lunes, 25 de mayo de 2015

696. No hay nadie bueno más que Dios



Jesús: solo Dios es bueno


Perspectiva
Ayer fue Pentecostés (24 mayo 2015) y hoy hemos reanudado el tiempo ordinario, tomando la ruta donde la dejamos antes de iniciar la Cuaresma. Comenzamos hoy la semana octava del tiempo ordinario; la cadena se proseguirá hasta la semana 34.
Tomando el hilo de la “lectio continua” de los Evangelios de las 34 semanas (que es el ciclo anual Marcos – Mateo – Lucas), hoy corresponde la perícopa de “El hombre rico”: Mc 10,17-31. El hombre rico que ha guardado los mandamientos “desde mi juventud” (v. 20), o “el joven” rico según Mt 19,20; o “el dignatario” rico según Lc 18,18: “uno de los jefes”.

La teología de la llamada “vida consagrada”
Una página esplendorosa del Evangelio desde donde hay que trabajar la teología de la vida que llamamos “vida consagrada” (si bien toda vida cristiana es vida consagrada desde el bautismo) no como un “plus”, una categoría superior de la vida cristiana, sino como una exigencia específica que puede brotar en el corazón de un cristiano, de una cristiana, como expresión en él de la totalidad de la alianza. La alianza, que es el modo específico en que Dios se nos ha revelado, tiene dentro una vitalidad inexhausta.  Amar al Señor, tu Dios, “con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deut 6,5) ensancha el corazón a lo infinito; todo cabe en ese ángulo abierto que arranca en el punto original de la Alianza. Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; así es para todo discípulo de Jesús. Las consecuencias personales aparecerán según el don del Espíritu.
Jesús viene a decirle: No hay ideal superior a la Alianza proclamada por Dios, pero he aquí que esa Alianza “a ti” te está insinuando algo: vende lo que tienes, dalo a los pobres y sigueme. Eso que sientes dentro, es verdad: hazlo. El hombre no tuvo valor, porque era rico, y en vez de marcharse liberado en el ejercicio de su libertad, se marchó frustrado de sí mismo y triste.
Desde estos planteamientos vitales habrá que iniciar la teología concreta de la vida consagrada.

Maestro bueno
No era este pensamiento el que hoy provoca mi reflexión, sino que quisiera adentrarme, de algún modo, en esa proclamación soberana de Jesús: “No hay nadie bueno más que Dios”.
El hombre que se acerca a Jesús conquistó de repente el corazón de Jesús. “Jesús se le quedó mirando, lo amó y le dijo: Una cosa te falta…”
Esta reacción amorosa de Jesús – que luego va a ser desengaño – no es una equivocación, no es una falta de visión y de psicología… Sería aberrante el tachar a Jesús, visto lo visto, de optimista ingenuo. Aquel hombre de un pasado íntegro y de horizontes bellos merece nuestra admiración, puesto que tuvo la de Jesús.
Según esto hemos de valorar la interpelación para entrar en diálogo: “Maestro bueno…” Por supuesto no es un cumplido; no es una cortesía mundana; es una intuición en profundidad de algo que ha percibido el hombre en Jesús. Ha visto la bondad. A un Maestro se le pide Sabiduría, más bien que Bondad. Aquí la Bondad cobija la Sabiduría.
El Maestro que ha aparecido es el “Maestro Bueno”. Si es bueno, será sabio, porque la Bondad de Dios es la Sabiduría de Dios.
Hemos entrado en un círculo divino para apreciar la fuente que hemos alcanzado. Jesús es el maestro Bueno, Jesús es el Maestro Sabio, Jesús es el maestro de Dios.
Si una exégesis crítico-literaria no dispone de recursos para definir estos perfiles de la interpelación-invocación, nos estamos adentrando en el texto con unos parámetros de fe que nos posibilitan hablar así.

