viernes, 20 de marzo de 2015

663. Cinco Pláticas cuaresmales – 5



Mi encuentro con Jesús en la celebración de la Eucaristía

El contenido de esta quinta exposición de las “Cinco Pláticas cuaresmales” es diferente del de las anteriores.
El objetivo dominante en todo momento ha sido este: La fe es el encuentro (no tanto la aceptación de un conjunto de verdades). El encuentro es enamorarse de él, quedar enamorado. ¿Cómo podemos encontrarlo? Porque él nos ha encontrado primero, él ha salido a nuestros encuentro; él se ha anticipado. En cuatro testimonios del Nuevo Testamento hemos visto cómo se refleja ese encuentro:
1. Cómo es el encuentro de Jesús según la carta a los Hebreos.
2. Según las cartas de san Pablo.
3. Según los escritos de san Juan.
4. Según los Evangelios y en concreto según san Marcos.
5. Ahora queremos ver cómo es ese encuentro espiritual con Jesús en la celebración de la Eucaristía.
Las notas que siguen son cinco explicaciones catequéticas de la celebración de la Eucaristía en el rito actual establecido por la Iglesia. No es una “catequesis de ceremonias”, sino que es una “catequesis de teología y espiritualidad”. Nos preguntamos: cuál es esa realidad viva que está dentro de cada una de las partes de la misa, porque queremos captarla y encontrar en ella al Señor.
(Advertimos: Son notas escritas hace unos años


LA EUCARISTÍA,
CORAZÓN DE NUESTRA VIDA


Después de una Introducción, tratamos de cinco puntos:
0. Introducción: Qué buscamos en estas explicaciones
1. Entrada en la celebración
2. Persona y comunidad en la celebración
3. La mesa de la Palabra
4. La Plegaria eucarística, “centro y culmen”
5. La Comunión: celebración, vida espiritual, vida mística

0
Introducción:
Qué buscamos

Punto de arranque
La Eucaristía es el corazón de nuestra vida, ¿quién lo va a dudar? La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia. La Eucaristía es el nervio de nuestra vida espiritual cotidiana. La Eucaristía es el ápice de la vida mística.
     Recordemos:
     “La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor. (...)
     Por tanto, de la Liturgia, sobre todo de la EUCARISTÍA, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin”
     (Constitución sobre la sagrada Liturgia, 10).

     Lo que buscamos en nuestras explicaciones es llegar al meollo de esta realidad del misterio pascual de Cristo que lo celebramos cada vez que celebramos la Eucaristía.
     Nos hará bien que, de entrada, nos situemos en el camino de renovación que ha vivido la Iglesia, por lo que respecta a la celebración de la Eucaristía, en los decenios que han seguido al Concilio.


Tres etapas en la celebración de la Eucaristía tras el Concilio

1959 El Concilio fue anunciado en la fiesta de la conversión de san Pablo (25 de enero) de 1959. Se inició el 11 de octubre de 1962, fiesta de la Maternidad divina de María; y se terminó en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre, del año 1965.

1969 El primer documento aprobado fue la constitución sobre la sagrada Liturgia (4 diciembre 1964). Inmediatamente se comienza a celebrar la Misa en castellano, que ya antes se había introducido en parte. El Nuevo Misal fue promulgado por Pablo VI el Jueves Santo de 1969. Con el nuevo Misal venía la Ordenación (Institutio) General del Misal Romano (OGMR).

1975 Se promulga la segunda edición típica del Misal Romano con su correspondiente Ordenación General del Misal Romano , que es la que está vigente, la que podemos leer en nuestros Misales de altar.

2000 Con motivo del Jubileo se quiso preparar la tercera edición típica del Misal Romano, que enriquece notablemente el Misal de 1975. Con esta tercera edición se publica la correspondiente Ordenación General del Misal Romano. El Jueves Santo de 2000 el Papa Juan Pablo II aprueba la revisión que se ha hecho de la Ordenación General del Misal Romano, que es la que aparecerá en la edición del Misal (fin de este año o comienzos del año que viene), y que se ha publicado ya en latín, en inglés..., para que los obispos y peritos puedan hacer pequeños perfeccionamientos antes de formar un libro con el Misal.

El contenido espiritual de las diversas partes de la Misa

     La Misa tiene su normativa, como es obvio, ceremonias que se explicaban minuciosamente en los antiguos “manuales de liturgia”, ya olvidados (p.e. de Antoñana).
     Pero aquí no nos interesa primariamente precisar la ejecución del rito y entrar en discusiones, sino el contenido espiritual que lleva consigo el rito. Descubrir esto es una rica fuente de espiritualidad, y nos acerca más y más al misterio central de la misa, que es nuestro objetivo.

