sábado, 6 de junio de 2015

701. Domingo 10 B - Corpus Christi, “Eucaristía…todo el bien espiritual de la Iglesia”



Homilía para la solemnidad del Corpus Christi, ciclo B,
Mc 14,12-16.22-26


Texto evangélico:
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y en la casa adonde entre, decidle al dueño: El maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos? Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí». Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.
Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”.
Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.
Y les dijo: “Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios”.

Hermanos:

1. La fiesta de Corpus Christi es de una misteriosa belleza, una fiesta nacida del misterio inefable del Jueves Santo, inicio del Misterio Pascual de Cristo cuando recordamos la Última Cena de Jesús. Una fiesta nacida como homenaje a Cristo Eucaristía, fiesta para adorar, para pasear al Señor por nuestras calles, ofreciéndole como tributo de amor nuestra eterna gratitud y nuestra vida a sus pies. Fiesta que tiene sentido en una sociedad que se profesa mayoritariamente como cristiana,
Como el amor es creador, a lo largo de los siglos la fiesta del Corpus, que en nuestras sociedades de cuño cristiano era fiesta principalísima, el Corpus ha creado arte, que con sensibilidad estética nunca nos cansamos de admirar. El Corpus tiene tres componentes en la liturgia, a saber: el Oficio divino, comenzando por las primeras Vísperas el día anterior, la Misa, la procesión.
El Corpus ha creado textos bellísimos, melodía, arte figurativo…Hoy la pastoral va por otro lado y rememorar cosas del pasado parece salirnos de este mundo.

2. Permítanme que en el ámbito de una sencilla homilía, que, siendo sagrada, es simultáneamente conversación de familia, les cite una anécdota ocurrida hoy, sábado, en Sarajevo. Antes de dejar esta ciudad martirizada, el Papa Francisco ha querido reunirse con los jóvenes, y le han podido hacer preguntas suyas. El Papa había contado en una entrevista reciente que en una noche de la Virgen del Carmen le hizo a la Virgen una promesa: Ya no ver televisión. Le han preguntado:
- “¿Es verdad que no ve la televisión?”
- "Sí, desde mediados del año 90 no veo la televisión. Una noche sentí que me alienaba y decidí no volver a verla"
"Cuando quería ver una película iba al centro televisivo del episcopado. La televisión no me ayudaba. Es verdad. Soy de la edad de piedra, antiguo".

3. También nosotros tenemos la sensación de ser de la edad de piedra, antiguos, cuando queremos recordar a nuestros jóvenes eclesiásticos que Corpus Christi tiene antífonas y motetes, y piezas polifónicas, en las cuales ha hablado el amor con belleza inmortal.
Más bien, hoy consideramos la Eucaristía en sus proyección social y comprometida, tanto que Corpus Christi es el día de la Caridad y por este lado van los mensajes episcopales. A lo mejor, sin pretenderlo, estamos como forzando el sentido original, insondable, con que nace la Eucaristía en la última Cena. Ciertamente no era asunto ese momento sacratísimo de que Jesús hablara de los pobres, de los desprotegidos, de la solidaridad humana en la que debemos vivir todos los cristianos. No entramos en polémicas; queremos, más, bien, comprender, contemplar, admirar, y, en una palabra, amar.

4. El pasaje de san Marcos ¿qué nos dice? Los grandes comentaristas del Evangelio no acaban de admirar los matices y misterios que contiene el texto, que es momento supremo de la vida de Jesús (Así Vicent Taylor, 1950).
- Jesús es consciente de su muerte.
- Jesús es consciente de que él está llevando a cabo el plan que Dios, su Padre, le ha confiado en favor del Reino.
- Jesús es consciente de que el Reino, la vida nueva que Dios inaugura en el mundo, es él mismo: para eso ha predicado, para eso ha sanado, para eso ha expulsado espíritus inmundos.
- Jesús es consciente de que Dios ha manifestado su amor irrevocable en el Sinaí, y de que todo lo dicho por los profetas es verdad y tiene una desembocadura.
- Jesús es consciente de que ha llegado su hora, y de que desde su hora va a comenzar el cambio definitivo de la historia.
- Jesús es consciente de que el Reino de Dios tiene un banquete y él va a ser su primer comensal. ¡Con qué ansia ha deseado esta Pascua, porque la siguiente va a ser la otra y definitiva cuando acontezca en el reino de Dios!
Jesús es un místico y más que un místico, y solo desde esta absoluta exuberancia de vivencias íntimas se puede entender la Eucaristía.

5. Cuando él da el pan, y en frase absolutamente escueta dice: Tomad, esto es mi cuerpo, Jesús sabe que su muerte es sacrificio expiatorio. Por citar a un gran maestro, que no es católico: “Se usa el térmico cuerpo como correlativo de sangre (en el v. 24), pero también porque Jesús concibe su muerte como sacrificio, como oblación por los hombres” (Taylor, Ev. Según san Marcos, Cristiandad 1980, en la p. 658).

6. Ahora de pronto yo me puedo ver en la Eucaristía como definitivamente amado por Dios en su Hijo Jesucristo, y hallar allí la paz y la salvación eterna. La Eucaristía, hermanos, es la sublime coronación de la vida de Jesús, cuyo misterio jamás logaremos comprender.
Muy bien que pongamos lemas y demos mensajes: “La Eucaristía, antídoto frente a la indiferencia (Mensaje con motivo de la festividad del Corpus Christi)”. O si no, como leo aquí, en Guadalajara, Jalisco: “La Eucaristía: fuente de una alegre perseverancia para la vida Consagrada”, aludiendo al Año de la Vida Consagrada, en que estamos.
Todo esto está bien, pero no son más que simplicísimas derivaciones. En la Eucaristía, en ese Misterio Pascual que nosotros celebramos cada vez que celebramos la santa Misa, se contiene todo el bien de la Iglesia. «En la Santísima Eucaristía está contenido todo el bien espiritual de la Iglesia» Así sencillamente lo afirma el Concilio (PO 5).

7. Eucaristía misterio de creer, de amar, de contemplar; misterio para ser transformados, misterio para sacar al punto las consecuencias inmediatas para nuestra vida. San Pablo dice sencillamente: “Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva”.

Señor Jesús, concédeme, concédenos esta gracia: poder tomar la Eucaristía, como sacramento final, antes de pasar de este mundo a la eternidad. Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 6 junio 2015.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

De manera que cualquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor.
Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma entonces del pan, y beba de la copa.
Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación.
Saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el último día.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Saludos.
Juan José.

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