viernes, 8 de mayo de 2015

689. Domingo VI Pascua B - Como el Padre me ha amado



Homilía para el domingo VI de Pascua, ciclo B
Jn 15,9-17 

Texto evangélico:
Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Hermanos:

1. Toda esta última temporada, lo mismo en las misas de los días feriales que en las celebraciones dominicales, estamos escuchando a Jesús en el Cenáculo.
El Sermón de la Montaña, que abarca tres capítulos del Evangelio de san Mateo (capítulos 5, 6 y 7); las conversaciones de Jesús en la Cena, que abarcan otros tantos en el Evangelio de san Juan (capítulos 13, 14, 15 y 16), coronadas con la oración sacerdotal del capítulo 17, son los dos conjuntos más dilatados de palabras de Jesús que han coleccionado los evangelistas para dar a la Iglesia su pauta de conducta de cara a sí misma y al mundo. Hay una clara intención de hacer síntesis, y de mostrar a toda la comunidad de discípulos de Jesús el verdadero camino que nos lleva a la vida. A esa gran pregunta que se plantean los teólogos de “¿Quién es un cristiano?”, una respuesta evidencial la encontramos, por de pronto, en estas secciones del Evangelio.
Nos toca, pues, penetrar ahora en estas palabras de Jesús, en las que hallamos la clave de su pensamiento, la esencia de su doctrina.

2. Hemos hablado en otra ocasión de lo que se puede llamar “la espiritualidad del Cenáculo”. Los dos primeros versículos del texto de hoy son la respuesta; son ese paradigma de vida que, con otros términos se repite en la Cena; son variaciones de un tema, que es el eje del Evangelio según la exposición de san Juan.

Dice el Señor: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Lo repite a continuación con un lenguaje operativo: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Aprendamos de memoria estas dos frases porque aquí está todo, aquí nos cargamos la fe.
Y ahora vamos a desmenuzar estas dos frases por partes.

3. Jesús y el Padre. La relación de Jesús y el Padre es esta: comunión y amor. El Padre ama totalmente al Hijo, el Hijo ama totalmente al Padre. Es un amor recíproco y exhaustivo, la pauta de todo amor. Es un amor celestial y divino, del cual va a dimanar todo otro amor.
Jesús y los discípulos: así os he amado yo. El amor exhaustivo del Padre a Jesús se vierte ahora de Jesús a nosotros: Así so he amado yo. Es el amor de Dios que llegar hasta mi corazón y que, por su naturaleza, debe generar un amor recíproco: permaneced en mi amor. Amor inmanente del discípulo a Jesús; amor al mismo tiempo mutuo y recíproco. Amor circular de Cristo hacia mí; de mí hacia Cristo.
Amor total, amor sin trampa; amor que toma la vida desde las raíces, desde la verdad y la totalidad del ser. No cabe otro amor.

4. Hemos llegado de esta manera a ese círculo divino del amor que es la imagen pura de la religión cristiana, que nosotros, como cristianos, debemos proclamar ante todos los hombres.
Lo repite el mismo apóstol, con otras palabras, en la segunda lectura de hoy: Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amorEn esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados (1Jn 4,8.10).
Dios es amor, una radiante afirmación que dicha de esta manera solemne y absoluta aparece dos veces en este contexto de san Juan que escribe a su comunidad.

5. Avancemos un paso más en esta declaración de amor que escuchamos a Jesús en la Cena. Nos dice, pasando de una declaración divina al campo de operaciones: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
De manera que guardar los mandamientos de Cristo es la piedra de toque del amor. El amor no son palabras, no son sentimientos, no son elucubraciones espirituales; el amor son hechos de amor, nada más. Hasta el punto que Jesús concluye: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
La Madre Teresa de Calcuta, que entendía de esto, decía: “Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal”.

6. Es incuestionable que el amor se muestra y se demuestra con hechos, no con palabras.
Hay una cuestión muy seria, quizás la que más agita hoy a la Iglesia, referente al matrimonio, tema central que se planteó al vivo en la reunión sinodal de octubre del año pasado y que se remite al Sínodo de los Obispos de octubre de este año. Cuando se casa una pareja, el sacerdote dice una palabra solemne del Evangelio: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,6).
La discusión entra en el aula, porque la Iglesia hermana de Oriente, la Iglesia ortodoxa, admite la posibilidad de un segundo matrimonio, y hay un grupo significado de obispos y fieles católicos – así en Alemania – que “apoyan dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, ser tolerantes y dar la bendición a las segundas nupcias, acoger con un nuevo espíritu las convivencias y aprobar las uniones homosexuales”; según las respuestas al cuestionario para el Sínodo (Informe al que alude Religión Digital, 8/V/2015).
La Iglesia se encuentra en una encrucijada bien delicada, para poder interpretar con exactitud las palabras y el sentir del Señor y ser fiel a la voluntad del Señor. No nos hace ningún bien dividir a los obispos en progresistas y tradicionalistas, porque de nada de eso se trata. La verdad no tiene esas etiquetas.

7. Concluyamos, hermanos: El Cenáculo es la sala de la convivencia, de la intimidad, de la iluminación y de la paz en la Iglesia. Allí está Jesús, allí está el Espíritu.
Señor Jesús, danos tu sabiduría, que no es precisamente la sabiduría de los sabios, de los entendidos y teólogos, sino el don de tu Espíritu que tú derramas en tu Iglesia santa, y que tiene un brillo especial en los humildes y sencillos que caminan por el camino de la fidelidad. Amén.

Guadalajara, viernes, 8 mayo 2015.

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