Cuáles son “las diversas partes de la Misa”

     He aquí los distintos momentos, las diversas articulaciones, que componen la celebración de la Eucaristía. Nos interesa desmenuzar estas partes una a una para ver lo que contienen.
     La enumeración, tomando los títulos de la Institutio es la siguiente:


Ritos iniciales
Entrada
Saludo al altar y al pueblo congregado
Acto penitencial
Kyrie, Eleison
Gloria in excelsis
Oración colecta


     Liturgia de la Palabra
El silencio
Lecturas bíblicas
Salmo responsorial
Aclamación antes de la lectura del Evangelio
Homilía
Profesión de fe
Oración universal

     Liturgia eucarística
Preparación de los dones
Oración super oblata
Plegaria eucarística (con sus ocho elementos)


1.    Acción de gracias: Prefacio
2.    Aclamación: Santo
3.    Epíclesis
4.    Narración de la institución y consagración
5.    Anámnesis
6.    Oblación
7.    Intercesiones
8.    Doxología
Rito de la comunión
- Oración del Señor
- Rito de la paz
- Fracción del pan
- Comunión

Rito de conclusión
     a) Breves comunicaciones
     b) Saludo y bendición sacerdotal
     c) Despedida del pueblo
     d) Beso al altar e inclinación al altar


1
Entrada en la celebración de la Eucaristía

La secuencia de los ritos
     Como quedó escrito en el esquema de la celebración la secuencia de ritos iniciales son estos pasos:


1.   Entrada


2.   Saludo al altar y al pueblo congregado
3.   Acto penitencial
4.   Kyrie, Eleison
5.   Gloria in excelsis
6.   Oración colecta

El “para qué” de estos ritos



Obviamente tienen una finalidad práctica; de alguna manera hay que comenzar una celebración. No se entra, por así decir, en picado en medio de la misma.
Pero tienen una finalidad espiritual, claramente señalada en la OGMR 24 (recogida igual en la nueva, con una pequeña añadidura).
Dice la Ordenación:
“La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles reunidos:


constituyan una comunidad (in unum convenientes communionem constituant),
y se dispongan a oír como conviene
y a celebrar dignamente la Eucaristía”.

Comunidad-comunión para celebrar la Eucaristía

     Hemos de aclararnos en unos puntos muy importantes:
    
     1. Estar juntos (in unum convenientes) es reunión y de alguna manera comunidad.
     2. Pero la comunidad no llega a ser plena si no es “comunión”. En el Nuevo Testamento esta palabra, que en griego se dice “koinonía”, tiene mucha importancia. La Iglesia, por su propia naturaleza, es comunión.
     3. La comunión culmina en la parte de la celebración que llamamos, por excelencia, Comunión; pero toda la celebración tiene que concebirse como comunión.

      Juan María Canals, director del secretariado Nacional de Liturgia, escribe a propósito de La Eucaristía, misterio de comunión (revista Phase, julio-agosto 2001, 279-292):
      “...La participación en la Eucaristía no se reduce únicamente al acto de comulgar, sino a toda la celebración. El fiel cristiano, desde que llega a la iglesia, se une a los hermanos, comparte la misma fe y crea unos lazos de comunión con todos los que forman la asamblea litúrgica. Refuerza la comunión cuando escucha y responde a la palabra de Dios, cuando hace memoria agradecida de la historia de la salvación y cuando comulga el cuerpo y la sangre de Cristo” (p. 279).


Tres elementos para favorecer la Comunidad-comunión

     1. Sentirse reunidos mediante la disposición de los puestos que ocupamos. Visiblemente se tiene que notar que formamos “comunidad-comunión”.
     2. Cantar juntos la misma fe para empezar la celebración. “El de este canto (el Introito o Entrada) es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido, etc.” (OGMR 25).

Detalles
La antífona del Introito se canta. “Si no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos, o un lector recitarán la antífona que aparece en el Misal. Si esto no es posible, la recitará al menos el mismo sacerdote después del saludo” (OGMR 26).
A este texto se añade ahora: “... el cual puede también adaptarla a modo de monición inicial” (Nueva Ordenación, 48)

     3. El saludo del sacerdote, que manifiesta la presencia de Cristo, manifiesta también el misterio de la Iglesia congregada.

     El saludo del sacerdote a la asamblea congregada, introducido previamente por la señal de la cruz, tiene dos finalidades:


Manifestar la presencia de Cristo.
Manifestar el misterio de la Iglesia congregada.
     El saludo termina saludando el pueblo al sacerdote (Y con tu Espíritu), saludo que va en la misma dirección espiritual que ha iniciado el sacerdote.

     Conclusión
     Por tanto, si un saludo no tiene por dentro ese contenido no se puede decir que sea un saludo legítimo para comenzar la sagrada celebración que preside Cristo.

Beso de entrada y despedida al altar-Cristo

     El altar
     El altar tiene dos simbolismos:


     El altar es ara del sacrificio incruento.
     El altar es la Mesa de Comunión, mesa en la que se prepara el manjar del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
     Si miramos al altar como “ara” del sacrificio, tendría que ser pequeño.
     Si lo miramos como “mesa de comunión” tendría que ser grande.
     Si lo miramos como mueble noble en relación con el retablo, tendría que someterse, arquitecturalmente, a las medidas y estilo artístico del retablo. Pero en esta perspectiva, nos habríamos salido del sentido místico y simbólico del altar y lo habríamos desfigurado en función el retablo, en daño de la teología.

      (Nota. Por respeto a su significatividad, no vale hacer un altar “práctico”: labrado y bonito por la parte visible a los fieles, y feo por detrás, por donde pueden ver sólo el sacerdote y los ministros. Así sucede cuando queda raso, o es utilizado para un armario de libros u objetos para la celebración. En realidad este uso sería, inconscientemente, una profanación del altar).

     El descubrimiento espiritual de lo que es el altar, lleva a un trato correspondiente a este misterio. Sepamos que el altar:


     No es, por su naturaleza, el soporte para floreros.
     No es, por su naturaleza, el soporte para candelabros.
    
Es cierto que la nueva Ordenación mantiene la concesión de que se puedan colocar encima del altar dos, cuatro y hasta seis candelabros que acompañan a la cruz en al procesión de entrada, pero si esto no se “interpreta” correctamente, podemos volver a la idea del altar monumental, con el peligro de un altar visto en otros tiempos como base del retablo...     

