martes, 24 de marzo de 2015

666. Anunciación 2015



ANUNCIACIÓN 2015

1. Quiere hablar mi corazón
una palabra muy pura:
que el silencio me la dicte
y el amor le dé textura.

2. ¿Qué pasó en la Anunciación,
cuna de Dios y mi cuna,
cuando la eterna Palabra
tomó cuerpo en criatura?

3. Divinizó nuestra sangre,
sangre del hijo incorrupta,
era sangre del Espíritu
la que en Dios de Dios circula.

4. Para siempre Dios tenía
una historia diminuta;
María de Nazaret
trajo divina ternura.

5. Se hizo silencio en el tiempo,
presencia muy dulce oculta,
misterio del gran misterio
que adorando se disfruta.

6. Ya mis palabras se rinden
mis pensamientos se juntan;
nada digo, nada pienso:
me callo pero sin dudas.

7. La Encarnación me incorpora
a Jesús, la vid fecunda,
de su savia soy nacido,
de su sarmiento soy uva.

8. Soy de una virgen humilde
verdad que me transfigura,
soy pureza  en mi pecado,
fulgor de una luz que alumbra.

9. Soy gozo de Encarnación
y Dios, mi Padre, me cuida;
soy su mensaje anunciado,
su paz  que el cielo dibuja.

10.  ¡Ave María purísima,
de aquella mañana única,
yo te saludo, María,
Virgen que a Dios nos anuncia!

Guadalajara, Jalisco, Anunciación del Señor 2015

Meditatio
El relato lucano de la Encarnación es Evangelio de Infancia. Es justo suponer que el Evangelio de la Infancia se escribió cuando todo estaba escrito. Es flor de la Escritura.
Este relato transmite a la Iglesia el hecho divino de la virginidad de María. ¿Cómo fue? Nadie jamás lo podrá explicar. Se deja al poder del Espíritu.
San Lucas sitúa la Encarnación en la corriente bíblica de la “historia de salvación”. Sería el broche de esa historia que había sido sostendia por los profetas. El Hijo que va a nacer pertenece a la dinastía fracasada de David, pero de otro modo. “Reinará sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin” (Lc 1,33), pero de otro modo. El reino de este Niño será todo distinto de las Historia de los Reyes, de las Crónicas de Israel. “El Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (v. 5). “Para Dios nada hay imposible” (v. 37), repite el ángel con una frase que ya conocemos de la Biblia.
Ahora nosotros nos perdemos en el misterio ya realizado. La Encarnación no termina en una mujer, cuyo nombre era María (v.27). La Encarnaci+ón termina en mí, tan distante de Dios y tan cerca, porque la Encarnación es la divininización del hombre en el Hombre Dios Jesús.
No quisiéramos que nuestro poema fuera teología especulativa puesta en verso; pero tampoco queremos banalizar el misterio con metáforas convencionales. Estamos en la espesura de la fe, y es nuestro ardiente deseo que va fe se haga melodía, que la fe salga del alma en forma de belleza, en forma sin forma del absoluto de Dios en quien vivimos y somos. ¡A él, por Jesucristo en el Espíritu, la gloria!

Guadalajara, Jalisco, 25 marzo 2015

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