jueves, 9 de abril de 2015

677. Pascua 2015 – 6 Verdad, pureza, unidad



La liturgia, matriz de experiencia espiritual
Pascua 2015 - 6

1. Cuando yo era joven, antes del noviciado que lo inicié a los 18 años, nuestro profesor de “Psicología experimental” (Manuel Olasagasti, talento esclarecido, escritor exquisito, traductor del alemán de grandes obras…, persona admirada por mí, respetando que hubiera abandonado el primer camino emprendido) recuerdo que nos dijo: La ejecución de un determinado acto exterior tiende a provocar espontáneamente lo que ese acto de por sí suscita. Cito de memoria; nunca lo he olvidado. Por ejemplo, uno se encuentra disperso y desparramado, y quisiera centrarse y estar recogido. Del “quisiera” pasa al “quiero”; decide y ejecuta. En un lugar adecuado se pone de rodillas, con una compostura de devota y “activamente” se concentra. Poco a poco se ha de operar un cambio: le viene el recogimiento, la suavidad, la paz… No es un acto místico, no confundamos; es un puro fenómeno psicológico de relajación, de concentración, de unificación interior.  Externamente afín a los procesos espirituales que en la intimidad del corazón opera el Espíritu Santo.
Otro ejemplo: Uno no tiene ganas de estudiar…, no va a aprovechar…, ahora no es el momento adecuado…, más tarde sí… Pero he aquí que de repente se enciende una lucecita: Puedo y quiero; hace un orden elemental en su cuarto, arregla esencialmente su escritorio. “Puedo” (porque dispongo de una hora y media) y “quiero”. Se pone a trabajar como si tuviera ganas, y ocurre que a los diez minutos… ¡ya tiene ganas!, ya le han venido las ganas, porque resulta que, en el fondo, lo que está haciendo… le gusta, pertenece a los intereses vitales de su ser.

2. Apliquemos esto a la liturgia, y seamos claros ante nosotros mismos. He aquí estas constataciones:
1) La liturgia ha sido creado con un lenguaje de fe,
2) expresada esta fe con una clara tendencia contemplativa,
3) con un lenguaje adecuado a este tipo de realidades superiores,
4) y aludiendo frecuentemente a la experiencia colectiva y personal de esas realidades, realidades a la que se nos invita a entrar también por vía de experiencia espiritual personal,
5) abriendo el corazón a vivencias divinas, que, de por sí transcienden las capacidades humanas.
En este último sentido citemos el Prefacio de Pascua:
“Con esta efusión del gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria”

3. El cristiano es invitado a entrar en sinfonía con este Canto Universal: el cosmos, la humanidad, los coros angélicos. ¿Tiene esto sentido o es una ficción espiritual-patológica de la realidad que nosotros creamos mentalmente y en cuanto mentalmente segregada de nosotros mismos (como la secreción de una glándula) la aceptamos, la vivimos, la padecemos, la compartimos incluso comunitariamente?
Respuesta simple: Sí, tiene sentido, y uno puede saborear todo esto en tanto en cuanto el Señor purifique el alma y se la dé. Si un Poeta  “se extasía” ante una flor, hasta el punto de acercársela a sus labios y darle un beso, no es un iluso. Acaso ahora esté sacando lo más hermoso de sí mismo, esa verdad ínsita en las entrañas de su ser. Ese Poeta no es un enajenado, no vive en la estratosfera, sino que vive en sí, abierto a la vida.

4. La liturgia está plagada de la experiencia espiritual, y a través de las palabras creadas por la Iglesia se nos invita a entrar en ellas.
Y no olvidemos que la Semana pascual abre el tiempo de la “Mistagogía” (arte de conducir al “Mystes”, iniciado, por el camino de los misterios, labor que hace el Mistagogo… Jesús nos dijo en la Última Cena que el Espíritu nos llevaría a la verdad plena Jn 16,13; el Espíritu es el Mistagogo del Padre, como también lo sigue siendo Jesús).
Un ejemplo, al azar, de estos días, la oración colecta del Martes de esta Semana de Pascua:

“Señor Dios, que nos has hecho experimentar
la fuerza vivificante del misterio pascual,
sigue acompañando a tu pueblo con tu divina gracia,
para que, conseguida la perfecta libertad,
se convierta en gozo celestial
la alegría que ahora lo inunda aquí en la tierra”
(Oración colecta del Martes de Pascua, versión del Misal en uso en México)

5. Con este espíritu de lectura litúrgica he ido componiendo himnos. No son experiencias evanescentes. No son la altura, la pureza de mi propia experiencia personal interior. Son ciertamente la experiencia de la Iglesia, a la que uno se acoge (y en este sentido totalmente objetivas), y son, al mismo tiempo, la pauta de la experiencia a la que uno aspira, abierto, por otra parte, a todas las instancias de Dios en la historia de hoy.
He aquí, pues, una introducción que puede servir para muchos himnos, y en concreto para este del Martes de Pascua 2015.

1. Verdad, pureza, unidad:
el alma allí se dilata,
que la ha tocado en su fibra
la belleza de tu Pascua.

2. Y alcanza la libertad,
que es la gracia consumada,
la libertad de tu cuerpo
que del tiempo se desata.

3. Con humilde sencillez,
batiendo en la fe mis alas,
me acerco para besarte
y cobijarme a tu palma.

4. Leo divinos relatos
y todos lo mismo hablan:
que ya no hay apariciones
cuando estás en las entrañas.

5. Gozo y poso de mi vida,
luz celeste y agua clara,
pan y aire y melodía,
intimidad regalada.

6. Senda de todas mis sendas,
compañía apaciguada,
a ti, el Viviente, me entrego,
y mi vida en ti descansa.

7. Jesús, real inmanencia
resucitado en mi casa.
ábreme a la Trinidad,
 mi origen y mi morada. Amén

Martes Santo, 7 abril 2015

En la misma tónica véase en la entrada anterior a este blog: “676. Felicitación pascual a los amigos”. Para escucharla cantada, pulsa en el siguiente enlace: https://youtu.be/9ge4VQOCWn4



1 comentarios:

Anónimo dijo...

Manuel Olasagasti Gaztelumendi, antiguo religioso, hoy voluntariamente laico, dedicó muchos años de docencia en seminarios de aspirantes al ingreso en las órdenes de los franciscanos y capuchinos. Sólo sus afortunados alumnos, entre ellos usted, pudieron beneficiarse de tan eminente filósofo y pensador. ¡Una gran suerte!.
Saludos.
Juan José.

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