No es el soporte para los vasos sagrados que no están en uso.
No es el soporte para la custodia que al final de la misa se va a exponer.
No es el soporte para las vinajeras.
No es el soporte para un hermoso atril, obra preciosa de hace varios siglos.
No es el soporte para el “Libro del altar”, o para el Libro de la Oración de los Fieles, o para los papeles de los avisos que hay que hacer para el final de la misa, o para las hojas de la homilía, o de los cantos, o para las gafas (con su estuche), ni para la caja de cerillas de las velas.

     Para poder dar un beso al altar con el hondo significado mistérico que tiene, el altar tiene que ser verdaderamente altar.

     El primer beso al altar
     Lo primero que hace el sacerdote, antes de saludar a la asamblea, es saludar al altar, y esto lo hace


     mediante una inclinación profunda
     y sobre todo, mediante un beso.
     Saluda al altar no propiamente como mesa de comunión, sino como ara del sacrificio, porque el altar místicamente es Cristo.

     ¿Qué significa el beso al altar?


     - Si el beso en nuestra cultura es la mayor expresión externa de amor (caso de que no se convierta en mero rito social, quizás de compromiso), si el beso es beso, el beso del sacerdote al altar significa poner toda la celebración bajo el signo del amor.
     - Diríamos, incluso, de amor esponsal. El sacerdote besa a Cristo, esposo de la Iglesia.
     - Es un beso de fe, de adoración y de ternura.
     - Y esto es lo primero que hace el sacerdote; es ya encuentro profundo con el Señor.

     El beso final al altar
     Y lo último que hace el sacerdote, al concluir la celebración, después de haber despedido a la asamblea, es un beso al altar.
     - Beso de ternura y adoración, como al principio.
     - Beso de agradecimiento.
     - Beso de despedida hasta la próxima celebración de la Eucaristía.
     La liturgia malabar tiene una oración de despedida al altar con expresada con palabras conmovedoras.

El acto penitencial

     “Después el sacerdote invita al acto penitencial, que se realiza cuando toda la comunidad hace su confesión general y se termina con la conclusión del sacerdote” (OGMR 29). La nueva Ordenación añade: la cual confesión no tiene eficacia sacramental (n. 51); es decir, no es una de las tres formas con que se administra el sacramento de la penitencia, no es, por tanto, la absolución general con confesión general.
     El acto penitencial, al iniciar la Eucaristía, se entiende desde la comunión que hemos subrayado. He aquí los perfiles:
     - Toda la comunidad se siente necesitada de la purificación de Dios para celebrar estos divinos misterios.
     - Es improcedente utilizar este momento para acusarse de pecados personales.
     - Es improcedente incrustar aquí la celebración del sacramento de la penitencia.
     - Ni tampoco es el momento de introducir aquí pecados específicos colectivos (con frecuencia en relación con las jornadas especiales por tal o cual necesidad).
     - El sacerdote, como miembro de toda la comunidad, hace con ella la confesión de pecados, y en la conclusión se asocia como un hermano más: “Reconozcamos nuestros pecados...  Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros”.

Kyrie, eleison

     Se trata de una solemne aclamación a Cristo, el Kýrios, el Pantocrátor. Si no se le ha metido dentro del  “acto penitencial”, el Kýrie no es, en rigor, acto penitencial, sino aclamación a Cristo glorioso. Al reconocer su divinidad y su señorío, imploramos, en consecuencia, su misericordia, que es una manera espontánea de confesarlo como Dios. El Kýrie nos ha venido de nuestros hermanos de Oriente.
     Tengamos muy en cuenta lo que nos indica el Misal:
     “Siendo un canto con el que los fieles aclaman al Señor y piden su misericordia, regularmente habrán de hacerlo todos, es decir, tomarán parte en él el pueblo y los cantores” (OGMR 30).
Los músicos con frecuencia se deleitan más en el “ten piedad” que en el Kýrios. Esto desfigura el sentido.
Y desfigura también el sentido el introducir cuñas para pedir perdón por esto y por esto, habiendo hecho ya el acto penitencial.

Sentido pascual del Gloria

     “El Gloria es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y le presenta sus súplicas” (OGMR 30). La nueva Ordenación añade un aviso: El texto de este himno no puede ser cambiado por otro (n. 53).
     Con muchísima frecuencia en Navidad, en vez del “Gloria” se canta un villancico que empieza con las mismas palabras del Gloria: Gloria a Dios en las alturas... Esto es realmente un error y desfigura la liturgia.
     Por el contrario, entrar en la espiritualidad del Gloria es entrar de lleno en un ámbito pascual como pórtico de la celebración de la Eucaristía.
     Sería hermoso tomar el Gloria como materia de meditación para iniciar la liturgia con el corazón dilatado, aclamando la Gloria de Dios.

Oración colecta

     “A continuación, e l sacerdote invita al pueblo a orar; y todos juntos, a una con el sacerdote, permanecen un rato en silencio para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas. Entonces el sacerdote lee la oración que se suele denominar colecta. Con ella se expresa generalmente la índole de la celebración, y con las palabra del sacerdote se dirige la súplica a Dios Padre por Cristo en el Espíritu Santo” (OGMR 42).
     Esta oración colecta combina de modo armónico la densidad de lo que es el encuentro personal en la presencia de Dios, a quien le presento en silencio mis súplicas, yo en la asamblea santa, y la oración de todos mis hermanos en comunidad, recogidas (colecta) todas las aspiraciones por la voz del sacerdote.
     En el nuevo Misal va a haber un enriquecimiento grande de oraciones colecta en los domingos en el tiempo ordinario, pues, si es verdad que son muy hermosas las que están, con todo, no expresan de modo directo el misterio del día que es la resurrección del Señor.

