir la autoría de san Pablo en lo que se refiere a la Carta a los Hebreos. Dicho texto no es una carta sino una homilía, y no fue escrita a hebreos, sino a cristianos muchos de ellos procedentes del judaísmo.
6.- Igualmente los exegetas advierten, al estudiar los textos paulinos, que san Pablo fue autor de siete epístolas, y que éstas fueron redactadas entre los años 20 al 25 después de la muerte de Jesucristo, mientras que las otras seis son de autores anónimos, discípulos asociados a san Pablo, siendo redactadas con posterioridad al año 60. Y otro importante dato es que se admite la existencia de una segunda carta a los Colosenses (“Y por vuestra parte leed vosotros la que os venga de Laodicea”); está claro que se escribió una carta a los cristianos residentes en Laodicea, que quedaba cerca de Colosas, pero no ha llegado a nuestros días.
Cordiales saludos.
Juan José.

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