Solo Dios es bueno: perfiles del Dios único de Jesús
Jesús esquiva – o acaso rechaza – el apelativo de “Bueno”.
Un texto sorprendente, porque aparecería que con esta negativa queda disminuido el honor de Jesús, igual al Padre, como aparece en otros textos evangélico.
Ha habido, pues, escrúpulos dogmáticos para cambiar la frase y hacer que en Mateo quede transformada de este modo: “¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno” (Mt 19,17).
Esto quiere decir que el texto de Marcos, que produce cierta fricción, hay que dejarlo como ésta. Anotemos tres matices:
El primer, Jesús remite a Dios, desviando la atención de sí. Dios es el absoluto original.
En segundo lugar Jesús proclama que Dios es Bueno.
En tercer lugar, Jesús añade que solo Dios merece el nombre de Bueno; en concreto: “No hay nadie bueno más que Dios”.
Aquí comenzaría nuestra reflexión para “hipotizar” (si así podemos hablar) sobre por dónde va la Teología de Jesús. He aquí unos puntos que nos pueden poner en ruta, en la caravana de todos los buscadores de Dios.

1. El Dios de Jesús es el Dios de Israel, el Dios de la Alianza; no es otro Dios que él se haya encontrado, se haya inventado en sus reflexiones místicas. El Dios de la Alianza tiene esta nota primigenia: solo es conocido, porque ha entrado en el ámbito de la historia. Dios existe, existiendo en mí, amándome a mí, volcándose en mí. El Otro sería un Dios inventado, referencia de nuestros oscuros miedos, de las culpabilidades que nos agarrotan. El Dios de la Alianza es el Dios de voluntad amorosa, que expulsa de su círculo el miedo; es el Dios que da seguridad y esperanza.

2. Ese Dios, del que Jesús habla con suma reverencia, está proclamando de modo pleno el sentido de la humanidad de Cristo. Si Dios es el solo Bueno, el solo digno de adoración, Jesús-Hombre es la apertura total a ese Dios.

3. Ante ese Dios hay que quitar a la humanidad, incluida la humanidad de Jesús, el calificativo de Bueno. El área donde habita el único Bueno es Dios mismo; no alguien fuera de Dios. Toda otra bondad que el hombre descubra será siempre participada y fluyente de la Bondad divina. De hecho Dios ha vertido su única Bondad en el mundo creado. “Y vio Dios que era bueno” (Gn 1,10 y vv. sucesivos).
La Bondad de Dios está en el mero hecho de revelarse, de darse a conocer al hombre, de alguna manera saliendo Dios de sí mismo en la historia. Dios es Bueno porque se da a sí en el hecho de darse a conocer. Su Bondad va derramada en su propio conocimiento.

4. El que Jesús excluya toda otra Bondad fuera de Dios, está diciendo que su vida está del todo consagrada a esa Bondad, que él adora, en la cual se sumerge y que él recibe. La Bondad de Dios es la vida de Jesús de Nazaret. como judío orante ha gustado el salmo del Buen Pastor (Sal 23), Pastor “hermoso”. Y ha podido saborear el último versículo del salmo: “La Bondad (exactamente Lo Bueno, tob) y la Piedad (hesed) me perseguirán todos los días de mi vida” (v. 6ª). La Bondad de Dios – el Dios Bueno – nos persigue, nos acompaña, se adhiere a nosotros… todos los días de mi vida.

5. El Dios de Jesús es el “solo Dios”. Y así aparecerá en el final de la escena: “Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo” (Mc 10.27). con esta frase, de corte al exterior tan negativo, Jesús traslada al hombre a la órbita del poder divino. Y diremos: Todo lo que nosotros podemos, pasar a ser participación del poder divino. El poder es gratuidad; nuestro poder es la fuerza de la gratuidad de Dios. La frase de Jesús se explica con otro dicho de sus labios. “Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos” (Mc 9,22), le había dicho el padre del hijo con un espíritu inmundo. Y Jesús, que pro su abandono sentía en sí todo el poder de Dios, le respondió: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe” (v. 23). Palabra que se interpreta: Dios puede todo en favor del que tiene fe. Esa fe-abandono tiene su lugar originario en la actitud reverencial y amorosa de Jesús frente a Dios.

6. En suma, el Dios de Jesús es el único Dios verdadero, por ser “el solo Dios”. Lo cual nos reclama para reconfigurar toda nuestra vida desde Dios y para Dios. Dios es la vida fontanal de toda vida; más aún, sin caer en el panteísmo, que diluye a Dios, Dios es nuestra vida.

7. Ante ese Dios Jesús va a exponer al hombre, que era rico, las exigencias que brotan de la Alianza. Realmente Dios se nos abre a lo infinito.

Guadalajara, 25 mayo 2015, lunes de la semana VIII del tiempo ordinario
Nota: Este artículo ha sido un poco ampliado - enriquecido - después de haberlo puesto ayer..

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