     Con la oración colecta concluye la parte introductoria de la Misa.

2
Persona y comunidad para celebrar la Eucaristía
Asimilación de lo que hemos descubierto en la
“Entrada en la celebración de la Eucaristía”


Persona y comunidad

     Al celebrar la Eucaristía la celebramos como persona y como comunidad, dos realidades armónicamente unidas, una inseparable de la otra. Veamos cuáles son las actitudes que corresponden a estas realidades.

Yo como persona: los detalles de mi persona y de mi vida para la Eucaristía

     1. Primacía
     La Eucaristía, y concretamente la misa diaria:
     - será lo más importante de mi vida;
     - será lo más importante de mi jornada.

     2. Invitación al conocimiento de la Eucaristía y de la Misa
     Este convencimiento me está invitando:
     - a tener, ya de antemano, un conocimiento de todo lo que se refiere a la Eucaristía;
     - a tener el gusto por conocer el misal, que es libro del sacerdote y de cada fiel; una especie de devoción al Misal, como libro espiritual;
     - a saber qué misa es la que hoy celebra la Iglesia.
     - En caso de tener la responsabilidad para preparar una Misa, conocimiento para saber qué textos vamos a escoger y por qué, qué cantos vamos a cantar y por qué.

     3. Invitación a cuidar el entorno de la Eucaristía
     - Todo esto me llevará, en cuanto pertenezca a mis responsabilidades, a cuidar con esmero todo el entorno que se refiere a la Eucaristía, a saber:
     - La sacristía: ornamentos sagrados y vasos sagrados.
     - Cuidado de los libros que se usan en la celebración de la Eucaristía, y especialmente de los leccionarios: en la forma de guardarlos y de tratarlos.
     - Cuidado muy especial del altar y del ambón.

     4. Invitación a las disposiciones interiores
     - La adoración del Santísimo Sacramento arranca de la celebración de la Eucaristía y vuelve a ella.
     - La presencia de Jesús en el Sagrario la consideraré en relación con la Misa, que es la celebración del misterio pascual del Señor (como lo explicaremos en su momento).
     - Hay dos actitudes interiores que hemos de fomentar para la celebración:
         a) El deseo de Jesús, especialmente al acostarse y al levantarse.
     b) La limpieza de corazón para celebrar la Eucaristía cada día. (Al confesarme en los tiempos determinados, pensaré que la celebración del sacramento de la reconciliación dispone mi corazón para la Eucaristía).


Yo miembro de la comunidad del Señor

     1. Mi comunidad es la Iglesia celeste
     - Celebro la santa Eucaristía en unión con todos los santos y ángeles del cielo.

     2. Mi comunidad es la Iglesia universal terrestre
     - Celebro la Eucaristía en unión con la iglesia diocesana (significado de comunión al nombrar la persona del obispo).
     - Celebro la Eucaristía en unión con toda la Iglesia universal (significado de comunión al nombrar la persona del Papa).

     3. Mi comunidad es la comunidad religiosa en la que vivo
     - Mi comunidad en concreto es esta familia en la que vivo (hoy comunidad de Recoletas, ancianas y jóvenes, nacidas aquí y venidas de Oriente).


Las tres características de la comunidad al iniciar la celebración

     Según hemos visto en los diversos detalles analizados en las partes del rito de entrada, la comunidad celebrante - o concelebrante - es:

     1. Una comunidad penetrada de la presencia del Señor.
     - El sentido de la presencia del Señor es esencial para celebrar en profundidad.

     2. Una comunidad de pecadores, santificada por Dios
     - Sentido del acto penitencial: Somos pecadores (sacerdote y fieles).
     - Unos y otros intercedemos mutuamente, uniéndonos, pro otra parte, a la Iglesia celeste y terrestre.

     3. Una comunidad que exulta por la gloria de Cristo
     - Es el sentido del “Gloria” que, aunque dentro del rito de entrada no es de por sí un elemento de entrada: Himno a la gloria de Dios y de Cristo, que anticipa el sentido mismo de la Eucaristía.

     La asimilación consciente de estos elementos nos configuran con la genuina espiritualidad que brota de la Eucaristía.


3
La mesa de la Palabra de Dios
ofrecida antes de la mesa de la Eucaristía


El paso del Espíritu de Dios

     La renovación bíblica, el acercamiento directo y piadoso a los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, ha sido una novedad mayor de la espiritualidad de la Iglesia en el siglo XX, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II. Esto lo hemos visto con evidencia en nuestras comunidades religiosas. Hoy es un hecho alcanzado y no hace falta insistir en ello.
     Creemos que ésta ha sido una de las grandes gracias que el Señor ha concedido a su Iglesia, y nosotros, por su misericordia, somo especialmente beneficiarios. Vivimos de la Palabra de Dios, gustada día a día


         - en la celebración ferial y dominical de la Eucaristía,
         - en la recitación diaria del Oficio Divino o Liturgia de las Horas.
    
