sábado, 11 de abril de 2015

679. Domingo octava de Pascua 2015 – Jesús de la Misericordia



Homilía en el domingo octava de Pascua 2015
Sobre Jn 20,19-31
 

Texto evangélico:
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegra al ver al Señor. Jesús repitió: “Pas a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo. “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.
Tomás, uno de los Doce, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás. “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “¿Por qué me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto”.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Hermanos:
1. Todos los años en el domingo siguiente a Pascua leemos el texto del Evangelio que acabamos de escuchar. Es lógico por la secuencia de los episodios, tal como los ha narrado el Evangelio de san Juan. La tarde del día de la Resurrección – para nosotros, Domingo de la Resurrección – Jesús se aparece a los apóstoles en el Cenáculo, estando ausente Tomás. Ocho días después se repite la escena, presente el apóstol.
En ambas escenas Cristo Jesús muestra a sus discípulos el costado abierto. Les mostró las manos y el costado. Ha sido san Juan, el discípulo amado, el que nos ha presentado a Jesús, ya muerto, atravesado por la lanza del soldado. Y al instante salió sangre y agua.
Evidentemente en todo ello hay un símbolo: será la fuente viva de los sacramentos de la Iglesia, será el Bautismo y la Eucaristía, será el don del Espíritu vivificante, principio de la nueva vida… En todo caso, era la plenitud del amor de Dios que se revelaba al hombre, amor de Dios que lo llamamos Misericordia.

2. Por esta razón, al pasar al nuevo Milenio, el Papa Juan Pablo II quiso que este domingo se llamara el Domingo de la Divina Misericordia. El año 2000 determinó: “En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros”.
Y justamente en este Domingo de la Divina Misericordia el año pasado, que fue el 27 de abril, el actual Papa Francisco le dio el título de santo, canonizándolo, al papa Juan Pablo II, San Juan Pablo II.
Y en la presente ocasión el Papa Francisco ha escogido este Domingo de la Divina Misericordia, para promulgar la Bula “Misericordiae vultus (El rostro de la Misericordia)” con la cual convoca a la cristiandad a un Jubileo extraordinario, que comenzará el 8 de diciembre de este año 2015, 50 aniversario de la terminación del Concilio Vaticano II, y concluirá en la fiesta de Cristo Rey, último domingo de noviembre del año que viene.

3. La Misericordia de Dios, es decir el amor benévolo, gratuito, lleno de infinita ternura de Dios para con nosotros, es el amor de Dios que resume todo el contenido de la Biblia, desde el principio hasta el fin.
Ya desde el principio la Bula del Papa se expresa así:
 “Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado” (n. 2).

4. Todo esto aplicado a la vida cristiana tiene unas inmensas consecuencias, porque nos muestra el rostro de Dios que acaso desconocíamos. Consecuencias que el Papa trata de llevarlas hasta en el estilo de confesar de los sacerdotes, que deben ser, por encima de todo, ministros de la misericordia. Nos pone el ejemplo del padre de la parábola del hijo pródigo.
“Los confesores están llamados a abrazar ese hijo arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría por haberlo encontrado. No se cansarán de salir al encuentro también del otro hijo que se quedó afuera, incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no tiene ningún sentido delante de la misericordia del Padre que no conoce confines. No harán preguntas impertinentes, sino como el padre de la parábola interrumpirán el discurso preparado por el hijo pródigo, porque serán capaces de percibir en el corazón de cada penitente la invocación de ayuda y la súplica de perdón. En fin, los confesores están llamados a ser siempre, en todas partes, en cada situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia”.
¡Cuánto consuelo, cuánta paz producen estas palabras en el corazón del sacerdote confesor, para ser perdonador según el corazón de Dios! E igualmente ¡cuánta confianza en el corazón del penitente, que no ha de tener miedo a recibir ninguna reprensión, porque el confesor no tiene por qué reprender a nadie, absolutamente a nadie, como ministro que es del perdón y del amor.
Hermanos, son dos párrafos que he citado de la Bula, firmada y publicada en el día de hoy (la maravilla del Internet que nos da acceso a estas cosas), y que en su momento tendremos que estudiarla y meditarla.

5. Hemos de concluir. Jesús resucitado vive en medio de su comunidad, que somos nosotros. Esa apertura de su corazón nos habla de la intimidad quiere establecer con nosotros.
Siempre podemos acudir allí, sabiendo que lo que hemos de encontrar ha de ser siempre el amor, siempre sin ninguna excepción.
¡Señor mío y Dios mío!, te digo con Tomás y con toda la Iglesia. Creo en el amor que me tienes, creo en el perdón de los pecados, creo en la salvación eterna, que me ha de venir por tu misericordia. Amén.

Guadalajara, Jalisco, Sábado de Pascua, 11 abril 2015

2 comentarios:

Anónimo dijo...

CURIOSISADES
1.- Un soldado, para asegurarse de la muerte de Jesús, con su lanza le abrió el costado, e inmediatamente salió SANGRE Y AGUA.
San Juan estaba tan cerca de la cruz de Jesús que pudo ver la escena con claridad. Y vio que de la herida salía SANGRE.....y también vio que salía un líquido que interpretó que era AGUA, aunque ciertamente no era agua. En el cuerpo humano no existen BOLSAS DE AGUA, pero sí hay SUERO PERICARDIAL.
En la Eucaristía el celebrante mezcla el vino con un poco (muy poco) de agua.
2.- Jesús mostró a santo Tomás las llagas de sus manos y su costado....pero NO LLEGÓ A TOCARLAS.
Esta curiosidad fue planteada por un conferenciante, como pregunta singular, en una reunión habida en el MONASTERIO DE SAN MILLÁN DE LA COGOLLA.
Saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

JUBILEO DE LA MISERICORDIA
El Papa Francisco cada día nos sorprende con actitudes maravillosas. Ahora es la declaración de un AÑO JUBILAR DE LA MISERICORDIA, y las pautas a seguir por los sacerdotes confesores. Es una verdadera LECCIÓN MAGISTRAL para todos. Y pone el ejemplo del padre que recibe al hijo pródigo: no le hace preguntas acerca de los pecados que ha cometido, ni cuántos, ni cuándo, ni cómo. Sólo ve arrepentimiento. Eso basta. Por eso el Papa exhorta a los sacerdotes confesores usar misericordia con los penitentes, es decir, comportarse igual que el relato de la parábola.
¡Excelente!. Lo lamentable es que haya habido que esperar más de dos mil años a que llegase a la silla de san Pedro un Papa llamado Francisco.
Saludos.
Juan José.

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