     Conclusión. Es obvio que las comunidades contemplativas utilicen todos los recursos posibles para disfrutar en la máxima abundancia la mesa de la Palabra de Dios que brinda la Iglesia. Algunos liturgistas, con muy buen sentido, han insistido - y diríamos con san Pablo “a tiempo y a destiempo” - para que se aproveche al máximo la posibilidad del ciclo bienal en el oficio de lectura. Y lo mismo sobre el leccionario de la Eucaristía, del que se habla más abajo.


Un “tratado” sobre la Palabra de Dios en la liturgia

     El año 1969 se promulgó el Ordo lectionum Missae, es decir el Leccionario de la Misa. Iba precedido de unos “Prenotandos” o introducción, como es habitual en los libros litúrgicos, para situar al sacerdote y a los fieles en el misterio de la Palabra de Dios que se nos da en la celebración eucarística. Esta introducción constaba de unas cinco páginas, antepuestas al texto en cada uno de los leccionarios.
     El año 1981 se publicó la segunda edición típica del Ordo lectionum Missae o Leccionario de la Misa. Los “Praenotandos de antes se extendían ahora a lo largo de 34 páginas, antepuestas en cada uno de los libros que componen el Leccionario.
     Estas páginas, de un contenido espiritual riquísimo, son una especie de Tratado sobre la Palabra de Dios en la liturgia, y aconsejamos vivamente que uno tome en sus manos cualquiera de estos libros del Leccionario para leer, admirado, lo que allí se dice de la palabra de Dios, constitutiva de la Iglesia.

     Trasladamos aquí el índice de la primera parte, para que se vea cuáles son las grandes perspectivas que se nos ofrecen con la Palabra de Dios:

CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA PALABRA DE DIOS

1. Indicaciones previas:
a) Importancia de la Palabra de Dios en la celebración litúrgica
b) Términos empleados para designar la Palabra de Dios
c) Significación litúrgica de la Palabra de Dios

2. La celebración litúrgica de la Palabra de Dios
a) Características propias de la Palabra de Dios en la liturgia
b) La Palabra de Dios  en la economía de la salvación
c) La Palabra de Dios en la participación litúrgica de los fieles

3. La Palabra de Dios en la vida del pueblo “de la alianza”
a) La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia
b) La Palabra de Dios en la explicación que de ella hace la Iglesia
c) Conexión entre la Palabra de Dios proclamada y la acción del Espíritu Santo
d) Íntima conexión entre la Palabra de Dios y el misterio eucarístico


LA CELEBRACIÓN DE LA LITURGIA DE LA PALABRA DE DIOS

1. Elementos de la liturgia de la Palabra y ritos de los mismos
a) Las lecturas bíblicas
b) El Salmo responsorial
c) La aclamación antes de la lectura del Evangelio
d) La homilía
e) El silencio
f) La profesión de fe
g) La oración universal u oración de los fieles

2. Cosas que ayudan a una recta celebración de la liturgia de la Palabra
a) Lugar de la proclamación de la Palabra de Dios
b) Los libros de la proclamación de la Palabra de Dios en las celebraciones


OFICIO Y MINISTERIOS EN AL CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA PALABRA DENTRO DE LA MISA     

1. Funciones del presidente en la liturgia de la Palabra
2. Funciones de los fieles en la liturgia de al Palabra
3. Ministerios en la liturgia de la Palabra

Lectura continua de la Palabra de Dios en la Misa

     En las solemnidades es preciso proclamar la Palabra fijada para ese día; lo mismo en las fiestas.
     En las memorias, obligatorias o libres (salvo lo que precisaremos a continuación), es vivamente aconsejable seguir la lectura continua. Incluso cuando la lectura se ha omitido algún día por la concurrencia de una fiesta, se puede recuperar al día siguiente.

     Qué son lecturas “propias” y lecturas “apropiadas” en las memorias de los santos.
     Lecturas propias en este caso son aquellas lecturas en las que se habla directamente del santo de quien se celebra; p. e., Evangelio de santa Marta el día de santa Marta.
     Lecturas apropiadas son lecturas que se aplican a un santo porque hace resaltar de algún modo su carisma particular; p. e. “Dejad que los niños vengan a mí” en la memoria de una santo de un santo educadores. Es, por ejemplo, el caso del Leccionario de la familia franciscana. Las lecturas de las memorias de nuestros santos y santas son todas ellas lecturas “apropiadas”.

     Criterios


En las solemnidades y fiestas haremos, como está mandado, las lecturas del ese día.
En las memorias de los santos haremos al lectura “propia” cuando ocurra (son unas diez ocasiones, nada más). En los demás casos, aunque el santo o santa, tenga una lectura apropiada, preferiremos seguir el curso continuo de la lectura ferial.

Comentario a los números 4, 5 y 6 del Ordo lectionum Missae

     Número 4
      Características propias de la Palabra de Dios en la liturgia

      En la celebración litúrgica, la palabra de Dios no se pronuncia de una sola manera, ni repercute siempre con la misma eficacia en los corazones de los que al escuchan, pero siemrpre Cristo está presente en su palabra y, realizando el misterio de salvación, santifica a los hombres y tributa al Padre el culto perfecto.
      Más aún, la economía de la salvación, que la palabra de Dios no cesa de recordar y prolongar, alcanza su más pleno significado en la acción litúrgica, de modo que la celebración litúrgica se convierte en una continua, plena y eficaz exposición de esta palabra de Dios.
      Así, la palabra de Dios, expuesta continuamente en la liturgia, es siempre viva y eficaz por el poder del Espíritu Santo, y manifiesta el amor operante del Padre, amor indeficiente en su eficacia para con los hombres.


      Número 5
      La palabra de Dios en la economía de la salvación

      La Iglesia anuncia el único e idéntico misterio de Cristo cuando, en la celebración litúrgica, proclama el Antiguo y el Nuevo Testamento.
      En efecto, en el Antiguo Testamento esta latente el Nuevo, y en el Nuevo Testamento se hace patente el Antiguo. Cristo es el centro y plenitud de toda la Escritura, y también de toda celebración litúrgica, por esto, han de beber de sus fuentes todos los que buscan la salvación y la vida.
      Cuanto más profunda es la comprensión de la celebración litúrgica, más alta es la estima de la palabra de Dios, y lo que se afirma de una se puede afirmar de la otra, ya que una y otra recuerdan el misterio de Cristo, y lo perpetúan cada una a su manera.


      Número 6
      La palabra de Dios en la participación litúrgica de los fieles

      La Iglesia, en la acción litúrgica, responde el mismo “Amén” que Cristo, mediador entre Dios y los hombres, con la efusión de su sangre, pronunció de una vez para siempre, para sancionar en el Espíritu Santo, por voluntad divina, la nueva Alianza.
      Cuando Dios comunica su palabra, espera siempre una respuesta, respuesta que es audición y adoración “en Espíritu y verdad” (Jn 4,23). El Espíritu, en efecto, es quien da eficacia a esta respuesta, para que se traduzca en la vida lo que se escucha en al acción litúrgica, según aquella frase de la Escritura: “llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla” (St 1,22).
      Las actitudes corporales, los gestos y palabras con que se expresa la acción litúrgica y se manifiesta la participación de los fieles reciben su significado no sólo de la experiencia humana, de donde son tomados, sino de la palabra de Dios y de la economía de la salvación, a la que hacen referencia, por lo cual tanto más participan los fieles en la acción litúrgica cuanto más se esfuerzan, al escuchar la palabra de Dios en ella proclamada, por adherirse íntimamente a la Palabra de Dios en persona, Cristo encarnado, de modo que aquello que celebran en la liturgia procuren reflejarlo en su vida y costumbres, y, a la inversa, miren e reflejar en la liturgia los actos de su vida.





4
La Plegaria eucarística,
“centro y culmen”


     El corazón de la celebración de la Eucaristía es la Plegaria eucarística. Cuando se pregunta: ¿Qué es más importante, la Consagración o la Comunión?, podemos responder:


Aunque ciertamente la “consagración” es un momento puntual, de ninguna manera podemos separarla de la Plegaria eucarística como tal. Las palabras de la consagración, si no estuvieran en la Plegaria, no serían palabras de consagración.


El momento clave de la Eucaristía, aquello por lo que es lo que es, es la Plegaria eucarística, centro y culmen. Esto es el ápice de la celebración. Entrar interiormente en ella es entrar en la esencia misma del misterio que nos dejó el Señor, el sacramento de nuestra fe.
Este momento central y culminante exige desde sí mismo, como derivación que fluye, la Comunión.


     Descripción de la Plegaria eucarística

Qué es

     “Ahora es cuando empieza el centro y culmen de toda la celebración, a saber, la Plegaria eucarística, que es
     - una plegaria de acción de gracias
     - y de consagración.
     El sacerdote invita al pueblo a elevar al corazón a Dios, en oración y acción de gracias, y se le asocia en la oración que él dirige en nombre de toda la comunidad, por Jesucristo, a Dios Padre.
     El sentido de esta oración que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio”.

Cómo se articula en ocho movimientos

     Los principales elementos de que consta la Plegaria eucarística pueden distinguirse de esta manera:



1)                      Acción de gracias (que se expresa sobre todo en el prefacio): en la que el sacerdote, en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da gracias por toda la obra de salvación o por alguno de sus aspectos particulares, según las variantes del día, fiesta o tiempo litúrgico.
2)                      Aclamación: con ella toda la asamblea, uniéndose a las jerarquías celestiales, canta o recita el “Santo”. Esta aclamación, que constituye una parte de la Plegaria eucarística, la pronuncia todo el pueblo con el sacerdote.
3)                      Epíclesis: con ella la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora el poder divino para que los dones que han presentado los hombres queden consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la comunión sea para salvación de quienes la reciben.
4)                      Narración de la institución y consagración: en ella, con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando bajo las especies de pan y vino ofreció su Cuerpo y Sangre y se lo dio a los Apóstoles en forma de comida y bebida, y les encargó perpetuar ese mismo misterio.
5)                      Anámnesis: con ella la Iglesia, al cumplir este encargo que, a través de los Apóstoles, recibió de Cristo Señor, realiza el memorial del mismo Cristo, recordando principalmente su bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y la ascensión al cielo.
6)                      Oblación: por ella al Iglesia, en este memorial, sobre todo la Iglesia aquí y ahora reunida, ofrece al Padre en el Espíritu Santo la víctima inmaculada. La Iglesia pretende que los fieles no sólo ofrezcan la víctima inmaculada, sino que aprendan a ofrecerse a sí mismos, y que de día en día perfeccionen, con la mediación de Cristo, la unidad  con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios lo sea todo para todos.
7)                      Intercesiones: con ellas se da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, celeste y terrena, y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros, vivos y difuntos, miembros que han sido todos llamados a participar de la salvación y redención adquiridos por el Cuerpo y sangre de Cristo.
8)                      Doxología final: en ella se expresa la glorificación de Dios y se concluye y confirma con la aclamación del pueblo.


Las grandes líneas espirituales


La oración de Cristo

     El valor sumo de la Plegaria eucarística proviene de que:
1)    Jesucristo es el orante.
2)    Y el orante con la que es la “oración total” de su existencia.
3)    Es la oración pascual de Cristo en la tierra y de Cristo en el cielo.
4)    Es, ni más ni menos, que “Su Oración”.

La Eucaristía halla su identidad en Cristo. Y la Eucaristía es la Eucaristía del Señor Jesús; no hay otra, ni puede haber otra, aunque a lo largo de los siglos se celebre en variedad de ritos y expresiones.
     Llegar a la identidad de lo que fue la Eucaristía de Jesús en la cena es llegar a la Eucaristía. A este propósito escribe Pedro Farnés:
     “Las seis acciones que la Iglesia ha recibido de Jesús como elementos inmutables de la misa son: a) tomar pan y vino; b) bendecir a Dios por las maravillas que obra en favor de los hombres; c) prenunciar con palabras y gestos su entrega sacrificial; d) romper el pan; e) distribuir el pan fraccionado; f) dar a beber el cáliz. Estas son, ni más ni menos, las partes constitutivas del rito eucarístico, las acciones que nunca pueden faltar en la celebración eucarística...” (Liturgia y Espiritualidad, junio 1998, p. 254).

     Lo que Cristo realizó y realiza en la Plegaria eucarística es:
     - dar gracias al Padre por las maravillas obradas en el Hijo, Jesús de Nazaret, y en toda la historia de Dios con los hombres;
     - “santificarse”, es decir, entregarse por la salvación de todo el mundo, asumiendo en su cuerpo entregado (sacrificio) y sangre derramada (sacrificio) la historia de los hombres.


La espiritualidad eucarística que de aquí se desprende

     La espiritualidad de la Eucaristía consiste en esta compostura de corazón: empalmar con Cristo, dejándose asumir por él.
     1. Asentir a Cristo. Decir “amén” a la obra de Cristo, contemplando en su acción de gracias la obra cumbre de los siglos, agradable al Padre.
     2. Dejarse conducir por él, asumiendo su entrega como salvación nuestra .
     La comunión será la verificación concreta de esta acción ya realizada en la Plegaria eucarística.
5
La Comunión:
celebración, vida espiritual, vida mística


La secuencia del rito celebrativo de la Comunión

     La secuencia de los momentos que componen el rito de la Comunión forma estos pasos o momentos (según anotamos al principio):
- Oración del Señor
- Rito de la paz
- Fracción del pan
- Comunión

     Debemos conocer la interioridad de cada uno de estos cuatro momentos para no desfigurarlos y para entrar en íntima sintonía con la realidad espiritual que nos transmiten.


Oración del Señor

     “En ella se pide el pan de cada día, con lo que también se alude, para los cristianos, al pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que, en realidad, las cosas santas se den a los santos” (OGMR 56 a).
     Esta oración la dicen todos a una con el celebrante. Téngase presente que no es el sacerdote quien la inicia, sino quien invita.
     Así pues, la primera palabra, PADRE, No se le puede quitar a la asamblea; la tienen que decir todos juntos.


La paz
     ¿Qué significa la paz en e este momento? Lo que sugiere la oración que se acaba de rezar: “mi paz os dejo, mi paz os doy... Concédele (a la Iglesia) la paz y la unidad”. La unidad en la fe es la paz de la Iglesia.
     Por tanto, al darnos la paz, nos deseamos:


         - “paz y unidad para la Iglesia y para toda la familia humana”
         - nos expresamos mutuamente “la comunión eclesial” (así precisado en la nueva Ordenación)
         - y la “caridad”, es decir el amor cristiano.
    
     Las Conferencias episcopales indican el modo de dar este saludo de paz. La nueva Ordenación añade: “Conviene, sin embargo, que cada uno dé el signo de la paz solamente a quienes tiene más cerca y de un modo sobrio” (n. 82).


Fracción del pan

     - “El gesto de la fracción del pan, realizado por Cristo en la última Cena, en los tiempos apostólicos fue el que sirvió para denominar a la íntegra acción eucarística” (OGMR 56 c).
     - Este gesto “significa que nosotros que somos muchos, en la comunión de un solo pan de vida, que es Cristo, nos hacemos un solo cuerpo (1Co 10,17)”.
     - La nueva Ordenación precisa: “Este rito se reserva al sacerdote y al diácono” (n. 82). La razón es porque Cristo mismo partió el pan que distribuyó.


Comunión

     El ritmo de la comunión tiene tres momentos:

     Primer momento. El pueblo se acerca procesionalmente a participar en el banquete eucarístico.

     Del canto para la comunión se dicen tres cosas:
- Debe expresar por la unión de las voces la unión espiritual de los que comulgan.
- Ha de expresar la alegría del corazón.
- Debe mostrar la inmole comunitaria () de la procesión de los que se acercan a recibir la Eucaristía.

     Observemos además:


- Los cánticos para la Comunión (si no son del Graduale romano) los aprueba la Conferencia Episcopal.
- Mientras no tengamos la colección de cánticos aprobados por la Conferencia Episcopal, habrá que tener muy presentes los criterios anteriores. (Los abusos que ocurren, sobre todo, en la Misa de celebración del matrimonio son patentes. Por ejemplo, un solo, una canción que le gusta mucho a la novia, que es una canción en inglés... Los “solos” no son cánticos de comunión).

     Detalles muy importantes para quien tiene sensibilidad para con los divinos misterios:
    


- Desde hace treinta años los documentos de la Iglesia nos están diciendo que es sumamente deseable (VALDE OPTANDUM) que se comulgue con hostias consagradas en la misma misa.
- Recibir la Sagrada Comunión en el doble signo místico del Pan y del Vino debe ser totalmente normal y diario en cualquier comunidad religiosa.
- Jesús dio él mismo el Pan y el Vino a sus discípulos. La Eucaristía se recibe de manos del sacerdote, signo sacramental de Cristo; eventualmente de manos de un ministro, pero no se toma del altar, gesto que, de por sí, tiene significado de “autoservicio”.
    
     Segundo momento. La asamblea, que ha recibido al Señor, descansa y ora en silencio.

     Lo pide el corazón. Es el tiempo del coloquio personal, que no se puede prolongar en exceso por el ritmo armónico de la celebración.

     Tercer momento. Canto o himno de acción de gracias.
    
     El canto de después de la comunión tiene carácter distinto del cántico de acompañamiento de la comunión. Este canto es:


- Un salmo.
- O un cántico de alabanza.
- O un “himno”.
    

Qué recibimos en la Comunión

     1. En la comunión recibimos al Señor Jesús, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo. Se nos da el misterio de la resurrección de Cristo.
     2. El cuerpo del Señor es el “cuerpo entregado”, y la sangre del Señor es la “sangre derramada”. Se nos da el misterio de la muerte de Cristo.
     3. La experiencia pascual que acontece en la comunión transciende todo tipo de experiencia conocida. Es en sí misma la suprema experiencia mística cristiana; superior a ella no puede haber otra hasta la vuelta del Señor.
     4. La realidad íntima de la comunión es la realidad íntima del Bautismo, que nos incorpora simultáneamente a la muerte y resurrección de Jesús (Rm 6), y nos infunde el Espíritu Santo. Con todo, la experiencia bautismal es inicial, la experiencia de comunión eucarística es experiencia de plenitud, abierta a la Pascua celeste.


Ramificaciones de una sola experiencia

     La comunión contiene en esencia todas las sucesivas experiencias cristianas. Nada extraño que la experiencia mística cristiana (p.e., la experiencia de las llagas) vaya vinculada a la vivencia de la comunión. Con frecuencia los místicos reciben sus gracias en torno a la comunión Veamos algunas indicaciones:

     1. Experiencia trinitaria. La Eucaristía está abierta al don del Espíritu Santo derramado en los corazones para poder comulgar. Sin el don del Espíritu Santo no se puede comulgar, del modo como María no pudo concebir sino por medio del Espíritu Santo. En el cielo de la Eucaristía está el Padre, y comulgar es una experiencia de paternidad-filiación.

     2. Experiencia esponsal. Cristo es esposo de la Iglesia y en la comunión puede ser experimentado, por gracia, como en ningún otro momento, como esposo de la Iglesia en mí, como esposo mío.

     3. Experiencia de cruz. El que comulga, comulga la cruz de Cristo. Por ello, la comunión es -puede ser-experiencia del amor llagado (estigmatizaciones tras la comunión).

     4. Experiencia eclesial. El que recibe a Jesús está en la Iglesia. La comunión es el criterio último del ecumenismo. No poder participar todos los bautizados en la que es la misma y única Eucaristía es el mayor dolor que lleva consigo la Iglesia.

     5. Experiencia de comunión universal. La comunión con Cristo salvador está abierta a la experiencia del mundo salvado por Cristo. La comunión es el abrazo a la comunidad humana.

     6. Experiencia celeste. Toda la celebración eucarística se realiza en comunión con los ángeles y santos del cielo. La experiencia del cielo es inherente al hecho de comulgar al Señor de la Gloria.

     7. Experiencia escatológica. La comunión nos introduce en el mundo que viene y de alguna manera lo hace presente, de tal forma que Jesús dijo que el que el come “tiene vida eterna” (Jn 6,54). La comunión anticipa el destino de nuestra historia.
     Téngase presente con toda claridad que el sacramento último que recibe el cristiano no es la Unción de los enfermos. Tampoco la absolución sacramental. Es la Eucaristía, que en e este caso la recibe en forma de “viático”: Eucaristía para el camino sin retorno, el camino del encuentro con Cristo, a quien se nos da real y verdaderamente en el pan y el vino consagrados.

Pedagogía

     De todo cuanto vamos indicando se deduce algo importante: acaso tengamos que corregir íntimamente el modo y estilo de nuestras comuniones. Cuando recibimos al Señor ¿en qué pensamos?, ¿en que nos entretenemos?, ¿qué perspectivas vitales son las que nos ocupan?
     Debemos salir de nuestro individualismo y dejar en al penumbra nuestras necesidades concretas. En una auténtica pedagogía procuraremos:


Centrarnos en Cristo: glorificarle, gozarnos con él.
Sentirnos como él sintió; abrirnos a la Iglesia y al mundo.
Desde ahí presentarle nuestra oblación como respuesta al amor, por su sola gracia.
Y por último también pedirle.

(Guadalajara, Jalisco, día quinto, 20 marzo 2015).

1 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Una maravilla estos textos de las pláticas cuaresmales! Los tengo impresos y es para orarlos muy detenidamente. Dios se lo pague todo.¡Bendito sea Dios, que inspira estas joyas para ayudarnos más y más a encontrarnos con Él...Muchísimas gracias.

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